Bueno, por fin subo otro capítulo. Me ha costado un poco pensar ideas, y es que no podía dedicarme a ir lanzado y acabar la historia en dos meses, y he decidido colocar por aquí algunos que, si bien intentaré que sean buenos, no avanzarán mucho en la historia. Si queréis podéis darme alguna que otra sugerencia.
En el apartado de los reviews hoy estoy un poco más contento. Solo espero que la cosa siga así.
Dark Mare Dragon: Gracias por tu comentario. Pues sí, es una idea algo rebuscada, pero así es. No eres el único que piensa igual.
Zarkan: Gracias por tu comentario. En este no se sabe mucho, pero probablemente en el próximo capítulo se una alguien más (no diré de qué bando proviene)
Satorichiva: Sí, son leales a Dumbledore, es cierto, pero lo de Charlie viene a ser la excepción que confirma la regla. Sus motivos estarán en este capítulo.
Lalo80: Gracias por tu comentario. Ya sabes, si tienes dudas, responded.
Cap. 7: Un pequeño trabajito.
Habían estado entrenando durante una semana, si bien a los habitantes de la mansión de Middlesbrough les pareció haber entrenado un año entero. Eso se debía debido a una de las características que Drake descubrió al volver a Inglaterra con Brunilda, y la había utilizado para entrenarla debido a que, si no, les hubiera faltado tiempo. Ahora mismo, Drake y Charlie estaban en el gimnasio entrenando su físico.
-Cuatrocientas noventa y ocho… cuatrocientas noventa y nueve… y quinientas –contaba el más joven de los dos (Drake) mientras levantaba unas pesas casi el doble de grandes que él. Ambos se encontraban vistiendo solamente un pantalón de deporte. Y no había duda, ambos tenían la musculatura bastante marcada.
-Je, sin duda cualquier chica caería ante nosotros si nos viera ahora, maestro –rió Charlie, refiriéndose al aspecto que tenían ahora. El cuerpo de Charlie se había adelgazado un par de centímetros a la vez que había ganado masa muscular y definición.
-Calla, Charlie –respondió el aludido –o sino Brunilda me cortara los cojones –y es que el cuerpo de Drake había mejorado mucho desde que hizo dieciséis años. El niño enclenque de entonces se había desarrollado físicamente hasta alcanzar la definición actual –Y eso que empecé entrenando mi físico para distraerme –recordó. A raíz de los sucesos ocurridos la mentalidad de Drake había cambiado radicalmente, y es que sus ex amigos se sorprendían al verlo cada día con una chica diferente, convirtiéndose de repente en un donjuán, volviéndose un joven misterioso. Cosa que no se habían esperado. Casi el 75 % de las chicas que fueron a su escuela cayeron bajo sus pies en tan solo un año. Pero claro, desde que abandonó su escuela volvió a cambiar radicalmente, volviéndose un ente solitario al que solo le preocupaba conseguir poder con tal de llevar a cabo su venganza, frío y cruel con quien se le cruzaba en el camino. Y así hasta que conoció a Brunilda. Y es que le debía mucho a la rubia, o al menos eso pensaba.
Por otra parte, desde la muerte de sus padres, Charlie abandonó la Orden y se dedicó a la cría de dragones en Rumanía a la vez que aprendía de ellos para regresar un día a por venganza. Si bien el segundo Weasley de la generación post-primera guerra no tuvo un pasado tan traumático como el de Drake, también tuvo lo suyo. Su novia, una escocesa pelirroja como él y una buena espadachina, murió a manos de un Colacuerno húngaro desbocado sin que él pudiera hacer nada. Pero peor fue el hecho de enterarse de que ese Colacuerno estaba siendo provocado por varios Mortífagos. Entonces, decidió entrenarse seriamente para regresar a Inglaterra y vengarse de Voldemort y de Dumbledore, pues sabía que el viejo chocho podría haber tenido algo que ver.
Ya habían terminado con la sesión de gimnasio. Ahora mismo estaban descansando en su mansión cuando apareció Brunilda con un papel en la mano.
-Drake, cariño, mira esto –dijo la chica mientras le daba el papel a su novio. El chico lo leyó.
"Necesitamos ayuda. Cada año un basilisco gigante aparece en nuestro pueblo y asesina a una persona al azar. Pagaremos gustosamente a quien nos libre de esa pesadilla" –rezaba en el papel. Drake sonrió.
-Esta es una buena oportunidad para probarte, Charlie –dijo Drake alegre –no es nada imposible para ti, pero te llevará algo de marcha. Hace tiempo que no cogemos nuestras armas.
-Tienes razón, Drake –respondió el aludido –por fin podré comprobar cuanto he mejorado.
Diez minutos después, los dos pelirrojos estaban en el pueblo equipados con sus armas y unas gafas anti-basilisco, que les protegería de la maldición de muerte ocular de la serpiente. Llevaban además un frasco cada uno de lágrimas de fénix (Drake sabía por experiencia ajena que era el único antídoto eficaz). Era un lugar perdido en el norte de Irlanda, donde todavía no había llegado el terror de Voldemort. Se dirigieron hacia lo que parecía ser el ayuntamiento, donde había un mago que parecía estar rezando.
-Nos hemos enterado de vuestro problema –dijo Charlie al mago.
