Esperé a que la recepcionista me atendiera después de haber despachado a una señora que se quejaba con algunos papeles en la mano. Me acerqué a la muchacha, porque estaba seguro que no debía pasar de los veinte y le sonreí de la mejor manera que pude. Siempre supe aprovechar mis encantos para recibir mejores tratos y oportunidades. Su nombre era Molly por lo que leí en su gafete. Le dije quién era y por qué estaba ahí. Ella me sonrió con las mejillas sonrojadas y marcó un número antes de decirme qué hacer. Intercambiaron unas cuantas palabras y después de colgar volvió su atención a mí.
-Acompáñeme por favor, señor Kou.-me dijo levantándose de su asiento y saliendo de detrás del mostrador.
Las oficinas del supermercado Chiba's Mart eran bastante grandes. Yo estaba conciente de que era una cadena comercial muy grande pero me parecía absurdo que las oficinas fueran más grandes que incluso el supermercado. Molly me indicó que pasara a una salita que por adornos tenía unas cuantas sillas y una televisión de pantalla plana prendida en el canal de History Channel.
-El señor Chiba lo recibirá en unos minutos. Saldrá por esa puerta.-dijo indicándome con el dedo.
Le sonreí para darle las gracias y me senté tratando de prestarle atención al programa. Al parecer era un mal documental acerca de qué pasaría en la Tierra si la humanidad se exterminara. No logré ni siquiera captar tres palabras de lo que decían, porque mi atención se desviaba hacia la gente que caminaba de un lado a otro por los pasillos. Al cabo de diez minutos, aproximadamente, escuché que alguien me llamaba. Cuando me giré vi a un hombre no más alto que yo, lo cual agradecí, y de cabello oscuro y corto, vistiendo un traje elegante y ajustado.
-¿Seiya Kou?-preguntó con las manos en las bolsas de su pantalón.
Me puse de pie asintiendo y ofreciéndole mi mano. Él la aceptó y la estrechó con leves movimientos.
-Darien Chiba, a sus órdenes, pase por aquí por favor.
Lo seguí a través de la puerta y observé detenidamente su oficina. No era muy grande, pero bastante amplia eso sí, todo lucía en orden y elegante. Me indicó con un movimiento de cabeza que me sentara mientras que él tomó su lugar en la silla delante de mí.
-Y bien, señor Kou, tengo entendido que viene de parte del corporativo Craft.
-Así es.-dijo abriendo mi maletín.-Soy el abogado del corporativo, mi cliente, la señorita Serena Tsukino, me ha informado de su demanda.
-Ya veo.-dijo sin cambiar de expresión.-El asunto no es muy complicado, señor Kou, y usted debería saber mejor eso que nadie. El corporativo Craft me ha robado un producto y lo que es peor, lo ha sacado al mercado antes que yo. La respuesta es sencilla, o me pagan o lo quitan del mercado, o bien, ambos.
-Debe usted entender que no podemos proceder de ninguna manera hasta que no exista una investigación a fondo. No dudo de sus ideas y de sus acciones, señor Chiba, pero antes de darle la razón a cualquiera, se necesita hacer eso.
-Me está usted diciendo que van a investigar a fondo para decirme que yo tenía razón.
-Así es, si usted sabe que tiene razón, eso lo podremos comprobar y así el corporativo Craft le pagará felizmente lo que le corresponde, de lo contrario, podríamos descubrir que no fue así y que usted solo está blasfemando.
Darien Chiba cruzó los brazos y me miró severamente.
-Haga lo que usted considere necesario, señor Kou, pero cuando se dé cuenta de que yo tengo la razón, le irá muy mal a esa señorita Tsukino.
-Precisamente vine yo a verlo porque no quiero que usted tome las cosas a mal, le digo que yo no dudo de su razonamiento ni de sus palabras, estoy tratando de ayudarlo tanto a usted como a mi cliente. Yo no dudo de que ese producto es de usted y su compañía, ¿no sería mejor que la señorita Tsukino sepa eso de una vez y qué mejor de una manera legal?
Darien Chiba relajó los músculos de su rostro y se inclinó hacia delante como si quisiera verme mejor.
-Me parece que usted es demasiado razonable, señor Kou, cualquier abogado, en su lugar, ya habría encontrado mil maneras de hundirme a mí y a mi empresa.
