¡Miiiiiiil perdones! Mucho tiempo sin actualizar, uyy. *_*
A partir de aquí se descubrirá la trama del fic, es oficial =D
Song of the Cap: Christopher & Sylvia - Dirk Brossé. (Es mi canción favorita para la eternidad. La mini serie Parade's End es magnífica y la música *_* me mata. Nunca me cansaré de escucharla. Mencionaré constantemente esta canción xD)
¡Espero les guste chicas!
III. Reina Forzada
*Blancanieves*
Después de comer todo lo que había en la mesa, y cuando digo todo fue todo, las doncellas se retiraron a sus habitaciones ya que caminaban por mero milagro. Me agradecieron una y otra vez por el banquete. Me sentí feliz de que ellas lo estuviesen.
William se veía incómodo y Eric no dejaba de observar sus movimientos.
— ¿Qué te ocurre, William? —pregunté unos 10 minutos después de que las doncellas abandonaran el lugar.
—Debemos ir con mi padre. Debimos ir hace un buen rato, pero no quise ser imprudente —dijo mordiéndose el labio.
—No pongas esa cara, ni que nos fuera a cortar la cabeza —bromeé. Eric se rió una vez y William sonrió secamente.
Tragué fuerte. ¿Qué nos esperaba? Nada bonito por el entusiasmo de William.
—Vamos entonces —dije sin ningún tono de felicidad.
Miré a Eric casi suplicante y él asintió una vez. Estábamos tan conectados. No pude evitar sonreír. Eric se situó a mi lado y William frunció el ceño.
—Eric me acompañará —te guste o no. Pensé.
William hizo una pequeña reverencia con la cabeza.
—Como guste, majestad.
Seguimos a William hasta la sala real, donde se hallaba mi trono. Más de una vez miré de soslayo a Eric y éste me sonreía con amabilidad. Me daba ánimos, que era lo importante.
*Eric*
Como quería tomar su mano, decirle que todo estaría bien y que si las cosas se ponían feas, la defendería. ¿Ella confiaba en mí? Algo sentía ya que no dejaba de mirarme una y otra vez, con esos ojos tan hermosos.
¿Qué era eso tan importante que el duque Hammond tenía que decirle a Nieves? La expresión de William era siniestra y tenía a la joven reina temblando de pies a cabeza aunque ella no lo notara.
Sea lo que fuere, Nieves no estaría en peligro de nuevo. Me aseguraría de ello.
*William*
¡Pero ese mastodonte jamás la dejaba! ¿Qué había entre Eric y Blancanieves? Solo una mirada y ya estaba a su merced y no se alejaba de ella ni por un instante. ¿Cómo reaccionaría ante las palabras de mi padre? Como le pedía a Dios que iluminara bien a mi padre para que no cegara a Eric y Blancanieves.
Sería por su bien. Por nuestro bien lo que mi padre quería comunicarle.
*Blancanieves*
Una vez abrieron la puerta que daba al salón del trono, caminé con paso firme hasta donde se encontraba el duque Hammond: mi trono.
Él al reconocerme se levantó enseguida, sonrió una vez y se inclinó ante nuestra presencia.
—Buenos días, majestad. Espero que haya tenido una noche reconfortante.
—Así es, duque Hammond. ¿Qué es lo que quiere decirme?
El duque, su hijo y Eric me miraron algo sorprendidos. ¿Qué estaba impaciente? ¿Se notaba?
— ¿Por qué mejor no bebemos algo primero? ¿Té, quizá? —propuso el duque después de carraspear la garganta, interrumpiendo el silencio de 15 segundos.
Ladeé la cabeza aceptando la oferta. Unos sirvientes trajeron asientos para mis acompañantes y yo me senté en mi trono. Me sentí pequeña allí sentada y traté de acomodarme para quitarme esa sensación… de alguna manera.
Eric alzó las cejas, llamando mi atención. Arrugué un poco la nariz en respuesta y Eric soltó una risotada. El duque y William miraron con el ceño fruncido a mi compañero y éste trató de recobrar la compostura. Yo me reí entre dientes, ya que no lo pude aguantar por más tiempo y padre e hijo me miraron de la misma forma que a Eric segundos atrás.
Apreté los labios y Eric negó con la cabeza pero con una sonrisa de oreja a oreja.
—Espero que el té le haya aprovechado, majestad —dijo el duque una vez terminamos de beber —. Magnus, quien fue mi mejor amigo como bien sabe, me dijo una vez que si él no estaba vivo en el momento de su coronación yo debía llevar la batuta de padre —asentí una vez con una sonrisa amable —. Aunque también me dijo lo siguiente: Es importante que se case lo antes posible. Una Reina no puede gobernar estando soltera por mucho tiempo, milady.
