En la mañana me di cuenta de que Serena ya no se encontraba a mi lado, por lo que aproveché rápidamente para salir de aquel departamento. Llegué al mío y me di un buen baño para salir corriendo a la oficina, en donde Aly me esperaba con un café humeante ya dispuesto en mi escritorio. Me apresuré a preparar unos papeles importantes que tenía que entregarle a una señora por su divorcio y que seguramente no tardaría en llegar, solo rogué porque no fuera tan puntual como siempre desde que había contratado sus servicios. Noté que tenía un montón de correos en mi bandeja de entrada pero si me ponía a verlos sabía muy bien que desperdiciaría mucho tiempo, por lo que traté de ignorar el constante parpadeo rojo que salía a un costado de la pantalla de mi laptop. Cuando al fin terminé la papelería, le encargué a Aly que la imprimiera cuanto antes. Afortunadamente me los entregó justo cuando la señora Hachimoto había llegado, por lo que le expliqué de qué trataba cada uno y cómo procederíamos a continuación. Los firmó y sin más preguntas se retiró de la oficina. Personalmente siempre odié los divorcios porque era muy molesto escuchar ambas partes, casi siempre eran razones estúpidas que de haberse hablado se hubieran arreglado, a no ser que fueran cosas extraordinarias que de plano ya no tenían remedio alguno. Casi al medio día, Aly entró a mi habitación asomando la cabeza antes para ver si estaba desocupado.
-¿Qué pasa, Aly?
-Seiya, hay un tal Darien Chiba en la línea, dice que quiere una cita contigo.
-Hmmm… pues agendala, Aly.
-Lo que sucede es que quiere verte fuera del trabajo.
-Ya. Mejor comunícamelo.
Aly salió y al cabo de tres minutos escuche el timbre del teléfono. Lo descolgué con cuidado.
-¿Señor Chiba?-dije cordialmente.
-Buenos días, señor Kou, disculpe que le llame, sé que no está permitido hacer esto pero quisiera verlo por otros asuntos que no tienen que ver con la demanda.
Supe de inmediato que se refería a Rini.
-Por supuesto, ¿dónde quiere que nos veamos?
-Conozco un bar muy agradable, es el "Harajuku Bar".
-Sé cuál es, ¿le parece a las nueve?
-Perfecto.
No tenía muchas ganas de encontrarme con Darien Chiba, pero él estaba en todo su derecho de reclamarme o de decirme cualquier cosa por haber salido con su hija. Además, el tipo no me parecía una mala persona, por lo que traté de tomarlo con calma y pensar que nada de eso tenía que ver con Serena. Regresé a mi departamento más temprano de lo normal para poder dormir el resto de la tarde antes de encontrarme con Darien Chiba o de lo contrario no tendría cabeza para saber de qué me hablaría. A eso de las 8:30 me quité la ropa que usaba para trabajar y me puse unos pantalones vaqueros, una camisa y unos zapatos comunes. Después tomé las llaves del vehículo y salí a tiempo para llegar justo a las nueve. Lo vi al fondo del pequeño bar dándole un trago a la botella de cerveza, lucía cansado pero también llevaba ropa normal en vez de los trajes carísimos que seguramente solía usar para estar en su oficina. Al igual que yo, llevaba pantalones vaqueros y el cabello algo despeinado. Me acerqué a él con una sonrisa en el rostro y nos estrechamos la mano amistosamente. El llamó a una mesera con la mano, indicándole desde lejos que me trajera una cerveza igual a la de él y luego me miró. Hacía mucho tiempo que no iba al Harajuku Bar. Era un lugar muy especial aunque pequeño y no muy concurrido, pero mis hermanos y yo solíamos ir allí cuando éramos más jóvenes a divertirnos un rato porque nunca nos gustaron mucho los lugares concurridos y ruidosos.
-Y bien, señor Chiba.-dije quitándome un mechón de cabello del rostro.-En qué puedo ayudarle.
-Bueno, Seiya… ¿le molesta si le digo Seiya?-negué.-Bien, Seiya, llámame Darien, por favor, debemos estar en más confianza. Creo que ya podrás imaginar de qué se trata, es Rini, mi hija.
