Buff, por fin me digno a actualizar. He estado algo ocupado buscando buenas historias para leer (para mi gusto son pocas), ojeando en uno de mis mangas favoritos y pensando en cómo avanzar. Ha sido difícil, pero al fin he logrado crear un capítulo decente (desde mi punto de vista) sin tener que recurrir a ninguna batalla.

Ahora vamos a responder a los reviews. Me alegro por los que han posteado, y os animo a todos a postear vuestras dudas o sugerencias.

Zarkan: Gracias por tu comentario. Espero que te guste este.

Draon-mll: Podrías decirme el nombre, a ver si le echo un vistazo (tranquilo, no plagiaré). Me alegra que te guste mi forma de describir las peleas (realmente me encanta escribirlas, una buena historia no puede faltar de buenas peleas).

Sirius314: Gracias por tu comentario. Ojalá te guste el de hoy.

Verodelprado: Bienvenido a mi historia. Me alegra que te guste. Y tienes razón, le han jodido mucho, de hecho, me extraña que Rowling no hubiera decidido darle un tinte más oscuro a Harry en los dos últimos libros… hubiera sido un buen golpe de efecto.

¿Dios, tan evidente era lo de Brunilda? Bueno, que le haremos, el pairing ya está hecho, ahora solo queda encontrar a los otros.

Y para acabar, que Voldemort las tendrá canutas con la que se está cociendo en mi cabeza.

Bueno, gracias a todos vosotros por comentar.

Cap. 9: Traición en la Orden.

Ya había pasado una semana desde el encuentro de Drake con Mascrow, suceso que había marcado profundamente al joven. No es que tuviera pesadillas ni nada de eso, pero el haber sufrido tanto en una pelea individual le había hecho obsesionarse con su entrenamiento, el cual había multiplicado por diez. A veces se pasaba días enteros en el gimnasio del castillo del Valle de Godric o en la sala de entrenamiento mágico.

Sus compañeros estaban preocupados. Por un lado, Charlie se estaba preocupando por su amigo, ya que hacía tiempo que no les decía nada a él y a Brunilda. Temía que se hubiera encerrado en sí mismo y que se hubiera obsesionado con el poder.

Por el otro lado, Brunilda estaba visiblemente preocupada por el estado de Drake. Algo le decía que, si no hacía nada, podría recaer de nuevo en la oscuridad en la que estuvo hasta que empezaron su relación. Suponiendo que ahora mismo estaría en el gimnasio, se dirigió hacia allí. Lo vio entrenándose con unas pesas que cuadruplicaban su peso. En esos pocos días, los músculos del pelirrojo habían ganado un montón de definición y, si bien no estaban tan exagerados como los de los culturistas, ahora mismo la figura de su novio se había vuelto más gruesa, alcanzando el tipo de un jugador de balonmano. Pesaba aproximadamente unos 120 kg y medía metro noventa y cinco de altura aproximadamente. Se acercó a él.

-Drake, tenemos que hablar –dijo, con un tono algo inseguro.

-Ya estamos hablando –respondió cínicamente el pelirrojo mientras dejaba las pesas en el mostrador con su magia.

-Me refiero a algo importante –expuso la rubia –he notado un fuerte cambio en tu actitud a raíz de "eso".

-Es cierto –admitió Drake –pero tengo que hacer esto. Si apenas he podido contra ese cazarrecompensas estúpido, no podré hacerle ni un rasguño a Voldemort o a Dumbledore si no me hago más fuerte.

-Pero eso no quiere decir que te tengas que encerrar en ti mismo, Drake –replicó la rubia.

-Esto es algo que estoy obligado a hacer. No por el mundo mágico, no por quien quiero, sino por mi orgullo. Juré venganza por todo lo que me hizo, y no estaré satisfecho hasta que la cumpla –dijo el pelirrojo.

-No tienes que ponerte tanta carga encima, Drake –respondió la chica –nos tienes a nosotros. Por favor, recuérdalo.

Drake cerró los ojos y agachó la cabeza. Por su expresión estaba intentando contenerse las lágrimas.

-Lo pasé muy mal –reconoció –cuando usó la atmósfera negra, todas mis pesadillas y malos momentos me asaltaron. Toda la oscuridad de mi corazón se me fue al cuerpo y perdí el control de mi mismo. Si solo pudiera controlarme mientras estoy en ese estado…

-Debe de ser terrible –dijo Brunilda mientras empezaba a acariciarle el pelo a Drake –el ver a todos tus peores momentos pasar por delante de ti y no poder hacer nada.

-No sabes lo que se siente –respondió Drake mientras una lágrima silenciosa recorría su mejilla izquierda –ver como todos aquellos a los que quieres van cayendo delante de ti y no poder hacer nada… ojalá no tengas que sufrirlo.