-No todos los abogados somos iguales, señor Chiba, yo no hago esas cosas así me paguen millones. Quizá me contrató la señorita Tsukino, sin embargo, si descubro que es usted quien tiene la razón, no voy a hacer nada para hundirlo, al contrario, encontraré una manera de que ambas partes queden bien.
Sonrió de una manera solemne.
-Me cae usted bien. Ahora que me ha explicado mejor, puede hacer las investigaciones que desee. ¿Hay algo más que quiera tratar conmigo?
-En realidad no, solo he venido por eso.
-Entonces lo estaré esperando cuando obtenga resultados, y por favor, cualquier cosa hágamelo saber.
Nos estrechamos la mano una vez más y después de despedirme salí de su oficina. En realidad Darien Chiba parecía un tipo coherente seguro de sí mismo, no entendía por qué Serena quería destruirlo, pero ciertamente yo no haría tal cosa. Descubriría quién había provocado todo esto, conociendo a Serena y ahora conociendo a Darien Chiba, me parecía más lógico que la culpable de todo fuera Serena. Pero esperaba que ella no se enterara de esto o me mandaría lo más lejos posible, pues de saber que yo no estaba dispuesto a hacer nada turbio, me despediría al instante. Habían pasado tres días desde la ida de Michiru y esa noche me encontraba en mi apartamento con Taiki cenando, leyendo mis correos para ver si tenía algo de mi novia. Encontré dos correos de ella indicándome que todo estaba bien y otras cosas no tan importantes, junto con unas fotos de ella en el hotel y de la vista que tenía desde allí. Le respondí mientras escuchaba a Taiki quejarse de que Amy estaba de compras con Mina y que eso le daba miedo, pues Mina siempre la incitaba a comprar más de lo que Amy sola se pudiera comprar.
-Me da gusto que Michiru haya aceptado esa propuesta, le dará mucho prestigio.
-Fue lo mismo que yo le dije.-respondí bebiendo de mi cerveza.
-Seiya.-dijo Taiki en ese tono de voz que siempre adoptaba cuando quería decirme algo serio.-No crees que ya es tiempo de que…
-¡Taiki!
-¡Ya sé, ya sé!-gritó mientras reía.-Pero es que es verdad, todos lo pensamos así…
-¿Michiru lo piensa así?
-Michiru es demasiado buena como para pensar eso, ella nunca lo va a decir porque siempre aceptará todo lo que tú quieras, pero Amy dice que lo tiene en la mirada.
-Mira, Taiki, Michiru y yo tenemos muy buena comunicación, si ella realmente quisiera eso, lo habríamos hablado, pero sé que ahorita ella está muy ocupada consiguiendo oportunidades y prestigio, yo no le voy a quitar eso.
-Entiendo tu punto, pero los ayudaría a ambos.
-Oye, tú tardaste casi cinco años en casarte, no me vengas con eso…
-¡Argh! Eres un testarudo, pero bueno, ustedes dos sabrán… solo espero que no lo retrases más de lo debido. Ella te ama, yo creo que es la mujer perfecta que te soportará toda tu vida.
Le lancé una mirada inquisitiva y continuamos charlando sobre Amy. Al poco rato, Yaten también llegó. Al menos una vez al mes solíamos juntarnos los tres para ponernos al tanto de nuestras vidas y por supuesto para no perder contacto. Mis hermanos eran probablemente lo único seguro que tenía en mi vida, eran ellos lo más preciado que tenía y de haberlos perdido quizá yo no hubiera podido continuar solo. El resto de la noche lo dedicamos a beber, ver videos estúpidos en internet y a jugar como si fuéramos unos chavales.
