Bueno gente, al fin actualizo con esta pequeña batallita. Puede que no me haya salido tan bien como esperábais, pero espero que esto os guste (no se me dan muy bien las batallas navales, pero para esta parte era obligatorio construir flota).

Bueno, ha llegado la hora de responder reviews. No han sido muchos, pero algo es algo. Solo espero que vayan comentando.

Zarkan: Gracias por comentar. Esta no ha sido de mis mejores batallas, pero espero que te guste, he tratado de enfatizar las partes de acción (como a mí me gusta).

Satorichiva: Gracias. Siento que sean tan cortos, pero últimamente tengo la inspiración escrita bastante baja (no os preocupéis que al menos acabaré el fic). Sobre tus preguntas… la primera se dejará entrever la respuesta en este, pero para responderla completamente necesitaré otro capítulo.

Dark Mare Dragon: Gracias por comentar. Espero que te guste el nombre para el ejército de Drake. Espero que recuperes pronto la inspiración.

Cap. 16: La batalla de Azkaban.

Unas diez horas más tarde, una flotilla de 5 yates de lujo reconvertidos en buques de guerra junto con 1 barco algo antiguo parecido a portaaviones más propiedad de los jinetes de wyvern estaban bastante cerca de Heligoland, donde estaba situada la prisión de Azkaban. Ya habían logrado traspasar las barreras protectoras de la isla, que estaban a unos 100 kilómetros de ella.

-Informe de la situación –pidió Drake a través de la radio de su actual buque insignia.

-Aquí el capitán del Leviatán –se oyó por la radio –todo despejado por babor.

-Aquí el Lancero. Limpio a estribor. Estamos a 80 km de la prisión

-Recibido. Lloyd, ¿cómo va todo en el Dragón Marino?

-Despejado, almirante Drake –respondió el jinete de wyvern.

-Aquí el Eclipse. Nuestros radares detectan a treinta barcos enemigos a 10 km –se oyó por la radio.

-Lloyd, envía a uno de tus jinetes a observar la situación –ordenó Drake.

-Recibido –respondió Stromsen. Al cabo de dos minutos Lloyd volvió a hablar.

-Almirante, tenemos a veinte galeones y diez galeotas, junto con cien dementores.

LOL de Drake. Pese a su superioridad numérica, parecía que los Mortífagos todavía vivían en el siglo XVI tecnológicamente.

-Lloyd, manda a diez de tus jinetes ligeros para atacar a los dementores. El resto preparad los cañones.

Los jinetes enviados volvieron pronto, habiendo destrozado ya los dementores. Estaban a tres kilómetros de las antiguas naves Mortífagas.

-¡Fuego! –gritó Drake. Todas las naves dispararon.

-¡Blancos eliminados! –gritó uno de los hombres.

-Solicito recuento de daños en nuestras naves – pidió el pelirrojo.

-Ninguno, mi señor. No les hemos dado tiempo a disparar.

Drake sonrió. Si bien todavía no tenía muchos recursos navales, habían acabado con ese contratiempo en unos pocos segundos.

-Estamos a diez km de la isla.

-Parad ahí –respondió Drake –formad un pentágono alrededor de la isla. Las unidades de tierra que se coloquen en los transbordadores y que salgan a mi señal. Lloyd, tus jinetes pesados se dedicarán a bombardear la isla. Intentad no dañar a ninguno de los nuestros.

-¡Sí, señor! –gritaron progresivamente los capitanes de las otras naves.

-Cuando lance chispas rojas al aire, abrid fuego. Cuando lance chispas verdes, pararéis el fuego y los transbordadores se dirigirán a tierra.

-Recibido –gritaron todos.

Drake salió a la cubierta de su yate. Delante de él se encontraba una de las mayores fortalezas que pudieran existir. Unas murallas de unos cien metros de altura cubrían a un enorme prisma triangular con pocas ventanas. Cerca de mil dementores pululaban por los aires. Una sensación de frío recorrió sus venas. Se concentró en uno de sus mejores recuerdos con su novia para que no le afectaran.

