Mi nombre es Damon Salvatore

Capitulo 5 "Juegos Prohibidos"

No sé si ocurrió demasiado pronto, pero la noche ya estaba ahí.

Había pasado la tarde hablando con Vince acerca de las historias antiguas de la ciudad y de sus propósitos. La misma charla de siempre…

Estaba seguro de lo que quería, aunque no me atrevía a reclamar el pensamiento como mío. Desde la conversación que había tenido con Nicole me sentía más vivo, como si sus palabras hubieran reflejado toda mi rabia de los siglos pasados y que habían hecho de mi vida un infierno. Hoy planeaba demostrarles que yo podía con esto, que me necesitaban.

La luna era llena, tal y como lo esperábamos. Jake salió primero, al encuentro de un personaje especial del cual no me quisieron comunicar. Seguramente esperaban obtener confianza antes de revelarme sus planes como revolución. Katya, Liza, Vince y Gabriel lo siguieron unas horas más tarde.

-Mucho para ti, Salvatore.- Habían explicado poco antes de saltar por la ventana e ir corriendo por los edificios.

Henrich me miraba inquieto. Sin duda ninguno de los dos podía decir que teníamos una buena relación desde mi llegada. Para él, yo era el juguete de la líder y alguien fácil de manipular. Para mí, solo quería llamar la atención debido al poder de su hermana. Aún más frustrante… Era el mayor.

-Iré con ustedes hoy-Dijo de repente, como si su voz hubiera salido disparada sin pensar.

Me hice la idea de que el trabajo que los otros tenían que hacer necesitaba la ayuda de Henrich, porque le costó pronunciar la oración. No entendía, ¿Acaso podía yo hacerle daño nada más a una bruja a la que llamaban "poderosa"? No sería tan estúpido.

-Primero me aprisionan, luego me vigilan. ¿Algo más que necesites?

-Tal vez quiero que dejes de ser tan arrogante.

-Bam, error, ese soy yo y tendrás que lidiar con esto-me apunté a mi mismo- por otros 3 meses.

Se enfureció. Me causó gracia y reí como un niño. No hay nada que me hacía sentir mejor por el momento.

Apareció Nicole, vestida con una blusa formal y nuevamente zapatos de taco altos, esta vez color rojo sangre, por lo que abrieron enseguida mi apetito. Esta sería una noche provechosa.

-¿A dónde vas tan elegante?- Le preguntó su hermano dudoso. Me miró a mí, como si yo tuviera la culpa de su vestimenta. Yo me encogí de hombros conteniendo una risita. Henrich era un maníaco sobre protector.

-Supuse que Damon se acercará a los bares, como lo hace a menudo. Quería encajar con la gente para "no llamar la atención"- Repitió la voz de su hermano en esa última frase, haciendo una mueca. No había en ellos relación tensa alguna, pero yo había empeorado algo las cosas. ¿Celos quizás? Difícil de imaginarse.

-Ya le informé a los demás que los acompañaré- Miró el horizonte, con sus ojos claros. Luego el suelo a nuestros pies, cabizbajo. Ya no se veía tan líder como me había parecido aquella misma mañana.

-No es necesario

-No confío en él.

¿Se habían olvidado que yo continuaba ahí?

Sentí un fuego recorriendo mi piel, algo extraño que se abalanzaba por mis venas sin dejarme respirar. Me arrojé al suelo adolorido, con los brazos en mi espalda incapaz de protegerme. Solo fue en ese instante cuando me di cuenta de que Nicole posaba su mirada en mí, intensa y brillante.

Se detuvo de improviso.

-¿Ahora lo ves? Él no puede hacerme daño y si lo intentara, tiene treinta segundos para sobrevivir y rendirse. Un poco más de esa dosis y sería una estatua.-Rió melodiosamente.

Me paré, sacudiendo el polvo que había ya en mis pantalones color negro. Lancé un gruñido rápido y contuve mi enojo. Me tenía totalmente controlado, lo admitía. Lo odiaba también.

Henrich no continuó hablándonos. Solo me dirigió la mirada por última vez, antes de saltar hacia el poste y correr por los techos de los edificios cercanos. Nicole y yo estábamos solos, en aquella dulce oscuridad que penetraba lentamente las calles de París. Nada más hermoso y melancólico, la razón por la que había evitado volver a Mystic Falls.

Ella interrumpió mis pensamientos.

-Muévete, el bar está solamente a una cuadra. Caminaremos.

Órdenes. Órdenes. Órdenes.

-O podríamos correr solamente

Ella me enseñó unos colmillos diminutos.

-No tengo facciones completas de vampiros, ¿Lo recuerdas?-Sonrió- Aunque tengo cosas mucho más poderosas.

Ella iba un paso más adelante, todo el tiempo, evitando que yo me pusiera a su lado. Me sentía un bicho raro y un súbdito más que un ayudante. Al menos los sirvientes de otra persona tenían derecho a ver su rostro, no como yo, que me conformaba por examinar su espalda y contar los postes que pasaban junto a nosotros. Uno…Dos…Tres…

Era el momento indicado de hacer preguntas. Cruzábamos la calle.