-Sí, lo imaginé, te debo una explicación de por qué estaba con ella ayer.
-Ya hablé con ella ayer por la noche. Me lo explicó todo y quiero disculparme por mi reacción. La verdad es que más bien quería agradecerte.
-¿Agradecerme?
-Sí, por haber festejado con ella su cumpleaños. Sé que esto no debería ser así, que debí ser yo quien la llevara a festejar, pero fue un día muy complicado y como ella me había dicho que la señorita Michiru la llevaría a pasear… pues no me preocupé.
-No te preocupes, lo hice con mucho gusto, de hecho Rini me pareció una niña muy simpática.
-Ella es muy especial. Es muy diferente a cualquier niña de su edad, y no sé si eso deba preocuparme o si debo estar orgulloso.
-Debes estar orgulloso, Darien, aunque también preocupado porque como ya dijiste, es diferente a los demás niños. Debería estar jugando y divirtiéndose en vez de estar encerrada. Admito que eso le ha dado un gran conocimiento, ¿sabes que ayer supo quién era Mamie Van Doren? Ni siquiera yo pude distinguirla de Marilyn Monroe.
Darien rió. La mesera colocó la botella en la mesa, delante de mí y yo la tomé con una mano agradeciendo que estuviera muy fría.
-Rini lee mucho, la única manera que ella me perdona la ausencia es comprándole libros y libros. Siempre me los pides, aunque no me dice lo que yo te acabo de decir, pero sé que lo piensa.-nos quedamos en silencio un rato hasta que habló de nuevo.-¿Ella te habló sobre su madre?-preguntó de pronto.
-La verdad es que solo me dijo que murió cuando ella nació.
Darien asintió lentamente.
-Me parece que tú y la señorita Michiru son buenas personas, he tenido oportunidad de hablar con ella y me parece una excelente persona, además de músico. He llevado a Rini a muchos de sus conciertos y ella la adora.
-Michiru también la quiere mucho, se preocupa mucho por ella.
-Es por eso que quiero platicarte esto, aunque no suelo decir esto muy seguido, es algo de lo que no me gusta hablar. Pero sé que la señorita Michiru adora a mi hija y que usted también la querrá pronto, ya que Rini se ha quedado prendada de ti.
-¿Cómo?
-Así es, ayer me estuve un rato con ella y solo se dedicó a hablar de ti.
Yo sonreí. De alguna manera eso me hacía sentir bien conmigo mismo y me hacía sentir bien por la pequeña. Vi cómo metía una de sus manos en el bolsillo de su pantalón, extrayendo su cartera. La abrió y después de buscar unos segundos, extrajo de dentro algo que parecía ser una fotografía, la cual me entregó. Yo la observé cuidadosamente. Ciertamente era una fotografía muy bella. En ella se encontraba Darien, pero lucía más joven, no es que luciera viejo en ese momento, pero en esa foto lucía diferente, quizá porque lucía feliz, a su lado había una mujer muy hermosa, con una mirada misteriosa y audaz. Su cabello era violáceo, rizado y muy largo. Sus manos estaban colocadas encima de su pansa de embarazo, de aproximadamente unos seis meses.