-Puedes sentirlo, ¿verdad? –le preguntó Brunilda, que estaba a su lado.

-Sí –respondió el pelirrojo. Una bola de color marfil se concentraba en su puño izquierdo.

-¡Desmaius! –gritó. Un rayo rojo se dirigió hacia el aire. Un segundo más tarde, los jinetes de Lloyd empezaron a destrozar a todos los dementores que había en el lugar. Varias arpías salieron por algunas de las ventanas, listas para ayudar a los dementores, pero no eran rival para los jinetes de wyvern. Al cabo de cinco minutos, las murallas estaban destrozadas. Drake lanzó chispas verdes al aire, indicando el alto el fuego.

Se subió a su transbordador para llevar la batalla a tierra. No tardaron mucho en llegar. Cincuenta hombres contra mil Mortífagos, los cuales parecían ir sufriendo el bombardeo constante de los jinetes de wyvern.

-Drake, esto parece estar plagado de Mortífagos –opinó Carlos.

-¡AL ATAQUE! –gritó el pelirrojo mientras cogía su vara. Se lanzó el primero de todos, cortando Mortífagos y repartiendo leña al por mayor. Sus hombres le siguieron, algunos atacando con sus armas, otros lanzando hechizos a diestra y siniestra.

-Ya sabéis el plan –gritó el pelirrojo. Usó las balas explosivas de su revólver para destruir la puerta de entrada, llevando un pequeño contingente de seis hombres hacia el sótano. Usó su mano izquierda para lanzar hechizos a diestra y siniestra hacia los barrotes de las celdas.

-Liberad a los presos y llevadlos a nuestra base –mandó el pelirrojo mientras se lanzaba a por los Mortífagos. Hizo un remolino con la vara golpeando a varios de ellos en sus cabezas con ella, para luego moverse a base de golpes y puñetazos, destrozando todo Mortífago y/o criatura que se le oponía. Bajó por las escaleras que llevaban al segundo sótano. Tan solo a entrar, notó un aire gélido y deprimente. Tenía a más de cincuenta dementores delante de él. Se concentró, intentando que no le salieran a flote sus pesadillas donde acababa con todos sus amigos o las muertes de sus seres queridos, rememoró su primer beso con Brunilda. Un aura blanca le envolvía.

-¡Devastación paradisíaca!

Varias bolas de luz salieron de su cuerpo acabando con todos los dementores al mínimo contacto. Se dedicó a sacar a los prisioneros de sus celdas. Abrió la puerta de la última cuando vio algo que lo dejó shockeado. Un joven hombre de aspecto oriental estaba colgado de sus brazos por varias cadenas. El hombre parecía tener signos evidentes de sobreexposición a los dementores y de crueles torturas. Lanzó dos hechizos con su mano derecha, liberándolo de las cadenas. El hombre cayó al suelo pesadamente. Hubiera impactado con fuerza si no hubiera sido porque Drake le cogió antes del impacto.

-Maestro… -susurró el pelirrojo.

-Drake… -dijo el hombre, con una voz desgarrada.

-Aguanta… pronto estarás bien –dicho esto, el pelirrojo hizo que el hombre desapareciera. Salió de la mugrienta celda cuando vio a alguien en la puerta.

-Vaya, vaya, vaya… -dijo el desconocido –pero si es Jacobsen en persona. Que feliz estoy de saber que seré recompensado más allá de nuestras imaginaciones por el simple hecho de ejecutarte.

El desconocido dio varios pasos hacia adelante. Llevaba una túnica negra y, al contrario que los Mortífagos, no llevaba máscara ni capucha. Para adornarlo, llevaba en su espalda una afilada hacha de ejecución.

-MacNair… -susurró el pelirrojo –no sabía que fueras el alcaide de esta mugrienta prisión.

-Desde que ascendimos al poder que el Señor Oscuro me ha dado esta privilegiada posición –continuó MacNair -No sabes cuan agradable es escuchar los gritos de dolor y los lamentos de los prisioneros mientras los torturamos.

