Eran casi las doce del día cuando mi secretaria entró a mi oficina con mi cuarta taza de café negro. Ella me miraba con los ojos llenos de preguntas, a las cuales yo solo me excusaba diciendo que había ido a una fiesta y no había dormido nada. El café era lo único que me iba a mantener despierto hasta las cuatro que terminara mi turno. Aly me dejó un trozo de papel en el escritorio el cual alcancé a leer rápidamente. "Cita con Serena Tsukino a las tres en el corporativo Craft." Tragué saliva y sentí como el sudor recorría mi frente.

-¿Qué significa esto, Aly?

-Señor, me llamó la asistente de la señorita Tsukino pidiéndome que fuera usted urgentemente al corporativo.

-Pero ni siquiera me preguntaste si ya tenía otros compromisos.

-Lo sé y una disculpa, pero ella me dijo que si usted no asistía, podía considerarse rechazado para el trabajo, y como yo sé muy bien cuánto quiere que le den ese caso…

-Ya. No estuvo bien, pero en ese caso…

Aly se retiró mientras yo trataba de tranquilizar mi pulso. No era nada gracioso que me sintiera como un adolescente a esas alturas de mi vida. Yo ya era un hombre que tenía claro sus propósitos en la vida y no podía creer que me dejara llevar por los encantos de una mujer, que además de malvada, era tonta y sabía perfectamente lo que estaba haciendo conmigo. Ahora me estaba obligando a ir a su oficina porque sabía que yo no iría por mi propia cuenta, lo que no me gustaba era la manera que usaba para manipularme. Escuché la voz de Aly por el interfono. "Michiru, señor." Entonces no había pensado en ella… porque quizá Serena tenía razón y yo era un cobarde. "Estoy muy ocupado, Aly, toma el recado." No sentía muchas ganas de hablar con Michiru, no me sentía capaz de mirarla a los ojos y mentirle. ¿Qué debía decirle? Sabía perfectamente que ella me miraría con esos ojos de "Sé que te sucede algo" y yo no tendría una respuesta porque estaría nervioso. Normalmente sabía qué inventarle, sabía cómo dejarla satisfecha pero esta vez era diferente. "Le hice el amor a Serena Tsukino después de que te dejé en tu casa." No, esa definitivamente no era una opción. Aly entró de nuevo y la miré con reprobación.

-¡Lo siento!-dijo ella antes de que pudiera decirle algo.-No entraré de nuevo el resto del día.-y salió.

Tomé el papel rosado que me había dejado en el escritorio y lo leí lentamente. "Buen día, cariño, solo quería saber cómo estabas, te deseo un bonito día. Te ama, Michiru." Ni siquiera sonreí. Esas cosas eran típicas de ella, siempre me llamaba, siempre quería saber cómo estaba, me deseaba buen día y me recordaba que me amaba. Por supuesto que me sentí el pedazo de mierda más grande de la historia. Arrugué el papel y lo lancé al cesto de la basura pensando en lo que tendría que hacer ahora. Cuando terminé lo que estaba haciendo, salí de la oficina diciéndole a Aly que ya no regresaría hasta el día siguiente. Estacioné el auto en un estacionamiento público y busqué la florería que tanto le gustaba a Michiru. Compré un enorme ramo de tulipanes de todos los colores, porque sabía bien que eran los preferidos de mi novia y crucé la calle a la academia de música que había fundado hacía un año y en donde daba clases. Dentro se encontraba algo solo, dos niños y Hotaru, la asistente de Michiru, se encontraban en el lobby. Hotaru me sonrió al ver el ramo de flores y me indicó con el dedo que Michiru estaba en el salón de clases. Al entrar, ella se despedía de su alumno y al mirarme se quedó sorprendida. Corrió a mis brazos y me besó en ambas mejillas para finalizar con un tierno beso en la boca. Siempre me habían gustado mucho los besos suaves y delicados de Michiru, con ella no podía ser rudo ni atrabancado como lo había sido con Serena, con ella tenía que ser cuidadoso porque era tan frágil que sentía que se me rompería en los brazos. Pero en ese momento me sentí mal, hubiera deseado que no me besara ya nunca más porque no era merecedor de sus besos.

-Perdón por no responderte la llamada.

-No te preocupes, cariño, sé que siempre estas muy ocupado.-sonrió.-Me han encantado, hace mucho que no me comprabas de estas.-dijo mientras disfrutaba del aroma.- ¿Comemos hoy?

