Disclaimer: Los personajes de Hana Yori Dango pertenecen a Yoko Kamio y demás asociados.
A Rose By Any Other Name
By
Ishtarmoon
Capítulo 10. La Rueda de la Fortuna II
Las ocho de la mañana alcanzaron a Rui en una mesa discretamente escondida detrás de una palmera en el centro comercial de LaLaport Tokyo Bay. Tsukasa lo había llamado a las 6:30 de la mañana para algo urgente que no quiso elaborar y para decirle donde sería el lugar de encuentro. Sin dar más detalles de por qué no podían simplemente discutir el asunto en su casa, Rui desistió de protestar y arrastrando los pies dignamente entro al centro comercial, busco una mesa discreta en un café con estilo parisino y pidió un expreso y el periódico del día. Tsukasa le había ordenado que se vistiera sencillo y que no llamara la atención.
"Bueno". Pensó Rui pasando la siguiente página del periódico y tomando uno que otro sorbo del café, el cual para su sorpresa era excelente. "Nada puedo hacer si las meseras no dejan de mirarme." Y sin inmutarse por la atención continuo leyendo la página de las caricaturas y sonriendo para si una que otra vez para el deleite de las meseras.
Tsukasa llego 15 minutos luego, enfundado en una chaqueta varsity con el logo de Harvard, jeans oscuros, un gorro de invierno hasta las orejas y unas gafas aviador.
-¿Y tú me dices que me vista discreto para que no llame la atención?- Saludo Rui dejando el periódico a un lado e incorporándose para estrechar la mano de su amigo.
-Dices tú que desde que entre te vi sentado con las piernas cruzadas como si fueras modelo o productor de cine o algo.- Rui llamo a la mesera y pidió otro expreso para su amigo. La joven tartamudeo dos o tres veces, tomo la orden y una vez dentro soltó un chillido ensordecedor mientras brincaba a la par de las otras jovencitas. – ¡Es Tsukasa-sama, no lo puedo creer!-
El joven en cuestión maldijo por lo bajo mientras Rui reía burlón.
-¡Todo por culpa de la vieja ahora no puedo ir a ningún lado sin que escuche estos chillidos, si no terminan con la estúpida rifa voy a matar a alguien!
La joven mesera trajo el café balanceándolo precariamente en una bandeja. Temblorosa sirvió la taza -¿Cuántos cubos de azúcar?-
-Uno- respondió Rui- Sin crema, y por favor si puede darnos privacidad seria apreciado.- La joven se despidió con una reverencia y regreso al mostrador.
-¿Qué es este asunto para el cual me llamaste?- Pregunto Rui. Tsukasa enrojeció hasta la punta de las orejas.- Ah, ¿el asunto? Nada importante…- continuo haciendo un lio de la servilleta y la taza de café. Rui alzo una ceja incrédula. –Bueno si no es nada importante, entonces voy en camino a la oficina, mi padre me espera para una entrevista.- Dijo levantándose de la silla. - ¡Espera un momento!-Ladro Tsukasa tirando del brazo de Rui y plantándolo en su silla. –Dame un minuto, lo que tengo que decir no es fácil.
Interesado por el comportamiento tan fuera de lugar de su amigo, Rui cruzo las piernas poniéndose cómodo a esperar que Tsukasa soltara la sopa. Tsukasa se inclinó sobre la mesa como quien tiene un secreto que contar, Rui inadvertidamente se inclinó al mismo tiempo.
-Necesito ayuda buscando una persona- Confeso Tsukasa. Rui pestaño un par de veces. -¿Por qué no le pides a tus hombres de seguridad que te ayuden?
-No puedo hacer eso, es complicado, hasta ahora lo he hecho yo solo, pero por culpa de la estúpida rifa no puedo andar incognito.
-Quieres que yo le pida ayuda a mi jefe de seguridad?- Ofreció Rui- Dame el nombre de esta persona y te puedo ayudar.
-No sé su nombre-
-¿Dirección?-
-Tampoco.
-¿Teléfono?
-¿Crees que si tuviera su teléfono no la habría llamado?- Una chispa de reconocimiento se ilumino en el cerebro de Rui.
