Mi nombre es Damon Salvatore
Capitulo 4 "Confusión"
Salí a respirar el aire fresco. Tenía aún mi anillo, que impedía que el sol llegase a mi cuerpo y me dañara. Me hacía sentir libre, totalmente fuera de mí.
Pensé en la vida anterior que había llevado, en Mystic Falls y Katherine. Hace un buen tiempo ya había dejado de tenerla en mis pensamientos, solo me enfocaba en beber para olvidar. La odiaba, había hecho de mi vida un infierno, pero por alguna razón eso que me inspiraba, me hacía continuar.
Era prisionero de vampiros locos, a mi parecer, y aún mantenía la esperanza de que pudiera escapar. ¿Cómo? No tenía idea.
Caí en la cuenta de que París era aún más elegante por el día. Las personas sacaban a relucir sus manteles para el almuerzo, cocinaban algunos otros el desayuno ya que venían de una noche agitada, familias se reunían en los pequeños departamentos.
Y yo, un ser sobrenatural, estaba parado sobre el pavimento fuera de la denominada "guarida". No podía ir más lejos, debido al vínculo, pero cuanto me hubiera gustado ir en ese momento a ciudades agitadas como New York a pasar tiempos de soltería relajante. Nada mejor que esfumarse del mundo por un buen tiempo.
Stephan lo había hecho. Mi hermano mellizo. Oí hace un par de meses que decidió recorrer América del Sur y sus paisajes. A mi me había parecido aburrido. Creo que… ya no era una mala idea.
Las personas pasaban frente a mí, como si mi cuerpo fuera totalmente fantasmal. Era extraño ser visto de esa manera, cuando normalmente yo solía ser el dueño de la fiesta. Pero claro, era de día y los humanos siempre estaban tan ocupados en sus tareas cotidianas.
-Damon
Llamó la voz de Nicole. Había salido también y tenía el ceño fruncido. Sus ojos brillaban con el sol al igual que el blanco de su piel. Creí que ahora lucía más cercana que aquella mañana, pero aún así los dos hombres de negro la cuidaban desde la lejanía.
-Vete con tus charlas acerca de la brujería a otro lugar- Espeté con enojo. Todo esto era su culpa e iba a tener que alimentarla tal vez por el resto de mi vida.
Ella no se sintió para nada identificada, escuché los latidos de su corazón tardíos. Ella era todavía más sobrenatural que yo o cualquier híbrido.
-No vengo con ninguna conversación de la magia. Deberías tener un poco más de modales. No tienes idea de lo difícil que es esto.
-Creo que lo sé, tanto que se volverá una tortura. Estás quitándome lo más preciado que tengo- Me volví hacia ella- mi libertad. ¿O crees que vine a París con el propósito de beber sangre humana solamente?
-No lo dudaría
-Ya vete
Ella suspiró, aún manteniendo ese grado de superioridad, como si para mí fuera una persona inalcanzable pese a su debilidad como bruja-vampira.
-Son solo 3 meses, en que la revolución se llevará a cabo. Solo 3 meses pido para sobrevivir tranquila. Luego puedes marcharte.
La miré dudoso. Enarqué las cejas y observé su mirada perdida en un horizonte cubierto de autos y semáforos. Ella era tan dura, pero algo me decía que por dentro ocultaba cosas.
-Y cuando hago un pacto, yo jamás lo rompería, Damon.-Continuó aún alejada de mí, como si mi cuerpo se tratara de un parásito en su vida.
Aunque hubiera respondido en ese mismo instante, ella quería proseguir. Había en sus labios una muestra de dulzura patente, que ella esquivaba.
-Además-se acercó- Sé que tú deseas poder como todos nosotros. ¿Crees que solo veo en ti a un vampiro capaz de succionar sangre? Desde que oí de ti tu historia me conmovió. La de un hombre traicionado por su mellizo y su amada-Iba dando círculos a mi alrededor, pisando con sus zapatos de taco alto negros que causaban un eco notorio- y que decidió huir en busca de su propio nombre. Quieres fama, quieres ser reconocido como Damon Salvatore, el vampiro dueño de París. Dueño de Francia quizás. No es por una obligación que sigues aquí, es porque quieres ver que sigue a este lado del camino.
