NA: Bueno, he pasado olímpicamente de mi advertencia, y he publicado el malec con 5 reviews porque aqui la amiga shek me mataba si no colgaba nada nuevo, y como le tengo mucho apego a mi vida... en fin, no os aburro con mis rollos. Espero que el resultado de la presión por asesinato no sea tan mala como creo. Disfrutad! Y ya sabeis, solo tenéis que pinchar el botoncito azul y dejar un review, no hace falta que sea muy largo, solo pinchar... :)

Feliz malec!

MHG

Viaje sopresa

Magnus tenía los ojos cerrados, vendados por una bufanda que Alec le había atado detrás de la cabeza. El nefilim había llegado por la mañana, y con una sonrisa, le había preguntado si le apetecería irse de vacaciones. Magnus había dicho que sí. La noche antes había acabado reventado de atender clientes quisquillosos, y se había pasado dos horas despotricando sobre la falta de consideración de la mayoría de los subterráneos.

- ¿Y si te pidiera que confiaras en mí, lo harías?-había preguntado Alec.

Magnus lo miró raro.

- Claro.

Así que ahí estaba, con los ojos vendados, y siendo arrastrado por el Ligthwood hacia delante. En más de una ocasión se había sentido tentado de usar sus poderes para "ver" a dónde lo llevaba, presa de una repentina curiosidad, pero intuyó que aquello era importante para Alec. Quería darle una sorpresa, y se lo estaba currando, así que no había razón para estropeárselo. Y, tenía que admitirlo, después de ochocientos años, le gustaba que le sorprendieran con pequeños detallitos, aunque parecieran no tener ninguna importancia. Aquellas eran las pequeñas cosas que le alegraban a uno el día, y que te hacían sentir especial. El que otra persona se preocupara de hacerte feliz, aún cuando se tratara de algo insignificante. Unos "te quiero. Quiero estar contigo" silenciosos, pero con más efecto que uno hablado. Cositas.

- No hagas trampas-lo reprendió Alec, cuando notó que el brujo respiraba en profundidad, intentando identificar algo en el aire que lo ubicara.

Magnus sonrió.

- Lo siento-le apretó la mano- ¿A dónde me llevas?

- ¡Chan, chan! Ya falta poco. Ten un poco de paciencia.

Magnus meneó la cabeza.

- He vivido durante ocho siglos. Si he aprendido algo, es a tener paciencia ¡Es la curiosidad lo que me mata!

Alec se rió, pero no dijo nada.

Magnus continuó caminando hacia el frente, guiado por la mano de Alec. De pronto, sintió la rotura espacial de un portal al ser atravesado, y tastabillo, a punto de caerse. Sin saber como lo había logrado, se estabilizó, y oyó el portal cerrarse tras él.

Notó como la tela cedía tras su cabeza, y sintió la luz chocar contra sus párpados cerrados, haciéndole cerrándolos con más fuerza. Parpadeó, y después abrió los ojos. Su corazón se detuvo un momento. Estaba en las ruinas del Machu Picchu, en la parte más alta del poblado. Al otro lado, al fondo del valle, las luz rojiza del atardecer despuntaba sobre las colinas, cambiando los colores. La última vez que había estado allí había sido tres siglos atrás, con Ragnor Fell. Las cejas se le arquearon. Habían echado a Magnus de Perú por hacer cosas que lo locales consideraban ofensivas en las líneas de Nazca. Desde siempre, había soñado con volver allí, pero nunca se había decidido.

Se volvió hacia Alec, con una sonrisa estúpida en la cara.

- ¿Perú?-susurró.

Alec se encogió de hombros, y se metió las manos en los bolsillos de los pantalones, con una pequeña sonrisa en los labios.

- Sí, bueno. Ayer estabas cansado, y siempre dices que te encantaría volver aquí…

Magnus dio un paso vacilante hacia delante, como para asegurarse de que estaban allí de verdad y que no era un sueño. Las sombras comenzaron a avanzar, buscando atrapar al sol, ahora rojo, que desaparecía en la línea del valle más y más deprisa.

- Alec, esto es…

- Anda, no pierdas el tiempo con palabrería cursi. Vamos a hacer turismo mientras podamos.

El nefilim se encaminó a la explanada verde en el centro del poblado, mirando a su alrededor con abierta curiosidad. El brujo lo siguió en silencio, admirando el añorado paisaje. Cuando estuvo seguro de que el terreno era completamente plano, echó a correr y saltó sobre la espada de Alec, agarrándose a su cuello.

El cazador de sombras soltó un gritito, sorprendido, y estuvo a punto de besar el suelo. Magnus se rió, y le dio un beso en el cuello.

- ¡Gracias, gracias, gracias!

Alec negó con la cabeza.