-Por fin algo de ayuda –respondió el mago, un anciano con el pelo y la barba desordenados –en teoría hoy es cuando tiene que venir el basilisco.
-¿Por dónde aparecerá? –preguntó Drake.
-Siempre aparece por el oeste, pero a veces se desvía un poco –respondió el anciano.
Los dos jóvenes se aparecieron en el oeste.
-Pronto aparecerá –pronosticó Drake.
-¿Cómo lo sabes? –preguntó su acompañante.
-Fácil. Estoy empezando a oír sus susurros.
-¿Sabes pársel?
-Un poco –respondió Drake –lo aprendí mientras estaba viajando. Es bastante fácil comparado con otros idiomas.
Dos minutos más tarde, una gigantesca serpiente de unos diez metros de largo había aparecido en la zona. Los dos chicos se dieron cuenta y se levantaron.
-Vaya –respondió Charlie –no ha tardado mucho.
El basilisco solo siseó
-¿Qué ha dicho? –preguntó el mayor de los pelirrojos.
-Dice que nos va a comer –respondió Drake –muere (lo que está en cursiva está en pársel)
Dicho esto, lanzó un rayo blanco que impacto en la piel de la serpiente sin hacerle nada. El basilisco dio un latigazo con la lengua, obligando a los chicos a saltar para evitar ser golpeados.
-¡Llama rotora! –Invocó Charlie –una espiral de fuego se dirigió hacia la serpiente sin hacerle nada -¡Látigo llameante!
Una lengua de fuego atizó al basilisco sin hacerle más que un arañazo que ni siquiera le atravesó las escamas. La serpiente se lanzó encima de él, fallando por poco y lanzó otro latigazo con su cola, golpeando a Drake y lanzándole unos diez metros.
-¡Ugh! –gritó el pelirrojo, mientras se volvía a levantar -¡Estallido!
Una explosión de llamas se produjo en el lugar donde estaba el cuerpo del basilisco, sin hacer nada más que enfurecerle. Drake se dirigió corriendo hacia él y saltó para propinarle un puñetazo en donde un humano tendría una de las mejillas.
-¡Capriccio negro! –gritó Charlie. Diez rayos negros golpearon al bicho, siendo el intento tan útil como los anteriores -¡Maldición! ¡Su piel es casi impenetrable!
-¡Joder! –Respondió Drake -¡No sabía que tuvieran la piel tan dura! ¡El que yo maté hace casi nueve años la tenía más blanda!
-Debe de ser una especie diferente –respondió Charlie -¡Perforador de llamas!
Un cono de fuego empezó a rotar mientras intentaba traspasar la dura piel del basilisco. Al cabo de diez segundos, el cono desapareció, habiendo perforado solo un centímetro de las escamas de la cosa. Sacó su tridente y corrió hacia el dorso, clavando allí el arma sin hacerle daño.
-¿Se te ocurre algo, Drake?
-No lo sé. Es la primera vez que me enfrento a una criatura de este calibre –respondió el pelirrojo mientras intentaba cortarla en dos con su bastón, sin hacer daño. El basilisco le golpeó con la cola y se abalanzó hacia él con la boca abierta, listo para morderle, pero Drake le lanzó una piedra que había en el suelo, haciendo que siseara de dolor.
-Creo que lo tengo –respondió Jacobsen.
-¿Cómo? –preguntó su acompañante.
-Atácale a la cabeza –ordenó Drake –creo que es su punto débil.
-De acuerdo, ¡sanctus! –respondió Charlie mientras le lanzaba un sello de luz a la cabeza al basilisco, haciendo que siseara de dolor.
-¡Llama blanca! –Drake lanzó una bola de fuego blanco al lugar donde el sanctus de Charlie había impactado haciendo que soltara otro grito. Colocó las manos con los dedos mirando hacia la cabeza de la serpiente -¡Escopeta negra!
Diez bolas negras golpearon la cabeza del monstruo, haciéndole retroceder. Charlie cogió el tridente y lo lanzó hacia la boca de la gran serpiente, atravesándole el paladar y llegándole al cerebro, produciéndole la muerte inmediata.
-Bien hecho, Charlie –alabó Drake mientras el aludido recuperaba su tridente –ha costado pero lo hemos hecho. Ahora vamos a absorberle su poder.
Dicho esto, ambos pelirrojos se colocaron al lado de la serpiente y colocaron sus palmas encima, las cuales empezaron a soltar un destello negro mientras unos rayos se metían dentro de ellas. Con una espada de fuego, el más joven de los pelirrojos le amputó la cabeza al basilisco para asegurarse de su muerte y llevarla al pueblo.
-Señor, aquí tiene la cabeza del basilisco –habló Drake.
-Gracias, muchachos. No es mucho, pero tomad esto –les entregó una bolsa hecha de hilo de plata. Drake miró dentro de la bolsa. Dentro había unas 2000 monedas de oro, que parecían ser verdaderas.
-A ustedes –respondió el pelirrojo –Charlie, podemos volver a casa.
Bueno, capítulo acabado. Lamento decir que sea casi todo relleno, pero es que, como he dicho antes, no quiero acabar toda la historia de un tirón. Simplemente deciros que buenas fiestas, ya que no creo que actualice durante estas semanas. Hasta otra.
