N/A: Rápida actualización tal y como tenía pensado. Gracias de nuevo a todos los que leéis, tanto a los que dejáis reviews (que voy contestando personalmente) como a los lectores anónimos.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen a mi, sino a Marvel; al igual que la historia tampoco, sino que es de una magnífica persona llamada Clocks. Link del fanfic original: archiveofourown works/ 254095/ chapters/ 395046

Capítulo 7:

Había pocas cosas en las que Charles fuera muy bueno, y una de ellas era cocinar el desayuno. Su especialidad eran los huevos revueltos, siempre los hacía con ese toque cremoso (que le encantaba) y un poco de salsa verde en un lado (como a Raven le gustaba). Sin embargo, mientras Charles estaba en la cocina ahora en boxers y con una camiseta desteñida de Riverside, batiendo el huevo en un bol de plástico, se dio cuenta de que no sabía cómo le gustaban a Erik los huevos para el desayuno.

Bueno, siempre podía preguntar.

Era vergonzoso cómo podía ponerle rojo la idea de que Erik estuviese en ese momento dormido en su cama, totalmente noqueado tras sus, bueno, actividades de la noche anterior. Después de acabar en la biblioteca anoche, habían vuelto al apartamento de Charles, sin ni siquiera entrar antes de que Erik le hubiese atrapado contra la puerta, plantando besos con su boca a lo largo del cuello de Charles mientras su mano correteaba sugestivamente por el interior del muslo de Charles, el calor de su palma filtrándose a través del grueso algodón. Charles había estado peleando por conseguir las llaves, claro, porque no había querido ofrecer a sus vecinos un show gratuito, pero Erik había murmurado contra su cuello "¿Debería follarte aquí contra la puerta?" y Charles había sido capturado por un temblor que le recorrió todo el cuerpo, tragando el aire que le era tan necesario. "Oh sí, Charles, creo que te gustaría eso. Ven, deja que te ayude a encontrar las llaves."

-Erik, por dios. –Charles nunca hubo estado tan agradecido de finalmente encontrar sus llaves, aunque las manos de Erik siguiesen tercamente metidas en sus bolsillos.

Habían conseguido llegar a la cama. Finalmente. Mientras Charles ahora recordaba su frenético camino de destrucción hacia el dormitorio, vio el jersey de cuello alto olvidado, colgando de la lámpara; entonces se acercó para recogerlo antes de casi pisar el cinturón de Erik. Era difícil no sonreír mientras también recogía eso, su boca curvada, divertido.

Mientras entraba en la habitación, la vista de Erik en las sábanas – casi como una pantera durmiendo – le hizo olvidar a Charles casi por completo qué quería preguntarle. En el suelo había tres paquetes de aluminio rasgados, y Charles tocó uno con su pie. Habían malgastado un preservativo porque habían sido jodidamente impacientes la noche anterior y Erik lo había roto intentando ponérselo, y sus miradas – iguales – de espanto se disolvieron entre risas, Erik se agachó, alegre, y se puso entre las piernas de Charles mientras ambos rieron y rieron. Charles nunca había tenido una pareja con quien pudiera reírse en la cama tan fácilmente como tener sexo, y se sintió tan cómodo y cálido con Erik anoche, tan sin complicaciones.

Erik se tensó en ese momento, las sábanas deslizándose por su piel desnuda, y algo dormido abrió un ojo para ver a Charles parado en la puerta. -¿Uh?

-Nada. –Charles dejó el montón de ropa de Erik y se arrodilló junto a la cama, pasando los dedos por los mechones de pelo liso del otro. -¿Cómo quieres los huevos? Estoy haciendo el desayuno.

Erik se estiró un poco indecentemente, entonces se acercó para que le acariciara como un gato pidiendo comida. –A la mierda los huevos. –Ahora tenía los dos ojos abiertos, y había una chispa de travesura en ellos. –Vuelve a la cama.

-No debería. –Charles dijo, aunque estaba luchando por recordar por qué cuando Erik deslizó sus nudillos por la extensión del brazo desnudo de Charles, encendiendo su piel. Oh claro, Henry. –He quedado con Henry en menos de media hora.

-Que le den a Henry. –Respondió Erik, entonces hizo una mueca cuando Charles empezó a reírse. –Oh, espera, retiro eso. Dejaré que tu hermana lo haga.

-¡Erik!

-¿Qué? Sabes que estabas pensando lo mismo. ¿No puedes ver lo amable que es con él? –Erik no parecía muy interesado en hablar de eso, por lo menos no por la forma en la que esa gran mano, cálida, intentaba colarse por debajo de los boxers de charles. Esas cejas se fruncieron cuando Charles le retiró la mano. -¿Qué, ahora me estás castigando?

