Oninezumi: ¡Hola y bienvenidos a un nuevo capítulo de "Días casi normales"! Hoy, además de subir este capítulo inusualmente pronto (no os acostumbréis, mi imaginación solo colabora durante los exámenes) tenemos, como invitado especial a Rei Kagene, que muy amablemente ha accedido a colaborar…

Rei: ¡Hey! ¡Yo no he accedido a nada! ¬¬ Me ha obligado, entendido?

Oninezumi: En fin, hoy Rei nos comentara sobre este fic. Así que, Rei: ¿Qué te han parecido estos últimos dos capítulos?

Rei: ¿Sinceramente?

Oninezumi: Por supuesto.

Rei: El segundo es una mierda.

Oninezumi: Lo sé, pero no me pueden culpar.

Rei: ¿No?

Oninezumi: No.

Rei: ¿Aunque lo hayas escrito tú?

Oninezumi: No es mi culpa. Me esforcé mucho. T.T Lo escribí muchas veces pero no recuerdo como es estar en shoc. La última vez que lo estuve fue hace mucho y…

Rei: Eso no es excusa.

Oninezumi: ¡Ceniza! *Llamo a mi mascota* ¡Rei está siendo malo conmigo!

Ceniza: *Me mira desde su pecera como diciendo: "¿Y qué quieres que yo haga? Soy un pez no un doverman."*

Rei: Creo que ya aburriste suficiente. Coloca el cap. de una puta vez.

Oninezumi: *Suspirando* Ya voy.

CAPITULO 3: CONOCIENDO A ALGUIEN NUEVO

Hatsune Miku y Hachune Miku se encontraban frente a la lujosa puerta de la mansión Shion. Era la primera vez que la pequeña visitaba a la familia del prometido de la Miku mayor y estaba nerviosa pues solo conocía a su Nii-san, como ella le llamaba.

-Tranquila, chibi-yo, los hermanos de Kaito no muerden. Además creo que solo se encuentra aquí el menor de ellos.

Atrevidamente la niña de seis (casi siete) años golpeo la puerta con la aldaba y casi en ese mismo instante esta fue abierta.

Al otro lado se encontraba un joven de cabellos y ojos azul oscuro, vestido solamente con unos pantalones blancos y una gabardina entreabierta que dejaba a la vista su estómago y descalzo a pesar del frio, aunque, curiosamente, sí llevaba bufanda. Detrás de él había un niño de aproximadamente once años con el pelo ligeramente más largo que Kaito y verde, ojos intensos y curiosos, y tez pálida. El casi parecía una versión verdosa y pequeña de su hermano si no fuera porque llevaba un jersey de gruesa lana debajo de la gabardina y porque las mangas de esta le cubrían las manos y colgaban barios centímetros.

-Hola bienvenidas.- Saludo Kaito.

-Hola.- Saludaron a coro las dos Mikus.

Durante unos segundos todos miraron al pequeño de pelo verde esperando que dijera algo. Este al sentirse el centro de atención enrojeció y oculto su rostro en las ropas de su hermano.

-Tranquilo Ni-kun. No te van a hacer daño. Tampoco muerden. Venga. Preséntate.

El de los ojos verdes miro tímidamente a las dos féminas y se acercó despacio.

-Hatsune-dono, Hachune-dono es… es un placer conocerlas.- Saludo efectuando una respetuosa reverencia.- Yo soy Shion Nigaito, de doce años. - Luego atrapó suavemente la mano de Hachune Miku para rozarla con los labios, lo que provocó que la niña se sonrojara ligeramente; cuando el niño se dispuso a repetir la acción con Hatsune Miku. Kaito lo atrapó por la parte de detrás de la bufanda, arrastrando a su hermanito hasta su lado.

-Creo que eso ha sido presentación más que suficiente, Nigaito.- Regañó el hermano mayor al menor.

-Gomen, nii-san.- Se disculpó Nigaito entendiendo el motivo del enfado de su hermano mientras bajaba la mirada y juntaba sus escondidas manos a la altura de su pecho.

-¡Kawaiii! – Canturrearon a coro las dos chicas de cabellos y ojos color verdemar mientras se lanzaban sobre Nigaito para abrazarlo y empezaban a acariciarle las mejillas y revolver sus cabellos provocando que el color del rostro del pequeño hiciera parecer pálido al rojo de un tomate maduro.

La mirada que Kaito dirigió a su hermano habría sido capaz de envenenar a una docena de elefantes, pero este no la vio dado que estaba de espaldas a él.

Durante unos minutos lo único que se oía era el mormullo incesante de los piropos que lanzaban las dos chicas al niño allí presente.