-Es la única foto que tengo en la que salimos los tres, aunque Rini todavía no naciera, pero ya estaba con nosotros… Ella era Luna, mi esposa.-dijo tomando la fotografía nuevamente en sus manos.-Nos casamos muy jóvenes, apenas teníamos 22 y ella 18. Nunca tuve otra novia, nunca tuve a ninguna mujer que no fuera ella. Fuimos novios desde que ella tenía quince, sí, muy pequeña, pero bueno, éramos tontos… Luna nunca me lo dijo para no preocuparme, pero estaba enferma. Tenía leucemia.-le dio un trago a su cerveza.- Fue algo con lo que tuvo que luchar toda su vida y yo sin saberlo… nunca pude apoyarla.-Sus ojos se cristalizaron.- Se embarazó a los 23, cinco años después de casarnos. Yo era el hombre más feliz del mundo, acababa de heredar Chiba's Mart, la vida debía de haber sido perfecta… pero el embarazo fue demasiado para ella. Fue cuando el doctor me dijo lo que le pasaba a mi esposa y me dijo que era muy probable que no sobreviviera el bebé. Pero hice todo lo posible por cuidarla tanto a ella como el hijo que llevaba en su vientre. Contraté a las mejores enfermeras, a los mejores doctores, pero Luna… Luna se veía peor cada vez que la pansa le seguía creciendo. Hubo un momento en el que me sentía tan deprimido que llegué a desear que el bebé no naciera. Me sentí muy ruin y despiadado, pero era la mujer que amaba, el amor de mi vida y yo simplemente no concebía la vida sin ella. El parto se adelantó y las cosas se complicaron mucho más de lo debido. Duraron horas metidos en el quirófano hasta que el doctor me dijo que era demasiado difícil que los dos sobrevivieran. Entré a ver a Luna y ella sonreía mientras estaba derrumbada sobre esa cama. Cuando me vio comenzó a llorar desesperadamente y me tomó la mano, apretándomela con todas sus fuerzas me rogó que le salvara la vida a nuestro bebé. Yo no podía aceptar algo como aquello, no podía perderla ni ella ni a mi bebé, pero Luna me dijo tantas cosas… dijo que ella ya no quería sufrir más dolor, quería que nuestro bebé viviera y fuera feliz, ella ya estaba cansada de cargar con esa cruz…-noté cómo una lágrima se resbalaba por la mejilla de Darien.-Así que le dije al doctor lo que pasaba. Lo que pasó después ya es historia. Salvaron a Rini, me enteré ese día que era mujer, porque habíamos querido guardar la sorpresa hasta el día de su nacimiento. La tomé en mis brazos y aunque en ese momento olvidé todo por un segundo al ver su cara tan angelical e inocente, después recordé que el amor de mi vida ya no existía. Cuando todo pasó, contraté a su niñera que hasta el día de hoy, me ha ayudado. Durante los primeros meses no me atrevía a tocarla, me recordaba cada momento, cada segundo con ella. Tardé mucho tiempo para recuperarme y cargarla de nuevo. Nunca supe cómo portarme con ella, nunca supe cómo aconsejarla o cómo cuidarla, no tenía claro nada, por lo que siempre la inscribí en clases de esto y clases de aquello, en las mejores escuelas, le he dado todo lo que un padre puede darle a su hija y mucho más. Pero para olvidarme del dolor que todavía siento, decidí refugiarme en el trabajo, malamente, en vez de pasar tiempo con mi hija. Sé que es mi culpa que Rini sea así, sé que es mi culpa y que soy un mal padre y que no merezco tenerla a mi lado, pero es mi hija… es mi hija y de Luna y Rini es todo lo que tengo de ella aunque nunca se lo diga. Yo amo a mi hija y ella es por lo único que he seguido viviendo, quizá de no existir, yo me habría matado solo para estar con Luna otra vez.
Hubo un silencio sepulcral en el que solo se escuchaba la música del bar, el sonido de las copas y el hielo. Darien se terminó su cerveza y luego habló para que nos trajeran más. No podía creer lo que me acababa de contar, sentí que el corazón se me achicaba y que el mundo se me venía abajo. Recordé a mi padre y cómo sufrió cuando mi madre murió, vi a mi padre en Darien y quise llorar también, aunque me detuve. Pero ahora comprendía más a Rini y me sentía aún más protector hacia ella. Ahora entendía por qué Michiru la quería tanto.
-Muchas gracias por contarme esto, Darien.-dije sinceramente.-No puedo expresar con palabras lo que siento… pero quiero ofrecerte mi ayuda, todo lo que esté a mi alcance yo lo voy a hacer. Por ti y por Rini.
-Gracias.-respondió mirándome.-Eso me demuestra que eres bueno y la verdad no esperaba nada de ti. Tienes algo que me hace confiar en ti, desde el otro día en el que me visitaste en mi oficina. Por eso te cité, Seiya, quiero pedirte que siempre que puedas visites a Rini, o la lleves a pasear. Yo aprecio mucho a las personas que mi Rini quiere porque son muy pocas, tú y la señorita Michiru, por ejemplo, y me gustaría que estuvieran cerca de ella porque así ella no se sentiría tan sola.