-No. –Charles se mordió el labio inferior mientras la mano de Erik persistente se metía dentro y esos largos y elegantes dedos acariciaban su ya medio-duro miembro. –Yo- Dios, Erik, de verdad que no puedo, tengo que ducharme y comer.

-Entonces dúchate conmigo. –La manera en que Erik le estaba mirando, con esa sonrisa pícara e indecente que se dibujaba lentamente en su rostro, hizo que Charles se viese realmente tentado a volver de nuevo entre las sábanas cálidas, ponerse a horcajadas encima de Erik y moverse encima de él hasta que le fallasen las rodillas. Era tan tentador, sobre todo la forma en la que le estaba Erik, enredado entre sus sábanas, oliendo a sexo. –Vamos Charles, ríndete a mí.

La cara de Erik estaba tan cerca ahora que rozó sus narices juntas e intentó reclamar ese beso que Charles insistía en negarle, girando la cara con bufido y riendo. –Erik, esta noche, te lo prometo, ¿vale? Quedemos para cenar.

La boca de Erik se curvó hacia abajo. –No eres nada divertido.

Charles estuvo más que tentado a saltar a esa cama y demostrarle cómo de 'divertido' podía ser, pero otra mirada rápida al reloj le dijo que realmente iba corto de tiempo. –Te haré pagar por eso, pero afortunadamente para ti he de irme. Sírvete lo que quieras en la cocina. –Charles le dio un pequeño beso en los labios a modo de disculpa, intentando no reírse ante el malhumorado ceño fruncido que Erik mostraba mientras intentaba reunir fuerza de voluntad para alejarse de la cama.

-Charles. –Incluso aunque sus manos estuviesen ahora debajo de las sábanas, estaba claro lo que Erik estaba haciendo. –Oh Dios, Charles- -gimió, echando hacia atrás la cabeza contra la cama mientras empezó a tocarse.

Charles se acordó de cerrar la boca antes de saltar a la cama. Henry podía esperar.

x

Henry ya le estaba esperando fuera de la oficina, mirando algo confuso el reloj mientras Charles corría hacia la puerta. –Siento llegar tarde. –Dijo mientras abría la puerta de su oficina, pero la mirada de Henry fue a parar a la gran marca de posesión que tenía justo debajo de su barbilla, y Charles pudo sentir como se volvía cada vez más rojo mientras rezaba porque Henry no dijese nada.

-Yo, eh… -Entonces Henry parpadeó, mirando a otro lado. –No pasa nada, tampoco he esperado tanto.

Graciasgraciasgracias, querido amigo. Charles le dejó entrar, más que aliviado ahora que había encendido las luces. Su oficina siempre estaba algo más desordenada que la de la mayoría de los profesores, libros escampados por todas partes haciendo montones como en su piso, pero Charles sabía de sobra donde estaba cada cosa. Sus estudiantes ya estaban acostumbrados a ese desorden, y no parecía que les importase mucho. Le gustaba que su oficina fuera por lo menos cómoda; había un gran sofá de cuero marrón que había rescatado de un mercadillo hacía tiempo, y había pagado de su propio bolsillo para instalar un buen aparato de sonido. Solía escuchar música cuando leía o estaba corrigiendo ensayos, y era bueno que Moira –que era su vecina de departamento –nunca se quejara de la música, fuera Telemann o TV On The Radio.

Abrió las cortinas y oyó a Henry dar una bocanada de aire ante la espectacular vista de las montañas de Box Springs. -¿Precioso, no?

Henry asintió, poniéndose cómo en el sofá que crujía bajo su peso. -¿Profesor?

-Ah sí, tu tesis. –Charles dejó a un lado su cartera y se quitó la chaqueta. –De hecho me estaba preguntando por qué no habías ido directamente a preguntarle a la señorita McTaggert—

-¿Raven está saliendo con alguien? –Henry soltó de repente, su mirada fija en el suelo mientras el color rojo se apoderaba de sus mejillas. –Quiero decir, lo siento, no estaba—

-Oh… -Charles fue incapaz de evitar sonreír tan ampliamente. Así que Erik estaba en lo cierto después de todo. Ignoró el pequeño nudo que se le hizo en el estómago ante el mero pensamiento del nombre de Erik. –Henry, ¿me estás pidiendo permiso?

Ahora la cara de Henry estaba roja como un tomate. Asintió una vez, tímido.

Charles se compadeció del pobre chico. –Por lo que sé hasta ahora, en estos momentos está soltera. –Dijo con una sonrisa, pensando que Raven le debía no sólo una buena cena, sino que también entradas para el teatro seguramente. –Siéntete libre de preguntarle. De hecho, creo que deberías hacerlo.