-¿Queréis quedaros en la entrada todo el día? – Terminó preguntando Kaito intentando ocultar su sentimiento de molestia.

Todos miraron confusos al hombre de cabello azul, aunque en la mirada de su hermano se podía apreciar un deje de agradecimiento.

-Kaito… ¿Estás celoso de tu propio hermano? – Inquirió Hatsune con una sonrisa ofendida. El aludido desvió la vista y asintió secamente con la cabeza.- Pero si es solo un niño.

Kaito se cruzó de brazos, aun mirando un punto indeterminado de la pared.

Durante unos momentos las dos chicas allí presentes miraron a Kaito en un mudo reproche por su comportamiento infantil, cosa que Nigaito aprovechó para alejarse de sus "acosadoras".

Finalmente la mayor de las Mikus se ablandó y se acercó para besar castamente a su prometido, haciendo que el enfado de este se disipara.

-Baka. Sabes que yo solo te quiero a ti.

Ante esto el Shion mayor sonrió estúpidamente.

-¿Os apetece helado?- Preguntó.

- Es invierno Kaito-nii.- Protestó la niña de seis años.

- Tengo sabor a puerro…

-¡¿Puerro?! – Preguntaron a coro las dos con los ojos brillantes.

- Si, me costó mucho conseguirlo, pero…

- ¡Claro que queremos!- Gritaron las dos emocionadas.

Luego todos empezaron la procesión a la cocina, con Miku y Kaito hablando alegremente delante y una asustada Hachune Miku detrás, abrazada al brazo de Nigaito.

¿Por qué estaba asustada Hachune Miku? Sencillo. La mansión Shion era un edificio antiguo de pasillos largos y tortuosos, con cuadros de personar desconocidas colgadas en las paredes. Cuadros que parecían mirar a Hachune Miku. Con armaduras viejas y lustrosas en las esquinas. Armaduras que llevaban afiladas espadas y pesadas mazas. Con mullidas y descoloridas alfombras en los suelos. Alfombras que silenciaban los pasos de cualquiera y que hacían pensar a la pequeña que si un asesino la seguía nunca lo oiría. Con…

En fin, la típica mansión de las películas de miedo aunque menos polvorienta y descuidada.

A pesar de todo llegaron sin el menor percance a la cocina. Se trataba de un lugar enorme y moderno, de paredes de azulejos blancos y deslumbrantes, muebles y electrodomésticos de metal oscuro y suelo tan reluciente y pulido que servía perfectamente de espejo. De esto último se dio cuenta horrorizada Hachune Miku y soltó un grito ahogado mientras se ponía colorada.

Nigaito Shion pensó que perdería la capacidad de oír cuando oyó aquel grito tan cercano a su oreja, y es que la pequeña aún no había soltado su brazo.

-¿Qué ocurre Hachune-dono?-Preguntó Nigaito cuando sus oídos dejaron de pitar. Le extrañó que ninguno de los "adultos" allí presentes hubiera preguntado algo antes, pero no lo consideró nada importante.

- Pe… per… ¡Pervertidos! – Terminó chillando la pequeña mientras se apartaba bruscamente del chico y lo dejaba muy confundido.

Nigaito no dijo nada, solo miró a la Miku que había chillado, esperando una explicación, pues no creía que ella le gritara sin motivo.

Lo que él no sabía, principalmente porque la acababa de conocer, era que cuando Hachune Miku se enfadaba entablaba la Ley de Hielo, le retiraba la palabra a aquel con quien estaba enfadada.

Por ello, antes de que se pronunciara ninguna palabra, el sistema deductivo del niño hizo "Clic". Y es que si había dicho (o gritado, lo mismo daba) "pervertidos" se debía refería a más de una persona, es decir a Kaito y a él, ¿no?

Al darse cuenta de esto Nigaito buscó con la mirada a su hermano esperando que la causa del grito de Hachune hubiera sido alguna acción de Kaito; no porque pensara que este era un pervertido, no, sino porque él no recordaba haber hecho nada malo. Ni siquiera había protestado cuando ella se le había pegado como una lapa, a pesar de que lo hacía sentir incómodo.

Tras barrer con la mirada toda la cocina se pudo percatar de ni Hatsune Miku ni Kaito Shion se encontraban cerca de la mesa, ni del pollo, ni de la encimera, ni de la pared en la que estaban la sartenes, ni de la alacena, ni de la cámara frigorífica, en resumen que ninguno de los dos estaba en la cocina.

-Emm… Hachune-dono… - Intervino suavemente Nigaito.

-No te hablo.- Le contesto infantilmente la niña.

-Pero…- Él prefirió no indicar que le había hablado cuando le dijo que no le hablaba.- Kaito-nii y Hatsune-dono no están.

