Hola. He tenido problemas y por lo tanto no he podido subir antes; ademas no he recivido casi comentarios y no me he animado a escribir. Aunque tengo escritos ya tres capítulos más no sé cuando subiré pese a que eso no significa que he abandonado la historia.
Para aquel que le interese he descubierto que he hecho un desastre con las presentaciones de los capítulos por lo que iré apañándolo cuando pueda.
De todos modos espero que les guste este capítulo y que puedan dejarme su opinión.
CAPÍTULO 5
Pesadilla del pasado o pasado de pesadilla
Me encontraba suspendido en un vacío jodidamente extraño. Lo último me recordaba era el horroroso sonido que aquello produjo junto a mi oído, y, ahora, de repente, me encontraba suspendido en este puto vacío sin color.
Poco a poco, como un murmullo comencé a oír una voz. Cuando fui capaz de distinguir sus palabras estas vinieron acompañadas por imagines, imágenes donde aquello aparecía y, lo peor, parecía que yo estaba escuchando como alguien narraba desde el interior de aquello. Su voz denotaba un claro dolor, un arrepentimiento profundo y me hizo sentir mal; puñeteramente mal:
-Todo era rojo a mi vista. Los muebles, las cortinas, el suelo de aquella casa desconocida...Todo.
No podía hacer nada para evitarlo, igual que no podía evitar hacer aquellas cosas. Me resistía, me resistía a ello tanto como podía; me decía que aquello estaba mal, que era un monstruo, una bestia horrible; me odiaba.
Aun así el placer inundó cada fibra de mi ser cuando aplasté aquella cabeza con las mandíbulas; simultáneamente al asco hacia mí mismo. Curiosamente las cabezas me recordaban a unos pastelitos que preparaba mi abuela cuando yo era pequeño: una fina capa suave y sabrosa por fuera, un interior gelatinoso y entremedias un parte crujiente y dura. Pero en la realidad era muy distinto: aquel sabor, aquel tacto, aquel olor... y sin embargo me producían la misma sensación de bienestar, de que aquello significaba que todo en mi vida iba bien. Aunque nada lo fuera.
Ya no me reconocía: yo no era un asesino, un cruel sádico que disfrutaba haciendo esas cosas, un maldito violador ni un caníbal. No podía serlo. Pero lo era. La sensación no ha cambiado desde la primera vez. Primero los temblores y luego... simplemente hago cosas. Sin el menor control, sin quererlo. Dominado por una necesidad enfermiza de sangre y sufrimiento ajeno. Era como si estuviera encerrado en el interior de mi cuerpo, como si otro me moviera y yo solo fuera un mero espectador. Eso en cierto modo sería un alivio. Pero eso no explicaba los sentimientos contra los que deseaba luchar, aquel placer, aquel bienestar, todas aquellas cosas agradables que me producían mis monstruosos actos.
Quizá no era el yo real, pero era yo. O quizá me engañaba diciéndome que no era así y en el fondo "aquello" era yo realmente. Todo era confusión.
En ese mismo instante todo lo que sabía era que había entrado en la casa de una familia joven, que había matado a los padres delante de niña y que ahora devoraba sus entrañas mientras ella lloraba silenciosamente en una esquina.
Entonces dirigí mi mirada hacía ella y me excité. Sexualmente. ¿Por qué? No lo sé. Bien, era bonita y su vestido estaba bastante roto dejando mucha piel descubierta. Pero no la encontraba atractiva, ni sensual, ni nada de eso. Igual que no pensaba en sus padres como comida y sin embargo me los había estado comiendo. "La niña, no. Por favor. La niña no" Era lo peor, lo que más me desgarraba. Cuando me fijaba así en una niña. Era horrible y como quedaban sus cuerpecitos después de aquello, espantoso. No quería que eso volviera a ocurrir, no quería hacerle daño a nadie, pero menos a una niña. "Eso no... eso no, por favor" Rogaba interiormente. Pero aun así me dirigí con paso lento hacía ella, disfrutando del terror en sus ojos.