-Descuida, Darien, yo también le tomé cariño a Rini y no sería ninguna molestia ni problema para mí pasar tiempo con ella de vez en cuando, te aseguro que ella no estará sola.
Él me ofreció una de esas sonrisas que solo los hermanos te pueden ofrecer.
-No quiero ser entrometido, Darien, pero ya que hemos tomado más confianza… bueno, pues me parece que deberías hacer un mayor esfuerzo por pasar tiempo con ella.
-No creas que no lo tengo en mente. Realmente me es difícil… pero yo no quisiera que algún día me sucediera algo y Rini se lleve una mala impresión de mí. Por eso también quiero tu ayuda, Seiya, ¿me ayudarías a acercarme a ella?
-Claro que sí. Lo único que tienes que hacer es salir con ella y cumplirlo, no solo prometerlo, porque entonces ella dejará de confiar en ti y de creer en tus palabras. Me dijo que le prometiste llevarla el fin de semana al parque de diversiones, te recomiendo que no lo olvides.
-Lo sé… ¿por qué no te encargas de recordármelo?, y además puedes venir con nosotros.
-Eh… está bien, no veo por qué no.-tomé de mi cerveza.-Por cierto… pasando a otras cosas, ¿puedes explicarme qué hacías son Serena Tsukino ayer?
-Bueno, lo que sucede es que ella fue a buscarme a mi oficina y me pidió que saliéramos para hablar de la demanda. Fue muy amable por lo que no me pude negar a pesar de que yo ya sabía que no podía hablar con ella.
"¿Amable?" pensé, Serena nunca podría ser amable ni con su propia sombra, obviamente se traía algo entre manos.
-Como su abogado entenderás que tengo que saber de qué hablaron.
-La verdad es que comenzamos a hablar de ello, pero después lo olvidamos y comenzamos a hablar de cosas personales.-sonrió.-Me pareció una mujer muy agradable.
De pronto me cayó el veinte. Darien comenzó a hablar de Serena como si fuera la madre Teresa de Calcuta, lo que no me pareció bien, pues Serena no era más que la hija de Satanás. Pude darme cuenta de que Serena lo que quería era engatusar al pobre hombre, ese era su plan, si no… ¿por qué comportarse como si fuera la virgen María? Obviamente Darien al no conocerla no pudo darse cuenta de que era una arpía con todo el significado que aquella palabra implicaba. El resto de la noche continuamos platicando sin darnos cuenta del tiempo, Darien era muy agradable y nunca dejamos de platicar. Sin darnos cuenta, la mesera que nos estuvo atendiendo toda la noche nos dijo amablemente que ya estaban por cerrar. Darien pagó la cuenta, y me dijo que más me valía no oponerme. Nos despedimos fuera del lugar, dándonos la mano.
-Muchas gracias por todo, Seiya, nunca creí encontrar en ti a un buen amigo.
Yo sonreí.
-Mucho menos yo, aunque dejemos esto en secreto de la señorita Tsukino o nos vendrá mal a los dos.-bromee.-Nos veremos el fin de semana, entonces.
Ambos regresamos a nuestros coches. Sentí cierto alivio recorriendo mi cuerpo, hacía mucho tiempo que no tenía amigos y Darien Chiba me parecía el más adecuado, pues nos habíamos caído muy bien y éramos muy afines. A pesar de haber estado tomando toda la noche, no me sentía mareado ni exhausto, pues como dormí toda la tarde, tenía energías de sobra. Por lo que cuando llegué a mi departamento, encendí la laptop y me dediqué a revisar mi correo, encontrando tres de Michiru preguntándome cómo me había ido con Rini, por lo que duré aproximadamente una hora contándole cada detalle de mi cita con Rini y de mi cita con Darien, sabiendo que Michiru odiaba que no le explicara cada detalle de las cosas que le interesaban. Ya eran las tres y cuarto de la mañana cuando apagué el ordenador y me fui a dormir.
