Duré días estudiando el caso del corporativo Craft. Casi no salí ni de mi oficina ni de mi departamento. Le pedí a Aly, mi secretaria, que se encargara de Serena y su fastidiosa asistente que no dejaba de llamar, pues había decidido no verla hasta no tener opciones, hasta no saber cómo proceder y hasta no haberme aprendido el problema de memoria. El asunto era algo complicado. Al parecer la demandaban por el robo de un producto, argumentaban que la idea original era de la competencia y que ellos lo sacaron a la venta. Era algo difícil porque habría que conseguir muchísimas pruebas, y para empezar tendría yo que descubrir si eso era mentira o verdad, de lo contrario, Serena tendría que pagar millones por esa demanda, sin mencionar que tendría que quitar ese producto del mercado.

El reloj marcaba diez para las ocho cuando lo vi y decidí apresurarme a guardar todos los papeles regados sobre mi mesa. Tomé mi saco y salí a la calle. El Crown estaba prácticamente vacío, a no ser por un grupo de jóvenes discutiendo en la mesa del rincón. Me senté en la misma mesa de siempre y la linda Unazuki se acercó a mí con una sonrisa en el rostro preguntándome si pediría el café de siempre, a lo que asentí con la cabeza. Cinco minutos después regresó con una taza humeante que colocó justo frente a mí. Me sentía cansado por alguna razón, a pesar de haber estado durmiendo bien. Me tallé los ojos para tratar de relajarlos, pero me pareció ver una silueta acercarse a mí. Cuando ajusté mi vista me di cuenta de que era el demonio, y el pulsó se me aceleró. Ella se sentó frente a mí, dejando su bolso a un lado. Su mirada penetrante casi me atravesó el cuerpo.

-Dónde te has metido.-dijo determinante.

-No creí que tuviera que reportarte todos mis pasos.

-No te hagas tonto, sabes de lo que hablo.

-Es que mi secretaria fue muy clara, no hay razones para no vernos hasta que sepa cómo actuar.

-Pero si ha pasado casi una semana, debiste llamarme.

-Serena, ¿qué haces aquí? ¿Me estas siguiendo?

De pronto tomó mi mano fuertemente mientras sonreía.

-Digamos que yo tengo oídos en todos lados.

-Será mejor que te vayas, porque en cualquier momento llegará…

-¡Mi amor!-escuché la voz de Michiru y Serena me soltó la mano bruscamente.

Michiru sonrió al ver a Serena, se sentó a mi lado al tiempo que me plantaba tremendo beso en la boca. Por el rabillo del ojo noté cómo Serena se tensaba en asiento y apretaba ligeramente los puños. Después saludó a Serena y pidió otro café a Unazuki.

-Qué gusto verte, Serena.

-¡Lo sé!-sonrió.-Le estaba agradeciendo a Seiya por haber estado estudiando el caso. Pasaba por aquí, lo vi y decidí acercarme.

-Muy bien.-respondió Michiru.-Nosotros teníamos planeado cenar, ¿gustas?

-Oh… en realidad tengo otra cita.-dijo poniéndose de pie.-Los veré después.

Salió del restaurante caminando como si estuviera en una pasarela. Me sentí tranquilo de que hubiera decidido irse, porque así yo no me pondría nervioso y podría disfrutar de mi tiempo con Michiru. Encargamos nuestra pizza favorita y mientras la esperábamos, Michiru me platicó sobre una nueva alumna que había entrado a su academia, le causaba gran curiosidad debido a su comportamiento sombrío y lejano, como si no fuera en realidad una niña. Nunca había visto a Michiru tan preocupada por una de sus alumnas, lo que me llamó la atención. Ella me sonrió cuando terminó de hablar y se disculpó por haber estado hablando sin callarse. Le di un beso en la mejilla para luego darle un trago a mi café.

-Oye, cariño.-dijo Michiru mientras se limpiaba la comisura de los labios.

-Qué sucede.

-Dime cómo se conocieron tú y Serena.

Sin duda esa pregunta captó mi atención. Traté de no lucir sorprendido ni muy interesado.

-Bueno… pues, si bien recuerdas el cómo llegué a Tokio, pues bueno, todo comenzó ahí. Cuando llegamos a nuestra nueva casa en Tokio, la familia de Serena eran nuestros vecinos de junto.

