Hoy sí. Hoy si que he podido actualizar con un capítulo con un buen tamaño. Si bien inicialmente eran dos capítulos, al final decidí unirlos en uno. Me ha costado un poco escribirlos, especialmente las escenas románticas (soy muy malo para eso, normalmente me gusta más leer acción pura y dura), así que habrá esa parte que probablemente falle eso.

Bueno, vamos a responder a los reviews (aunque me gustaría que crecieran más).

Zarkan: Pues sí, tienes razón. Y es que Drake le deberá mucho a la chica a partir de ahora, si bien él lo sabe en su interior.

Draon-mll: Es que era intuitivo… voz de mujer y la charla con Voldy… aunque todavía no está todo listo con ella. Solo puedo decir que tendrá una muerte muy especial. Y lo del llanto… bueno, era para humanizar un poco al héroe, no siempre tenía que ser el tipo duro que proyecta en las batallas.

Dark Mare Dragon: Gracias por tu comentario. Y sí, Harry se vengará del vejete y sus examigos, pero aún tardará en que eso suceda (solo yo sé cuando aparecerá Harry, y si lo soltara sería un spoilerazo).

Cap. 5: Discusión con la Orden del Fénix y la llamada del amor.

Cuando llegaron al Valle de Godric, el ambiente era bastante diferente al que se encontraron en el barrio. Allí, pese a la casi nula presencia de magos de la Orden del Fénix, el pueblo entero se había abocado a la batalla. Drake supo porqué: Ese pueblo, compuesto únicamente de magos, tenía un especial cariño a los James y Lily Potter, los padres de Harry, lo que le había convertido prácticamente en un santuario donde se refugiaban algunos de los exiliados. Drake preparó su bastón y se dirigió hacia la batalla seguido por Brunilda. Hizo un remolino con el bastón en el aire mientras se metía en el fragor de la batalla y se dispuso a matar a todo Mortífago que se le acercara. Soltó una coz mulera golpeando con ella a un Mortífago en la barbilla y le disparó con el revólver a quemarropa, descuartizándolo con la explosión, si bien él también se hizo un poco de daño. Pronto pudo comprobar cómo los pueblerinos utilizaban espadas, bastones e incluso había uno que llevaba un mosquete con el que iba disparando a todos los Mortífagos que se le acercaban. Vio como Brunilda salvaba a un mago que llevaba varios cuchillos en sus manos de una maldición asesina con su espada desviándola hacia el que la había lanzado y cortaba a un Mortífago justo cuando veinte de ellos se le echaban encima, y corrió para ayudarla.

-¡Son muchos! –Dijo la chica -¡Pero que vengan, así me divertiré más!

-¡Hoy si que ayudamos! –respondió Drake, aludiendo al hecho de que, salvo los ineptos de la Orden presentes, todos los presentes se permitían la licencia de utilizar métodos letales como las imperdonables, mientras golpeaba en la cabeza a un Mortífago con su bastón, quebrándole el cráneo. Pronto vio como varios magos se disponían a ayudarles con los Mortífagos que se les acercaban –esto es patriotismo y lo demás son tonterías.

-Tú lo has dicho, maestro –respondió Brunilda mientras intercambiaba su posición con Drake y cortaba a dos Mortífagos con un golpe –gracias por ayudarnos.

-De nada –dijo uno de los magos mientras se giraba y propinaba una patada a un Mortífago que quería atacarle por la espalda –lo mismo digo, jóvenes.

-¡Capriccio negro! –Gritó Jacobsen apuntando con los dedos hacia adelante mientras diez rayos negros maniobraban en el aire e impactaban en los Mortífagos, dejándolos en coma en el mejor de los casos -¡Llama rotora! –un hilo de fuego se movió en espiral hacia un vampiro carbonizándole el corazón. Se agachó para esquivar las zarpas de un hombre lobo que intentó atacarle por la espalda y propinó un codazo hacia atrás golpeándole justamente en la nariz y volviéndole a dar de un puñetazo hacia atrás. Saltó en el aire y propinó un chut en el estómago haciéndole vomitar su última comida y lo atravesó con la punta de su bastón en el corazón asesinándolo de inmediato. Se apareció en un área donde solo habían Mortífagos y creó una cúpula oscura -¡Expansión! –la cúpula se expandió asesinando a veinte Mortífagos.