-No tienes que martirizarte por esto, Drake –dijo la chica mientras abrazaba a su novio por la espalda –estaremos a tu lado.

-Gracias –respondió Drake con un tono que denotaba sinceridad. Giró lentamente su cabeza, conectando sus labios con los de la mujer a la que amaba, compartiendo un beso cálido y romántico. Varios segundos más tarde…

-Por fin te encuentro… -dijo una voz que ambos reconocieron como Charlie, haciendo que se separaran de repente –eeh… lo siento.

-No pasa nada, Charlie –respondió la rubia.

-¿Qué querías, tío? –preguntó Drake con un tono despreocupado.

-Quería hablar contigo, pero veo que estás ocupado –respondió el pelinaranja (el tono de pelo Weasley es más bien tirando a naranja, al menos desde mi punto de vista) –me alegro que te hayas recuperado.

-Gracias. No sé qué haría sin vosotros –admitió el pelirrojo.

-Probablemente estarías ya en plena oscuridad, amenazando el mundo.

-Bueno, ¿Qué os parece si vamos al Caldero chorreante a tomar unas copas? –preguntó Weasley.

-¿Por qué no? –Respondió Drake –esperen un momento, que me saco el sudor.

Un cuarto de hora más tarde (más que nada porque Drake amaba estar bajo el agua caliente), el pelirrojo apareció duchado y vestido. Llevaba una chaqueta de cuero negro bastante pesada y de un grosor considerable, de aspecto parecido a una levita en cuanto a largo, con una camiseta de Disturbed debajo (negra, obviamente) junto con unos pantalones negros mezcla de tejanos y cuero, los cuales llevaba sujetos por un cinturón de balas. El pelo, aún húmedo, lo llevaba recogido en una coleta.

No tardaron mucho en llegar al Caldero. En esos tiempos, era un lugar poco concurrido, con aspecto de una taberna de mala muerte. Se acercaron al tabernero.

-Buenos días, Tom –saludó el pelirrojo.

-Buenos días, muchachos –respondió el viejo tabernero –ustedes dirán.

-Para mí lo más fuerte que tenga –pidió Drake.

-Un vodkardiente –dijo Charlie.

-un hidromiel sangriento.

Un minuto después, los tres recibieron sus respectivas bebidas. Empezaron a hablar de temas banales, como los últimos resultados del quidditch (Drake era seguidor del Puddlemore) o las últimas noticias que salían en El profeta, o el último disco que habían sacado Las brujas de Macbeth, los cuales eran el grupo favorito de Charlie. Drake se dispuso a pedirse otra bebida cuando vio a dos figuras encapuchadas desaparecer, sonándole conocidas sus auras mágicas.

-Esperen aquí –dijo a sus compañeros levantándose bruscamente.

-¿Qué pasa? –preguntó Charlie en voz baja.

-Esos dos no me son desconocidos –respondió el joven, refiriéndose a los encapuchados, con el mismo tono.

-¿Serán Mortífagos? –preguntó Brunilda.

-No, y ojalá lo fueran, pero no lo creo –susurró el joven –voy a seguirlos.

Dicho esto, depositó su cuenta en la mesa y se dirigió sigilosamente hacia los dos encapuchados. Los siguió hasta que se metieron en un callejón y se quedaron enfrentados, apoyándose en las paredes de los edificios. Agudizó su oído.

-¿Crees que hacemos bien en hacer esto? –Dijo una voz que Drake reconoció como de mujer –es decir…

-No lo sé –dijo el otro encapuchado, sonándole su voz al espía –podría estar espiándonos con cualquiera de sus peleles… pero ya no hay vuelta atrás. Tenemos que hacerlo.

-Estoy preocupada, Remus –dijo la mujer –pero ya estoy empezando a desconfiar de Dumbledore. Últimamente les da mucho crédito a Hermione y a los Weasley. No sé qué haría Harry si se enterara.

-Yo también, Tonks –respondió el hombre –pero me está empezando a enfurecer el hecho de que casi ni se preocupen por Harry. Debí hacerle caso a Sírius y encargarme yo mismo de Harry. Lo encontraré aunque tenga que morir.

Si Drake se sorprendió, no lo parecía. Todo eso no le había hecho sino aumentar su curiosidad.

-Esto es muy extraño –habló Tonks –pero ha habido muchos cambios… la desaparición de Harry… la revelación de Fudge… y la aparición de Jacobsen.

-Jacobsen –respondió Remus –ese hombre es la clave. Si tan solo pudiéramos contactar con él…

En esos momentos, Drake salió de su escondite y se puso en la entrada al callejón

-¿Queréis contactar conmigo? –dijo el aludido tranquilamente.