-Se trata de una joven, ¿cierto?- Comento incorporándose en su silla.
-Ah, bueno, si- Tartamudeo Tsukasa enrojeciendo otra vez.-Puedes decir que es una chica.
-¿Puedes decir? ¿Es o no es una chica?-
-¡Por supuesto que es una chicha! Es solo que no es como las que estamos acostumbrados a ver.
Rui alzo la ceja otra vez. Una imagen de una mujer corpulenta y velluda se manifestó en su mente y soltó una carcajada.
Tsukasa le lanzo la servilleta.
Un minuto entero paso hasta que la risa de Rui se aplacara y solo fuera un hipo. Tsukasa emanaba mal humor hasta por los poros. Decidido ahora a ser de ayuda, Rui prosiguió- ¿Esta chica es la misma que la del casco rosado que llevaste a mi casa? ¿La estudiante de leyes que limpia piso?
-Si- Corroboro Tsukasa mas aplacado.
-¿Por qué tanto interés en ella?- Pregunto Rui seriamente. Tsukasa considero la respuesta con la mirada perdida en la multitud de compradores que curioseaban los mostradores al otro lado de la cafetería. –No se- Respondió honestamente.
-No tenemos su nombre, no tenemos su dirección, ni su número de teléfono, ¿cómo la vamos a encontrar?- Planteo Rui.
-Uhm, tengo un retrato hablado. Por eso te cite aquí, tenía una cita con un pintor forense que tiene una oficina en el segundo piso.- Continuo Tsukasa sacando un papel doblado del bolsillo interior de su chaqueta. Rui abrió los ojos como platos.
-¿Un retrato hablado? ¡Déjame ver!
-¡No! Ese idiota no entendió lo que yo estaba describiendo y no sirve!- Defendió Tsukasa, pero Rui ya le había arrebatado el papel y lo abría ansioso de ver quien era esta joven que tanto preocupaba la mente de su amigo y al instante soltó una carcajada descomunal que termino atrayendo la atención de los transeúntes y la ira avergonzada de su amigo.
-¿Qué demonios?-Exclamo entre carcajadas mientras esquivaba los puños de Tsukasa.
-¡Shut up!- Y el puño de Tsukasa conecto con la mandíbula de Rui dejándolo tendido en la silla.
-¡Mierda!- Maldijo Tsukasa. Incorporándose saco la billetera pago el café, y se hecho a Rui al hombro como si fuera un saco de harina; con la otra mano marco un numero en su celular.- Nishida, prepara el auto que ya estoy de salida, tenemos que parar en la clínica. No, no me ha pasado nada. Ok, apúrate. - Luego como si todos los días saliera con un tipo casi de su tamaño desmayado en su hombro, Tsukasa salió del centro comercial sin vacilar.
Esa misma tarde en la internet saldría un artículo llamado "Torrente amor gay en LaLaport" con la foto pixelada de ellos dos.
II
-No te tomes atribuciones que no te corresponden, plebeya, llámame Asai-sama que no te he dado permiso para que me llames por mi nombre.- Me reclamo Yuriko apuntándome con un dedo.
-¿Quieres perder los dientes Yuriko?- Conteste venenosamente. Yuriko balbuceo una que otra palabra incomprensible y enojada marcho hacia el grupo de jovencitas bien portadas que iba al frente. Hoy me sentía como una gánster mama, implacable.
Como un rebaño fuimos encaminadas hacia la oficina de Hanazawa-san padre. Era inmensa y decorada mínimamente. Una a una nos fuimos alineando paralelas a la pared, conmigo al final del grupo y con unos cuantos pies de separación. La joven de la oficina cerró la puerta tras de sí, y frente a nosotros quedo una señora entrada en años, ataviada de negro y apoyada de un bastón. Tenía uno de estos rostros que daban la impresión que te iba a morder cuando menos lo esperaba. Rui Hanazawa no estaba presente. La señora camino hacia nosotras y poco a poco fue estudiando cada uno de nuestros rostros en silencio calculador. Era como si estuviésemos en un campo militar en presencia de un sargento.