-¡Sanctus bombarda! –un sello de luz explosivo golpeó en diez Mortífagos asesinándolos de un golpe. Continuó cortando Mortífagos con su sable apareciendo allá donde le era necesario. Esprintó hacia donde estaban los Mortífagos, abriéndose paso a sablazos -¡Onda de luz! –una onda blanca cortó a dos Mortífagos que tenía en el frente, llegando hasta Drake -¿Te diviertes, maestro?

-Sí, Brunilda –respondió el pelirrojo mientras le endosaba una patada a un licántropo del que había esquivado su mordida y le golpeaba con una patada de talón en la nuca, dejándolo tetrapléjico y rematándolo con un disparo en la cabeza –Ya he perdido la cuenta de cuantos he matado en estos meses, pero deben ser muchos.

-Lo mismo digo –dijo la rubia mientras cortaba a otro con su sable (del tipo Yan Mao Dao) -¿Cómo te encuentras?

-Bien –contestó el chico refiriéndose al incidente de la mansión encantada, el cual le había hecho mella en su corazón hace poco –No te preocupes.

-¡Capriccio blanco! –gritó la rubia, haciendo el mismo ataque que había hecho Drake pero usando luz en vez de oscuridad.

Cinco minutos más tarde, todos los Mortífagos empezaron a desaparecer, dejando a los heridos y a los que eran demasiado lentos para escapar a su suerte. Entre Drake, Brunilda y los pueblerinos acabaron con los que quedaron.

-Gracias por vuestra ayuda –dijo el que parecía ser el alcalde a Drake.

-Soy yo quien tendría que agradeceros –respondió el pelirrojo –después de todo, no me esperaba que fuerais tan valientes como para arriesgar vuestras vidas.

-No sé si lo sabes, pero tenemos nuestros motivos personales para luchar contra los Mortífagos, joven –respondió el jefe –Alexander Fullbuster.

-Drake Jacobsen –se presentó Drake –y esta chica es Brunilda Grindheim.

-Encantada de conocerle –respondió la rubia.

-Parece que los Mortífagos no os tienen en buena consideración –dijo Alexander.

-Eso es decir poco –respondió Drake –es más, nos consideran un verdadero quebradero de cabeza para ellos. Seguro que Voldy sueña con torturarnos lenta y dolorosamente, cortarnos las cabezas y exhibirlas en un pedestal.

Alexander rió.

-Ya sabes, Drake. Si necesitas ayuda, contacta con nosotros. Estaremos encantados de patearle el culo a uno o dos Mortífagos –ofreció Alexander.

-De acuerdo –aceptó el pelirrojo –lo tendré en cuenta cuando quiera organizar una fiesta –dijo el pelirrojo refiriéndose a una posible gran matanza de Mortífagos. Dicho esto, los pueblerinos volvieron a sus casas llevando sus muertos a la Iglesia cuando un "crack" se escuchó. Dumbledore.

-Vuelves a llegar tarde, Dumbledore –comentó Drake –Se está muy cómodo cuando no tienes que arriesgar tu vida en los ataques, ¿verdad, Dumbly?

-Drake, por favor –respondió Brunilda. La chica sabía lo que le había hecho Dumbledore a su maestro, pero aún no era el momento de vengarse.

-¿Podrías meterte tus palabras en el culo, asesino? –respondió Ron, irado por el hecho de que Drake había hecho un comentario fuera de lugar (para él)

-¿Quieres pelea, zanahoria? –respondió Jacobsen.

-¡No me llames zanahoria, icteríctico! –respondió Weasley refiriéndose a los ojos de Drake.

-¡Son así mis ojos, comadreja! –respondió el otro pelirrojo.

-Ron, Drake, parad de una vez –dijo Dumbledore mientras veía como los dos jóvenes se lanzaban florecillas entre sí. Ya ves, desde el primer día que se conocieron, Drake y Ron no podían ni verse.

-¡Ha sido ese hijo de puta! –acusó Ron, insultando a la madre de Drake. Eso fue la gota que colmó el vaso. El pelirrojo colocó una expresión de ira y le clavó un gancho en el estómago al vasallo de Dumbledore.