—Así que debo escoger a un esposo —dije alzando una ceja.
—Así es. Magnus me dijo que anhelaba verlos, a William y a usted, unidos en ma…
Me levanté de un salto y fulminé con la mirada a William.
—Ya lo sabías —no fue pregunta. William tartamudeó y yo hice puño las manos.
—Majestad…
—No, duque Hammond. No hable —supliqué tensando la mandíbula. Eric hiperventilaba y yo no me quedaba atrás —. Quiere que me una en matrimonio con William.
—Tiene que hacerlo, su majestad. No queda ningún príncipe o duque que sea aliado, o no aliado. Ravenna se encargó de eliminarlos a todos o alejarlos tremendamente de donde pertenecían. Hemos enviado cartas a los que aún viven pero no hemos recibido respuesta alguna.
—Denles más tiempo, duque Hammond —concluí. William se quedó boquiabierto pero al darse cuenta de que le miraba, apretó los labios.
— ¿Ni siquiera lo considerará?
—Lo que no consideraré es el que me exijan… —iba a decir "el que me exijan casarme con alguien a quien no amo" pero preferí respirar hondo y aprovechar esa pausa para pensar bien en mi respuesta —. El que me exijan algo tan… tonto.
Los tres me miraron confundidos.
— ¿Casarme tan pronto? Apenas he calentado el trono y ya… y ya —y ya no sabía que carrizo decir. Eric me indicó con la cabeza la puerta. Abrió los ojos de par en par y asintió levemente —. Y ya tengo que ir a mi habitación, me siento indispuesta.
Pasé por el medio del duque y William y me situé al lado de Eric. Éste se levantó enseguida.
—Eric necesito que me ayudes con un problema que tengo en mi habitación.
—A la orden, majestad.
—Un sirviente te podría ayudar también —preguntó William como quien no quiere la cosa.
—No necesito a un sirviente, necesito a Eric.
La expresión del duque y William me hicieron darme cuenta de mi… ¿error? Parpadeé un par de veces y caminé hasta la puerta; Eric me siguió sin decir palabra alguna. Una vez dentro de mis aposentos, solté un grito de frustración.
— ¡Pero quién se cree que es! —exclamé lanzándome a mi cama.
—Se cree tu padre, Nieves. Lo dijo en primer lugar —contestó estando sentado junto a la puerta.
Claro, lanzó esa punta de primero pero yo no… Como siempre, no leo entre líneas. Por supuesto…
Eric sí que era bueno analizando las cosas.
— ¿Ahora que voy a hacer, eh? —gemí —. No quiero casarme… con William. No quiero, no —sonaba como una niña pero no me importaba. Era la Reina y podía hacer lo que quisiera… O eso se suponía, ¡ay mierda!
—En verdad, no lo sé, Nieves —contestó con sinceridad… y tristeza.
Fruncí el ceño y detallé mejor a Eric: estaba desganado.
Me acerqué a él y me arrodillé a su lado.
— ¿Qué tienes? —le pregunté en voz baja.
—No es nada, mi Reina —sonrió amablemente, pero sus ojos me decían todo lo contrario.
—Enserio, Eric. ¿Qué te pasa?
Eric suspiró y ladeó la cabeza.
—Es mejor que muera por ignorante que por curiosa.
Parpadeé varias veces y él me miró asustado.
—No quise… Yo… perdóneme, majestad —me suplicó con un ataque de nervios. Coloqué mis manos sobre las suyas y le arrullé.
—Descuida. No te alarmes —dije con sinceridad. Sus ojos azules me examinaron en busca de una pizca de falsedad, pero sonrió tranquilo al ver que decía la verdad.
—Estará bien, mi Reina.
— ¿Soy tu reina? —sonreí de nuevo y empezándome a sonrojar.
—Es la reina de todo lo que hay aquí… Pero eres… mí reina.
Respiré hondo lentamente y él extendió una mano hasta mi rostro. Un serpenteo eléctrico me hizo jadear y él sonrió maravillado.
Me limité a sonreír. Eso fue más que suficiente.
Apoyé mi rostro de su pecho y él me acunó en sus brazos con ternura. Jamás me había sentido tan protegida.
—Nadie te obligará a nada —prometió en un susurro. Comenzó a balancearse lentamente; respiré hondo con una sonrisa.
—Quiero que me obligues a cumplir con eso —dije manteniendo mi sonrisa y mi esperanza en los brazos de mi cazador.
¡Espero les haya gustado chicas! Besos enormes por su paciencia, las quiero *_* =D