Cuando llego a mi la vi medirme de arriba abajo y levantar una ceja. Creí que me iba a preguntar algo, pero al instante lo rechazo y lentamente se dirigió hacia el buro, tomo asiento, alzo uno de los expedientes sobre la mesa y comenzó a leer en silencio. Mientras tanto nosotras permanecíamos de pie, sin autorización a conversar entre nosotras.
Pensé en la señorita Smith, y deduje que esta señora la había entrenado a ella, luego de eso mi mente comenzó a deambular en los asuntos de la escuela y que este próximo viernes tenía que pasar por el resto de mis tareas y ver a Hiroshi-sensei que de seguro me iba halar las orejas en cuanto se enterara que me habían despedido de la práctica, en el dinero que tenía ahorrado para la escuela de Susumo, en que tenía que preguntarle cómo se estaba preparando para el examen de ingreso, en que hoy en la tarde tenía que ir al gimnasio para las clases de kickboxing, por suerte Hanazawa no había interferido con ese trabajo y como entre sueños me acorde de aquel jovencito de pelo enmarañado que había atropellado en la oficina. "¿Que habría sido de el? ¿A que se dedican los niños ricos y bobos como él?" Pensé y no pude evitar una risita burlona.
-¿Algo que cause risa, señorita Makino? – Pregunto la anciana mirándome fijamente y pegándome el susto de mi vida.
-¿Estabas pensando en tu novio?- Me dijo burlona, las orejas se me encendieron al instante de imaginarme siendo la novia del pichón de rico.
-¿Esta loca? ¿Cómo cree que voy a ser la novia de un crio?- Respondí azorada.
-Tienes una mente sucia- Me dijo, y una que otra risita burlona se rego por la oficina, las muchachas decentes me miraban como ave de rapiña. –Está decidido, Makino Tsukushi estas contratada, el resto, piérdanse de aquí.
Hubo una ola de desacuerdo y hasta una chica amenazo con decírselo a su padre, pero la señora fue intransigente y las mando fuera de la oficina. Anonada me quede pegada al piso sin entender que me había perdido.
-Bien hecho. –Escuche a mi derecha y vi a Rui Hanazawa dando una pequeña ovación mientras entraba al cuarto.- Makino-san pasaste la prueba-
Sin pensarlo marche hacia él y le ateste un puñetazo por la mandíbula, Rui viro los ojos en blanco y cayó al suelo como un títere. –Eso es para que no juegues conmigo- le amoneste.
-Ya tuviste tu venganza, vamos que hay mucho que te tengo que enseñar, y vamos a empezar por cómo vestirse apropiadamente. – me dijo la señora mientras me empujaba fuera de la oficina.
Watanabe-san le ordeno a la joven de la recepción que acudiera por un doctor y que llevaran a Rui a su apartamento.
III
Luego que pude desprenderme de las garras tiranas de Watanabe-san llegue casi sin aliento al gimnasio. Subi al segundo piso donde estaba la oficina de Chung Ho-san para pedirle disculpas por mi tardanza.
-Buenas tardes, disculpe la interrupción-Me anuncie mientras abria la puerta de su oficina, Ho-san estaba atareado contando dinero y anotando el monto en su libro de cuentas.
-¡Makino-chan! ¿Qué bueno que llegas, creí que no ibas a venir hoy, estaba a punto de mandarte un recado. –
-Disculpe mi tardanza- me incline. –En seguida me alisto para la clase. ¿Sabe si Ken-san y Takeshi-san llegaron ya?
- ¿Esos dos? Si hace rato que están aquí.
-¡Qué pena!, enseguida me marcho, con permiso-
-Espera un segundo, Makino-chan. Toma asiento que aún no termino contigo. – Intrigada por su tono serio, tome asiento frente a él. Ho-san termino de contar los billetes que tenía sobre la mesa y los guardo en una bolsa de nailon que sello luego de incluir un talonario con la descripción de lo que iba en ella. Luego me miró fijamente y me sonrió con sus dientes de oro.