-¿Dónde fueron los otros?

Ella no me dirigió la mirada, simplemente siguió su camino y respondió a la neblina.

-¿Te interesa?

-Quiero saber de qué voy a ser parte.

Dudó. Tenía que convencerla de algún modo, me intrigaba. Me puse delante de ella, evitándole continuar, tal y como lo había hecho con Ka…Elena.

Me sonrió sarcásticamente.

-Muéstrame que puedo confiar en ti

-Bah- Me quejé- Podría obligarte a decirme

-Podría matarte

Gato encerrado. No era posible hablar con ella de buena manera. Tan testaruda y orgullosa, me despreciaba tanto como yo lo hacía.

-¿Tiene que ver con los humanos?-Pregunté, quería sacarle algo de información al menos. Eso nunca fallaba, tampoco lo hizo esta vez. Era cosa de seguir su juego, saber acertar con las oraciones adecuadas.

-Puede ser…- Aún no me dirigía la mirada, lo que me incomodaba aún más.

-¿Van a asesinar?

-Frío

Ahora esto si comenzaba a lucir como un juego de adivinanzas.

-¿Se vengarán de alguien?

-Caliente

Empezaba a sacar mis conclusiones.

-Supongo que tiene que ver con la revolución de 1912, y que se trata de una familia importante para el gobierno francés.

-Bingo

Sonreí de manera cómplice. Esto tenía un sabor diferente, tan secreto y a la vez prohibido. Me encantaba, lo ansiaba.

Así que durante las noches ellos se preocupaban de manipular, para luego, de a poco adquirir importancia como lo había hecho Vince. Atacar el corazón de la ciudad para después eliminar definitivamente a los que habían hecho sufrir a sus ancestros.

Nos detuvimos frente a un bar importante, donde las personas entraban de a grandes grupos. Difícil de atacar y pasar desprevenido. Nicole pensó lo mismo, no sé como lo sentí, y me miró directamente, con esos ojos tan celestes y su perfecto rostro. Me dio un leve escalofrío.

-Juego de niños, ¿Creo?

Reí como si de eso realmente se tratara. Admitía tener talento, pero no me ayudaba mucho la idea de que la gente se agrupara. Era más sencillo escapar, contar a otros lo que habían visto y así Henrich me daría una buena excusa para echarme de la revolución. Cosa que ya no quería en lo absoluto.

-Tú solo espera aquí

Corrí hacia el callejón más cercano. Siempre era la primera fase, revisar si la gente había sido tan poco inteligente como para estar una noche en el lugar donde la mayoría de los ataques de vampiros suceden. Nuevamente, estaba en lo cierto.

Una pareja se ocultaba del ruido tras unos grandes botes de basura. Ella cubierta de maquillaje, él usaba ropa ajustada y el cabello lo tenía rizado. Sus manos estaban entrelazadas, me dio asco. El latido de sus corazones era fuerte, sabía que habían bebido y estaban acelerados. Subí a la escalera de un edificio más cercana y me oculté entre las sombras.

Nueva ventaja, ambos estaban borrachos.

Observé a la mujer ponerse de pie y caerse enseguida, signo que necesitaba para comenzar.

La sangre llamó mi atención, ella tenía una fractura en su muñeca. La olía, iba a descontrolarme si no era capaz de utilizar mi cerebro. Salté de la escalera y me ubiqué tras una de las puertas entreabiertas debido a su antigüedad.

-¿Quién anda ahí?- Dijo el chico pegando un fuerte grito. Creí que alguien vendría a socorrerlo, pero después de todo no fue así.

Se paró y caminó sujetando un arma. Eso no era bueno, pero digamos que… Tampoco era malo.

Me ubiqué frente a él en un segundo.

-¿Qué vas a hacer con eso?-Pregunté de manera irónica.

-Vete, ladrón

-Ojala fuera solamente eso

La mordida fue rápida, su cuerpo quedó drenado en unos pocos segundos. Estaba demasiado sediento, lleno de adrenalina, no era capaz de contener mis instintos.

La chica miraba estupefacta, corrió hacia una esquina y gritó con fuerza. No era posible dejar testigos.

De pronto una extraña fuerza envió a la chica al otro lado de la pared del edificio continuo, su cráneo golpeó directamente con el cemento dejándola totalmente inconciente.

Miré atrás extrañado, Nicole estaba ahí.

-¿Qué? Así parecerá que él la golpeó y luego se suicidó con el arma.

-Bien pensado, brujita.

Ella sonrió y luego tomé la sangre restante de la muchacha. Pude ver como mi líder y cómplice adoraba la sensación y se había sentado en una de las esquinas con los ojos cerrados.

Estaba claro, éramos un buen equipo y no es que no disfrutara todo esto.

Vi sus ojos abrirse de repente, cuando acabé y tocó la palma de la mano sorprendida.

-Mucho más fuerte-Dijo sorprendida

-Nada mal

-Y tenemos toda una noche por delante