El Sunny descansaba en la costa de Alejandría, Egipto, y nuestros tripulantes se encontraban cruzando el legendario rio Nilo en busca de una nueva aventura.

Tras haber recogido a la princesa Vivi en Liverpool, Robin prosiguió con su plan inicial para confundir a Cocodrilo, para ello debían adentrarse en su territorio y por ello debían dirigirse hacía el desierto. Vestidos como simples turistas para no parecer sospechosos, consiguieron entrar en el país.

Mientras una buena parte del grupo observaba la belleza de las antiguas tierras de Egipto, una joven mujer no podía parar de dar vueltas al mismo asunto.

-Robin, por favor, vuelve a repetirme tu inteligente plan. Casi suplicó la pelinaranja.

-De acuerdo. Robin cerró el libro que hasta ese entonces estaba leyendo y procedió a explicar serenamente a su compañera. –Nos dividiremos en tres grupos, ya que la otra vez funcionó bastante bien, un grupo llevará a la princesa a Alaburna, donde reside su padre, otro grupo irá al casino y base de operaciones de Cocodrile, y el último irá al Spider Cafe, y tapar su salvoconducto para huir.

Nami sujetó su cabeza con sus manos para así intentar no hacer caso a su razón y salir de allí aunque fuera nadando por el Nilo.

-Entiendo, si me disculpas me voy hacer el testamento.

Esto provoco una leve carcajada por parte de la morena que de nuevo siguió leyendo.

-Ya hemos decidido los grupos, pero...Empezó Nami con un tono preocupado

-Pero...

-No me gusta que vayas al Spider ese con él, de todos los que están aquí es el único que me da mala espina.

Robin la miró con su sonrisa estándar.

-Tranquila gatita, los grupos están bien hechos, y por si te has olvidado se defenderme, no me fio de él pero honestamente es un buen soldado.

Nami miró a su amiga todavía con duda en su rostro, se encogió de hombros y se dispuso a irse, pero de nuevo la voz de la espía la frenó.

-Además, no creo que te gustase que cambiásemos los grupos, después de todo, vas a ir escoltada por el capitán. Dijo Robin con una expresión maliciosa.

Esto provocó un severo sonrojo en la cara de la navegante que se fue casi corriendo de allí ante la risa de su compañera.

Mientras todo esto pasaba, en otra parte del barco, Zoro y Sanji charlaban de acuerdo con la operación, apoyados en la barandilla mientras Sanji se fumaba un cigarro.

-¿Tu y madeimoselle Robin, solos, por el desierto, quien ha decidido eso?. Sanji estaba un poquito irritado con la repartición de grupos.

-¿Madeimoselle Robin?, y de qué te quejas ya me gustaría cambiar pero no puedo. Respondió serio Zoro.

-Oye marimo, no desprecies así a la señorita Robin o te mato.

-Si lo que tu digas. Tendremos que llevar un arsenal bastante completo, y por cierto contrólate un poco quieres.

-¿Controlarme?. Preguntó el rubio sin entender.

Zoro por fin le miró a los ojos y con solo su mirada le hizo recordar.

Dos días antes. Puerto de Liverpool.

-Les agradezco de todo corazón que me ayuden para volver a mi país, espero causar las mínimas molestias.

La joven y hermosa princesa del reino de Arabasta se había presentado ante todos los tripulantes, con aceptación amistosa por todos los tripulantes, excepto la indiferencia de Zoro. Pero un estático Sanji se encontraba mirando todavía a la chica, un poco sonrojado y a punto de empezar a tener una hemorragia nasal.

Vivi habló con cada uno de ellos y cuando llegó al cocinero sonrió de tal manera que el rubio se volvió medio loco, treinta segundos después estaba "revoloteando" alrededor de la princesa halagando su belleza y madurez lo cual avergonzó bastante a la susodicha.

-Desgraciadamente, te conozco desde hace mucho tiempo, te he visto babear por toda mujer que teníamos delante, pero lo de ese día fue especialmente raro. Terminó de narrar Zoro.