-Makino-chan he decidido cancelar las clases de kickboxing- Un balde de agua fría cayó sobre mi.- No me mires con esos ojos desolados, no es por ti, eres una magnifica profesora, pero tienes que admitir que dos estudiantes da muy poco negocio. – No podía contradecirlo, desde que comencé a dar clases de kickboxing en el gimnasio, solamente había tenido cuando más 3 estudiantes. Los tres entraron porque supuestamente querían aprender a ser fuertes para evitar ser maltratados en la escuela.
-¿Pero que hay con los muchachos Hon-san?
-No te preocupes por ellos que ya encontraron algo más motivante.- Al ver mi rostro incrédulo, se levantó del buro y aparto la cortina que miraba hacia el estudio donde se practicaba yoga. – ¡ Zuuumbaaa! ¡Es lo que hay!
Anonada me levante de la silla casi tumbándola en el proceso y me acerque a la ventana, música latina rebotaba de las paredes y un montón de ancianos, y jovencitos intentaban seguir el ritmo guiados por una rubia despampanantes con pechos y nalgas que se movían obscenamente de un lado al otro.
-¿Te quedaste sin habla verdad? ¿No es genial? ¡Es la primera vez que nuestro gimnasio atrae a tanta gente!- Hon-san estaba excitado, su rostro enrojecido de seguro pensando en el dinero que le sacaría a los hombres y los jóvenes que venían a bacilar a la rubia. Y entre ellos estaban los muchachos de mi clase, con ojos nublados de deseo y gotas de sudor rodando por sus caras.
-¿Hon-san de donde sacaste a la extranjera?
-Es estudiante de intercambio- Me dijo y no le creí ni una pizca.
-¿Qué te parece si te incorporas al equipo de zumba?- Me ofreció.
-No gracias, no creo que pueda competir con ella-
-Aigo, tienes razón, pero no te preocupes- me dijo regresando a su mesa y escarbando en uno de las gavetas saco un panfleto que me alcanzo acompañado de mi último cheque- Es una clínica nueva que abrió un conocido mío que hace aumentos de busto y nalgas por menos que un clínica profesional usando solo productos naturales. Piénsalo, no me mires con esos ojos calculadores, así nunca vas a encontrar novio.
-Gracias- Murmure. – Me voy a casa entonces.
-No seas una extraña, Makino-chan- me dijo Hon-san con los ojos pegados a la rubia- puedes usar el punching bag cuando quieras, gratis.
-Gracias- le dije de corazón y cerré la puerta tras de mí. En el pasillo se escuchaba la música y a los clientes contentos.
IV
Rui despertó de su segundo knock out en su apartamento. Intento levantarse pero casi vio estrellas al hacerlo. Adolorido se hundió en la almohada y permaneció tranquilo hasta que su cabeza dejo de pulsar como si tuviese el corazón entre las sienes.
Una sonrisa ilumino sus labios al recordar el dibujo que su Tsukasa había traído. La primera vez que Rui vio a Makino en aquel incidente con la demoledora supo al instante que ella era la chica que había logrado internarse en la cabeza de su mejor amigo, pero lo suyo era intuición solamente, luego de ver el dibujo ya no le quedaba sospecha alguna.
-Ay coño, como me duele- protesto al reírse involuntariamente. El dibujo que Tsukasa traía era inmensamente detallado en los ojos y las cejas, era prácticamente idénticos a Makino, pero ahí era cuando empezaba el problema, porque tal parece que el mismo Tsukasa se avergonzó de recordarla tan bien que empezó a inventar rasgos extraños y el retrato final era una caricatura grotesca y lo único reconocible eran los ojos y las cejas.
Un ataque de risa trajo otra ola de dolor de cabeza, llorando y riendo al mismo tiempo, Rui extendió la mano hacia la mesa de noche y agarro las píldoras y el vaso de agua que su empleada le había dejado. Sorbo a sorbo tomo la pastilla y el agua y lentamente se deslizo en la cama.
Estaba decidido, antes de decirle a Tsukasa que había encontrado a su musa, jugaría con él un poco más. –Is payback for this headache- murmuro al aire.
-¡Mierda! Es peor que una borrachera.
(*u*)
Note: Gracias por leer mi cuento, espero que siga siendo de su agrado, como siempre sus comentarios son bienvenidos. Ja ne.