Quería detenerme, quería pararlo, no quería que eso pasara. No quería hacerle daño a esa niña, no, aún menos después de haberla hecho sufrir tanto ya. Pero en el fondo me había resignado a que aquello fuera a ocurrir, aunque me hiciera sentir más que despreciable, más asqueroso, más inhumano, aunque tampoco fuera algo animal, los animales tampoco hacían eso. Más monstruoso, aunque nunca hubiera visto ningún otro monstruo. Porque yo era un monstruo. No podía ser otra cosa más que un monstruo.
Cuando mi mente ya estaba completamente horrorizada repitiendo en mi mente imágenes de otras veces en las que eso había ocurrido, un primer espasmo me sacudió.
Fue un espasmo doloroso, pero, si hubiera podido, hubiera saltado de alegría. Los espasmos significaban el fin. Al menos de momento.
Casi seguidos a ese primero, otros, cada vez más fuertes y dolorosos, se produjeron como en una ráfaga. Noté como mis músculos se destensaban, como los huesos de mi mandíbula se encogían, haciendo que tomara mi rostro rasgos humanos, como las garras que siempre tenía por uñas se retraían, como lo poco que quedaba de mis ropas quedaban holgadas en mi cuerpo, que había reducido su tamaño a casi la mitad. Y, mientras lágrimas de impotencia y dolor resbalaban por mis mejillas diluyendo la sangre que las manchaba, esbocé una sonrisa triste. "Al menos no le haré daño a esta niña, no al menos en esta ocasión." Pensé antes de que todo se difuminara hasta desaparecer, como siempre cuando la auténtica pesadilla acababa.
Luego hubo unos instantes de silencio, donde las imágenes se distorsionaron hasta regresar a aquella maldita nada, solo por unos segundos, los que tardaron la voz en reaparecer y mi mente en pensar estúpidamente: "La niña se parece mucho a Ekra".
-Me despertó un terrible dolor de cabeza, o, tal vez, me desperté y lo primero que sentí fue un terrible dolor de cabeza. –"Gran pensamiento" me dije a mi mismo, eso también me había pasado alguna vez a mí-No sabría decirlo bien.
Me encontraba en una cama mullida y calentita cubierto por una gruesa manta de pieles oscuras, con mis heridas vendadas y, por lo demás, completamente desnudo.-Así que el monstruo de normal parecía un chico de unos diecisiete años, con el pelo y los ojos de aquel extraño color verdemar que había visto antes, como poco era curioso que me pareciera que era ligeramente afeminado- Nada más notar esto note como ardía mi rostro aunque estaba solo.-Vaya, el monstruo había resultado ser pudoroso-Estaba en una habitación ligeramente húmeda-¿ligeramente?- con paredes de piedra y una única ventana, muy alta y estrecha; con barrotes.
Me recordó a una prisión en ruinas que había visitado con mi abuela de pequeño.- ¿En qué mundo vivía aquello que las abuelas llevaban a sus nietos a visitar prisiones en ruinas? Pero yo no podía estar en una prisión, por unos trece motivos más o menos:
1.- Hacía lustros que las prisiones no estaban en funcionamiento.
2.- Las pocas prisiones que quedaban en pie estaban en ruinas.
3.- Los barrotes de hierro habrán sido lo primero en desaparecer, por el valor del metal.
4.- Si alguien hubiera entrado casualmente en la casa de la niña habría escuchado y visto lo que yo había hecho y no habría dudado en matarme.
5.- La casa de la niña estaba demasiado alejada de todo como para que alguien entrara casualmente.
6.- Si alguien había entrado en la casa por algún motivo distinto a la casualidad seguramente me habría estado siguiendo.
7.- Si alguien me hubiera estado siguiendo yo lo habría notado.
8.- Nadie dejaría con vida a un monstruo como yo.