-¡Drake! –respondió el licántropo medio sorprendido. Hablando del rey de Roma…

-Tranquilos, no voy a mataros –respondió el pelirrojo con voz suave –pero este no es un buen lugar para hablar.

-¿Qué propones?

-Qué vayáis conmigo –respondió el pelirrojo –podemos hablarlo tranquilamente en mi casa.

-De acuerdo –dijo Remus, tras pensárselo un poco.

Dos minutos más tarde, los cinco estaban en el castillo de Drake. En el salón, Drake había acomodado con su magia cinco sillones, cada uno de acuerdo con la sensación de comodidad de cada uno.

-¿Y bien? –Preguntó el pelirrojo -¿de qué queréis hablarnos?

-Mirad, supongo que sabréis que somos parte de la Orden –empezó Tonks

-Pero últimamente hemos estado discordando con Dumbledore –continuó el licántropo –no sé si te has fijado alguna vez, pero ha empezado a enfocarse en tres de sus miembros. Parecen como si tramaran algo.

-¿Qué miembros? –preguntó Brunilda, teniendo una vaga idea sobre quienes podían ser.

-Dos de ellos son mis hermanos –concluyó Charlie –pero no sé quien podría ser el tercero.

-Exacto, Ron y Ginny –dijo Remus –el tercero se trata de Hermione Granger. Creo que están tramando algo con Dumbledore.

-Sí, es algo extraño –concluyó Drake, como si supiera algo –Y algo me dice que tiene conexión con vosotros.

-Exacto –respondió el licántropo –todo se remonta a hace ya seis años. En esos momentos, el hijo de mejor amigo, Harry, desapareció misteriosamente. Lo más extraño es que no les dijo nada a los que se suponía que eran sus amigos.

-Eso es cuando el hijo de puta de Fudge reveló su auténtico rostro, ¿verdad? –preguntó el pelirrojo.

-Así es –respondió Tonks –más tarde desapareció Severus. Creemos que este último ha vuelto con los Mortífagos con confianza renovada. Pero sobre Harry no sabemos nada.

-Hablando de Harry –dijo Remus –durante los primeros dos meses lo buscamos como locos, pero a partir de ese tiempo, Dumbledore y los demás lo han dejado de lado, como si apenas fuera importante.

-Supongo que Dumbledore solo lo consideraba un arma desechable, en realidad –concluyó el pelirrojo -¿Potter lo sabía?

-Creemos que no. Pero lo mío es algo personal. No pararé de buscarle aunque tenga que traicionar a la Orden. Después de todo, es como un sobrino para mí. Debí haberle hecho caso a Sírius y haberme encargado yo de él.

Al decir la palabra "Sírius", el rostro de Drake se ensombreció por un momento

-Tonks ha decidido acompañarme, por supuesto. Después de todo, tampoco está de acuerdo con las ideas de Dumbledore.

-¿En qué podemos ayudaros? –intervino Charlie.

-Quisiéramos preguntaros si sabéis algo sobre Harry o su posible paradero –anunció Remus

-No os preocupéis –respondió Drake –ahora mismo se encuentra a salvo, en una de mis propiedades. Unos amigos míos le están entrenando para que, cuando vuelva, pueda aplastar a Voldemort y a Dumbledore sin problemas.

-Gracias –respondió Remus.

-¿Alguna cosa más? –preguntó el anfitrión.

-Sí. Hemos decidido dejar la Orden del Fénix –reveló Tonks –pero igualmente queremos seguir luchando contra Voldemort.

-Y ahí es donde entras tú, Drake –respondió Remus –queremos unirnos a ti. Queremos ayudarte en tu batalla contra Voldemort. Por mis amigos… por Harry… deseo ayudarte.

-Lo mismo digo –dijo Tonks –Ahora que Dumbledore deja de ser la opción principal en la lucha, hemos decidido apoyarte.

Drake sonrió. Había sondeado las mentes de ambos, reconociendo su sinceridad. Además, había descubierto que esos dos habían pensado en traicionar a Dumbledore hace un tiempo.

-Muy bien –respondió el pelirrojo –Habéis hecho un gran paso. Os habéis liberado de las cadenas impuestas por Dumbledore, y habéis venido a participar en mi Venganza. Veréis magias que antes ni os atrevisteis a soñar. Vuestros poderes se desarrollarán libremente. Tomad esta mano.

Dicho esto, extendió su mano derecha hacia ambos, ofreciéndola. Remus encajó con él, haciéndolo después Tonks.

-Bienvenidos al Infierno –acabó el pelirrojo.

Bueno, por fin acabé este capítulo. Ha sido uno de los que más me ha costado de escribir (quería avanzar argumento y a la vez no inmiscuir a los personajes en ninguna batalla), pero creo que ha valido la pena tanto tiempo rompiéndome el coco. Espero que os guste.