Dos días después, me encontraba estacionado frente a la escuela primaria 132. Traía puestos mis lentes oscuros RayBan y mis manos en los bolsillos de mi pantalón. Vi a Rini mirarme desde lo lejos, tapando los rayos del sol con una de sus manos y haciendo una sonrisa burlona. Antes de cruzarse la calle, se aseguró que no viniera ningún carro y prácticamente corrió hasta mí.
-¡Seiya!-dijo dándome un ligero abrazo.- ¿Qué haces aquí?
-Vine por ti para ir a jugar videojuegos.
-¿Videojuegos?-preguntó extrañada.-Yo no juego eso, Seiya, atrofian el cerebro.
-¡Rini! De ser así muchos ya serían zombies. Anda, será divertido.-dije obligándola a subirse al carro.-Te prometo que te dejaré tomar todos los moka que quieras.
La senté en el copiloto, abrochándole el cinturón y luego se cruzó de brazos.
-Está bien, pero me compras una pizza.
-Creí que eras demasiado inteligente para comer chatarra. Eso tiene lípidos, ¿sabes?
Ella sonrió.
-¡Ya, ya! Ya que me harás romper mis actividades pues qué más da si como pizza.
Llegamos al Crown en donde Unazuki nos sonrió y nos llevó hasta la mesa de siempre. Le pedí la pizza que Michiru y yo siempre pedíamos y mientras la preparaban, llevé a Rini al otro lado del restaurante en donde estaban los videojuegos. Noté la cara de sorpresa de Rini cuando vi aquella sala llena de máquinas, ruido, luces y niños. Saludé a Andrew, el gerente del lugar que era mi amigo y me dejó pasar. Andrew me dejaba jugar gratis siempre que iba, aunque tenía varios años sin ir, pero me pareció buena idea llevar a Rini para que se despabilara de su propia presión mental. Al principio batalló mucho para entenderle a las máquinas y después batalló para sus técnicas de juego, pero al fin logró agarrarle al asunto y poco a poco fue mejorando. Media hora después, regresamos al restaurante y devoramos la pizza entera entre los dos. Esperamos un rato a que se nos bajara la comida y luego regresamos a los juegos en donde desperdiciamos gran parte de la tarde. Rini comenzó a vencerme con más frecuencia debido a su inteligencia, aunque nunca hubiera jugado antes, logró entender el juego incluso mejor que yo y me vencía cada vez que le daba la gana, y otras me dejaba ganar para burlarse de mí. A las siete en punto regresamos al restaurante y ordenamos dos moka. Vi por el vidrio que Serena caminaba por delante de la cafetería, al vernos, no dudó en meterse. Cuando Rini la vio, decidió girar su rostro hacia otro lado donde no estuviera Serena.
-¿Qué hacen ustedes dos aquí? Esta niña debería estar en su casa haciendo sus deberes.
Rini volteó el rostro y la miró severamente.
-Yo siempre termino mis trabajos a tiempo, así que no tengo que llevarme deberes a casa.
-Las niñas deben de estar metidas en la cama y no deben tomar café.
-Yo me duermo a las nueve y tomo café muy seguido, puedo soportarlo.
-¿No te enseñaron a no contestarle a tus mayores, niña?
-¿No te enseñaron a no interrumpir conversaciones ajenas?
Serena se puso roja y apretó los puños. Yo miré la escena divertido aunque la verdad prefería quedarme a solas con Rini que tener la compañía de Serena. Antes de que pelearan más fuerte decidí intervenir.
-Serena, será mejor que te vayas a casa.
-¿Qué? Pero si esta mocosa no tiene…
-Ya, ya, vete ya, luego te busco.
