Capítulo dos: Sherlock H. y John W. (mini-mini-mini aparición de Greg L.)

Si estos personajes me pertenecieran, lo sabríais.


No son malas marionetas

John subía las escaleras hacia el 221B de Baker Street a paso ligero. A pesar de las advertencias de su compañero de piso no había cogido paraguas y la lluvia lo había sorprendido. Estaba completamente empapado. Eso, en parte, le daba igual. Lo importante era que tendría que sufrir la humillación del "te lo dije" de Sherlock. Hablando de cierto detective chiflado... ¿Tenían visita? Oía voces. Abrió la puerta del piso y dejó la bolsa de la compra en el suelo. Se acercó cautelosamente al comedor, pero tan solo estaba Sherlock tumbado en el sofá. ¿Hablaba solo?

-No, yo estaba haciendome la permanente a esa hora, señor inspector -una voz ridículamente aguda salía de la garganta del detective consultor. Un calcetín rosa (¿de dónde diablos había salido un calcetín rosa?) en la mano derecha de Sherlock movía la "boca" como si estuviera hablando.

-Pues yo estaba en la consulta del dentista -la voz era ahora más grave y ronca, y "salía" de un calcetín azul en la otra mano del moreno.

-Está claro que el asesino es uno de vosotros dos, pero... ¿cual? -murmuró Sherlock, ahora con su voz normal.

-Sherlock... ¿Qué haces? -interrumpió John, atónito, la "conversación".

-Investigando, John.

-Con calcetines...

-Sí, con calcetines. Lo llamo Socking, de socks, calcetines en inglés. Lo he inventado yo. ¡Será toda una revolución, todos los policías lo usarán!

-Socking...

-Sí, es un nuevo método de investigación.

-Un nuevo método de investigación...

-¿Puedes dejar de repetir lo que digo? Es molesto.

-Molesto... ¡Sí, perdona! Es que lo estoy asimilando. Sabía que algún día perderías la cabeza, pero no esperaba que fuera tan pronto.

Sherlock volvió a conversar con sus calcetines, dejando al sorprendido soldado en paz. John lo miró unos segundos y soltó una carcajada. Si lo contaba, nadie le creería. Algo aliviado porque su compañero de piso hubiera obviado el hecho de que estaba empapado, empezó a subir las escaleras hacia su habitación. Debía cambiarse de ropa antes de enfermar.

-¡Por cierto, John: TE LO DIJE! -gritó Sherlock.

-Mierda... -murmuró el doctor.


-Oye Greg, ayer me dejé la chaque... -John se detuvo en seco, al abrir la puerta del despacho del DI.

Si el soldado dejó la frase en el aire no fue porque el desorden lo sorprendiera, o porque Mycroft estuviera ahí en alguna situación comprometida con el policía (como ya le pasó una vez): Greg tenía un calcetín en cada mano y estaba manteniendo una conversación a tres voces consigo mismo. Al ver al rubio se detuvo de golpe y le sonrió.

-Pasa, John. Está sobre la mesa, te la iba a llevar luego -al ver que la vista del soldado estaba fija en sus manos soltó una carcajada-. Es un nuevo método de investigación. ¿Conoces el Socking?


Creo que todos hemos usado el Socking, aunque no sea para investigar un asesinato.