-No se de que estás hablando. Sanji se giró en dirección contraria para evitar que el soldado se percatara de su sonrojo.

-Si claro..., por lo menos intenta no morir desangrado cuando vayáis a la capital cocinitas. Dicho esto Zoro se largó con una sonrisa triunfante en el rostro mientras Sanji aplastaba el cigarro imaginando que era la cabeza del peliverde.

Una vez llegaron a su destino, prepararon todos los materiales para su viaje, debían separarse al amanecer por ello, al caer la noche, y como ya era habitual, celebraron una pequeña fiesta con risas, canticos, bebida y comida como las bases fundamentales, puede que no volvieran a reencontrarse en mucho tiempo.

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Zoro salió del todoterreno acompañado por Robin, los dos cargando con mochilas bastantes abultadas, miraron el "camino" que debían recorrer, el desierto del Sahara se mostraba imponente ante ellos.

Según los datos, la base de Cocodrile, conocida como Spider Cafe se encontraba 50 kilómetros al norte de su posición, debían ir a pie para evitar que los descubrieran, por ello ocultaron el vehículo con una capa marrón.

Sin siquiera decir una palabra desde que se habían separado del resto, empezaron la caminata. Pasaron las horas y los dos seguían sin decir nada, solo caminando y bebiendo agua de su cantimplora.

Pasaron otra media hora hasta que por fin uno de ellos habló.

-Creo que deberíamos descansar un rato , teniente. Dijo Robin mientras se paraba y buscaba a su alrededor algún sito donde recuperar fuerzas.

-¿Ya te has cansado?. Preguntó de mala gana Zoro. Ni el mismo sabía por qué ir solo con esa mujer le estaba poniendo de los nervios, cuando ahora más que nunca tenía su oportunidad de acabar el trabajo.

-Si, no hemos llegado ni a la mitad, no tenemos ninguna prisa de momento, así que reposaremos. Robin intentaba controlarse lo suficiente pero no pudo evitar el mismo tono enfadado para contestar a aquél hombre.

-Lo siento pero no soy ninguno de tus guardaespaldas y ni mucho menos soy como el cocinero pervertido, no me das ordenes. Zoro se giró y pretendió continuar su camino.

-Es cierto, solo recibes ordenes de tus queridos generales y de tu querido país. Respondió Robin sin siquiera mirarle.

Zoro apretó los puños pero sin girarse habló lenta y fríamente.

-Cállate.

-Lo siento pero no soy un soldadito, así que tu tampoco tienes derecho a ordenarme Roronoa Zoro.

El teniente se dio la vuelta, para dejar caer la mochila y acercarse peligrosamente a la mujer, mientras ella mantenía una mano en su cintura y la otra en la espalda acariciando su pistola.

-Puede que el resto de mis compañeros sean idiotas y muy confiados, pero yo no, tienes suerte de seguir con vida, así que hagamos la puta misión cuanto antes y acabemos con esto. Espetó con furia Zoro.

-¿Tengo suerte de seguir con vida?, ¿Te refieres a lo de Río o es una amenaza teniente?. Parece que me demuestras que el tópico del patriota americano existe todavía, ¿Tanto amas a una bandera y a un grupo de corruptos?. Robin atacó donde ella creía que podía dolerle al soldado que se acercó hasta estar a centímetros de ella.

-No digas una palabra más Niña Demonio, no tienes ni la menor idea de lo que estás hablando.

Allí, en medio del desierto a kilómetros de cualquier civilización, dos personas, entrenadas para ser armas mortales estaban a punto de empezar una segura sangrienta batalla. Zoro bajó su mano hasta su pistola mientras Robin ya tenia agarrada la suya y preparada para desenfundarla.

Pudo haber un tiroteo digno de una película de Clint Eastwood, la arena podría haberse manchado de sangre, pero parece ser que el destino les tenía reservadas diversas sorpresas.

Zoro noto un cambio en el viento y desvió su mirada de los ojos azules de Robin para mirar al frente.