Ni siquiera respondió, solo se dio la vuelta y salió echando humo del lugar. Rini rió divertida por la actitud de Serena, según me dijo Rini parecía tener cinco años en vez de ser un adulto y también dijo que seguramente ella era más madura que la "rubia oxigenada". Cada vez me impresionaba más Rini, conforme más la conocía, me caía mejor y disfrutaba de su compañía. A las ocho la dejé en la puerta de su casa, justo al mismo tiempo que Darien llegaba y me saludó con la mano cuando se bajó del coche que había estacionado hacía cinco segundos. Llegué a mi departamento para trabajar en el caso de la señora Hachimoto que afortunadamente si el esposo aceptaba las condiciones, ya terminaría y no tendría que volver a ver a ninguno de los dos. Serena me llamó más de veinte veces al celular, pero me negué a responder, ni siquiera tenía ganas de escuchar su voz. Temí que se presentara en mi departamento pero afortunadamente no fue así. Decidí que lo mejor era apagar el celular y olvidarme de ella por ese día.
Dormí placenteramente esa noche sin preocupaciones ni tormentos. Dormí tan bien que a la mañana siguiente llegué más temprano de lo normal a la oficina. Cuando Aly llegó se asomó por la puerta y abrió los ojos como platos al verme. "Sí que tenía ganas de trabajar hoy." Me dijo burlonamente. A las diez de la mañana recibí la visita del inspector al que había enviado a hacer la investigación para la demanda de Serena. Me dijo que no tenía muchas novedades, tan solo que había logrado encontrar a dos personas en la compañía de Darien que podían darle razón sobre el asunto, no me gustó mucho el lento avance pero no dije nada, pues estaba consciente que tendría que esperar para obtener resultados convincentes y reales, pero como yo mismo le había pedido que me diera un informe semanal, no me queje. Aly me llevó mi café junto con una empanada rellena de cajeta que según me dijo, su mamá había preparado para mí y para ella. Le agradecí y le pedí que se tomara su café conmigo. Platicamos durante un rato mientras nos comimos aquel exquisito pan hecho por su madre, tuve que admitir que aunque no me gustaran mucho las cosas dulces, me había encantado. Justo cuando Aly se disponía a limpiar todo, Serena entró sin siquiera llamar a la puerta y luego se cruzó de brazos al ver lo que sucedía.
-¿Por qué no estás en tu lugar de trabajo?-le dijo a Aly tan arrogantemente que mi secretaria no se molestó en responderle. Esperé a que Aly saliera de la habitación y luego miré severamente a Serena.
-¿Se puede saber qué haces aquí?
-¡Uy! Primero me haces el amor tan pasionalmente y luego me hablas como le hablarías a un basurero.
-Serena, no tengo tiempo de lidiar contigo.
-¿Por qué rayos dejas de hablarme por días? He estado esperando tus avances en el caso y además no comprendo por qué no me buscas.
-Mira, Serena.-dije poniéndome de pie pero sin moverme de mi lugar.-Te he dicho muchas veces que yo no tengo que reportarte nada, ni soy tu empleado ni mucho menos tu novio, si no te he dicho nada es porque estos casos son procesos lentos que llevan tiempo, así que tendrás que ser paciente, por lo tanto no hay razones para vernos.
Ella se acercó a mí rodeando el escritorio y colocó una de sus manos sobre mi hombro con delicadeza.
-Tenemos razones de sobra para vernos.
-No lo creo.-dije quitando su mano de mi hombro.-Y te voy a pedir un favor.
Me miró divertida.
-No quiero que te acerques a Darien Chiba, ya te lo había dicho, a él podrás engañarlo, pero a mí no, no quiero que te estés burlando de él.
-¡Basta! Darien es un hombre que puede cuidarse solo, ¿me vas a decir que son muy amigos ahora?
-Pues sí, lo somos. Por eso mismo no quiero que te estés burlando de él.
-Solo eso me faltaba. No me parecería raro que quisieras de pronto hacer que él gane la demanda.
-Nada de eso. Si fue tu empresa la que creo ese producto entonces no tienes nada de qué preocuparte.
-Yo ya te dije que es así, pero te empeñas en averiguar cosas que no tienen sentido.
-Tienen sentido porque en la corte al juez no le va a importar nada de lo que le digamos si no tenemos pruebas, ¿me entiendes?
-No me gustas cuando estas así, Seiya Kou, me voy a ir porque ya no soporto tus argumentos falsos.