-Qué lindo, amigos de la infancia. ¿Desde entonces han sido tan buenos amigos?

-Bueno… la verdad es que Yaten es más cercano a ella, siempre se llevó bien con los tres, pero Yaten era el más cercano a ella.

Michiru hizo una expresión extraña.

-Me parece que ella te quiere más a ti que a los demás.

-¿Cómo? No, claro que no, ella nos quiere a todos por igual.-traté de disimular.

-No me sorprendería que fuera así.-sonrió.-Tú eres el más perfecto Kou que conozco.-me besó tiernamente en el lóbulo de la oreja.

-Creo que hablas de mi hermano el doctor.-reí.

-¡Seiya! Para mí tú eres el mejor.

Cuando mis ojos encontraron los de Michiru vi algo que no había visto nunca antes en tres años que tenía de relación con ella. Brillaban de una manera particular, sonreían de una manera especial, como si estuviera transmitiéndome su encanto, como si en aquel silencio de pronto me perdonara todo. Lo único que hice fue besarle la nariz, porque sabía cuánto adoraba que hiciera cosas como aquellas.

-Pues no me vas a creer, pero yo pienso que tú eres la cosa más perfecta que existe en este mundo. No puedo siquiera concebir algo más bello que tú.

Michiru me tomó la mano suavemente.

-Sabes algo, Seiya, yo te conozco mejor de lo que nadie podrá conocerte jamás, y por lo tanto estoy consciente de que no eres el hombre más romántico y cursi que existe, pero sé muy bien cuando dices las cosas desde el fondo de tu corazón. Y esta es una de ellas.

Siempre me gustó la conexión que tenía con Michiru, siempre sabíamos qué responder, qué decir, qué preguntar. Si de algo estaba seguro, era que esa mujer que tenía delante de mí había sido creada especialmente para mí, y yo… yo era un hijo de puta.

-Por cierto.-dijo después de haberse acabado su bebida.-Tengo algo muy importante que decirte, creo que fue lo primero que debí haberte dicho.

-¿Qué pasa?

-Voy a salir de viaje el viernes… me han ofrecido dar un curso intensivo de solfeo en Corea del Norte, me van a pagar todo el viaje, viáticos, y además un pago de 10, 000 dólares.

-¿De verdad? ¡Michiru! Es una muy buena noticia, además de la increíble remuneración, eso te dará un muy buen prestigio a nivel internacional.

-¿Entonces no te molesta?

-Claro que no, mi amor, al contrario, estoy muy feliz por ti, si no aprovechas esta oportunidad, serás una tontita. ¿Cuánto tiempo te irás?

-De dos a tres semanas.

La miré tentativo.

-¿Tanto?

-Bueno… iré algo lejos, se necesita tiempo para esa clase de cursos.

-¿No era intensivo?

-Con intensivo se refiere a eso, cariño, de no ser intensivo tendría que durar ahí seis meses

-¡Nunca!

Ella rió. Diez minutos después nos encontrábamos en la calle. Casi siempre que cenábamos en el Crown, solíamos dar una vuelta por el centro de la ciudad. Nos hacía despejarnos y convivir más con nosotros mismos. La dejé en su casa pasadas las diez de la noche. Como mi hermano Yaten vivía a unas cuantas cuadras de Michiru, decidí pasar a saludarlo. No había hablado con él desde la fiesta en el Crown, y necesitaba saber qué opinaba del regreso de Serena. Yo sabía que Yaten guardaba una llave extra escondida en la maseta que estaba fuera de su departamento, por lo que la busqué y entré sin llamar. Lo encontré sentado en su sofá, tomando una cerveza y viendo la televisión. No se sorprendió al verme ahí, pues era algo que solía hacer siempre que lo vistaba. Fui al refrigerador antes de hacer cualquier cosa, tomé otra de sus cervezas y me senté a su lado. Yaten veía uno de esos estúpidos reality shows que pasan por MTV, hasta la fecha no entiendo por qué disfrutaba tanto de ver programas que no tenían sentido. Nos quedamos en silencio un buen rato hasta que el programa llegó a su fin y entonces Yaten me miró con una estúpida sonrisa en el rostro.