-Vuelve a insultar a mi madre o a algún familiar mío–susurró en un tono que destilaba odio –y juro que Voldemort no será nada comparado con lo que te voy a hacer. Vámonos, Brunilda. No quiero perder el tiempo con estos inútiles.

Dicho esto, los dos jóvenes se desaparecieron. Dumbledore resopló irritado. ¿Por qué Jacobsen no aceptara que le guiara por el camino correcto? Y sobre todo, ¿por qué le odiaba tanto?

El día siguiente, podíamos ver a Drake y a Brunilda paseando por Londres, según él, para no estar todo el día encerrados en casa. El chico llevaba una chaqueta de cuero negro reluciente adornada con varios remaches de grupos muggle (principalmente heavy metal) llevando debajo de ella una camiseta de manga larga del mismo color, unos tejanos azules con varios dibujos y un dibujo de un incendio en los bajos y unas botas New Rock. Brunilda llevaba un jersey de manga larga azul marino que, hay que decirlo, resaltaba un poco sus pechos y una falda corta de cuero con unos leggins negros debajo y unas polainas y botas de la misma marca del joven. Ambos jóvenes llevaban sus melenas recogidas en una coleta.

-¿Qué, Brunilda, qué te parece el Londres muggle? –preguntó el pelirrojo.

-No está mal –respondió la chica –lástima que esté este mal ambiente. Además, no hay mucha gente en la calle.

-Tienen miedo –respondió Drake –Aunque no lo parezca, los muggles también lo notan. Las cotizaciones inglesas están bajando un huevo en la bolsa, hay indicios de recesión económica en el país y la inflación sube cada día más. No se sabe cómo acabará esto si fracasamos.

-No lo sé, pero te aseguro que mal –respondió Brunilda. Los chicos continuaron caminando hasta que notaron un fuerte golpe en la cabeza y luego cayeron en la inconsciencia.

Despertó. No se encontraba ni en Londres, y esa habitación no pertenecía a su mansión. Miró los alrededores. Si bien esa habitación no era muy cómoda, no parecía una celda. Se dirigió hacia la puerta, estando ésta cerrada. La apuntó con los dedos.

-Alohomora –susurró. Probó de abrirla pero no lo consiguió. Volvió a apuntarla con los dedos –bombarda –no pasó nada. ¡Maldición! ¿Cómo se supone que se liberaría sin su magia? Se pasó las manos por la espalda y la cintura, descubriendo que le habían quitado sus armas. Sin duda, estaba atrapado y desarmado. Probó de derribarla de un puñetazo. Soltó un fuerte grito de dolor, se juraría que se había roto los nudillos. Golpeó la puerta con una patada, siendo el intento igual de fútil que el anterior. Miró su brazo derecho. Una muñequera que juraría que no conocía estaba implantada en él con una cerradura en la parte de abajo. La examinó, suponiendo que se trataría de algún instrumento para anular su magia. Nunca se había sentido tan inútil. Solo esperaba que Brunilda estuviera bien. De repente, notó como la puerta se abría y unas cadenas le inmovilizaban las manos.

-¡SE PUEDE SABER QUÉ CARAJO…! –gritó con todas sus fuerzas.

-Calma, muchacho –dijo una voz familiar para el joven. Drake lo reconoció como el hombre de aspecto enfermizo de la Orden del Fénix. ¡Serían hijos de puta!

-¿CÓMO QUIERES QUE ME CALME? –Preguntó con un tono que indicaba que, si no estuviera encadenado, asesinaría a todo aquél que se le pusiera cerca.

-Por favor, Drake, no te pongas nervioso –respondió el hombre –bueno, perdón por mis modales, me llamo Lupin. Remus Lupin.

-¡SUÉLTAME! –gritó el pelirrojo.

-¿Te prometes que te calmarás si te suelto? –preguntó el licántropo.

-Em… sí –respondió Drake tras pensárselo dos veces. Las cadenas que le inmovilizaban las manos desaparecieron permitiéndole moverse de nuevo. Siguió a Remus hasta la cocina del lugar, donde estaban Dumbledore (y según lo que pudo notar, Ron, Ginny y Hermione, que estaban bajo capas invisibles) y su aprendiz, que estaba sentada enfrente del vejete en una butaca que tenía otra a la izquierda.

