Han pasado 2 semanas desde que le asignaron la misión de capturar a Nico Robin, ni rastro de ella, un par de imágenes en el aeropuerto pero poco mas, se estaba impacientando, no dejaba de leer informes y partes de otros agentes que tuvieron encuentros con ella.
Mihawk entro en su despacho tranquilo
-¿Cómo va la búsqueda?. Pregunto el director de la CIA
-No se por donde buscar, esconde sus huellas, haciendo imposible encontrar una pauta de lugares en los que se encuentre. Señor, ¿Se supone que ella busca información de nuestro arsenal nuclear no?
-Según nuestras fuentes si. Respondió Mihawk no entendiendo a que venia esa pregunta.
-De acuerdo, ¿Cuál es el mejor arsenal que tenemos?. Tal vez habría una oportunidad
-Tranquilo, el mejor esta muy protegido, nadie puede entra allí, nadie. Aseguro seguro el director.
-Un momento, ¿No tenemos uno aquí, en Virginia?. Zoro estaba rezando para lo que estaba pensado era verdad.
-Si pero no es el mejor armado, hay mejores objetivos.
-Pero desde ese arsenal se organizan todos los transportes de estado.
-Necesitarían muchas claves. Mihawk ya estaba pensando que Zoro estaba dando palos de ciego.
-Me he informado de que es capaz esa mujer, para ella sería un juego de niños hacerse con esas claves.
-Pero...Mihawk comenzó a dudar, era imposible que hiciera eso.
-¡David!. Grito Zoro, estaba en lo cierto, por una parte bien, así podría capturarla pero por otra significaba que tendrían un problema.
Un hombre menudo y con gafas apareció.
-S...Si Señor. Respondió muy asustado por el grito.
-Necesito su ayuda, dígame, ¿Desde el ordenador central del arsenal de Virginia, se podría acceder a la base de datos de otros arsenales?
-Señor, n...no solo a otros arsenales, al estar en Virginia, con relación con la CIA, lograría incluso acceder a datos de la Casa Blanca o incluso el Pentágono.
-Mierda, tenemos un problema. Mihawk no podía creerse lo que pretendían los rusos.
-Tenemos tiempo todavía, no habrá llegado allí, si no nos hubiéramos enterado ya.
-¿En que estas pensando Zoro?. Conociendo a Zoro, nada bueno.
-Señor, iré hacia el arsenal avise al secretario, que mande hombres, pero nada de camiones, sirenas, lo último que necesitamos es que se nos escape.
-Esta bien, ten cuidado y se prudente, no hagas gilipollezes. Le advirtió
-Siempre lo soy señor. Dijo Zoro bromeando.
Zoro enfundo su arma y salió corriendo hacia el parking para coger su coche. Esta era, posiblemente, la mejor oportunidad que tenían para capturar a Miss All Sunday.
Condujo lo mas rápido posible y, aunque cueste creerse, sin perderse.
Llego al arsenal, aparcó en la calle de enfrente.
Y esperó, una hora, dos, las que hicieran falta. Los refuerzos no parecían llegar. Estaba a punto de irse y admitir que se había equivocado, cuando tres personas salieron del edifico.
Una mujer alta, rubia, con bolso abrigo marrón escoltada por dos hombres de trajes.
Miro detenidamente a esas personas, los hombres no tenían pinta de guardaespaldas, y la mujer..., se fijo en la cara, piel morena, nariz fina, pero lo que mas le sorprendió fueron sus ojos, azules, como dos zafiros, recordó la foto que tenia de Nico Robin, podría teñirse el pelo, pero no podía cambiarse los ojos, era ella, Nico Robin.
Nico Robin y sus gorilas examinaron el recinto por fuera, no había nadie en la calle. Zoro decidió informar a Mihawk, cogió su móvil y marcó el numero de su jefe.
-Señor, la tengo esta aquí, no esta sola, acompañada por dos hombres, posiblemente armados.
-Zoro estoy con el secretario quiere hablar contigo.
-Agente, esta es la oportunidad, captúrela, viva, la necesitamos viva. Le dijo, bueno mas bien le ordeno, el secretario estaba de los nervios.
-Entendido, ¿Qué hago con sus escoltas?
-Prescindibles. Respondió fríamente
-Entendido señor. El secretario Akainu no se andaba con tonterías para conseguir sus objetivos, cuesto lo que cueste.
Bajó del coche, cargó su arma y se dirigió hacia ellos. Nico Robin estaba observando el edificio, uno de los escoltas estaba a dos metro de ella y el otro a unos ocho. Primero el que mas lejos está.
Se acercó a él, puso su mano izquierda sobre su cuchillo atado al cinturón, había que ser discreto, por lo menos con este. Unos pasos más y ya, el guardaespaldas se dio cuenta de que alguien venía hacia él, le vio la cara, sus ojos casi se le salen de las orbitas, a la vez que metía su mano en su abrigo iba a gritar para advertir a sus camaradas.
No pudo hacer ninguna de las dos cosas. Un cuchillo le cortó el cuello limpiamente, cayó al suelo de rodillas y colocando sus manos encima de la herida, la cual empezaba a sangrar muchísimo . Zoro siguió caminando con el cuchillo en la mano y la mira fría. Desenfundó su M1911 ya cargada y dispuesta a disparar.
El otro escolta se giro para ver a su compañera, luego dirigió la mirada a su otro compañero, lo que vio hizo que se le parase el corazón, su camarada estaba tirado en el suelo con un charco de sangre rodeándole la cabeza, miró mas hacia la derecha y distinguió a un hombre con pelo verde, cicatriz en el ojo izquierdo, con una mirada que prometía muerte, en la mano izquierda un cuchillo cruzando por debajo a la mano derecha que empuñaba una pistola y apuntándole a él. No había duda, era Roronoa.
-Cuidado Rob...Antes de que acabara la frase, Zoro disparó, dos disparos, que dieron de lleno en el pecho del escolta, que caía de espaldas con un grito entrecortado y una pistola en la mano que nunca llego a usar.
Robin se giró al oír a su compañero y oyó los disparos, vio a su "amigo" tumbado en el suelo ya muerto, saco su Walter PPK del bolso que llevaba e intentó apuntar al causante de los disparos.
Cuando se quiso dar cuenta, un hombre se interpuso delante suya, con un golpe la desarmó, la hizo un barrido de piernas cayendo al suelo, sabía defenderse contra ese tipo de ataques pero la fuerza de aquel hombre era monstruosa.
Estaba en el suelo, boca arriba, los brazos estirados formando una cruz, la pistola estaba lejos de su alcance, el peso de aquel hombre la impedía levantarse, este, estaba de cuclillas, su rodilla derecha apoyada en el vientre de Robin, el brazo izquierdo extendido con el cuchillo acariciándole el cuello a Robin, y la pistola apuntándole a la cabeza.
Ella miro hacia los lados encontrándose, para su sorpresa, a sus compañeros muertos. Dirigió su mirada hacia aquel hombre, sus ojos se abrieron mas de lo normal, empezó a temblar, mostrando que no era ni mucho menos lo que esperaba, la habían avisado pero jamás hubiera pensado que iba a ser así, reteniéndola estaba Zoro Roronoa, Hanta no kyofu, con una media sonrisa casi diabólica observándola, observando a su presa.
En ese momento una decena de coches aparecieron, dirigiéndose a ellos.
La tenían, había cometido un error, pero ni mucho menos esto acabara aquí.