Al día siguiente, me levanté más tarde de lo normal debido a la desvelada. Mientras me preparaba algo de desayunar, el teléfono de casa timbró. Cuando contesté, escuché la voz de Michiru regañándome porque no estaba en la oficina ya. Según ella tenía que pedirme un enorme favor que había olvidado totalmente pero que confiaba en mí para hacerlo por ella, pues al parecer no podía cancelarlo por nada del mundo. Me pidió que buscara a su alumna en la escuela a la que asistía y la llevara a pasear, porque era su cumpleaños y no lo celebraría con nadie. Me quedé sorprendido porque para empezar, yo no conocía a la niña y no tenía la menor idea de cómo tratarla, pero Michiru insistió y comenzó a decirme cosas importantes de la niña. Al parecer era callada, seria y le gustaba mucho caminar, además de la música. Michiru le había prometido festejar su cumpleaños pero como había tenido que irse lo olvidó por completo. Tuve que decir que sí, pues además de que no pude negarle a Michiru nada, el caso de la pequeña me hizo sentir mal. Cuando colgué me dispuse a desayunar y luego partí hacia la oficina. Duré el resto de la mañana metido en mi laptop tratando un caso que había estado llevando de hace tiempo que ni siquiera me di cuenta de la hora que era. Cuando miré el reloj ya iban ser casi las tres, por lo que cerré todo y salí apresurado de la oficina, no sin antes decirle a Aly que no volvería esa tarde. Estacioné mi auto justo frente a la primaria 132 y crucé la calle esperando a que los niños comenzaran a salir. Un montón de niños corrieron hacia la puerta de entrada y procure poner atención por si veía a alguna niña con la descripción que me había dado Michiru. Para mi suerte, logré visualizar a una niña peinada con dos coletas de cabello rosado. Lucía el uniforme de la escuela, muy limpio y sin arrugar, algo que no era normal en un niño. Su semblante lucía serio y miraba hacia el suelo con sus manos en los tirantes de la mochila. Esperé a que se acercara más a la puerta y cuando llegó hasta allí levantó la vista y me miró detenidamente. Se acercó sin decir nada y alzó la vista para lograr mirarme mejor, ya que yo era obviamente mucho más alto que ella.
-¿Eres Seiya Kou?-me dijo antes de que fuera yo quien hablara con ella.
-Aja.-dije cruzándome de brazos.- ¿Eres tú Rini?
Asintió con la cabeza muy seriamente y luego sentí cómo alargaba el brazo para tomar mi mano derecha.
-¿Qué haces?-le dije no comprendiendo sus acciones.
-Me enseñaron que siempre debo cruzar la calle tomada de la mano de un adulto.
Sonreí ante su respuesta. Vaya que era una niña realmente especial y… diferente. Observé a los demás niños que gritaban y saltaban por doquier, mientras que aquella curiosa niña que sostenía mi mano miraba hacia el frente con el ceño fruncido a causa de los rayos del sol. Llegamos hasta el auto y la ayudé a abrocharse el cinturón, porque según ella, era muy peligroso viajar en auto sin usarlo además de ser causa de infracción. Arranqué y la llevé a un restaurante de hamburguesas ambientado en los años 50's al que siempre me había gustado ir. No recordé ningún lugar mejor para un niño, ahí servían nieve y hamburguesas, las dos cosas que un niño puede disfrutar siempre, así sean traídos de otro planeta como Rini. Ella ordenó una hamburguesa sencilla con doble queso mientras que yo ordené una doble. Ambos pedimos malteadas de chocolate y nos quedamos en silencio mirándonos el uno al otro.
-¿Cómo sabías que era yo?-pregunté de súbito.
-Michiru me llamó para decirme, ¿no es obvio?-dijo tallándose la nariz de una manera muy particular.
-Ya.
-Así que tú eres el novio de mi maestra, tengo que aceptar que eres más guapo de lo que imaginé.
Nunca creí que algún día me pasaría algo así pero debo confesar que me ruboricé ante el comentario de Rini. Por primera vez la vi sonreír a causa de mi desgracia.
-Pero si tengo ocho años, Seiya, no soy ninguna modelo.
-Bueno, pues es que no parece que tengas esa edad.
Nuestra comida llegó y mientras devorábamos cada bocado, traté de romper el silencio.
-Esa señora sí que necesita clases de vestir.
-¿Dónde?-preguntó ella con interés.
-En la zona de Marilyn Monroe.
-¿Te refieres a la señora con el sombrero extravagante?
Asentí más asombrado por el uso de la palabra "extravagante"
-Creo que te equivocas.-me dijo antes de tomarle a su malteada.-Esa no es Marilyn Monroe, es Mamie Van Doren. Marilyn Monroe esta allá.-dijo apuntando del otro lado del restaurante.
La miré con cierto sarcasmo.
-¿De qué hablas? ¿Cómo rayos sabes quién es?
-Bueno, es que es muy notoria la diferencia.
-Me refiero a que por qué tendrías tú que saber quién es Mamie Van Doren.
-Las personas saben cosas…
-¿Segura que tienes 8 años?