-Buenos días, Drake –respondió el viejo –ya no necesitas esto.

Tras un movimiento de manos de Dumbledore, la muñequera que tenía el pelirrojo en su mano derecha se abrió y se cayó, permitiéndole a Drake volver a usar su magia de nuevo.

-Accio armas –dijo Drake. Las armas de los jóvenes se acercaron hacia él sin que nadie pudiera evitarlo. Tras recibirlas, devolvió la pistola con silenciador y el sable a su aprendiz mientras que él se quedó con los revólveres y la vara –perdonen, pero no me siento muy a gusto sin mis armas.

-Disculpa aceptada –respondió Remus.

-Pero los que están bajo capas invisibles, ¿podríais mostraros? –Habló Jacobsen haciendo caso omiso de Remus –No nos gusta que haya oídos indiscretos en nuestras conversaciones.

-Ron, Hermione, Ginny, marcharos –ordenó Dumbledore. Los tres espías se retiraron de la sala maldiciendo a Drake –supongo que tendréis muchas cosas a preguntarnos.

-Vayamos al grano –respondió Brunilda -¿qué queréis de nosotros?

-Queríamos proponeros que os unáis a la Orden del Fénix –respondió el viejo.

-Vaya hombre, ¿para esto tenías que, literalmente, secuestrarnos? –Replicó Drake -¿No hubiera sido más sencillo mandarnos un correo diciéndonos el lugar y la hora donde íbamos a reunirnos?

-Maestro, por favor –respondió la rubia –Te entiendo pero no deberíamos perder los papeles. Disculpad sus modales, está un poco enfadado y eso hace que hable demasiado. Ahora mi pregunta, ¿para qué nos queréis en la Orden?

-Solo queremos ayudaros. Es más, creo que Drake necesita de nuestra ayuda.

-¿Por qué iba a necesitar yo de vuestra ayuda? –preguntó el aludido.

-Estás cayendo en la oscuridad. Si no recibes ayuda pronto podríamos perderte, y es algo que no queremos –respondió Dumbledore

-Yo creo que no es eso –respondió el pelirrojo soltando un dardo venenoso –creo que queréis controlarnos para que no utilicemos nuestros métodos (que, a decir verdad, son más eficaces en la guerra). En caso de que queráis ayudarnos, deberíais empezar a actuar con COJONES. Si esto es todo, nos vamos.

Dicho esto, Drake y su aprendiz hicieron el ademán de levantarse y se dispusieron a salir cuando Dumbledore los llamó.

-Esperad –dijo el anciano –si salís del lugar, os tendremos que considerar enemigos.

-Qué así sea –respondió Drake con un tono de odio mientras se llevaba la mano derecha a su vara –después de todo, nunca hemos sido amigos. Dicho esto se dirigieron hacia la entrada cuando…

-¡INMUNDICIA, HIJOS DE LA BASURA, COMO OSÁIS…! –el retrato de la señora Black empezó a gritar. Drake maldijo a Dumbledore interiormente. Pudiendo el viejo sacar el retrato fácilmente, decidió dejarlo ahí. Envolvió su brazo derecho en llamas y atravesó con él el retrato pared incluida.

-¡CÁLLATE, HIJA DE PUTA! –gritó con un rostro bastante afectado. Los chicos salieron a la calle y avanzaron unos cuantos metros cuando diez Mortífagos les cortaron el paso.

-Vaya, vaya, vaya –dijo uno de ellos –Así que el asesino se ha unido a la orden del pollo. Eres patético, ¿lo sabías?

Lo último que dijo. Drake se llenó de oscuridad y, tras sacar su bastón, despedazó a los Mortífagos dejándolos irreconocibles.

-Vámonos, Brunilda –habló con una voz medio entrecortada debido a la rabia.

Ambos jóvenes se aparecieron en su mansión de Middlesbrough. El pelirrojo decidió subir y pegarse una buena ducha con agua helada a ver si se le bajaba la rabia que tenía hacia ambos: Dumbledore por jugársela en el pasado y hacerle quedar mal ante esos Mortífagos y a Voldemort por matar a sus seres queridos. Salió al cabo de una hora vestido con una túnica de algodón (negra, para variar) abierta y un pantalón de chándal debajo.