Serena salió golpeando la puerta tras de sí. Era la primera vez que se iba de aquella manera, normalmente no le importaba cuántas veces la insultara o me burlara de ella, siempre se quedaba, pero ahora parecía tener miedo a que yo continuara diciéndole la verdad, lo cual me pareció sumamente extraño viniendo de ella. Pero aun así estaba casi seguro de que en la noche no resistiría y casi podía asegurar que la tendría en mi departamento molestándome como siempre. Tal como lo pensé, escuché el timbre pasadas de las nueve. Ahí estaba Serena de pie, luciendo un pantalón de mezclilla y una blusa de tirantes. Me pareció gracioso verla vestida de aquella manera cuando siempre traía puesto un vestido ajustado para mostrar todo lo que tenía al mundo. Me empujó y entró sin que yo la invitara. "No sé por qué no se me hace raro verte aquí." Le grité cuando vi que se escabullía a mi habitación. Al notar que no regresaba fui a ver qué sucedía y vi cómo se quitaba la blusa y el sujetador de una vez. Rodé los ojos y de pronto vi cómo de su bolso sacaba algo que parecía ser un dildo. Me reí. No creí que le gustara jugar a esas cosas, aunque tampoco debería de parecerme extraño. Me acerqué a ella y le bajé los pantalones de un tirón. Cuando estuvimos completamente desnudos, comenzó a acariciarme el pene con ambas manos, provocando de inmediato mi erección. Yo, en cambio, tomé el juguete y antes de introducírselo, juguetee con mis dedos dentro de ella hasta que noté la humedad brotar de su cuerpo. Poco a poco lo fui introduciendo dejándome guiar por sus gemidos, para después hacer lo mismo pero con más rapidez. Cuando ya se hubo cansado de ese juego, me empujó suavemente sobre la cama para empezar a deslizar sus labios sobre mi miembro lentamente. Odiaba que hiciera eso porque para mí era insoportablemente placentero. Minutos después la tenía de espaldas hacia mí, por lo que me puse de rodillas sobre la cama y en esa misma posición la obligué a inclinarse en cuatro. Introduciendo primero uno de mis dedos en su vagina, encontré el orificio correcto y luego me introduje yo. La tomé de la cadera y comencé a moverme, sintiendo sus glúteos golpear mi ingle cada vez que la penetraba. Nunca habíamos probado esa posición, pero me pareció divertida. Noté el cabello de Serena tambalearse y aunque no podía ver su rostro, sus gemidos me revelaban el inmenso placer que estaba sintiendo. Así continuamos por un rato y luego me decidí a tocarle los senos mientras mis movimientos se hacían más rápidos. Como esa vez si me puse protección, no me importó terminar dentro de ella y luego se hizo para atrás para caer sobre mí. Nos quedamos en silencio un buen rato hasta que sin que yo le dijera nada, se puso en pie y se marchó.
El fin de semana, Darien y Rini me recogieron en mi departamento para ir al parque de diversiones. Tuve que llamarle más de diez veces a Darien toda la semana para que no se le ocurriera olvidar la cita o Rini se entristecería. Llegamos a eso de las 12 del mediodía y afortunadamente no había tanta gente. Compramos los boletos para entrar y en cuanto estuvimos dentro, Rini nos jaló a ambos hasta el primer juego mecánico. Ni siquiera nos acordamos de comer porque Rini se negó a bajar de todas las montañas rusas y juegos que se cruzaban por su camino, hasta que el sol comenzó a ocultarse fue que decidió que ya tenía hambre y compramos hot dogs muy calientes. Rini lucía muy feliz y Darien también, lo que me pareció mejor de lo que esperaba. Como ni Darien ni yo quismos seguir exponiendo nuestros corazones a un infarto en aquellos monstruosos juegos, decidimos ir al show de magia y circo que hacían bajo una carpa enorme y llamativa en el centro del parque. A decir verdad me sentí como un niñato impresionándome por todos los actos que hacían de contorsiones y vuelos por los aires. Rini era la más emocionada y no dejaba de tomar fotos con la nueva Nikon que Darien le había regalado por su cumpleaños. A las diez salimos del parque de diversiones y Rini renegaba porque según ella ya se le había pasado la hora de dormir, pero que no se quejaba mucho porque era sábado y no tendría que despertarse tan temprano al día siguiente. Por lo que Darien y yo decidimos dejarla en casa e irnos al Harajuku Bar después, en donde pasamos el resto de la noche escuchando a una banda de rock noventero en inglés. Eran las dos de la mañana cuando llegué a mi departamento y sin pensarlo marqué el número de habitación de Michiru. Escuché su voz confundida y ronca por el esfuerzo de haberse despertado.