9.- Los únicos que podrían tener algún interés en mi serían los cazadores de demonios.
10.- Los cazadores de demonios estaban casi extintos.
11.- Ellos tampoco me preferirían vivo pues las criaturas humanoides son las más difíciles de domesticar.
12.- Soy un maldito monstruo.
13.- Nadie, incluso si no está en su sano juicio, quiere a un maldito monstruo con vida.
Así pues no podía estar en una prisión.
Toda preocupación por dónde podía estar desapareció cuando se abrió la puerta, dando paso a una muchacha de aproximadamente mi edad con una enorme hacha ensangrentada en la mano. En lugar de asustarme, como hubiera sido lógico, me apresure a cubrirme con la manta, que había caído cuando me senté, y balbuceé alguna incoherencia mientras miraba azorrado una de las esquinas de la habitación.-"No, ligeramente femenino, sino completamente afeminado" pensé-"¿Qué haces, estúpido?" Inquirió una voz desconocida de forma amenazadora, que supuse la de la chica, acompañando a unos pasos." Si piensas que así vas a conseguir distraerme y atacar estas más que equivocado. No pienso bajar la guardia. ¿Fue este el truco que utilizaste para conseguir entrar en casa de Laura?"
No supe muy bien si realmente me estaba preguntando por lo que permanecí callado. Unos segundos después note algo frio que me rozaba el cuello y mira hacia mi lado. Ella había posado su arma en mi cuello, de forma claramente amenazadora, y tenía los dientes apretados, como si tuviera que esforzarse por no matarme.
"¿Me vas a matar?" Pregunte con mucha más frialdad de la que creía tener, extrañado por poder actuar con tanta calma pese a ser la primera vez que me encontraba en una situación así.
"Aquí las preguntas las hago yo, ¿entiendes?- Explico mientras apretaba en mi cuello, haciendo que una cálida gota se deslizara por él.
Intente asentir, sin darme cuenta de que así solo me haría daño, en un principio. Una vez lo noté conteste con voz calma:"Sí."
"¿Usaste este truco sucio para entrar en casa de Laura?"
"No sé quién es Laura. Y tampoco sé a qué te refieres con "este truco sucio"."
"Idiota." Murmuro mientras movía el arma para apoyarla mejor." Laura es la mujer que mataste, la madre de la niña que intentaste violar. Ahora, ¿cómo entraste en su casa?"
Supuse que se refería a aquella última casa, así que comencé a contar.
"Esperé a que abrieran la puerta para que entrara la niña. Cuando lo hicieron me colé. Ellos se pusieron delante para defenderla y..." Pare notando un nudo en la garganta, siempre intentaba olvidar aquellos episodios.
"¿Y?" Preguntó ella alzando una ceja.
" Y los maté." Me costó decir aquello en voz alta. Provocaba que me entraran ganas de llorar y que me sintiera la criatura más cruel sobre la faz de la tierra.
"¿Por qué mataste a papá y a mamá? ¿Por qué me querías hacer "eso" a mi?" Ambos miramos a la puerta donde estaba la niña.-Mierda, si que se parecía a Ekra- Ahora tenía mucho mejor aspecto que la última vez que la vi. Me miraba decidida con sus ojos verdes, su piel, tan pálida como antes, ya no tenía un tono enfermizo, llevaba un vestido limpio y claro y su pelo estaba bien recogido en dos bonitas trencitas.
No me costó responderle, más bien lo hice sin darme cuenta.
"Supongo que porque me apetecía." Eso no era del todo cierto, porque solo a una parte de mi la apetecía hacer aquello pero, ¿si esa parte de mi era la que me controlaba, que más daba que en realidad no lo quisiera hacer?
"¿Supones?" Inquirió mordazmente la chica del hacha.