La mirada de alegría en los ojos de Henry hizo reír a Charles. –Gracias, Profesor.

-No hay que agradecer nada. –Charles conectó su iPad a los altavoces y eligió una canción de Beta Band. –Eres un buen estudiante y una gran persona. Serás bueno para Raven.

Una pequeña sombra de culpa cubrió la cara de Henry. –No estoy tan seguro de eso último.

-¿A qué te refieres?

-Profesor, tú participas en los foros de la página web de E. M. Lehnsherr, ¿verdad?

-Correcto, ¿cómo lo— -Charles se le quedó mirando. La expresión de culpa en su rostro ahora tenía sentido. –Eres HankMC1306. Henry. Hank.

Henry jugueteó con sus manos. –Siento no habértelo dicho antes. Quiero decir, supuse que eras tú por la probabilidad de que hubiese otro fan con el apodo de ProfesorX, ¿no? Y cuando dijiste que habías conseguido ese ejemplar autografiado de Electric Fences, entonces supe que eras tú.

Charles no estaba muy seguro de cómo sentirse después de todo eso. –Podías habérmelo dicho antes. –Vale, tal vez le había pillado con la guardia baja, y estaba intentando recordar si le había dicho algo sospechoso a Henry –Hank –en sus tweets o mensajes. –Es bastante sorprendente.

-Lo sé, y lo siento mucho. –Ahora Henry (Hank, Charles se recordó mentalmente, intentando juntar las dos personalidades) finalmente se atrevió a mirar a los ojos a Charles de nuevo. -¿Sigo pudiendo pedirle salir a Raven?

Charles mantuvo su tono neutral. –Sobre mi cadáver.

No pudo contener la carcajada ante los ojos como platos que acababa de poner Henry mientras casi se caía de espaldas al sofá, y le llevó unos momentos antes de unirse a las risas, estando más que aliviado que otra cosa.

x

Las clases de ese día (y una conferencia) pasaron relativamente normales, sin dejarle a Charles tiempo para pensar en cómo de resentido estaba y por qué. Repentinas imágenes de Erik y él haciéndolo hasta tarde la noche anterior, las rodillas de Charles contra las sábanas, moviéndose con cada estocada; la boca de Erik en sus hombros, por su espalda… de repente se sentó algo más recto al darse cuenta de que todavía estaba en clase y sus estudiantes, acabando un examen. Cruzó las piernas inmediatamente y, a continuación se aclaró la garganta, esperando no estar muy rojo y que los alumnos no se hubiesen dado cuenta.

No hubo tanta suerte. Mientras John y Bobby iban al frente con el examen en la mano, Bobby estaba sonriendo con demasiada alegría mientras John le saludó con tono burlón. –Ten un buen fin de semana, Profesor.

-Er, gracias. –Le fue fácil saber que iban soltando una risita disimulada mientras se alejaban de la sala, pero dudó que la enorme marca de debajo de su barbilla ayudase a camuflar las cosas.

Una vez se hubo acabado la clase, recogió el montón de exámenes y los metió en su cartera antes de dirigirse a su oficina. Tal vez Moira estuviese libre para tomar una taza de té rápida después de haber repasado las notas de los exámenes, y después podría quedar con Erik para cenar.

Una sensación de calidez le invadió el estómago al pensarlo, y cuando Charles giró la esquina y vio a Erik en el pasillo, esperando fuera de su oficina, la calidez se convirtió en una ola de calor sofocante, haciendo que Charles irradiase felicidad. -¡Erik! Creía que habíamos quedado después.

Erik se puso recto cuando vio a Charles y una sonrisa exactamente igual a la del otro se apoderó de su rostro. –Me había aburrido de torturar a los empleados del Café Kafka, así que obviamente he pensado que podría venir aquí y torturarte a ti en su lugar.

-Qué reconfortante. –Los labios de Charles se curvaron, divertido, mientras empezó a abrir la puerta de su oficina y pudo sentir la mirada ardiente de Erik fija en su boca. –Supongo que podrías entrar y tomarte una taza de té antes de que llame a los de Seguridad del campus.

Cuando ambos entraron en la oficina, pudo oír la respiración de Erik, fascinado, ante la vista de las montañas desde su ventana. –Precioso –pudo oírle decir antes de agacharse para recoger un papel del suelo.

-Lo sé. –Respondió Charles, tirándolo a la basura antes de darse la vuelta y encontrarse con que la mirada de Erik ahora estaba puesta en su espalda. –Espera, estabas hablando de las montañas, ¿no?

