Vaya, he de reconocer que he tenido que salirme de mis planes. En teoría no iba a subir nada hasta el enero, pero al aburrirme un poco (algunos autores no actualizaban y ahora estamos en vacaciones) decidí subir este capítulo.
Bueno, ahora a responder al review. No diré nada malo, pues entiendo que estaréis ya de vacaciones y no tendréis Internet. Vamos allá.
Zarkan: Gracias por comentar, me alegro que te haya gustado, pese a lo corto que es. Espero que te guste este.
Cap. 8: El mercenario.
Ya habían llegado a casa. Drake había descubierto que cada una de esas monedas tenía un valor parecido a unos 1000 galeones cada una de ellas, logrando alcanzar un gran valor, además de que se rellenaba cada 3 meses siempre que hubiera una de esas monedas dentro. Ahora mismo, los tres estaban entrenándose duramente, pues sabían que nunca tendrían demasiado poder y que siempre podían mejorar sus capacidades.
-Oye Brunilda –se oyó decir a Drake, el cual estaba levantando unas pesas el triple de pesadas que él.
-¿Sí, cariño? –preguntó la rubia mientras remaba con la máquina de remo.
-He estado pensando en lo que dijiste cuando conocimos a Charlie –respondió.
-¿Y? –preguntó otra vez la chica.
-Que podríamos expandirnos. Ya sabes, reclutar aliados. Como más seamos más probabilidades tendremos de destrozar a Voldemort.
-Tienes razón. ¿Pero cómo? No podemos chantajear o sobornar a la gente, nos volvería iguales a ellos.
-Es verdad –respondió Drake –solo pienso reclutar a gente que quiera unirse a nosotros. Aunque ya tengo algunos nombres pensados.
Mientras, en un lugar desconocido…
-He oído hablar de ti, Mascrow. Eres un eficaz mercenario y un terrible guerrero –dijo Voldemort.
-Mande y se cumplirá, mi señor –dijo el tal Mascrow. Era un hombre alto y de cuerpo tonificado, si bien no era musculoso, de pelo castaño claro y ojos marrones. Llevaba una katana en su espalda y varios cuchillos en su cinturón. Vestía un viejo chaleco abierto que le llegaba hasta la cintura y unos pantalones desgastados.
-Quiero que busques a Drake Jacobsen y que me traigas su cabeza. Te pagaré 100 galeones ahora… y 9900 más cuando me traigas su cabeza –ordenó el calvo.
-10000 galeones… tienes un trato –respondió Mascrow.
Drake había salido un rato fuera de su mansión. Era ya plena noche, y ese día no tenía sueño. Es más, tenía un mal presentimiento. Algo le decía que Voldemort tramaba algo. Miró su alrededor. Una presencia extraña estaba por ahí cerca. Sabía que no podían descubrir donde estaba su casa, pero no quería arriesgarse a que los Mortífagos atacaran Middlesbrough. Se colocó su capa de invisibilidad y corrió hacia un hueco que había cerca de la mansión, donde se la quitó. Volvió a salir. Cerró los ojos y sacó la lengua. Encima del tejado de uno de los edificios había un fuerte cambio de temperatura, demasiado acentuado como para ser invierno. Se apareció en el tejado cerca de esa presencia.
-No creas que no te he visto –dijo el pelirrojo mientras apuntaba a la nada con sus dedos índice y corazón.
-Mierda, me has descubierto –dijo una voz. En el lugar donde Drake estaba apuntando, una figura con el pelo castaño claro que le llegaba a los hombros y con una katana en su espalda se reveló –y yo que pensaba que estaba perfectamente camuflado.
-Pues ya ves que no –respondió Drake –después de todo, te pude detectar mediante tu calor corporal, y tu aura no pasaba muy… desapercibida, que digamos.
-Eres más listo de lo que creía –respondió el desconocido –pero demasiado necio. Tenía planeado matarte sin que te dieras cuenta, Jacobsen. Ahora no me queda más remedio que hacerlo directamente. ¡Avada Kedavra!
El desconocido se giró rápidamente mientras un rayo verde salía de su mano, la cual llevaba enfundada en un guante negro que llevaba una gema en las puntas de los dedos. El rayo impactó justo en el pecho de Drake, haciendo que emitiera una energía negra que absorbió el hechizo.
-Vaya –respondió el desconocido –me pregunto por qué no ha funcionado.
-Lo siento por ti –respondió Drake -¡Averno!
Un rayo ámbar salió de la mano del pelirrojo en dirección al desconocido, el cual experimentó la misma reacción que Drake antes.
-Jejejejeje, ¿sorprendido, Jacobsen? –preguntó el desconocido con sorna
-No. Es más, así la cosa tendrá más diversión –expuso Drake –pero al menos quisiera saber el nombre de quien quiere matarme.