-Para mí eres solo otro psicópata más –respondió Jacobsen mientras se armaba con su vara (por si acaso la describiré ahora, es como una mezcla de una maza de guerra y un bastón japonés con una empuñadura central de unos 50 cm de largo y dos partes contundentes de 65 cm de largo que sobresalen por los lados de la empuñadura las cuales presentan salientes parecidos a un Kanabo (garrote japonés), aumentando la peligrosidad de sus golpes) –y como tal, tienes que morir.

Asió la vara con su mano derecha mientras creaba una bola roja (esto es simplemente energía mágica normal) y la lanzaba hacia MacNair.

-Scutum –MacNair invocó un campo de magia que desapareció junto con el ataque del pelirrojo –Crucio.

El ataque de MacNair atravesó al pelirrojo sin hacerle daño alguno.

-¿Eso es todo lo que sabes hacer? –preguntó Drake –Averno.

Un rayo anaranjado golpeó a MacNair en el bazo, haciéndole soltar un fuerte grito de dolor.

-Acabo de calcinarte el bazo. Tienes suerte de que no te haya alcanzado ningún órgano vital.

-Cabrón… -masculló el Mortífago –Bituka aeris.

Un rayo color marrón mierda golpeó de nuevo a Drake, el cual se mantuvo impasible. Debía agradecerle eso a su habilidad, pues no pudiera usar el Cuerpo Negro, probablemente sus intestinos hubieran salido por su boca.

-¿Pero qué…? –gritó MacNair sorprendido. Drake se aprovechó de eso para golpearle en su herida del bazo con el bastón, haciéndole soltar un grito de dolor.

-¡Agh…! –masculló el alcaide de la prisión entre dientes –ahora lo entiendo. Puedes absorber hechizos con tu cuerpo, ¡pero eso no me impedirá de cortarte la cabecita!

Dicho eso, el verdugo sacó su hacha y se dispuso a cortar la cabeza del pelirrojo, el cual se limitó a agacharse lo justo como para no ser alcanzado. Se impulsó con los pies, golpeando con su cabeza el abdomen de MacNair, y rodó sobre el hombro para levantarse. El Mortífago asestó un golpe vertical, a lo que Drake reaccionó colocando su bastón en la trayectoria del hacha.

-Eres lento –susurró el joven guerrero lo suficientemente alto como para que su enemigo le oyera. Apartó el filo del hacha con un movimiento con su bastón y golpeó hacia el rostro de su enemigo, el cual tuvo que interponer su hacha con mucho esfuerzo, pero Drake logró cambiar el golpe a último momento y le golpeó por el otro lado, que estaba indefenso. Golpeó dos veces más a MacNair con su vara, haciendo que soltara su arma. Para rematarlo, le cortó en dos por el eje longitudinal. Se desapareció hacia la puerta de entrada. Observó la prisión. Estaba bastante dañada, pero él sabía que si quería causar impacto en la comunidad mágica debía hacerla pedazos. Sacó su móvil e hizo una multillamada a todos los del círculo.

-Aquí Jacobsen. Retiraos hacia los barcos.

Una vez estuvieron todos en sus barcos, cogió la radio del puente de mando de su nave capital hasta el momento.

-Aquí el capitán del Belcebú. Abran fuego hacia la prisión hasta derrumbarla del todo.

-Recibido –dijeron el resto de sus capitanes.

Todas las naves abrieron fuego al mismo tiempo. Ahora casi indefensa, la gran fortaleza de Azkaban no tardó mucho (una media hora aproximadamente) en desmoronarse bajo el bombardeo naval ejecutado por los cinco navíos del pelirrojo.

-Recuento de bajas en nuestro bando –pidió Drake por la radio.

-hemos sufrido unas 15 bajas en total –dijo uno de los tenientes.

Drake sonrió. Era un número bastante bajo de bajas sufridas comparado al daño que hicieron en las filas de Voldemort (tanto física como moralmente) y las posibles adquisiciones que tendría en sus filas.

Bueno, se terminó la batalla. En el siguiente se darán a conocer algunos detalles más, como quien es el hombre al que Drake ha rescatado o las repercusiones que tendrá esto en la situación. Espero que os guste.