Mi nombre es Damon Salvatore

Capítulo 2 "Sin salida"

Al lograr salir del bar con cautela, decidí subirme a uno de los postes para observar con facilidad como la muchacha caminaba junto a sus dos "haditas", como había decidido yo llamarles.

Estaba amaneciendo y no podía darme el lujo de quedarme rondando llamando la atención por mucho tiempo. La gente ya no era la de antes, durante estos años la vida de los vampiros se había hecho más dura e "hipnotizar" a las víctimas se volvía casi imposible.

Aún no podía sacar de mi cabeza la idea de que Nicole West estuviera planeando algo que me involucrara de alguna manera. Una persona que se veía tan frágil y delicada, heredera de hombres dementes decididos a ejercitar a seres sobrenaturales.

Que estúpidos, pensé.

Me dirigí sobre el edificio para observar como ellos entraban en uno de los más pequeños. Tenía todas las ventanas cerradas y de hecho parecía clausurado. Su fachada gris me hizo recordar las construcciones de los años veinte. Todo esto parecía un cuento de terror.

Entré justo tras ellos, evitando hacerlo con rapidez. Algo que había aprendido era a pasar desapercibido, y esta vez no fue la excepción.

Pasaron por una segunda puerta, pequeña y que tenía escaleras que iban directamente al sótano. Mi mente no dejaba de funcionar y darme pequeñas ideas de lo que sucedía allá adentro. Me detuve al escuchar voces provenientes de abajo.

-Es un engreído.- La voz de una mujer, Nicole por supuesto. Sonreí al ver que había logrado mi objetivo.

-Lo necesitamos. ¿Sabes a cuanta gente ha logrado asesinar estos días? Un número que no puedo llegar a decir. Nos pondrá en peligro, a todos, si no hacemos algo.

Esta vez no pude percibir el conocer la voz masculina. Parecía totalmente decidido, líder al igual que la chica. ¿Había más de ellos? ¿Estaban planeando algo grande?

-¿Qué quieres hacer con él?- Preguntó ella, dubitativa.

- Si no entiende a tu manera… Deberá entender a la mía.

De pronto percibí la respiración de alguien a mi lado, me observó con sus ojos claros y rápidamente torció mi cuello.

El resto fue negro.


Desperté en medio de una sala, espaciosa y oscura. Había allí unas cuantas luces de restaurante, como yo solía decir, que me dejaron algo ciego por unos minutos. ¿Dónde estaba? ¿Qué era todo esto? Presioné mi mano contra mi cuello e intenté pararme, pero algo me lo impidió.

Era una mano fuerte, ubicada justo sobre mi hombro. Grande y redonda. La de un hombre joven, de no más de treinta años y con los últimos ojos claros que había logrado ver hace unos minutos.

Claro, me encontraba en la extraña guarida de Nicole y sus "haditas".

-Así que, tú eres Damon.

-Sí, así me llaman.

El hombre intercambió miradas con Nicole, quien estaba parada en una de las esquinas de la sala, observándome con cautela y odio. Me encantó despertar aquél sentimiento en ella.

-¿Crees que somos lo bastante distraídos como para no notar tu presencia? ¿Qué te trajo aquí?

Entrecerré los ojos para ver su rostro con más claridad. El sujeto tenía los rasgos de Nicole, debían de tener algún tipo de parentesco, especialmente por los ojos claros de ambos.

Parece que el silencio se extendió por unos minutos, así que mentí con lo primero que tenía en mi cabeza.

-Quería reconsiderar la oferta

Ambos se miraron nuevamente, aturdidos. A mi parecer, solo estaba salvándome el pellejo, ellos tal vez creían verdaderamente en mí.

Me soltó improvisadamente. Tuve la oportunidad de pararme en ambos pies y mirar a mi alrededor. Allí no había solo 2 vampiros, sino que cinco. Observando la escena y mis movimientos como si estos fueran a perderse rápidamente en el espacio.

Más que eso, oía el latido de un corazón.

-Soy Henrich. Discúlpame por tratarte de esa manera, no solemos tener intrusos en nuestras conversaciones.- Rió sarcásticamente, llenando la sala de un eco espeluznante. No podía concentrarme.- Mi hermana quería que vinieras, queremos hablar acerca de tu estancia en nuestras tierras.

Negué con la cabeza.

-Creo haber escuchado mal, ¿Nuestras? Es París, mi amigo, esto se ha convertido en una de las capitales del mundo.- Los otros vampiros aún miraban, en silencio.

Entonces Nicole tenía un hermano, mayor supuse. Sí, ahora podía llegar a creer que el clan West continuaba vivo después de todo.

Rió nuevamente, el resto permaneció con la boca cerrada.

-Eso no te incumbe y no me daré el tiempo de explicarle a un cabeza dura como tú. Solo queremos una cosa, Damon, únetenos.

-¿A qué me debo unir?