-Me gustaría mucho, pero tengo una cita importante.

-¡Claro! Lo olvidé por completo.

-¿A qué te refieres?

-Oh…-dijo entrecerrando los ojos.-Es que esta mañana vino a visitarme Serena y me contó que se verían hoy para comenzar a tratar lo de su caso.

Traté de no lucir asustado ni sorprendido.

-¿Serena? ¿Cómo es que vino a visitarte?

-Porque anoche le conté sobre mi academia y me pidió que algún día la invitara a conocerla, por lo que le dije que podía venir hoy sin problemas.

-Ya.

Le di un abrazo de nuevo.

-Me voy pues, o llegaré tarde.

Durante todo el trayecto al corporativo Craft no dejé de pensar en lo que haría o diría. No sabía cómo iba a reaccionar Serena y no sabía cómo iba a reaccionar yo. No comprendía tampoco por qué Serena hacía esas cosas y visitaba a mi novia, ¿qué se proponía? Dudaba mucho que le gustara Michiru y dudaba más que quisiera ser su amiga. Yo no me tragaba sus cuentos de buena amiga. Ella no iba a querer a nadie que estuviera cerca de mí. El vallet parking tomó las llaves de mi auto y entré al enorme edificio. Dentro hacía mucho frío por el aire acondicionado, o quizá solo eran los nervios que me invadían. Esperé casi quince minutos después de haber avisado mi llegada para poder entrar a su oficina. Ella estaba sentada con las piernas desnudas y cruzadas sobre el escritorio. Yo solo me senté frente a ella y la miré en silencio mientras ella trataba de contener la risa.

-No creí que te fuera a afectar tanto.-dijo.

Como vio que yo no respondía nada, continuó.

-Jamás nadie antes me había hecho el amor como tú lo hiciste.

-Casi podría asegurar que nadie antes te había hecho el amor siquiera.

Se acomodó en la silla y golpeó el escritorio con el puño.

-No te imaginas la cantidad de hombres que he tenido en mi cama, Seiya Kou, pero solo tú has sabido cómo complacerme, has sabido perfectamente dónde y cómo tocarme, como si ya me conocieras. Me has hecho tener mi primer orgasmo, y eso, querido, no se olvida.

-¿Debería estar halagado? Mira, Serena, yo no te hice el amor, solo tuvimos sexo, además, vine a hablar de negocios, no de tus orgasmos.

-Claro.-dijo poniéndose de pie.-Hablaremos de negocios.-de pronto de desabrochó la gabardina que traía puesta. No tenía idea de por qué no había nada de ropa debajo de esa chaqueta. Su cuerpo estaba completamente desnudo y lo único que lo cubría era ese saco largo que le llegaba hasta las rodillas. Lo tiró al suelo y sin siquiera preguntarme, abrió las piernas y se sentó sobre mí de frente.-Después de que me tomes otra vez.