-¿Cómo?- Preguntó la niña.

Antes de que en pequeño Shion pudiera responderle las luces parpadearon y terminaron por apagarse.

-¿Qué…que pasa?- Lloriqueo la niña.- Nigaito-kun, ¿dónde estás? No… ¡No me dejes sola!

-Solo se ha ido la luz.- Intento tranquilizarla él mientras buscaba a tientas la cajonera que se encontraba junto a la puerta para sacar del tercer cajón una linterna.

-No te alejes, por favor.- Suplico Hachune al notar la voz del chico alejándose. Creo que no es necesario aclarar que el de los ojos verdes ya se había dado cuenta de que la pequeña tenía nictofobia.

Al poco un foco de luz se encendió enfocando casualmente en la dirección en la que se encontraba Hachune y la cegó. Cuando por fin la niña dejó de ver sombras pudo notar que Nigaito se había acercado a ella y sostenía una enorme linterna en la mano. A causa de su fobia a la oscuridad ella se acercó aún más al chico, incomodándolo. Este, por la cercanía pudo notar como ella temblaba, claramente por miedo y en un intento de tranquilizarla le cogió la mano, agradeciendo mentalmente que estuviera oscuro, pues así ella no podía notar su sonrojo. No es que se sonrojara porque sintiera algo por la niña (¡Le doblaba la edad!) pero en si era una persona muy tímida y esas cosas le hacían sentir vergüenza.

Ella agradeció el gesto apretándole suavemente la mano y sonriéndole. Al fin y al cabo, ¿Qué importaba en ese momento que él le pudiera haber visto la ropa interior con solo mirar al suelo hace apenas un minuto? Ahora estaban solos y a oscuras, en la situación perfecta para que cualquier monstruo los atacase…

La idea de Nigaito, era esperar a que alguno de los mayores, estuvieran donde estuvieran, acudiera a activar los fusibles para que la luz regresara pero como al cabo de un rato ninguno apareció por allí y la luz aún no había vuelto, la pequeña Miku sugirió que podría ser mejor que ellos mismos fueran a darlos.

Por ello salieron de la cocina en dirección a la entrada. Lo que ninguno de los dos esperaba era que poco a poco el papel de las paredes se fuera haciendo más viejo y desgastado hasta ser solo jirones, los cuadros poco a poco desaparecieran de sus sitios, dejando marcas mohosas y la alfombra se fuera desintegrando bajo sus pies dejando a la vista sucias tabas de madera que crujían con sus pisadas.

Para cuando ellos se dieron cuenta se encontraban completamente perdidos.

-Yo…-Casi tartamudeó Nigaito.- Creo que nos hemos perdido…

-¿En tu propia casa?

-Sé que es raro, pero este sitio no me suena de nada…

-Eso es- le contesto una voz distorsionada- porque no estás en tu casa, pequeño, ya no.

Después de esto la luz se encendió.

Rei: ¿Por qué no salí en este capítulo?

Oninezumi: Si lo digo desvelaría tu futuro, Rei, y no debo hacerlo.

Rei: ¿Cómo?

Oninezumi: Claro, porque este capítulo aunque no lo parezca es muy importante en la historia. Además quiero aclarar que durante un tiempo escribiré así. Dos capítulos donde narre Rei y uno de narrador omnipresente en el que no aparecerá él.

Rei: *En tono pensativo* ¿Por qué no podré saber mi futuro?

Oninezumi: Porque apenas tengo escrita la mitad del siguiente capítulo, además de que haría un gran spoiler si comento el motivo por el que tiene importancia este capítulo.

Rei:…¬¬ Dímelo.

Oninezumi: No. Pero si te diré que en el próximo capítulo tendrás que escribir un diario.

Rei: ¡¿Cómo?!

Oninezumi: ¿Te estoy haciendo demasiado sentimental?

Rei: Si.

Oninezumi: Bueno, bueno; es hora de despedirnos. Recuerdo que el que quiera puede dejar un review sugiriendo, criticando (tanto constructiva como destructivamente), reclamando o simplemente diciendo que ha leído mi fic. También me disculpo por haber hacho tan corto el capítulo anterior y por hacer mis comentarios tan largos en esta ocasión (Es que tenía muchas ganas de conversar con Rei) y agradecer a Alice0623 por dejarme mi primer review. ¡Muchas gracias! Nos despedimos…

Rei: Yo no.

Oninezumi: *Risita nerviosa /psicótica* Rei despídete.

Rei: No.

Oninezumi: *Coge el cuchillo que guarda debajo de la almohada y lo apoya en el blanco, delgado, elegante…ejem… en el cuello de Rei* Despídete.

Ambos: *Rei tras tragar fuerte* ¡Sayonara!