Ella sonrió por segunda vez. Quizá no sería tan mala idea pasar el resto de la tarde con ella después de todo. Al terminar nuestra comida salimos a la calle y decidí llevarla al centro de la ciudad, como no estaba lejos nos fuimos caminando considerando el consejo que me había dado Michiru. Ella me platicó sobre las cosas que quería hacer cuando creciera, qué quería estudiar, hasta dónde quería llegar y entre otras cosas a las cuales yo la escuché atentamente sorprendido de cómo es que una niña pensaba en todo eso. Cuando llegamos a la plaza central, nos sentamos un rato en la fuente de agua. Había estado retrasando las miles de preguntas que me apesumbraban con respecto a ella, pero no quería lastimarla ni mucho menos incomodarla.
-Vamos.-me dijo Rini de pronto mirándome a los ojos.
-¿Qué?
-Sé que me quieres preguntar cosas.
-Hmmmm… no deberías ser tan inteligente, pequeña, eres peligrosa.-sonreí.- ¿Segura que no te molesta?
-Créeme que me han molestado siempre, no parece que tú quieras hacer eso.
-De acuerdo. ¿Dónde están tus padres?
Ella sonrió porque sabía perfectamente que esa sería mi pregunta. Luego noté cómo colocaba sus manos sobre su regazo, indicándome que eso se debía a una buena educación.
-Mi madre murió cuando yo nací.-me dijo sin parpadear. Ni siquiera noté dolor alguno en su voz.-Mi padre trabaja todo el día y solo lo veo por las noches o a veces no lo veo porque suelo dormir temprano. Para tener un buen crecimiento hay que dormir ocho horas, cuando menos.
Enarqué una ceja ante su comentario fuera de lugar y claramente sorprendido de que un niño se preocupara por cuántas horas duerme.
-¿No te llevará él a festejar?
-Dijo que lo haríamos el fin de semana. Me llevará al parque de diversiones. Pero no le creo, en el último momento me dirá que tiene más cosas que hacer.
-¿No crees que eres muy escéptica?
-No conoces a mi padre, Seiya.-dijo siguiendo con la mirada a una paloma que voló sobre ella.-Es un hombre consiente, cumplido y por supuesto honesto y derecho, si se trata de su trabajo, pero desde que mamá murió y yo nací, siento que nunca se ha dado a la tarea de saber cómo tener una hija, así que en cualquier oportunidad para evitarme, la usa, porque no sabe cómo hablar conmigo. En cambio en su trabajo es excelente. No puedo criticarlo porque debe ser difícil criar un hijo sin una compañera.
No podía creer que Rini me estuviera diciendo todo aquello. Ella tan solo tenía 8 años, no tenía madre y su padre pasaba todo el día trabajando, ya no me sorprendía entonces que fuera tan reservada e inteligente, pues tenía bastante tiempo para estar sola y por lo tanto era ermitaña. Sin embargo me parecía demasiado triste su historia y de pronto me dieron ganas inmensas de consolarla, aunque ella era demasiado fuerte y no lo necesitaba. Quizá por eso Michiru la quería tanto y se preocupaba tanto por ella, de pronto me sentí demasiado protector y unas ansias enormes de ayudarla. No quise seguir preguntando acerca de su familia porque tenía miedo de que se pusiera mal, por lo que decidí de cambiar de tema.
-¿Te gusta mucho la música?
-Me encanta. Por eso cuando encontré la academia de Michiru me emocioné. Siempre escuché hablar de tu novia y la he visto muchas veces en conciertos, por eso encontré genial que fuera ella mi maestra, no podría tener a nadie mejor. Es mi modelo a seguir.
-La verdad es que es muy buena músico, qué podría decirte yo.
-¿Sabes algo, Seiya Kou? Cuando me platicó sobre ti creí que eras un patán, pero ahora que te conozco mejor creo que Michiru sabe bien a quién escoger.
-Claro…-dije de pronto sintiéndome vacío.- ¿Quieres ir por un capuccino antes de que nuestra cita termine?
-¿Qué te hace pensar que me gustan los capuccinos?
-Bueno, como debido a que no eres una niña normal, creí que…
Rini se puso de pie y me tendió su mano.
-Que sea un moka. Los prefiero amargos. Y por cierto… esto no es una cita, no te creas que tienes tanta suerte para salir con una chica como yo.