-Mierda. Exclamó mientras se dirigía a su mochila mientras soltaba un suspiro. "Tiene que ser una maldita broma", pensaba mientras habría la bolsa.

Robin estaba sorprendida por el reciente comportamiento del peliverde, por lo que se giró para buscar el origen de lo que acababa de ocurrir, lo que vio fue suficiente para que se le parase el corazón.

Una enorme tormenta de arena se acercaba hacía ellos, en pocos minutos estarían cubiertos de arena, la morena volvió a mirar a Zoro montando tranquilamente una tienda de campaña. Al sentirse observado Zoro alzó la vista y se encontró con la imagen de Nico Robin asustada y pidiendo explicaciones.

-¿Qué sucede?. Pregunto sereno mientras aseguraba las cuerdas para evitar que la tienda saliera volando.

-¿...No..no deberíamos correr?. Sin duda no era la misma Robin que hasta hace unos segundos iba a enfrentarse a él.

-¿Crees que puedes correr más rápido que una tormenta de arena? Je. Sonrió arrogante.-Intentaló pero no te lo aconsejo.

Dicho esto se metió en la tienda, Robin dudo 20 segundos antes de coger su mochila y meterse en la tienda con él.

Una vez dentro, volvieron a la rutina de no hablar, Robin todavía estaba un poco intranquila mientras Zoro limpiaba el fusil que le había proporcionado Franky. El sonido del viento y de la arena chocando contra la tela de la tienda era lo único que se escuchaba.

-¿Cómo sabías que...?. Robin volvió a romper el silencio para saciar su curiosidad.

-Antes de la CIA, estuve en Afganistán, no es la primera tormenta que veo, unos beduinos nos ayudaron en una misión, al principió pensé lo mismo que tu pero tranquilamente montaron su tienda y nos refugiamos. Respondió Zoro sin parar su tarea. Justo en ese momento, volvió a tener la misma sensación que tuvo en Brasil, el recuerdo de todos sus compañeros, WolvesRock, la amenaza de Akainu. Era su maldita oportunidad para matarla, podía decir que murió en el asalto al Spider Café.

Zoro dejó el fusil en el suelo mientras Robin seguía distraída hasta que otro sonido los alertó.

-¿¡Robin, estas ahí Robin!?. La sensible voz de Chooper se oía por el walkie que la morena tenía en su mochila detrás de ella.

-Si estoy aquí, ¿Ocurre algo?. Preguntó preocupada.

-Nosotros estamos bien. Los dos agentes suspiraron de alivio.-Pero hemos visto una enorme tormenta por vuestro camino, ¿Estás bien, necesitáis ayuda?. El pequeño estaba terriblemente preocupado por la salud de sus compañeros.

Robin sonrió con dulzura mientras tranquilizaba al doctor, Zoro estaba de espaldas a ella con una mirada llena de muerte en sus ojos. Silenciosamente desenfundó su arma y apuntó en dirección a la cabeza de la morena.

Zoro era más consciente que nunca de su situación, el apuntando a Robin en modo ejecución mientras ella no se percataba de nada y seguía hablando. El hombre podía sentir un hueco en el estómago, mientras la tienda estaba siendo azotada más fuerte, casi podía jurar que estaba oyendo la voz de Akainu, "Dispara, cumple tu misión o tus compañeros lo pagaran caro".

La mano le temblaba, él apretaba los dientes intentando controlarse y acabar con todo de una vez para siempre. Cuando estaba a punto de deslizar su dedo por el gatillo, esa simple acción que tantas veces había realizado sin ningún remordimiento o duda. Pudo escuchar claramente por encima de las voces y el rugido de la tormenta la voz de Robin.

-No te preocupes, el teniente sabe lo que hay que hacer y estamos a salvo, procura ayudar a la princesa doctor. Robin estaba calmando a Chooper como si de una madre acunando a su hijo tras una pesadilla se tratara.

-Sí Robin, no le pasará nada mientras yo esté aquí. Respondió seguro el pequeño mientras las risas de Nami y Vivi se oían de fondo.

