Poco después, Karkat se había deshecho de sus pantalones, quedándose en bóxers.

-Espera… -dijo ella, y pasó lentamente el cuchillo sobre el bulto en los calzoncillos de Karkat. Ya estaba completamente duro y listo para ella. Besó la zona abultada antes de volver a pasar el cuchillo, amenazando con cortarle a pesar de los gruñidos del chico. Sus labios esbozaron una sonrisa maliciosa.

Finalmente, Vriska le bajó los bóxers, dejando al descubierto su tentáculo. No se lo pensó dos veces antes de llevárselo a la boca. Y le dolió. Karkat sabía que con el corte que tenía en la lengua, chupársela iba a ser doloroso para ella. Sonrió de lado y la agarró del pelo abriéndose paso en su garganta. Vriska sintió nauseas y jadeó, apenas capaz de respirar.

Sí, más…

Sin lugar a dudas Karkat estaba manchando su tentáculo con la sangre de la lengua de Vriska, pero decidió no darle importancia.

-Chúpalo bien… -le ordenó. Vriska asintió obediente y comenzó a subir y bajar la cabeza rítmicamente, sintiendo como se retorcía y enroscaba en el interior de su boca. Cerró los ojos y gimió; llevaba toda la semana deseando eso. Podía sentir los dedos de Karkat tirando de su pelo y obligando el movimiento de su cabeza.

Lo adoraba.

-¡Chupa más rápido! –bramó dejando la marca de una bofetada en su mejilla. Ella asintió rápidamente y comenzó a moverse más rápido, haciéndolo gemir y gruñir. Vriska ya sabía cómo le gustaba. Usó su brazo robot para acariciar su ingle y vientre haciéndolo estremecerse ligeramente- Buena chica… -dijo él con un gemido, tironeando de su pelo. Hizo rechinar sus dientes por lo estúpida que estaba. Vriska continuó complaciéndolo con su boca sintiendo las palpitaciones en su interior.

Él sostuvo su cabeza. Miraba absorto como le lamía. Escuchando los lascivos sonidos que estaba haciendo. Después de un rato, Karkat gimió más alto.

-Estoy a punto de… joder… joder, Vriska…

A ella le complacía el hecho de escucharlo pronunciar su nombre con el mismo aliento de placer. Los sonidos húmedos que producían cada vez que Karkat embestía su boca llenaban la habitación. Continuó empujando un poco antes de gemir más alto, deslizándolo fuera sin avisar.

-Ahí viene, abre la puta boca –dijo acariciando su tentáculo. Vriska abrió la boca justo para que el chico disparara una y otra vez sobre ella, manchando su cara y su camiseta. Estaba sorprendida, pero no tanto como la primera vez. Fue una grata sorpresa descubrir que Karkat se corría en tal cantidad. El chico apretó su tentáculo, frotando las últimas salpicaduras sobre su cara. Gruñó cuando sus ojos se encontraron con los de ella, mirándola fijamente- No podrías parecer más un putón.

-Yo también te odio –respondió.

-Déjate la camiseta.

Una sonrisilla se escapó de los labios de la chica y se sentó de rodillas en los pies de la cama. Sentía su camiseta, que todavía estaba húmeda con el material genético de Karkat. Su semen era cálido y pegajoso y se descubrió a sí misma lamiendo los restos de su cara.

-Mi turno –dijo volviendo con él. Se escabulló por detrás y le rodeó el cuello con las manos, tirando de Karkat hacia ella. Susurró en su oreja mientras paseaba la hoja del cuchillo por su pecho- Tienes una puta boca muy grande –dijo- Será mejor que le des un buen uso –llevó la punta a sus labios para enfatizar la frase.

Karkat disfrutaba de la sensación de su cuerpo contra el suyo, sujetándolo desde atrás. Era extrañamente calmante, a pesar del cuchillo a punto de hundirse en su boca. Eso le recordó todo lo que había pasado desde que…


Karkat y Vriska estaban hablando. Divirtiéndose y relajados. Aradia los había invitado a todos a su colmena para ver una película y Karkat se estaba divirtiendo realmente. Había llegado con su matesprit, Nepeta Leijon. Vriska había llegado poco después que él, totalmente sola. Estuvo escuchando como ella y Sollux discutían hasta que finalmente se sentó en sofá.

Después de que todo el mundo se fuese a casa, se sorprendió de que Vriska le hubiera mandado un mensaje:

AG: Karkaaaaaaaat. Por casualidad no estarías ocupado ahora mismo, ¿verdad? ::::)

Había accedido a ir a su colmena y cuando llegó, ella le explicó lo que pasaba. Estaba buscando un kismesis, y Sollux había rechazado su oferta. Karkat se asombró de ver a Vriska tan… ¿decepcionada?; él nunca la había visto triste antes. Le explicó que si le había llamado a su colmena era porque quería hablar con él para proponerle algo similar. Alguien a quien no le importase demasiado si se le contagiaba algo de ella. No le importaba que Karkat supiese lo débil que podía ser, porque ella sabía lo débil que podía ser Karkat.

A él tampoco le importaba tener un kismesis, los trolls debían llenar los cuatro cuadrantes al fin y al cabo. Ambos lo propusieron como una idea de mutuo beneficio. Así Vriska y Karkat se convirtieron en el kismesis del otro.

Estrenaron su nuevo romance esa misma noche, y cuando terminaron con la diversión, decidieron los parámetros y maneras de darle más chispa al asunto. Era una fantástica manera de tratar sus frustraciones, y una buena forma de llenar su necesidad por un kismesis. Incluso desde entonces el romance negro de Vriska y Karkat fue como un enorme fuego flameante que no tenía pinta de apagarse en mucho tiempo.


Sus pensamientos se vieron interrumpidos por Vriska, cuando le metió el cuchillo en la boca.

-¿Estás sordo? Joder.

Karkat le dio un manotazo para apartarla, empujándola sobre el colchón.

-Te he escuchado.

Ella sonrió y se contoneó quitándose los pantalones y tirándolos al suelo. Vriska estaba tumbada en su cama y aún conservaba las salpicaduras del semen de Karkat sobre su cuerpo. También tenía en el pelo y su mirada estaba casi acentuada por ello. Llevaba unas braguitas azules, pero Karkat se sorprendió porque estas estaban adornadas por pequeños cangrejitos rojos.

-No lo pienses demasiado –dijo. Si él hubiera prestado más atención a su cara podría haber visto como se ruborizaba ligeramente- No lo pienses demasiado y ponte a tu puto trabajo ya.