Karkat se dedico a frotar sobre sus braguitas, preguntándose por qué tenían pequeños cangrejitos. Vriska resopló.

-Quítamelas, estúpido.

Eso le sacó de su ensimismamiento y rápidamente se puso a quitarle las bragas. Ella sonrió.

-Haz un buen trabajo, eh, Kaaaaaaaarkat? –dijo con un cariñoso tono de burla.

Él puso los ojos en blanco, ya planeando como se la iba a devolver después. La noche estaba muy lejos de acabar y tan sólo estaban empezando. Terminó de arrancarle la ropa interior y la arrojó a un lado. Tenía una vista perfecta del Nook de Vriska.

-¿Por qué no te das puta pris…? –empezó ella hasta que Karkat hundió sus dedos dolorosamente en su muslo.

-Calla la puta boca –dijo- Ya voy.

Bajó la cara hasta su Nook y lamió casi con burla las zonas más sensitivas, empezando a mover su lengua. Ella ya estaba mojada, se había dado cuenta. A Vriska le gustaba el dolor más de lo que dejaba entrever, y eso que era una mentirosa estupenda. Comenzó a gemir suavemente mientras Karkat lamía con grandes pasadas y barrió su flequillo hacia atrás agarrándolo del pelo con una sonrisa pícara. Karkat presionó su cara contra el Nook de Vriska, cubriéndolo con una capa de saliva y continúo lamiendo y mordisqueando. La estaba picando, tentándola, y ella lo sabía. Simple estimulación. Tiró de su pelo con fuerza.

-Más rápido –le ordenó. Karkat gruñó e incrementó la velocidad, prácticamente besando su Nook. Vriska se mordió el labio y sujetó la cabeza abajo, soltando el aire- Mmmmmmmm…. Qué bien… -suspiró.

Las manos de Karkat de aferraron a las piernas de Vriska, empujando su cara aún más lejos en el hueco. Ella no podía parar de retorcerse debido a su sensibilidad.

-J-joder… -dijo. Con tan sólo unas cuantas visitas, Karkat ya sabía perfectamente cómo funcionaba el cuerpo de la chica. Seguía mordisqueando cuando deslizó uno de sus dedos dentro de su cuerpo. Eso la pilló por sorpresa y la dejó sin aliento por unos momentos- Cabrón… -escupió casi con asco.

Él sonrió y comenzó a meter y sacar el dedo de ella, lentamente, mientras continuaba lamiendo. Doblaba el dedo un poco y lo empujaba un poco más profundo cada vez. Vriska intentaba reprimir sus escalofríos, para que no tuviera oportunidad de aprovecharse de esa debilidad.

-Estás bajo mi control aquí también… -dijo Karkat sonriendo. Ella tiró de su pelo.

-Ni de coña –respondió ella suspirando ligeramente- No pares…

Karkat presionó el Nook con la lengua y la empujó dentro, saboreando sus fluidos. Ella sabía, por extraño que pareciese, a arándanos. Y a Karkat le gustaban los arándanos.

-Oh…ohhh… -Vriska gemía mientras Karkat lamía su nook con rapidez. Disfrutaba de su sabor, y nunca objetaba demasiado cuando ella le obligaba a hacer eso. Por su parte Vriska seguía gimiendo y retorciéndose a causa de la lengua de Karkat. Le acarició suavemente el pelo, dejándolo pasar entre sus dedos, con sorprendente cariño. Ambos sabían que esta era la parte más cariñosa de su juego. La menos violenta. Él pensaba que tampoco estaba tan mal.

Vriska dio un par de golpecitos en la parte de atrás de la cabeza del chico y le dijo que parase. La obedeció incorporándose.

-No me quiero correr todavía –dijo con simpleza. Él puso los ojos en blanco.

-¿Qué mierdas importa eso? –preguntó.

-¡Por supuesto que importa! –Escupió- Déjalo… Haz algo más y punto.

La obligó a volver a tumbarse sobre su espalda, presionando con los dedos sobre su cuello.

-He hecho todo eso por ti, puta. No me hagas recordarte quien está a cargo esta puta noche.

Vriska no podía respirar, y a él no le importaba lo más mínimo.

-No te muevas –dijo liberando por fin su garganta. La chica tosió, volviendo a llenar de aire sus pulmones. Se dio cuenta de que estaba hurgando en la mochila que había traído. Sacó otro cuchillo y una cuerda, volviendo donde Vriska de nuevo. Ella le miró sonriendo.

-Oh noooooooo… -se burló- ¿Qué me vas a hacer?

Karkat gruñó enfadado y cortó la larga cuerda en cuatro trozos más pequeños. Vriska alzó una ceja. Poco después, ya estaba atando la última cuerda entre su muñeca y el poste de la cama.

-Esto es nuevo… -dijo ella, atada y expuesta por completo.

Karkat llevó el cuchillo a su pierna y lo deslizó lentamente, anhelando la sangre azul. Ella exhaló y cerró los ojos.

-Si gimes –dijo Karkat-, te cortaré.

Vriska abrió los ojos.

-Si dices algo remotamente parecido a una puta palabra… te cortaré. ¿Lo has pillado? –Vriska sabía lo que le tocaba. Asintió viendo sonreír a Karkat- Buena chica.

Se apartó posicionándose frente a la entrada del nook, con su bulge listo de nuevo. Vriska no se amilanó cuando Karkat se enterró en ella, ya estaba más que acostumbrada. Comenzó a bombear a buen ritmo, dentro y fuera. Mantenía una mano en la pierna de Vriska y con la otra sostenía el cuchillo. Vriska se mordió el labio tratando de permanecer en absoluto silencio. Las ataduras se movían con cada embestida, tirando de sus manos y pies. Karkat sabía como de tosco y bruto le gustaba que fuera y las ataduras no estaban ayudando. Estaba seguro de que gemiría. Sólo tenía que seguir hasta que no pudiera más y lo soltase.

De todas formas, Vriska no podía decir que odiase la vista tampoco. Podía ver sus brazos y piernas inmovilizados, y podía ver a Karkat penetrándola con todo su odio. Podía sentir su Bulge saliendo y entrando en ella, y podía sentir las oleadas de placer moverse por todo su cuerpo como una rápida y odiosa quemazón. Y no pudo evitarlo. Dejó escapar un gemido ronco, y sintió como el cuchillo de Karkat se hundía en su cadera. Apretó los dientes con fuerza aguantando.

-Oh, ¿te duele? –Preguntó con sarna- La próxima vez te cortaré más rápido. Gracias por tu colaboración.

Ella dejó escapar todo el aire de sus pulmones y le miró a los ojos. Era un cabrón, eso por descontado. Pero ella tampoco era nadie con derecho a hablar o quejarse de eso. La agresión de Karkat la había puesto aún más cachonda, aunque nunca llegasen a mutilarse el uno al otro.

-Karkat… -murmuró. Él le dirigió una mirada enfadada.

-¿Acaso no te he dicho que cierres la puta boca? –presionó la hoja contra su estómago.

-Te quiero.

Él sonrió y apartó la cuchilla, continuando con las embestidas. Gruñó de placer antes de hablar.

-Que puta mentirosa.