-Uff… -suspiró al bajar al comedor, ya más calmado después de estar una hora bajo el agua helada.

-Drake… -susurró Brunilda para sí mientras se sonrojaba levemente. Pronto se descubrió delineando los músculos de su maestro con la mirada. Y es que, con esas ropas, se veía bastante atractivo, y aún más con el pelo mojado peinado todo hacia atrás. Sin embargo, un cierto aire de melancolía le rodeaba.

-Maldito seas, Dumbledore –murmuró el pelirrojo entre dientes -¿Cómo puedes tener cara de pedirme que me uniera a tu estúpida orden después de lo que me hiciste?

-¿Qué te pasa, Drake? –preguntó Brunilda con un tono suave y cuidadoso, pues no quería ofender al maestro.

-¡MALDICIÓN! –gritó el pelirrojo estallando de rabia -¿PORQUÉ SIEMPRE TIENES QUE TRATAR DE CONTROLARME? ¿ACASO TE HE HECHO ALGO? ¡HIJO DE PUTA!

-Drake –dijo Brunilda en voz baja. El pelirrojo estaba empezando a soltar una solitaria lágrima por su ojo, pero no le hizo caso -¡NO ESTÁS SOLO, JODER!

-Brunilda… -susurró el joven al escuchar el grito de su aprendiz.

-¡MALDICIÓN, DRAKE! ¿ACASO ESTÁS CIEGO? –Gritó la rubia mientras empezaba a llorar -¡NO ESTÁS SOLO! ¡SIEMPRE ESTARÉ AQUÍ, JODER! ¡YO…!

-Por favor, no llores –respondió el chico con un tono muy de disculpa. Algo que tendría que aplicarse, pues una lágrima empezaba a regalimarle por la mejilla. Se abrazaron con fuerza –yo…

-Te… te amo, Drake –susurró la chica más roja que el pelo de Drake. Sus rostros se fueron acercando lentamente.

-Yo también te amo. –susurró el pelirrojo antes de hacer contacto con los labios de la rubia con los suyos y fundirse en un apasionado beso. Mientras se besaban, Drake notó un cúmulo de emociones en su corazón, emociones que no había sentido desde que se hizo mayor de edad y descubrió que le habían engañado. Emociones que trató de eliminar de su corazón para siempre y que ahora volvían a relucir. Continuaron con el beso con toda su pasión en él, jugando con sus lenguas y labios hasta que se quedaron sin aire y se separaron para respirar. Drake notó como algo cálido salía de su cuerpo mientras continuaba abrazado a la chica. Se volvieron a besar con más intensidad que antes, y el pelirrojo notó como esa calidez aumentaba. Pero no era una calidez ardiente, solo era una sensación de placer espiritual, de calma. Volvieron a parar para la respiración.

-Brunilda Grindheim… ¿quisieras ser mi novia? –preguntó el pelirrojo con un tono suave y sincero.

-Sí quiero… Drake Jacobsen –respondió la aludida con el mismo tono. Ambos volvieron a sellar sus labios en otro apasionado beso.

Durante los siguientes días, hubo una fuerte modificación entre las rutinas de Drake y Brunilda. Para empezar, el pelirrojo ya no se veía tan frío como antes cuando estaba a solas con su novia. Se podía decir que el hecho de que tuviera a alguien que le amara realmente le había devuelto parte del espíritu que tenía antes de que se enterara del engaño que le hicieron en el pasado aquellos a quien considerara amigos. Y si bien aún quería vengarse por aquello, ahora tenía su mente mucho más clara y no estaba cegado por su propia oscuridad. Otra de las cosas que cambió fue el hecho de que ahora Brunilda ya no le llamaba "maestro", sino que ya empezaba a llamarlo por su nombre. Pero el resto de cosas seguían igual. Tenían sus entrenamientos (aunque ahora ya no entrenaban como maestro-aprendiz), se iban de fiesta de vez en cuando y, en la apariencia pública, no se notaban muchas cosas. Ahora mismo, a las dos de la madrugada, Drake estaba, extrañamente, despierto. Durante esos días había una cosa que quería comprobar. Cerró los ojos y recordó el momento en que él y Brunilda se confesaron sus sentimientos mutuos. Dejó que las sensaciones de ese momento le llenaran, que nada interfiriera, y creó una bola de energía en su mano derecha, que tenía con la palma mirando hacia el techo. Abrió los ojos, sorprendiéndose por lo que vio. En esos momentos, una bola de color blanco marfil relucía con intensidad. Con toda su concentración en el recuerdo, cambió la forma de la bola en un disco, lanzó un rayo hacia la ventana y la concentró en un aura alrededor de su cuerpo. Estaba feliz. El motivo: Brunilda. Gracias a ella había podido al fin solucionar su peor quebradero de cabeza. Que ciego había estado todos esos meses. La rubia, salvada y entrenada por él mismo, le había devuelto el favor con creces y sin que se lo pidiera, logrando que recuperara lo que le hacía humano. Le debía una muy grande a la chica. Tras comprobar lo que quería comprobar, decidió volver a la cama, ya con tranquilidad. Aún no dormían juntos, pues solo hacía unos cinco días que eran novios, pero dentro de un par de meses podrían considerarlo. Una vez hubo dormido bien, se dirigió hacia el comedor a desayunar, encontrándose con Brunilda.