Apreté los puños sin que lo notara. Mis ojos observaron un punto en uno de los edificios al otro lado de la calle.
Cállate, me dije a mi mismo.
-¿No es así, acaso? Quieres asesinar humanos y hacerles sufrir tal y como lo hicieron contigo. Quieres saborear el placer por medio de la sangre. Deja de mentirte a ti mismo y ve lo que yo te ofrezco. Sé parte de esto y te espera un lugar junto a mí cuando lleguemos a la cima.
Su voz era tan delicada que desaparecía en el aire perfectamente evaporada. Quise correr en ese instante hacia otro lugar, estar solo y dejar de sentir que me rodeaba. ¿Era debido a la presión que me sentía así? Cada palabra musitada… Todo lo que había nombrado… Era como si las cosas llegaran directamente a mi mente sin siquiera pensarlas.
Nicole tenía algo especial. Tal vez era el vínculo, tal vez era la extraña atracción que sentía hacia el poder. Su poder.
Se alejó sin decir nada, tal y como lo había hecho la última vez. No pude evitar quedarme pensativo y recordar sus oraciones.
No iba a negarlo, quería lo que ella había dicho. Anhelaba la gloria y ser más que los demás, porque siempre había tenido lo peor. La imagen de Katherine y Stephan rondaban mi mente como continuos fantasmas de mi pasado y ya era hora de volverme un nuevo vampiro. Alguien temible y de esos que son recordados por sus masacres.
Había sido demasiado piadoso estas semanas, desde que había llegado. Treinta personas era un número, pero yo podía dar más. Imaginaba al alcalde atado de manos y nosotros, los seis, devorando lo que queda de su ciudad. Convirtiéndonos en un clan insuperable.
Toda la situación parecía volverse a mi favor… No era tan malo, solo que me daba miedo desearlo.
Una mujer caminó frente a mi en ese instante, llevaba una camisa roja con pantalones ajustados. Pareció percatarse que examinaba su cabello por lo que se dio la vuelta.
Todo en ella era muy familiar, esos ojos, esa boca, la nariz respingada y la mirada seria.
Katherine.
Corrí con rapidez hasta ponerme frente a ella. Estaba seguro de que todo esto era uno de sus tantos planes para enloquecerme como lo había hecho la última vez. La indiferencia siempre había sido su mejor arma.
Llevaba una inocente bolsa de verduras, observó mis ojos, extrañada.
-¿Disculpa?
-Katherine.
Ella frunció el ceño.
-Lo siento, creo que me confundes con alguien más. Soy Elena.
-Eres tú.
-Por favor, necesito pasar.
Intentó esquivarme, pero claramente yo era más rápido. Impedí que siguiera el camino apoyándome en la pared de la tienda más cercana.
Algo no era tan normal en ella después de todo. Tenía algo distinto. ¿Su color? ¿Usaba acaso lentes de contacto? ¿Qué era?
Lo oí.
-¿Necesitas…algo?
No lo entendía. Estaba seguro de que era la misma, exactamente el mismo rostro delicado que alguna vez lo había hecho perder la cabeza. La mirada pensante y risueña que luego se había transformado en mi peor enemiga. Pero ahí estaba. El latido de su corazón.
La tomé de los hombros y la miré fijamente.
-Olvidarás que me has visto y seguirás tu camino- La obligué. Cualquier cosa que "eso" fuera, seguramente tenía algo que ver con Katherine. Para mí no existían las coincidencias.
Cuando quise avanzar un poco más y seguirla, una pared invisible me lo impidió.
El vínculo, pensé luego de con un puñetazo a la pared desahogarme debido a la confusión.
Esa chica había despertado la imagen de mi pasado, ahora conocía cual rumbo tomar. Me esperaba la revolución de vampiros y la muerte de centenares de personas solo con mis manos.
Pero…
Elena… ¿Quién era ella?