-No me importa que sepas quien soy –respondió el desconocido –me llamo Mascrow. Es más, incluso me permitiré el lujo de decirte porque te voy a matar.
-Creo que ya lo sé. Voldemort, ¿verdad? –afirmó Drake.
-¡NO OSES DECIR EL NOMBRE DEL SEÑOR TENEBROSO! –gritó Mascrow mientras lanzaba un rayo negro hacia donde estaba Drake, el cual creó un muro blanco que lo desvió hacia el cielo. Entonces, Drake saltó para esquivar una onda horizontal y realizó una pirueta para caer detrás de Mascrow y le propinó una segada circular que el castaño evitó con un salto mientras desenvainaba su espada y atacó hacia donde estaba Drake, que se defendió rápidamente con su bastón y le propinó un puntapié en la rodilla haciéndole retroceder con un quejido de dolor. El pelirrojo dio un golpe vertical con el bastón, que Mascrow detuvo con su katana, y lanzó una bola blanca, que el castaño esquivó por poco. Entonces, Drake intentó golpearlo de nuevo con el bastón, pero su enemigo volvió a bloquearlo de nuevo. Siguiendo su estilo de ahogar al rival, Drake continuó atacándole con el bastón, impidiéndole realizar ninguna acción ofensiva.
-¡Muere! –gritó el pelirrojo mientras golpeaba verticalmente con su vara, siendo el ataque bloqueado por el sable de Mascrow. Forcejearon durante un par de segundos
-¡Repelio! –gritó el castaño. Drake salió disparado hacia atrás -¡lanzas negras! –diez rayos con forma de lanza golpearon al pelirrojo, provocándole unas cuantas heridas considerables. El chico cayó al suelo, dándose un fuerte golpe.
-¡Aaargh! –masculló Drake en el suelo intentando levantarse. Sentía un fuerte dolor en los puntos que habían sido golpeados por las lanzas negras que le dificultaba moverse. Una cadena de hierro lo rodeó por el cuello y notó como iba apretándole, dificultándole la respiración.
-¡Jajajajaja! –Rió Mascrow -¡sufre como has hecho sufrir a mi señor!
En esto, Drake sacó su revólver e intentó apuntar hacia el mercenario, costándole un poco debido al intenso dolor que sentía en el cuello y la falta de oxígeno. Así pronto quedaría inconsciente. Disparó. La bala impactó en el suelo, a dos centímetros del pie de Mascrow, el cual aflojó un poco la tensión de la cadena debido al ruido. La siguiente bala le traspasó el brazo con el que sujetaba la cadena, haciendo que la soltara. Drake se llevó sus manos al cuello, liberándoselo y corrió hacia el castaño a mano desnuda, golpeándole con un fuerte puñetazo en toda la mejilla. El castaño se levantó y golpeó de una patada a Drake por el gemelo, tirándolo de nuevo al suelo con una pirueta aérea, pero el pelirrojo se levantó y le aventó un puñetazo reforzado con magia en el estómago, enviándole varios metros hacia atrás.
-La has cagado, Drake –sentenció Mascrow -¡Atmósfera negra!
De pronto, el aire empezó a enrarecerse mientras un campo de protección se formaba en la zona.
-¡Sanctus! –gritó el pelirrojo. No pasó nada. Se quedó algo extrañado -¡AAAAAAH!
Un rayo negro le acababa de alcanzar en el pecho, causándole un daño de cojones. Cayó arrodillado debido al dolor.
-No podrás utilizar la luz en este ambiente –explicó Mascrow –estás acabado, ¡Capriccio negro!
Diez rayos negros golpearon a Drake, tirándolo al suelo. El pelirrojo se levantó con muchas dificultades.
-Este ambiente… -murmuró por lo bajo. Estaba notando como su ánimo decaía, dando paso a sus peores pesadillas. Su cuerpo empezó a transformarse. Sus ojos adquirieron un tono rojizo y la intensidad del color de su cabello aumentó. A la vez, sus músculos se colocaron tensos.
-¿Eh? ¿Qué es eso? –preguntó en un suave tono el mercenario. Drake tomó su bastón y, tras teletransportarse delante de su enemigo, le golpeó con él en toda la nariz, haciéndolo sangrar. Lanzó una onda negra, que no cortó a Mascrow por poco, y le volvió a golpear con el bastón, pero esta vez el castaño bloqueó el ataque por muy poco.
-Jejejejeje –rió el pelirrojo –has firmado tu sentencia de muerte -Se relamió los labios, pensando en que sabor tendría la sangre de Mascrow -¡Patada negra!
Una fuerte patada golpeó en el estómago de Mascrow, enviándolo hacia atrás y sacándole una fuerte expresión de dolor. Le había reventado un intestino. Vio como el mercenario se levantaba con muchas dificultades y se llevaba una mano al abdomen.
-¡Luz infernal!