Nicole alzó la palabra esta vez. Quería entender de a donde salía el latido del corazón.

-A nuestro clan. Somos los que ves, pero no tenemos a un cazador experimentado como tú. He visto como atrapas a tus víctimas y necesitamos eso. Una persona capaz de traer humanos aquí, sin utilizar algo que nos delate. Tú lo haces perfectamente..-Se detuvo- Con tus encantos, claro.

Reí de manera burlona.

-¿Están esperando a que me una a un clan, de unos "dueños de París", para darles la cena en la boca? ¿Qué no están un poco grandes para eso?- Repuse con severidad

No pareció gustarles mi tono, a Henrich en especial. Gruñía con fuerza mientras caminaba de lado a lado.

- Además, si lo hiciera, ¿Qué gano yo?

En ese instante, Henrich se movió con rapidez y tomó una estaca que ocultaba en su chaqueta elegante. Me la enterró directamente en el estómago, atravesando lo que creí estaba lleno de sangre humana. Continuó mirándome directamente a los ojos, sin quitar la estaca de su lugar.

-Conozco a los vampiros como tú, Salvatore. No juegues conmigo, porque aquí todo me pertenece. Da la espalda por un segundo y estás muerto. No quise matarte antes porque creí que merecías otra oportunidad - Enterró con más fuerza- y ahora veo que estaba equivocado. Has llamado la atención desde que llegaste, mujeres y adolescentes han muerto por tu sed. Yo soy quien mantiene la paz aquí y no dejaré que un inmaduro arruine nuestros planes debido a su ingenuidad. Ahora decide- La estaca comenzó a seguir un camino hacia mi corazón, era ahora o nunca. Se me hacía imposible moverme y atacarlo, además tenía a otros cinco vampiros atentos a mis acciones. Quise arrojarme al suelo y rendirme, pero no iba a mostrar tanta debilidad, no ahora.- O nos traes a los humanos, o mueres.

-¡Ya basta!- Logré gritar. Quité la estaca y Henrich se alejó con una sonrisa dibujada en su rostro.

Me quedé tendido por un buen rato, mientras ellos continuaban.

-Como ves, somos siete. Tienes aquí a los vampiros más experimentados de toda Francia. Gabriel, es latino y es absolutamente rápido. Katya proviene de Rusia y es capaz de sorprenderte con solamente alguno de sus movimientos. Liza, en cambio, puede saltar grandes alturas. Jake es increíble con las trampas y los planes de caza. Vince es parte del gobierno francés.- Todos los vampiros, arrogantes, alzaron sus miradas al escuchar su nombre, como si todo esto se tratara de lo más importante que tuvieran en sus vidas. Henrich hizo una pausa y luego miró a su hermana, que aún me miraba con odio- Y bueno, Nicole nos dirige a todos. Solo que yo soy más duro que ella cuando se trata de caras bonitas. – No sabía si ofenderme- Ella puede hacer casi cualquier cosa, es mejor que te mantengas alejado de lo que nos afecta como clan porque ella lo sabrá.

Silencio nuevamente.

-¿Y bien?- Nicole se detuvo frente a mí, pude fijarme en una cicatriz que llevaba en el cuello, justo al lado derecho. Sentí que nada de esto estaba bien, que no me estaban diciendo la verdad.

¿Acaso sería mejor unirme al enemigo con tal de salvar mi vida? Me parecía absurdo, nunca había tenido que hacerlo antes y tampoco había escuchado de clanes. Era anticuado ya para la época. Sin embargo, si no lo hacía, no podía darme el lujo de pensar que todo estaría bien. Me darían caza y me encontrarían. Eran siete contra uno. Siete experimentados vampiros que parecían tener muchos más años que yo, por lo tanto, experiencia que yo carecía. Era Damon Salvatore, había lidiado con problemas grandes, pero nunca me había visto envuelto en algo como esto. Matar era sencillo, pero no podía hacerlo teniendo tantos otros vigilándome a mis espaldas.

Verifiqué las salidas, era imposible escapar. Era demasiado tarde. Solo debía tomar la decisión, y seguramente si no era la correcta, acabaría partido en trocitos.

-Les traeré a sus humanos

-Excelente- Nicole se puso más cerca de mí. Sus ojos penetraron mi mirada y pude sentir un extraño cosquilleo en mi cabeza. Tuve que tomarla con ambas manos mientras algo recorría mi mente con cautela. Lo sabía, ellos ocultaban algo más.

-Bienvenido al clan West, mi amigo, y a la revolución de vampiros más grande que ha existido.

Mientras Henrich reía, cerré los ojos para evitar el dolor que sentía en esos instantes.

Caí con mis rodillas al suelo y lo que siguió fue la oscuridad. Una oscuridad tan fuerte que me hizo ver que había tomado la decisión equivocada y que ahora estaba en un problema todavía mayor.

Yo era vulnerable, débil y su marioneta, algo que jamás creí que sería.