-Buenos días, Drake –respondió la rubia mientras comía una ensalada mediterránea (sus padres le habían enseñado que era importante comer verdura ya desde el desayuno).

-Bueno días –respondió el aludido mientras la abrazaba por detrás, juntando sus manos en la cintura de la chica –Así me gusta, que comas sano.

Brunilda soltó una risa ante el comentario de su novio.

-Si quieres te doy un mordisquito –dijo con un tono algo pícaro. Ahora fue el turno de reírse del pelirrojo, pero no una risa malvada de las que hacía cuando iba a masacrar a alguien, sino una risa sana y sincera, de las que casi nunca pudo disfrutar. Se sentó en una silla al frente de su novia y, tras un chasquido de dedos, una ensalada mediterránea junto con un buen bocata de jamón serrano y un vaso de leche aparecieron al frente, y se dispuso a desayunar. Cuando acabaron el desayuno se dieron un beso fugaz y se dispusieron a correr cuando el Blackberry del pelirrojo sonó.

-Vaya, ¿quién será esta vez? –preguntó el pelirrojo.

Era un número desconocido. Pulsó el botón verde para ver que quería.

-¿Diga? ¿Qué, que quiere? No, lo siento, no me interesa. Adiós.

-¿Quién era, cariño? –preguntó la rubia.

-Un vendedor de no sé que con ganas de darme la lata –respondió el pelirrojo algo fastidiado mientras empezaba la carrera. Una hora más tarde, el móvil del chico volvió a sonar. Drake lo cogió, reconociendo el número esta vez.

-Cobra. ¿Qué, atacan Liverpool? Vale, nos presentaremos allí –dijo el pelirrojo –Hora de divertirse.

-Vamos allá –respondió Brunilda. Ambos jóvenes se desaparecieron.

Llegaron un minuto antes que los Mortífagos, de los cuales aparecieron como unos cuatrocientos junto con cincuenta vampiros, otros cincuenta licántropos, diez gigantes y… ¿un centenar de dementores? Sí, eran dementores. Considerando que esos eran los más peligrosos para él, concentró su aura en un brillante color marfil y creó un campo mientras mantenía en su cabeza el recuerdo de su primer beso con Brunilda.

-¡Expansión! –gritó con fuerza mientras el campo se expandía, asesinando con él a cincuenta Mortífagos y a la misma cantidad de dementores. Brunilda sonrió para sí y creó una esfera de luz.

-¡Explosión luminosa! –gritó la rubia. La esfera explotó en el aire eliminando a los dementores que quedaban y cargándose a veinte vampiros. La chica desenfundó su sable y corrió hacia donde estaban los Mortífagos con su novio al lado y con la vara en su mano izquierda. Soltaron un grito mientras se abalanzaban. Los dos empezaron a atacar con sus armas dejando un rastro de sangre delante de ellos.

-Mina negra, sanctus, llama rotora, nova –La magia de Drake empezaba a causar estragos entre los Mortífagos que, si bien eran muchos, no podían hacer nada contra él. Absorbió diez maldiciones asesinas que iban dirigidas a su novia, que estaba acabando con uno de los gigantes, con su cuerpo y lanzó un Capriccio negro hacia los autores de las maldiciones, destrozándoles.