Un resplandor negro como la noche se formó alrededor del castaño. Cinco segundos más tarde, Mascrow estaba tumbado en el suelo con el cuerpo seriamente dañado. Apenas podía mantenerse consciente.
-¡Hahahahaha! –Rió Drake -¡Mírate! ¿Pensabas que podrías derrotarme?
-Ca… cabrón –masculló Mascrow entre dientes. Apenas podía levantarse.
-¡Mírate! ¡Apenas puedes sostenerte! –Drake colocó sus manos a los lados, con los dedos índice y corazón apuntando hacia el castaño. Las adelantó -¡Metralletas negras!
Un seguido de bolas negras empezaron a salir de los dedos del pelirrojo para ir impactando en todo el cuerpo de Mascrow, que iba temblando a cara disparo que recibía, que no eran pocos. Al final, cinco minutos después de empezar el ataque, Drake paró mientras observaba el cuerpo del castaño caer al suelo sin vida. Notó como el campo que había colocado Mascrow estaba desapareciendo, permitiéndole salir a su poder de luz. Notó un fuerte dolor en el pecho, fruto de la lucha interna de sus magias de luz y oscuridad. Cayó al suelo. Vio como una chica con el pelo rubio recogido en una coleta salía fuera de la casa.
-¡DRAKE! –gritaba la chica mientras corría hacia él. El aludido notó como la chica lo abrazaba delicada pero firmemente.
-Bru… Brunilda –respondió el pelirrojo con un tono suave. Ahora que se había recuperado notaba un fuerte dolor en todo su cuerpo, fruto de los ataques que había recibido.
-¿Estás bien? –preguntó la rubia.
-Gracias –respondió el pelirrojo –Bueno, más o menos.
La chica cogió su brazo derecho y se lo pasó por el hombro para levantarle. Una vez estuvieron en la habitación del chico, Brunilda empezó a sacarle la camiseta, quedándose sorprendida. Tenía al menos veinte agujeros bastante feos en su torso y una zona que estaba medio chamuscada donde el esternón. Cogió un pote, que contenía lágrimas de fénix, y empezó a esparcirlo por el cuerpo del pelirrojo, el cual soltaba un quejido de dolor cada vez que le tocaban el pecho.
-Aguanta, cariño –decía Brunilda en voz baja, pero lo suficiente alto como para ser oída por el pelirrojo –Ya falta poco.
Veinte segundos después, el pecho de Drake estaba no como nuevo, pero al menos sus heridas estaban mejor. Brunilda le apuntó con la mano.
-Férula –dijo la rubia. Unas vendas empezaron a enroscarse en el pecho del pelirrojo sujetándolo -¿Quién te ha hecho esto?
-Un tal Mascrow –respondió Drake –un mercenario contratado por Voldemort.
Brunilda se llevó las manos a la boca al oír esto, ya que significaba que Voldemort tenía una idea de donde estaban.
-Tranquila. Tengo un castillo cerca del Valle de Godric, con más capacidad y más fuerte. Y mirándolo por el lado bueno, podríamos contactar con alguien que nos ayudaría.
-Alex… -murmuró la chica, intuyendo lo que quería hacer Drake.
Al día siguiente, los muchachos se trasladaron al castillo que poseía el pelirrojo en el Valle de Godric. Tras instalarse y encerrar a Bellatrix en una celda aún peor de la que tenía en Middlesbrough (esta además presentaba pinchos en las paredes), Drake decidió salir al pueblo, dirigiéndose hacia donde estaba el ayuntamiento.
Cinco minutos más tarde…
-Buenos días, Alex –dijo Drake. El pelirrojo estaba con el señor Fullbuster en su despacho de alcaldía.
-Cuanto tiempo sin vernos, Drake –respondió Alexander con un tono jovial –quisiera saber a qué debo el honor de recibir tu visita.
-Vayamos al grano –dijo Drake –quisiera proponerte una alianza.
-¿Una alianza?
-Sí –respondió el pelirrojo –estoy intentando crear algo digno de llamarse ejército para destruir a Voldemort.
-Y queréis que nos unamos a ustedes –dedujo Alex
-Solo si vosotros queréis –respondió Drake Quien quiera unirse puede alojarse tranquilamente en mi castillo, y quien no puede quedarse en el pueblo… al cual ocultaremos bajo un fidelius.
-¿Y quién sería el guardián secreto? –preguntó el mayor.
-Yo mismo –respondió el joven –ah, sí, me olvidaba. Tenéis un mes para responderme. Si no me decís nada, lo tomaré como negativa. Tranqui, no pasará nada.
Bueno, por fin he terminado. Este, al contrario que el anterior, si que tiene algo de trama (si bien lo del mercenario era más para dar una excusa para cambiar de puesto y propiciar la continuidad). Ahora a ver cómo termina esto.