-Estos tipos, no entiendo cómo es que les pagan por hacer tonterías.

-Ya ves lo que hace uno por dinero.

-Y que lo digas, mírate tú.

-¿De qué hablas?

-Mira que aceptar trabajar con Serena.

-Ja-ja.-dije dándole un trago a mi cereveza.-¿Por qué rayos no me dijiste nada de la fiesta esa?

-Quería ver tu cara cuando la vieras. Fue muy divertido, por cierto.

-No te sirvió de nada, ya la había visto.

-¿Ah, sí?

-Ese mismo día en la mañana fui al corporativo Craft, y créeme que fue mucho peor mi reacción.

-No puedes negar que es la mujer más sexy sobre la tierra, simplemente no puedo creer que se haya convertido en eso.

-Ni yo.

-¿Serías capaz de rechazarla ahora también?

Terminé el resto de mi cerveza de un solo trago antes de responder.

-Claro que lo haría, Yaten, tengo novia y además, ni aunque estuviera soltero le diría que sí a una niña. Recuerda que por más senos o glúteos que tenga, sigue siendo una niña en mi mundo.

-Hay, Seiya, por favor, podrás engañar a todos menos a mí, yo sé que eres un mujeriego de lo peor. Tú no puedes negarte a un par de tetas. Estoy completamente seguro de que si se te desnudara la tomarías ahí mismo.

Y Yaten tenía mucha razón. Por algo era mi hermano. No pude contestarle porque el timbre sonó. Tanto él como yo nos miramos extrañados, pues ya era tarde y no esperábamos a nadie. Cuando Yaten abrió me miró y luego entró Serena a su departamento.

-Yaten, vine porque…-ella se calló cuando me vio sentado.-Ah, estas ocupado.

-Hay, Serena, si tú eres como nuestra hermana, no interrumpes, ¿o no, Seiya?

-Claro que no.-dije con sarcasmo.

Serena lanzó su bolso sobre el sillón y se sentó en la mesa de la cocina. Empezó a platicar sobre una sarta de tonterías que preferí no escuchar, las cuales borré con más cerveza. Entre los tres nos bebimos todas las cervezas que Yaten tenía en su refrigerados escuchando las aventuras de Serena, la verdad es que aunque yo la escuchaba no presté demasiada atención. Tan solo me dediqué a observar sus senos disimuladamente, a estudiar su rostro y a notar el movimiento de su cabello mientras movía los brazos. Yaten no dejaba de reír. Siempre había odiado eso de él, que fuera tan risueño hasta por el menor de los chistes, quizá por eso él y Serena se habían llevado tan bien. Noté que Serena no estaba acostumbrada a beber tanto alcohol tan apresuradamente, porque cada vez que se terminaba una, su tono de voz era más ridículo que antes, y sus historias eran más absurdas. A mí, por supuesto, las cervezas no me hacían mucho, pero ya había tomado demasiado también, por lo que decidí parar. Cuando vi el reloj ya pasaban de las doce y yo tenía trabajo al día siguiente, por lo que decidí que era hora de irme. "Ya no le des más." Le dije a Yaten entre susurros. Serena notó que nos comunicábamos a escondidas de ella, por lo que intervino gritando que tenía que llevarla a su casa. Yo por supuesto no quería, pero nos dimos cuenta de que no traía auto y que además estaba muy mal como para irse sola. Yaten me ayudó a subirla al carro y cuando me despedí de Yaten, segundo después, escuché cómo Serena vomitaba en el asfalto. Lo único que me hizo sentir bien fue que eso le bajaría el nivel alcohólico un poco. Le regalé un poco de agua que traía en una botella y luego un chicle. Decidí que si dejaba a Serena en su casa, se darían cuenta de su estado, por lo que tuve que comprar un café negro en una tienda de autoservicio y esperé a que se lo tomara. Para ese entonces Serena ya no estaba tan mal, se veía cansada y molesta, pero ya no tan feliz. Me miró como si estuviera avergonzada al tiempo que yo encendía un cigarrillo. Volví a darle otro chicle.

-¿Tan mal huelo?-preguntó mientras aventaba el bote de café al cesto.

-Creí que eras tú la que estaría preocupada por su olor. ¿Mejor?