Sonreí. Esa niña sí que era especial. La tomé de la mano y caminamos hasta el Crown que estaba a unas cuantas cuadras de allí. Cuando entramos al lugar, saludé a Unazuki que se encontraba detrás del mostrador y miró extrañada a Rini, mientras caminábamos hacia la mesa que yo siempre tomaba, noté que Rini se tensaba a mi lado y se detenía abruptamente mientras miraba a un punto fijo. Seguí su mirada y de pronto había algo que no cuadraba en aquella imagen.
-¿Papá?-dijo Rini sin pestañear.
De pronto el suelo pareció moverse bajo mis pies y mi pulso se aceleró con rapidez. Vi a Darien Chiba, el dueño de los supermercados Chiba's Mart y a Serena sentados en una mesa junto al enorme ventanal. Igualmente ambos nos miraron extrañados y más bien sorprendidos, como si los hubiéramos pillado haciendo algo malo. Tanto el señor Chiba como Serena se pusieron de pie y ella se cruzó de brazos al ver a Rini y luego a mí tomados de la mano.
-¿Rini? ¿Señor Kou? ¿Qué rayos hacen ustedes dos juntos?-el señor Chiba me miró severamente, pidiéndome una explicación.
-Papá.-interrumpió Rini.-Seiya es el novio de mi maestra Michiru, ella está de viaje y Seiya se ofreció a festejar mi cumpleaños.
Darien pareció relajarse y su expresión de asombro se fue borrando poco a poco.
-Oh… discúlpeme por favor, señor Kou. No tenía idea.-luego miró a Serena quien había estado extrañamente callada.-No necesito presentarlos.
-Claro que no.-intervino Serena.-Nos conocemos demasiado bien, Darien.
"Darien" Había dicho Serena, como si le tuviera mucha confianza. No tenía la menor idea de por qué Serena estaba con el señor Chiba, pero no me olía nada bien. Le había dicho claramente que no hablara con él por nada del mundo, pero claro que esa mujer era todo menos consciente. Rini seguía sin soltarme la mano y yo sentí cómo se tensaba y me apretaba la mano inconscientemente al mirar a Serena y luego a su padre. No podía creer que el mundo fuera tan pequeño como para descubrir que Darien Chiba era el padre de esa hermosa niña que tenía a mi lado. Después de haber escuchado las palabras de Rini, me parecía muy triste que un hombre como él rechazara a su hija tan deliberadamente sin darse cuenta de ello.
-¿Nos vamos a casa, cariño?-preguntó Darien.
-Lo siento, papá, Seiya y yo íbamos a tomar un café.
Sentí cómo Rini me jalaba con poca fuerza, pero cedí y nos sentamos en la mesa que siempre ocupaba yo. Vimos cómo Darien y Serena salieron del lugar sin mirar atrás. No logré concebir cómo es que un padre prefería dejar a su hija en un restaurante con un extraño que llevarla a casa él mismo. Pero Rini era muy inteligente, ella prefería quedarse conmigo antes que ir con su padre y Serena. Noté la manera en cómo la miró, mostrando su desinterés total. Ordenamos nuestros cafés y comenzamos a charlar sobre cosas triviales que me demostraban cada vez más que esa niña era totalmente un extraterrestre. Cuando Unazuki trajo nuestros cafés, la mesa se tambaleó provocando que mi capuccino se regara por mi pantalón, lo que causó la risa de Rini burlándose de mí. No tuve más remedio que pedir otro y aguantarme lo caliente de la bebida. Por alguna razón me sentía cómodamente relajado al lado de Rini Chiba. No hubiera podido pasármela mejor y no estaba para nada arrepentido de haber aceptado el favor de Michiru. Sentí una conexión extraña con aquella pequeña y me sentí mal por ella, me daban ganas de golpear a su padre. Rini y yo reímos por el resto de nuestra velada hasta que regresamos caminando cuadras y cuadras hasta donde tenía estacionado el auto. La dejé en su casa a las ocho de la noche y noté que Darien Chiba aún no había llegado, debido a que no había ningún automóvil en el estacionamiento de la enorme casa de Rini. Eso no me cuadraba bien, pues Serena era una arpía que con tal de conseguir lo que quería era capaz de todo. Además, Darien Chiba era bastante atractivo y por supuesto eso no le pasaría desapercibido, sin añadir que ningún hombre podría resistirse a los encantos de Serena. Me molestó pensar que todos aquellos pensamientos comenzaban a abrumarme. Realmente no me importaba lo que Serena hiciera con su cuerpo, pero eso sí que me incumbía, pues esos dos estaban metidos en un problema legal y si algo resultaba mal el que perdería sería yo. Por lo que dirigí mi auto hasta el departamento de Serena, tenía que asegurarme de que ya hubiera llegado o de que lo hiciera pronto. Toqué el timbre y me abrió una criada de Serena que me indicó que pasara, aunque no estaba ella en el lugar. Le dije que la esperaría y me trajo una copa con vino para esperarla. Me dediqué a estudiar su departamento rincón por rincón. Quince minutos después, escuché cómo el cerrojo de la puerta se movía lentamente hasta que vi la melena rubia de Serena atravesar la puerta. Cuando me vio pareció sorprenderse y luego la vi sonreír sarcásticamente mientras caminaba hacia mí.