-¿Cariño? ¿Qué haces llamándome a esta hora?
-Lo siento Mich…-dije sin darme cuenta de que solo le decía "Mich" cuando quería molestarla o cuando estaba borracho.
-Seiya Kou, ¿de dónde vienes llegando?
-Fui con Darien al Harajuku Bar.
-¿Y Rini?
-En casa, dormida, nos merecíamos un descanso después de haber estado todo el día en el parque de diversiones.
Escuché la risa de Michiru a través del auricular.
-Hay, amor, mejor duerme ya, estas borracho.
-Michiru.-dije de pronto volviéndome serio.
-¿Qué sucede, Seiya?
-Te extraño.
-Yo más.-dijo suavizando el tono de voz.-Tengo unas ganas inmensas de echarme a tus brazos y besarte.
No entendí muy bien por qué pero cuando me dijo eso una lágrima rodó por mi mejilla.
-Te estaré esperando.
-¿Por qué hay que esperar? Sé que no puedo estar contigo en estos momentos pero… hay alternativas a nuestro pequeño problema.
De pronto no mi mente llena de alcohol no comprendía muy bien las insinuaciones de Michiru, pero cuando me preguntó qué era lo que llevaba puesto, entonces caí en cuenta.
-Dime tú que llevas puesto.
-Solo llevo mi baby doll azulado… ese transparente, ¿recuerdas?
Asentí con la cabeza sin darme cuenta de que Michiru no podía verme.
-Tócate.-me dijo de pronto.-Haz que yo me toque.
El solo hecho de imaginármela con ese baby doll y queriendo tocarse me hizo temblar. Michiru nunca había hecho eso conmigo por teléfono, así que era algo fuera de lo común y mi estado de ebriedad fue descendiendo conforme me imaginaba su cuerpo. Me susurró algunas cosas que provocaron que mi miembro se pusiera duro.
-Michiru… quiero que imagines que soy yo el que te está acariciando y que la humedad ha comenzado a brotar de tu cuerpo haciendo que me sea más fácil acariciar tu clítoris. Introdujo después dos de mis dedos lentamente mientras beso tus pechos…
-Seiya…-logró decir entre gemidos.-Estoy mojada…mucho…-se calló unos segundos.-Estoy lamiéndote el pene como te gusta, constantemente sin prisas, saboreando cada poro de él.
Hicimos eso por veinte minutos más hasta que escuché el peculiar sonido que Michiru emitía cuando tenía un orgasmo. Yo también terminé y debo agradecer que la borrachera se me hubiera ido porque si no me hubiera ido mal mientras dormía, pero Michiru logró sacarme de mi ensimismamiento y debo admitir que aunque no me esperaba que ella quisiera hacer algo así, me gustó mucho y el solo hecho de imaginármela hacer todo lo que le dije, fue fantástico. Aunque mereciera un balazo en la cabeza por mis acciones, en ese momento desee tenerla en frente para hacerle esas cosas yo mismo.
Escuché que me dijo algunas otras cosas, pero ya no entendí sus palabras porque sin darme cuenta me quedé totalmente dormido con el teléfono en la oreja. Soñé con ella y soñé que me acogía en sus brazos mientras me besaba en la frente, susurrándome al oído que todo estaría bien. Incluso sentí su delicada piel rozando la mía y percibí el olor a lavanda en su cabello. Fue un sueño tan extrañamente satisfactorio que no me di cuenta de todas las horas que había dormido porque desperté a las tres de la tarde del domingo.