¿Pero qué acaso esa mujer era un demonio? Con tan solo sentir su tacto y su cuerpo sobre el mío me encendí de pies a cabeza. Nos besamos como si no hubiera un mañana, pude sentir su lengua ultrajar la mía y sus pechos rozando mi camisa. Ya no lo aguanté más, seguramente si no me desabrochaba el pantalón en ese momento, mi entrepierna explotaría ahí mismo. Me puse de pie, tomándola en la misma posición sin soltarla, prácticamente la estaba cargando y sentí como sus piernas se agarraban de las mías. La tumbé sobre su escritorio y me desabroché el cinturón con gran dificultad, pero al fin lo logré. Antes de introducir mi pene, me dediqué a acariciar su clítoris, sintiendo cómo con cada movimiento se excitaba más y se retorcía de placer en la mesa. "Por favor." Me suplicaba mientras tocaba sus senos. "Ya. Hazlo ya." El hecho de verla acariciar sus propios senos me prendió más de lo que me hubiera gustado. Ya no quise atrasarlo más. Lentamente introduje mi miembro dentro de ella, sintiendo la humedad que expedía, haciendo las cosas más fáciles. La tomé de la cadera y comencé a hacer movimientos constantes al tiempo que le seguía acariciando el clítoris. Ella se volvía loca. Parecía un demonio poseído por los espíritus más malignos. Se resistía a gritar, pues ambos sabíamos que estábamos en su oficina y no queríamos que nadie se enterara de aquello. Mientras la miraba directo a los ojos, mis movimientos se hacían cada vez más rápidos y profundos, porque su mirada me gritaba que lo hiciera más y más fuerte. La volví a levantar, pero sin salirme de su cuerpo y la llevé hasta la pared, estrellándola contra el muro al tiempo que la embestía. Sus brazos rodearon mi cuello y sus pechos rozaban el mío. Sentí sus pezones erectos y su aliento en mi oreja. Me susurraba al oído, me suplicaba más. Su voz para mí era como un detonante, no soportaba que me susurrara mientras la hacía mía, porque eso me calentaba. La tenía agarrada fuertemente de las nalgas, haciendo cada vez más rápidos mis movimientos. Por lo que decidí que tenía que tumbarme al suelo o jamás terminaríamos. Ella quedó arriba de mí, mirándome fijamente mientras sonreía maliciosamente. Ahora el turno de ella, ahora ella me tendría que controlar. Colocó sus manos sobre mi abdomen y comenzó a moverse de arriba abajo tan rápido que no podía soportar por mucho tiempo más. Sus pechos bailaban de arriba abajo sin control, invitándome a tocarlos y así lo hice. Los apretujé tan fuerte que no me importó en lo absoluto si eso le dolía o no. Me incliné para poder morderlos, con ambas manos los apreté mientras usaba mi boca para morderle los pezones. Y ella parecía disfrutarlo demasiado porque aumentaba la velocidad de sus movimientos. Entonces la tomé de la cintura porque ya no podía más, fui yo esta vez quien dirigió sus movimientos hasta que me salí de su cuerpo y terminé. Ella me abrazó tan fuerte que casi me quedo sin respiración. Su entrepierna mojada y húmeda había derramado su líquido sobre mi abdomen. "Nunca me cansaría de esto." Me dijo al oído.

La aparté de encima de mí, incorporándome al igual que ella. Me vestí rápidamente mientras que ella con toda la tranquilidad del mundo tomaba su gabardina y se la colocaba encima. Encendió un cigarrillo y lo absorbía al tiempo que se acomodaba el cabello como si no hubiera sucedido nada.

-Me encantas, Seiya.

-Te detesto.-le dije quitándole el cigarrillo de la boca.-Te detesto por provocarme esto, tú eres un demonio, una bruja. Alguien pudo haber entrado.

Ella rió tan naturalmente que por un momento me pareció sincera.

-Aquí nadie entra si yo no lo ordeno. Es que cada vez que me tocas, Seiya… siento como si estuviera ardiendo en el infierno. Tú sabes cómo hacer que todo mi cuerpo tiemble de pies a cabeza.

-Serena.-le devolví el cigarrillo.-Ya me voy, si duro un minuto más contigo no sé qué podría hacerte, y ya no quiero caer… no quiero.

-Hay, querido, ¡pero si tú lo disfrutas tanto o más que yo! Además, ni siquiera hemos comenzado a hablar del caso.

-Se acabó. No voy a ser tu abogado si eso implica verte siempre.

-¿O sea que prefieres no cumplir tus deseos y sueños porque me tienes miedo?

-No te tengo miedo.

-Entonces sé mi abogado, Seiya.-dijo entregándome una carpeta.-Llévatelo a casa y estudiálo. Mañana hablaremos.

Preferí no despedirme y salí inmediatamente de aquél lugar. Rogué porque nadie se hubiera dado cuenta de lo sucedido. Esa arpía sabía perfectamente lo que pasaría desde el momento en que se le ocurrió no llevar nada puesto debajo de su saco. Era una arpía endemoniada que quería atraparme. Al entrar a mi departamento, lo primero que vi fue el desastre que quedó gracias a mi pecado. Yo mismo había tirado todo al suelo y ahora parecía estarme hablando para culparme. Levanté todo y ordené como si nada hubiera pasado, sin embargo me sentía incompleto. Sabía perfectamente que era mi culpa también, por dejarme manipular y por caer en sus provocaciones, era mi culpa, sí… pero aunque quisiera sentirme mal, no lo hacía, porque recordaba el cuerpo de Serena y todo se me olvidaba. Lo único que quería era tomarla una y otra vez. Después de darme un baño, me dormí el resto de la tarde, porque además de que no había dormido nada, toda esa actividad me había dejado agotado. Debería ser pecado que una mujer provoque todas esas cosas, debería ser un delito que alguien sea tan deseable. Siempre supe que era un monstruo, pero nunca tuve la oportunidad de comprobarlo hasta esa vez.