-No sé por qué presentía que te vería más pronto de lo que pensé.
-Muy graciosa.-dije colocando la copa sobre la mesita.-Puedes explicarme qué rayos hacías con Darien Chiba.
-Argh.-dijo colgando su bolso en el perchero.-No me hagas esto, Seiya, él fue el que me contactó.
-Y tú muy obediente le hiciste caso. Sabes perfectamente que te prohibí hablar con él directamente, Serena, solo lo haces todo más complicado.
-¡Bah! Si esto se puede solucionar de una mejor manera y más rápido, mejor para mí.
-De veras que eres tonta. Ya tengo a cinco hombres haciendo investigaciones que necesitamos para las pruebas. ¡No quiero que arruines esto!
-¡Calmate, Seiya! ¿Acaso es que estas celoso?-dijo acercándose a mí.
-Por Dios, mujer, te estoy hablando del trabajo.
Sentí cómo sus brazos rodeaban mi cuello.
-Si algo sale mal entre ustedes dos, ni siquiera yo podré sacarte de tus problemas, ¿me entiendes?
-Así que eres la nueva niñera de la mocosa.
-No estamos hablando de Rini.
-No me importa Rini, solo su padre.
La empujé con delicadeza mientras mi rostro se arrugaba.
-Yo sé que nadie te importa, pero deja a esos dos.
-Ya me cansé de que quieras ser el protector de todo el mundo, Seiya, no eres ni Dios ni Superman, ¡carajo!, déjame hacer lo que me venga en gana.
-Es que no entiendes nada, absolutamente nada. Nada te importa, ¡nada!-grité.-Cómo pretendes que todo te salga bien, ¿eh?
-Solo te diré una cosa, Seiya, yo voy a ganar. Al final, yo voy a ganar. Voy a ganar la demanda, voy a ganar el dinero y voy a ganarte a ti.-respondió decidida.
De pronto se quitó la camisa que llevaba puesta quedándose solo en sujetador. No tardó mucho tiempo en acercarse a mí nuevamente. Se hincó delante de mí y comenzó a desabrocharme el pantalón. Yo no estaba dispuesto a seguir su juego, pero cuando sentí sus labios sobre mi miembro, entonces no pude evitar sentir cómo se endurecía con cada vez que sus labios recorrían ese lugar de mi cuerpo. Tuve que sostenerme con la mesa que estaba detrás de mí porque no soportaba el placer que aquello me provocaba. No aguanté más de diez minutos cuando la obligué a incorporarse y la llevé hasta el sillón de su sala en donde pasamos el resto de la noche. Conforme los minutos pasaban, mis ansias aumentaban y la penetraba tan fuerte que a Serena le era imposible reprimir cualquier sonido que salía de su boca. Nos quedamos dormidos en aquel estrecho sillón, y no tan cómodo. Serena se acurrucaba cada vez a mí, sus brazos se enredaban en mi cuerpo, como si no quisiera dejarme ir. Yo no la toqué, a pesar de haberla tocado toda la noche, pero preferí colocar mis manos detrás de la nuca y observar el techo. Hubiera querido irme, hubiera querido huir, pero era muy tarde y no tenía otra salida. No quería sentirme así, pero Michiru no salió de mis pensamientos aquella noche y me puse a pensar en qué sentiría yo de enterarme que estaba en los brazos de otro hombre. Un dolor en la boca del estómago me recordó que probablemente me enojaría mucho hasta el punto de volverme loco de coraje, pero al mismo tiempo entendería perfectamente sus razones, pues yo me merecía eso y mucho más. Sin embargo era un cobarde total por no enfrentarla y engañarla de aquella manera.