-¡Lanzas mentales! –Varios Mortífagos cayeron al suelo tras sufrir un fuerte ataque que los había dejado en coma por muerte cerebral cortesía del pelirrojo -¡Muro cerebral! –cinco Mortífagos que se dirigían hacia él con las varitas en alto se estrellaron ante una pared invisible que los dejó medio muertos. Tras eso, pivotó con el bastón extendido en su mano derecha cortando a ocho vampiros. Sacó uno de sus revólveres y disparó varias veces al cielo acabando con dos gigantes. Vio como un vampiro que portaba dos peligrosas cimitarras luchaba contra su novia, la cual le iba llevando una pequeña ventaja al no dejarle atacar. Sonrió para sí. La chica había aprendido bien la lección de ahogar al rival en una pelea. Cinco vampiros, armados cada uno de ellos con una espada, se dispusieron a ayudar a su compañero cuando el pelirrojo les barró el paso con su espada.

-Yo seré vuestro oponente –declaró Drake y acertó a uno en el corazón con un rayo blanco. Uno de sus adversarios intentó morderle pero el joven se apartó in extremis haciendo que el ser nocturno se diera de bruces contra el suelo. Un disparo en la nuca hizo el resto -¿Alguien más quiere venir?

Los dos vampiros que restaban se dispusieron a atacarle a la vez, siendo el ataque bloqueado por el arma del pelirrojo, que hizo un molinete desviando las espadas y cortó a ambos de un simple ataque. Vio como Brunilda acababa con el gigante que restaba de un balazo en la frente con su Mk 23 y como veinte Mortífagos se dispusieron a matarla con una maldición asesina cada uno.

-¡MURO BLANCO! –gritó, interponiendo un muro de luz entre ellos dos y las maldiciones asesinas.

Disparó en el cielo, dando muerte al gigante que le restaba, y se dispuso a atacar a un Mortífago cuando le dispararon unas veinte maldiciones asesinas. Se giró sorprendida, esperando que la muerte la alcanzara, cuando oyó un grito y un muro blanco se interpuso entre ella y los hechizos.

-¿QUÉ? –Gritó, sorprendida. Se apuntó el darle las gracias a su novio más tarde cuando lo vio. Su cara daba miedo. Un aura a veces negra a veces blanca le estaba rodeando y su pelo se levantaba hacia arriba como si el viento lo moviera.

-¡CAPRICCIO! –gritó el pelirrojo. Unos cincuenta rayos, algunos de ellos blancos, otros negros, salieron disparados de sus manos, asesinando a un buen número de Mortífagos junto con varios licántropos y los vampiros que quedaban -¡CUCHILLAS! –el mismo número de cuchillas, con las mismas características, acabó de limpiar el panorama. Los Mortífagos empezaron a retirarse debido al miedo que les provocaba la imponente figura de Drake Jacobsen. Cuando no quedaba nadie en la zona, Brunilda abrazó por detrás a su novio.

-¡DRAKE! –Gritó la rubia.

Estaba embutido por la rabia cuando oyó a su amada gritar su nombre, haciéndole sacar de su trance. Notó como Brunilda lo abrazaba por detrás, logrando que su rabia se apaciguara.

-Gracias –susurró el pelirrojo lo suficientemente alto como para que solo la chica le oyera. Se giró con cuidado y, tras corresponder el abrazo a su amada, le dio un beso en los labios aguantándolo durante unos diez segundos. Justo cuando los de la Orden empezaban a aparecer, el pelirrojo y la rubia decidieron desaparecer del mapa. Bastante cabreaditos estaban con los de la orden del pollo asado, como ellos la llamaban, como para discutir con ellos por su falta de puntualidad.

Bueno, capítulo terminado. En este hay que decir que la parte que iría como sexto capítulo casi no avanza nada en la trama, es casi pura acción en la cual nos muestran a Drake dominar (al fin) un poco la luz. El siguiente cap, si bien algo de acción habrá, será más centrado en la trama de esta historia (no se porqué pero me parece que, a no ser que coloque algo de relleno, no me saldrá una cosa muy larga). Bueno, hasta aquí os dejo.