-Creo que me gustaría un cigarrillo.

Sin preguntarme, tomó uno de mi cajetilla y lo encendió mientras se recogía el cabello en una coleta, de esas que se hacía cuando éramos unos adolescentes. Al menos agradecí que en ese estado no estaría pensando en acostarse conmigo. Nos fuimos del estacionamiento de la tienda rumbo a su casa nuevamente. El aire estaba ligeramente helado para ser agosto. Sentí la mirada de Serena sobre mí, aunque traté de mostrarme indiferente. En ese momento, por alguna razón, me vinieron a la mente todos los recuerdos de mi adolescencia. Recordé cada momento en que Serena llegaba a mi lado y me sonreía, esperanzada de que yo se la devolviera. Siempre fui muy maduro para mi edad, nunca me dejé llevar por ninguna jovencita, aunque no fuera ella, pero siempre traté de no meterme mucho en esos asuntos. Nunca me detuve a pensar qué era lo que Serena veía en mí, por qué siempre me perseguía. Siempre creí que era porque quizá le parecía un joven apuesto, que solo era por cosas de niñas. Pero Serena insistió tanto que hasta ese día me dispuse a pensar en si era otra cosa lo que la llamaba a mí. Serena era cuatro años menor que yo, nuestras mentes eran muy distintas, nuestros pensamientos era totalmente diferentes y aunque quisiéramos nunca podríamos estar en la misma sintonía. Era por eso que siempre me había parecido estúpido el hecho de que Serena no me dejara en paz.

-En qué tanto piensas.-me dijo Serena, recordándome que no me encontraba solo.

Di vuelta en una esquina, divisando el edificio donde ella vivía a lo lejos.

-No tiene importancia.

Ella rió mientras lanzaba la colilla del cigarro hacia fuera.

-¿Qué es tan gracioso?

-Desde que te conozco siempre me has respondido eso cuando te pregunto en qué piensas.

-¿Lo recuerdas?

-Te diré algo, Seiya, yo nunca podría olvidar ni una sola de tus palabras.

Me detuve frente a su edificio y puse el freno de mano para luego apagar el carro.

-Qué vida la tuya, Serena, en lugar de buscar a un hombre con el que puedas tener una relación formal.

-Es que quiero que entiendas que tú y yo estamos destinados a estar juntos.

No pude evitar burlarme de sus palabras. Eso sonaba tan absurdo que dudaba que sucediera en alguna dimensión paralela.

-¿Te burlas de mí?-dijo acercándose de pronto, colocando su rostro muy cerca del mío.-No voy a dejar que te burles de mí, y te voy a demostrar que lo que te digo es cierto.-continuó colocando su mano suavemente sobre mi entrepierna mientras la acariciaba por sobre la tela del pantalón.

Me puse tenso de inmediato, temiendo que siguiera haciendo eso. Traté de no pensar en ese movimiento, pero ya era demasiado tarde cuando ya estaba más duro de lo que hubiera querido. Serena sonrió de una manera burlona porque sabía que tenía mucho poder sobre mí. Yo me enojé, aunque no por eso se me bajó la excitación. La calle estaba muy sola y la única luz provenía de un farol que estaba a cien metros de nosotros, que parpadeaba y algunas veces duraba apagado más de tres minutos. Con una habilidad increíble, hice el asiento hacia atrás todo lo que pude y jalé su cuerpo hasta colocarla sobre mi regazo. Ella hizo su trabajo colocando cada pierna a ambos lados de las mías. Se agarró de mi cuello y comenzó a morderme los labios con desesperación. Serena lucía un vestido azulado que pronto se le subió hasta los muslos debido a la posición en la que se encontraba. Sentí que su entrepierna se humedecía conforme mis dedos jugaban con ella sin dejar de mirarla. Después de encargó de desabrocharme el pantalón para acariciar mi miembro con tanta agilidad que ya no podía resistir más, por lo que la obligué a sentarse en él. Cerró los ojos mostrando que era difícil y doloroso, pero cuando al fin lo logró, comenzó a moverse de arriba abajo sin dejar de besarme. Yo la tenía bien sostenida de los glúteos y con cada movimiento se los apretujaba para sostenerme. No podía creer que sintiera tanta excitación y que cada vez que nos viéramos termináramos teniendo relaciones. Noté cómo los vidrios comenzaban a empañarse debido a nuestras respiraciones entrecortadas. Serena gemía cada vez que hacía algún movimiento y yo solo logré esconder mi rostro en su cuello. Con mis dedos índice y anular, comencé a juguetear con su clítoris, provocando que Serena se retorciera y gimiera con más frecuencia que antes. "Más." Me dijo entre gemidos. Serena utilizó sus manos para tocarse los senos, siempre que hacía eso me prendía más que antes, no soportaba verla tocarse a sí misma porque me parecía lo más sensual del mundo. Serena parecía una loca haciendo movimientos circulares, de arriba abajo y a los lados, mi mano izquierda seguía en sus nalgas y di gracias por sentir aquella piel suave y lisa. La quité antes de que pudiera terminar, manchándole parte del vestido. Ella me miró sonriente y con la mirada me pidió que la ayudara a terminar también. Usé una mano para seguir acariciando su clítoris y la otra para introducir mis dedos lentamente dentro de su vagina con movimientos constantes. No pasó mucho tiempo hasta que ella terminó también, con una enorme sonrisa de satisfacción en el rostro. Después de haber disfrutado de su orgasmo, tomó mi rostro entre sus manos y me besó con suavidad. "Eres mío." Susurró sin despegar sus labios de los míos.