" Supongo. No tenía ningún motivo para atacar a tus padres,"-Me dirigí a la niña, pues me resultaba más fácil hablar mirándola a ella. ¿Cuantas veces había deseado tener la oportunidad de hablar con mis víctimas, de disculparme con ellas y explicarles eso que ni yo mismo entendía?" aun menos uno para hacerte daño a ti. No sé muy bien si lo disfruté o no, siquiera. Solo... solo sé que lo siento, aunque sea tarde y no sirva de nada, que si pudiera no lo evitaría y tú podrías seguir viviendo feliz, sin haber pasado por ello. Que me alegro..."
"¿Que te alegras?" La voz de la chica sonó peligrosa pero yo la ignoré, centrándome en la niña, que me miraba con un rostro impasible, escuchándome atentamente.
"Que me alegro de no haberte... haberte forzado, al final, como a otras, y de que sobrevivieras. Y de poder hablar contigo porque..." dudé unos momentos antes de terminar la frase" Porque aunque no te puedo dar una explicación de porqué hice todo eso si puedo al menos intentar explicarte lo que me pasa." Respire hondo antes de continuar para calmarme." Sé que no es lo que quieres, que seguramente preferirías que te dijera que soy un malvado y que actúo así porque soy malo, pero en realidad no sé muy bien que es lo que me pasa" continúe notando que había lágrimas en mis mejillas- , solo que hago esas cosas y que aunque quiero parar y me siento horrible no puedo... Solo lo hago y no lo puedo evitar y yo..." Noté que había empezado a repetirme, por lo que baje la mirada y tragué duro; esperando a que alguna reaccionara.
"¿Por eso sonreíste?" Levanté la mirada hacia la niña que me miraba inmutable." ¿Porque te alegrabas de no hacerme "eso"?"
"Sí. Por eso sonreí."
La pequeña me miro unos momentos en silencio y se fue acercando lentamente. Cando apenas estuvo a unos pasos de mi salto y me abrazó fuerte.-¿Qué coño?- La sujeté instintivamente, para evitar que cayera, pero no supe como reaccionar a ese abrazo por lo que los aparte en cuanto la supe segura.
Tarde un poco en darme cuenta de dos cosas: la primera, que el hacha había sido apartada de mi cuello; la segunda que la niña en mis brazos lloraba.
Sin pensarlo demasiado, comencé a acariciarle el pelo con los dedos mientras le preguntaba en un tono que, esperé, fuera tranquilizador.
"¿Por qué lloras?" Me sentí estúpido por preguntarle aquello, ella tenía motivos de sobra para llorar; ¡el que no debería llorar era yo!
"Por... por ti" Me quede descolocado. Aquello no me lo esperaba en absoluto. "Te has tenido que sentir muy solo durante mucho tiempo, ¿verdad? Yo solo estoy sola unos días y me siento muy mal, pero tu llevas más tiempo solo."
"No me merezco que lloren por mí. Además...¿Cómo sabes que estoy solo?"
Ella me miro y dibujó una tenue sonrisita. "Porque tú no te quieres y si no te quieres los demás tampoco te pueden querer." No entendí muy bien aquello pero, de forma extraña me sentí consolado por sus palabras así que le devolví la sonrisa y asentí." Por eso..." añadió ella sonrojándose suavemente." Por eso he decidido que yo te voy a querer."
"¿QUE?" Preguntamos a la vez yo y la muchacha del hacha.
Y precisamente "¿Qué?" dije yo también mientras regresaba a esa endemoniada nada, pese a que la voz no se calló.
-Y pasé mucho tiempo con esa niña, me enteré de que se llamaba Ekra, de que tenía la sonrisa más bonita del mundo y con el tiempo, pese a que no me gustaban las niñas me enamoré de ella.
Me desperté cubierto de sudor frío, con las manos temblando y la respiración agitada.
Solo me dio tiempo a pensar una cosa, alguna estupidez que he olvidado, antes de darme cuenta de que estaba en una cuava y de que unos grandes ojos color verdemar me miraban.
Sayonara.
