¡Wow! ¡Realmente me alegra que les haya gustado! =3 ¡Mis disculpas por la tardanza! =S
Esta Blancanieves es un poco más liberal que la de la película. Por lo menos cuando está con Eric =P
Me ayudó a escribir la canción "Talk" de Coldplay y "A Thousand Years" de Christina Perri =D
¡Espero les guste!
II. Reina con Gracia.
***Blancanieves***
Desperté temprano ese día. Ni siquiera había salido el sol como tal. Sentía que había dormido una eternidad, pero solo fueron un par de horas. Di varias vueltas en la cama para despegarme de la fatiga y así levantarme; di un brinco y solté un gemido cuando pisé la corona, que extrañamente estaba en el suelo.
Me sacudí el cabello y me coloqué un vestido cualquiera que estaba en el baúl. Había agua en una vasija y la vacié por completo en mi rostro. Me desenredé el cabello y abrí la puerta, o bueno, eso intenté.
Algo no me lo permitía. Me asusté por un momento pero luego escuché un ronquido y me reí entre dientes. Era Eric.
Como pude pasé entre la puerta y Eric gruñó un poco, pero después continuó con sus ronquidos. Me senté a su lado y le quité la botella de ron de la mano. Le quité el cabello mojado del rostro y posé mi mano en su rostro, lo acaricié y sonreí un poco.
¿Qué tenía ese cazador que me aceleraba el corazón? ¿Qué me sonrojaba tanto y me hacía tan feliz con solo estar a mi lado? Así estuviese inconsciente… ¿Era su fuerza? ¿Su astucia? ¿Sus grandes manos? ¿Su sonrisa? ¿Sus ojos? ¿O era su valentía?
Eric gruñó a mi lado y se estiró un poco. Tomó mi mano sin querer y frunció el ceño, aún con los ojos cerrados, los abrió lentamente y le sonreí. Abrió los ojos de par en par y me reí entre dientes.
— ¡Buenos días Eric!
Dio un pequeño salto y gimió, sosteniéndose la cabeza con ambas manos.
—Oh, lo siento…
—Descuide, su alteza. Yo bebí de más y ahora esta es la consecuencia
Él se levantó con algo de torpeza y yo simplemente me reí internamente. Cuando quise levantarme, él intentó ayudarme pero perdió el equilibrio y, a pesar de que estaba algo desorientado, logró evitar aplastarme.
—Lo siento mucho, Nieves, yo…
—Descuida. Fue un mal paso y estaba en el lugar equivocado, en el momento equivocado así que…
Dejé de hablar por su mirada. Sus penetrantes ojos azules no dejaban de jugar con mis emociones. Sus ojos causaban un frenesí en mí que… No, era una reina, tenía que controlarme.
Finalmente Eric se levantó y yo pude pensar con claridad.
—Hoy tengo varias cosas por hacer, y me gustaría que me acompañaras.
—Seguro, su alteza. Pero antes quisiera… arreglarme.
—Claro, no hay problema. Te esperaré en el salón real.
Eric sonrió, caminó dando traspiés y lo observé hasta que dio vuelta en la esquina del pasillo. Respiré hondo y me sacudí un poco el cabello. Pero cuando estaba en camino al salón real, me encontré con William.
— ¡Mi reina! ¡Pensé que aún dormía!
—Ehm… Hola, William.
— ¡Que grave falta he cometido! Prometo que mañana no saldrá de su habitación sin que yo esté custodiando su puerta, mi reina.
—No será necesaria tu honrada vigilancia, William. Eric custodia la puerta toda la noche —claro que lo hace. Pero dormido el muy tontito… Pensé.
— ¿Qu-qué? ¿Toda-la-noche? —su forma de hablar realmente me ofendió.
— ¿Por qué te impresiona, William? —exclamé, cruzando los brazos a la altura del pecho y alzando un poco la barbilla.
—Por… nada, su alteza. No quise ofenderla…
—Seguro que no… Como sea, en el salón real desayunaré y luego atenderé los asuntos pendientes con tu padre, ¿bien?
—Sí, su alteza. Llamaré a los sirvientes para que tengan lista su comida.
—Gracias —y como si fuese un pura sangre, corrió por el pasillo y bajó las escaleras dando saltos.