La quité con cuidado de encima de mí y me abroché el pantalón, limpiando con un klee-nex los restos de mi líquido y sentí cómo me observaba. Abrió la puerta del auto y se bajó después de tomar su bolso.

-No soy tuyo.-dije de pronto sin pensarlo.

Serena no dudó en mirarme inquisitivamente, y como todavía no cerraba la puerta, no dudó en aventarla tan fuerte que se escuchó en toda la calle.

-Ya lo veremos.-dijo casi en un susurró.

Después se dio la vuelta y entró a su edificio.

Los siguientes días me dediqué a redactar un documento que expresara la situación en la que el corporativo Craft se encontraba y además escribí una carta para convocar al "enemigo" a una junta para discutir puntos importantes. El viernes por la mañana llegué al departamento de Michiru y la ayudé a subir sus maletas a mi auto. El aeropuerto etsaba bastante lejos y haríamos cuando menos 45 minutos en llegar si no había tanto tráfico. Su avión salía a las 12:45 y apenas era las 10:30, así que tendríamos tiempo suficiente de llegar y checar su viaje. Llegamos al aeropuerto a eso de las 11:15 y mientras ella se entretenía para checar y obtener su pase de abordar, yo me senté en la sala de espera jugando con mi celular. El juego se interrumpió cuando un mensaje de texto me llegó, por lo que cerré el juego y me metí a mi bandeja de entrada. "Te quiero en mi oficina a las cuatro en punto." No tenía el número grabado pero era demasiado obvio el remitente. Michiru se sentó a mi lado y recargó su cabeza en mi hombro, quedándose dormida sin darse cuenta. La desperté cuando escuché la llamada que hacían a los pasajeros para que abordaran el avión. Nos despedimos con un largo beso y un abrazo. Michiru me hizo prometerle que le enviaría e-mails con frecuencia y ella me prometió que me enviaría fotos al celular.

Regresé a mi oficina en donde Aly había ordenado comida china para ella y para mí. Yo comí en mi oficina mientras terminaba de responder unos correos electrónicos. Media hora más tarde, Aly entró a mi oficina.

-Señor, la señorita Tsu…

-Sí, sí, Aly, ya voy para allá, dile a la señorita Tsukino que no me moleste más.

Aly sonrió juguetona y salió. Tomé mis cosas y después de lavarme los dientes partí hacia el corporativo. Serena me hizo esperar aproximadamente veinte minutos, yo sabía perfectamente que lo hacía a propósito pero no me importó. Cuando su asistente me indicó que podía pasar, cerré la puerta tras de mí y la vi sentada escribiendo unas cosas en el escritorio.

-Y bien.-dijo al fin mirándome.-Qué me tienes.