Zoro estaba consternado, "Que estoy haciendo" pensaba, "Eres un soldado no un asesino a sueldo, todos estos años de entrenamiento para esto, para dejarte intimidar por un estúpido burócrata" su mismo inconsciente le estaba recriminando, ahora entendía por que no pudo matarla en Río.

Robin apagó el walkie y se giró para encontrarse a Zoro con la mirada seria y su arma medio apuntándola, ella se sorprendió por esto e intento mirar al hombre que estaba enfrente suya, él la miró y cambió su seriedad por una cara completamente neutral. En un movimiento dio la vuelta a la pistola para cogerla por el cañón y ofreciéndosela a Robin, ella lo miraba sin entender hasta que se explicó.

-Solo tenemos un fusil, y tu tienes solo tu pistola. Le estaba ofreciendo su propia arma.

Robin asintió y cogió el arma tomando eso como un "alto el fuego" que acepto amablemente.

-Gracias y lo siento, por lo de antes.

-No tiene importancia , pero solo te quiero pedir una cosa, puede que a los otros se les haya pasado pero...conoces demasiado a Cocodrile, no me importa si trabajasteis con él, la CIA es la última que puede criticar a alguien por trabajar con criminales, pero necesito saberlo, para confiar en ti.

Robin estaba sorprendida por la seriedad de Zoro, ante cualquier otra persona no habría dicho nada, y mucho menos ante un "enemigo", pero la seguridad que trasmitían esos ojos la hizo romper esa regla.

-Inteligencia me mandó trabajar para él, como su secretaria personal, hice cosas de las que no me siento orgullosa pero eran las ordenes, el tiempo que pasé con él fue suficiente para saber sus métodos para todo, huir, hacer negocios, torturar...

Robin bajó la mirada en señal de que no quería hablar más, el teniente lo entendió perfectamente y dieron por zanjado el tema.

-Gracias por contármelo...en cuanto acabe la tormenta saldremos hacia su base, supongo que no tardaremos más de una hora y media.

-Entiendo, ¿No crees que seria justo que tu me respondieras también?. Preguntó una ya calmada Robin.

-¿Qué quieres saber?. Zoro tenía curiosidad por lo que iba a preguntar.

-¿Eres o no el héroe americano?. Con un deje de desconfianza la morena preguntó, queriéndose asegurar de que no estaba compartiendo tienda con el "capitán América".

Como respuesta primero recibió una carcajada bastante larga de Zoro, que aumentó al ver el desconcierto de Robin por tal reacción.

-Nico Robin, te prometo que no soy de Texas. Por primera vez los dos rieron antes ese comentario.-Es más, para tu información soy medio americano.

-¿Medio americano?.

-Mi padre era estadounidense, y durante un permiso en Japón conoció a mi madre, yo nací en Japón, es más, me siento más japonés que yankee, por lo tanto no debes preocuparte, no tengo banderas por toda mi casa, ni me gusta el beisbol.

Zoro terminó su explicación con una media sonrisa mientras Robin sonreía también, era increíble como hasta hace poco casi se matan, literalmente y ahora, no es que fueran amigos, pero si había caído ese muro de desconfianza y sospecha.

El viento seguía golpeando la tienda, por lo que Zoro propuso descansar y dormir un rato, cuando Robin estaba dormida, Zoro la observó detenidamente, luego cerró los ojos pensando en como arreglaría la situación, "Parece que tendré que pedirle otro favor a Smoker, no habrá quien lo soporte luego".

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Bien hasta aquí el capítulo 16, Zoro ya ha asumido que no matará a Robin, por lo que a partir de este cap habrá mas momentos ZoRo, también intentaré poner más LuNa y SanVi, pero vosotros los lectores sois los que decidís si le doy mas importancia o menos a estas parejas secundarias en la historia. Siento no actualizar seguido pero no puedo hacerlo de otro modo, me encantaría recibir comentarios para saber que tal va la historia, un abrazo a todos los que lleguéis hasta aquí y muchísimas gracias por leer, un saludo!.