-No me las des. Estamos de incógnito. Representa que no deberíamos estar aquí. Bueno, que no deberías estar aquí. He echado cálculos. Tenemos hasta las cinco de la mañana antes de que esto se empiece a llenar de gente y tengamos problemas.

Magnus se bajó de su espalda, claramente emocionado, y cogió a Alec de la mano, arrastrándolo tras él.

-Ven. Si tenemos la noche libre, quiero enseñarte algo.

Alec lo siguió. No había creído que aquello fuera algo que alegrara tanto al brujo, pero llevaba tanto tiempo viéndolo cansado y aburrido, tan perdido, que había querido hacer algo que lo animara aunque fuera un poco. Recordaba las vacaciones que habían pasado juntos después de la muerte de Max, y el apoyo del brujo. Estaba seguro que, de no haberle tenido junto a él, no lo habría superado del todo.

Estaba gratamente sorprendido de haber acertado.

Resultó que lo que Magnus quería enseñarle era un agujero cavado en una de las picudas montañas que rodeaban el poblado. El brujo metió las manos en el agujero, buscando algo que no encontró. Frustrado, empezó a dar vueltas sobre si mismo, con las manos en las caderas, soltando chispas de colores por los dedos y las puntas erizadas de su pelo, murmurando por lo bajo. De pronto, se detuvo, dando un salto, y se agachó frente a una piedra musgosa. Alec, que lo había estado mirando, confuso por su comportamiento, y algo preocupado por la posibilidad de que la falta de aire por la altura del poblado le estuviera haciendo enloquecer, abrió los ojos como platos cuando vio que se ponía a cavar un hoyo al pie de la piedra con las manos, con cara de estar muy concentrado, y llenándose de tierra los pantalones que tanto lo gustaban.

Empezó a acercársele despacio, cuando el brujo se levantó de golpe, con una carcajada triunfal. Tenía una piedra oscura en forma de huevo en las manos, sucia de tierra. Chasqueó los dedos, y la tierra cayó de la piedra, dejándola limpia. Tenía un brillo oscuro, como si fuera azabache.

- Magnus, ¿eso es un huevo?-preguntó Alec.

- Mi querido nefilim, esto-dijo, plantándole la piedra ante la cara, tanto que Alec se quedó bizco mirándola-, es una gash. Un cristal de brujo. Ragnor y yo lo encontramos aquí la última vez, y lo escondimos antes de irnos. En el mercado negro, ¡esto vale su peso en oro! Ya verás. Mira.

Magnus se volvió a acercar a la hendidura en la montaña, y después de murmurar una serie de palabras sobre el huevo negro, lo dejó en el agujero, y se apartó, cruzándose de brazos, satisfecho. Alec se quedó mirando la piedra, completamente seguro de que Magnus se había vuelto loco y dispuesto a llevárselo de vuelta a casa cuando el huevo negro comenzó a iluminarse por dentro con una luz azulada. El fulgor se expandió poco a poco hasta que convirtió la piedra en una bombilla gigante y azul. Hubo una explosión de luz que obligó a Alec a cerrar los ojos….

…y cuando los abrió, se quedó con la boca abierta.

En el cielo nocturno peruano flotaba un manto de círculos brillantes que provenían de un único rayo que surgía del pico de la montaña. El lugar en el que Magnus había colocado el gash era una chimenea.

- No te imaginas lo divertido que era esto. Fell y yo veníamos aquí cuando estábamos aburridos, y encendíamos esa cosa para que brillara como un proyector de bebés en el cielo. Al día siguiente, los rumores sobre invasiones alienígenas campaban libremente por la ciudad, y más tarde, por el mundo. Y solo por ver esas luces en el cielo-Magnus meneó la cabeza-. Qué simples son los mundanos.

-¿Vosotros fuisteis los que provocasteis los primeros rumores de invasiones alienígenas?

-Bueno, el famoso calendario maya no se escribió solo, ¿sabes?

Magnus se rió, pero no aclaró si habían sido los mayas que habían escrito el calendario que según el folclore popular anunciaba el fin del mundo el 21 de diciembre de 2012, o había sido él el que lo había hecho…

Magnus empezó a bajar la cumbre, dispuesto a aprovechar el resto de la noche.

- ¡Venga, Ligthwood! Nazca y sus líneas nos esperan!-gritó, emocionado.

- Magnus, ¿no piensas recoger eso?-el huevo seguía brillando en la colina, pero el brujo siguió caminando. Alec echó a correr tras él-. Mags, ¡espérame!


Well, qué tal? ¿Bien, fatal, mal, catastrófico, calamitoso? Acepto críticas y sugerencias para el resto de one -shots de este fanfic. Y la próxima pareja será... ¡Isabelle y Simon! ESpero poder colgar el Sizzy dentro de 15 días (lo siento, tengo exámenes!) aprox. Un beso1 Nos vemos ;)