Le mostré los papeles y toda la información que tenía. Duramos casi una hora discutiendo sobre qué era lo mejor para el corporativo aunque Serena parecía no entender mi punto y tampoco entendía mucho por qué era yo quien debía ir con el director del supermercado para arreglar ese asunto.

-No, Seiya, yo soy la dueña y yo hablaré con esos sujetos, ¡los pondré en su lugar!

-No estas entendiendo, Serena, para estos asuntos es mejor que envíes a tu abogado para que no haya disputas y exista libertad de expresar los puntos de cada quien.

-No estoy de acuerdo. Yo quiero ir y decirles a esos sujetos los que se merecen, decirles que salgan de mi camino, y tú no eres quien para prohibírmelo.

-Soy tu abogado, eso es más que suficiente. Tú no sabes de estas cosas, yo sí. ¿Qué más quieres?

-Mira, Seiya, yo te voy a pagar a ti, por lo tanto, yo tengo el poder y te digo que hagas lo que te estoy pidiendo o si no…

Me levanté de mi silla y le di la vuelta al escritorio para sentarme sobre él y mirar a Serena directamente a los ojos mientras hacía una expresión de extrañeza. Si Serena había estado jugando conmigo, ya era hora de que yo le demostrara que era mucho peor que ella, quería que supiera que yo también podía controlarla si me daba la gana. Deslicé mi mano por sus muslos, debajo de su vestido y comencé a acariciarle la entrepierna por encima de la tela de su ropa interior. Serena cerró los ojos y se aferró al escritorio, reprimiendo cualquier sonido que pudiera salir de su boca.

-¿O si no, qué?-la reté mientras los movimientos de mi mano aumentaban, sintiendo mis dedos humedecidos, provocando que Serena abriera las piernas más.

Continué mi trabajo hasta lograr que Serena tuviera un orgasmo. Me sentí satisfecho porque al fin había comprobado que yo también podía controlarla y mucho más que de lo que ella podía hacerlo conmigo.

-Yo voy a ir a ver a esos sujetos, y tú te quedas aquí. ¿Entiendes?-dije poniéndome de pie, tomando mi maletín y dirigiéndome a la puerta.

Pero Serena se puso de pie y prácticamente corrió hasta mí y se interpuso entre la puerta y yo. Me miró largamente con una mirada derrotada y acto seguido se colgó a mi cuello y me besó en los labios. Sin siquiera detenerme a pensarlo, la rodee con mis brazos y la atraje hacia mí, pegando su cuerpo al mío. Pero de pronto me di cuenta de que aquello no era lo que yo estaba buscando y de que era la primera vez que nos besábamos sin significar algo sexual. La separé de mí tan rápido como pude y cuando estuve a punto de abrir la puerta escuché su voz.

-Así que te tendré solo para mí tres semanas enteras.

La miré sorprendido.

-Tengo oídos en todas partes, querido Seiya. Voy a disfrutar esto más que tú.

-Así que eso es lo que quieres, ¿no?, quisieras ver cómo Michiru me deja, quisieras verla muy lejos de mí.

-Negarlo sería estúpido.

-Eso no va a pasar, Serena, no de esta manera. Te pido que no te acerques a ella, por favor.

-¡Pero si hicimos tan buena química!-dijo con sarcasmo.

-Ella es demasiado buena para pensar mal de alguien, ella no sabe cómo eres en realidad.

-Pues me parece que tampoco sabe cómo eres tú.-me dijo apuntándome con el dedo.-Ya sabes lo que dicen, tus amigos cerca, tus enemigos más.

No quise desperdiciar tiempo en contestarle, simplemente cerré la puerta tan fuerte como pude tras de mí. Ese asunto se ponía difícil conforme el tiempo pasaba. Comencé a temer de lo que todo esto pudiera provocar o los resultados que tendría. Yo no estaba confrontado emocionalmente porque si de algo estaba seguro era que no sentía cosas más allá de las sexuales por Serena, y sabía muy bien que amaba a Michiru, porque de lo contrario ya no estaría con ella. Siempre fui un hijo de puta, un mujeriego, si quieren, todo lo malo que un hombre puede ser, pero siempre fui sincero y honesto, y jamás me podría engañar a mí mismo. Michiru ocupaba mi corazón, de eso estaba seguro, y en ese momento comencé a extrañarla mucho.