Tenía que admitir que se veía muy gracioso y no pude evitar sonreír. Caminé sin prisa por el pasillo, acariciando las paredes, que aún estaban en un mal estado gracias al descuido de Ravenna. Pero que pronto iban a verse coloridas y sin un grumo, sí.
Cuando llegué al salón, la comida estaba más que servida, con flores recién cortadas en un par de jarrones y las sirvientas miraban el suelo.
—Queridas mías, ¿por qué tanta vergüenza?
Ninguna me contestó, pero al menos una de ellas se atrevió a mirarme de reojo.
— ¿Me tienen miedo?
La misma chica que me había mirado alzó su mano.
— ¿Sí? Vamos, habla, no pienso hacerte daño.
Ella bajó la mano tímidamente y mostró su rostro. Contuve el aliento y tragué fuerte, muy fuerte al verla.
Tenía dos cicatrices en sus mejillas al igual que las mujeres en el lago. Pero estaba segura de que no la había visto allí, con las demás.
—Me las hice yo misma para que fuese inservible para la antigua reina.
Tomé una bocanada de aire y carraspeé la garganta. El mismo pensamiento que las otras mujeres; realmente me apenaba.
—Te aseguro que si tuviese una cura para esas cicatrices te la daría. Porque Ravenna ya no está.
Todas las demás me observaron y yo sonreí un poco.
— ¿Piensan que seré igual que ella? ¿Qué les mantendré en un oscuro dolor y miedo? ¿Qué solo las mantendré aquí para consumir su belleza y juventud? Si piensan eso, están muy equivocadas, porque les prometo que no serán unas simples sirvientas para mí. Serán mis amigas. Mis hermanas y no les fallaré jamás.
Todas asintieron y comencé a arrimar las sillas.
—Por lo tanto, quiero que todas coman conmigo, en la mesa real, para que no se sientan menospreciadas.
Las sirvientas se miraron anonadadas; no podían creer lo que veían. Yo aplaudí una vez y tomé de la mano a las dos sirvientas más cercanas a mí.
— ¡Vamos a comer!
Las ayudé a sentarse a cada una, sin excepción. William entró al salón y abrió los ojos de par en par al verlas sentadas, acompañándome.
—Ehm… William, llama a las sirvientas que están en la cocina y diles que vengan hasta aquí y envía a algún soldado a que nos sirva la comida. Hoy ellas serán tratadas como lo que son. Unas damas.
Finalmente las escuché reír y eso realmente alegró mi corazón, pero nada como cuando Eric entró por la otra puerta, con el cabello mojado y despeinado. William le miró con cierto sarcasmo y Eric se limitó a ignorarlo.
¡Oh Eric!
— ¿Las puedo acompañar? —preguntó Eric, como si hubiese notado mis intenciones en mis ojos.
—Será un honor, Eric. Ven —dije extendiendo mi mano hacia él.
***Eric***
Realmente se veía tan hermosa, con su cabello negro haciendo contraste con su vestido rosa pálido, mientras sus ojos iluminaban todo su ser demostrando toda la bondad que habitaba en su perfecta silueta.
Oh Nieves, como te amaba.
El roce de sus cálidos y blancos dedos le agregaba más calor a mi alma, creciendo un gran deseo por vivir… con ella, para ella, por ella…
—Se ve majestuosa, mi reina —dije besando su mano, con labios temblorosos. ¡Qué débil me tornaba!
Siempre tan sencilla y delicada, me respondió con una sonrisa. Algo que para mí valía más que cientos de miles de palabras.
Sentí la mirada de William clavada en mi espalda y no pude evitar el voltearme para verle; eso era algo que no ocurría todos los días, el que una reina prefiriese la compañía de un cazador en vez de la del hijo de un duque.
Blancanieves siguió mi mirada y se sonrojó apenada.
— ¿Gustarías, William? —preguntó Nieves señalando la mesa con un sutil movimiento de su mano.
—Seguro, majestad —dijo mirándome.
Sonreí con gran satisfacción y mientras comíamos, no podía dejar de ver a Blancanieves interactuar de una forma tan especial con las sirvientas, como si fuesen princesas de otros reinos o sus hermanas.
Definitivamente Blancanieves era una reina con gracia. Su reinado sería perfecto y tenía todas las intenciones de presenciarlo.
¡Espero que les haya gustado! =D =3 =P