La mirada de regocijo en la cara de Erik fue difícil de ignorar. –No me acuerdo. –Ahora que la puerta estaba cerrada, se estaba acercando a Charles, acorralándolo contra el escritorio hecho de pesado roble, sus caras a tan sólo un beso de distancia. –No estoy interrumpiendo tu horario de clases o algo, ¿o sí? –Su aliento, acompañado con un toque mentolado, acarició los labios de Charles.

-No. –Y fue entonces cuando Erik se inclinó para reclamar la boca de Charles, tentándolo primero con un beso lento que le hizo soltar su cartera, sus brazos rodeando el cuello de Erik en su lugar. A continuación Erik le estaba dando un pequeño mordisco entre besos, y Charles pudo oír un pequeño gemido que se le había escapado a alguien, y tal vez ese alguien fuera él. El pequeño gemido se desvaneció con un jadeo cuando Erik le acarició por encima de sus pantalones y sí, era él.

-Lo siento, no podía esperar. –Erik susurró al separarse del beso, y Charles se limitó a sonreír, pasando los dedos por los mechones suaves del pelo engominado de Erik, recordando cómo de despeinado había acabado después de un particular movimiento esa noche. Erik se había retirado el pelo de la cara mientras seguía acariciando a Charles con la otra. Charles pensó que ese particular recuerdo jamás le iba a abandonar.

-Tengo que echarle un ojo a los exámenes que acabo de recoger. –Dijo disculpándose cuando Erik hizo un amago de volver a besarlo. Soltó una pequeña risa ante el ceño fruncido de Erik mostrando su decepción, dándole un beso. –Podría pedirle a Hank que te diese una vuelta por el campus primero—

-¿Hank? –Erik parecía confuso a pesar de seguir en el mismo sitio, pegado centímetro a centímetro contra Charles y atrapándolo contra el escritorio. -¿No te refieres a Henry?

-Oh no, se me había olvidado decírtelo. Resulta que al final Henry es el chico con el que he estado hablando en los foros de E. M. Lehnsherr. –Su pulgar acarició el pronunciado pómulo de Erik. –Ha sido totalmente inesperado.

Para su sorpresa, el ceño fruncido de Erik se le notó aún más. –Suena extraño. –Ahora parecía estar dirigiéndole una mirada cautelosa. -¿Qué piensas al respecto?

-No estoy muy seguro. –Admitió Charles, aunque estaba bastante desconcertado a darse cuenta de que Erik había reducido la presión contra su cuerpo, y que incluso dio un paso hacia atrás, para su decepción. –Tan sólo deseaba que Henry, quiero decir, Hank, me lo hubiese dicho antes. No me gusta tanto secretismo innecesario, supongo. Pero tal vez es porque está interesado en Raven. No tengo idea de por qué, en serio.

Erik asintió algo ausente y esta vez se retiró, pasándose una mano por el pelo. –Tal vez no sabía cómo decírtelo. –Su voz sonaba algo perdida, un tanto preocupada; hablaba conforme iba hacia el sofá.

-Puede ser. –Charles se separó también del escritorio, yendo a sentarse junto a un Erik pensativo. -¿He dicho algo?

-No. –Erik se limitó a negar con la cabeza. –Sólo estaba… pensando.

Charles asintió. Si Erik no quería decirle lo que le estaba preocupando, raramente podría forzarle a hablar. -¿Te quedas un rato? Enseguida acabaré con los exámenes. Pondré algo de música y puedes echarle un vistazo a los libros si te apetece.

-Suena genial. –Erik seguía con la mirada algo distante. Charles continuaba preocupado, pero supuso que si Erik quería quedarse, a la larga terminaría diciéndoselo. Charles fue hacia el estéreo, poniendo el disco en directo del concierto de los Bright Eyes que Raven le había dado. Una vez que la música empezó a sonar, Charles recogió sus exámenes y fue hacia el sofá, haciéndole una señal a Erik para que se moviese. Éste lo hizo y dejó que Charles se sentase entre sus piernas cómodamente antes de empezar con el trabajo.

Pudo sentir a Erik alcanzar el libro más cercano a él, y el tiempo pasó de manera agradable, la tensión de antes ya olvidada. En algún momento, Charles cambió de posición, cuando su canción favorita de los Bright Eyes empezó a sonar y Erik tarareaba en voz baja First Day Of My Life también, su pecho vibrando contra la espalda de Charles.

-¿Estás bien? –Charles preguntó, girando un poco la cabeza, contento de ve que Erik había vuelto a la normalidad.

-Nunca he estado mejor. –La voz de Erik sonó grave y satisfecha, y Charles pudo sentirlo poniendo sus labios en su frente, y luego los dejó ahí un rato, lo cual impulsó a Charles a cogerle de la mano y unir sus dedos, dejando un pequeño beso en sus nudillos.