PERDIDOS PARTE 1

Idris había sido en parte adoptada por Dïs, le había asignado un cuarto y temprano por la mañana la despertaba para que la acompañara en sus quehaceres cotidianos. Uno pensaría que una princesa entre los enanos no haría más que ser servida, pero Dïs se encargaba de muchos menesteres de la casa de Thorin y de la propia. Así que no era raro verla cargada con cestas por lo que la ayuda de Idris era apreciada. Sus ahora hermanitos, iban detrás de ellas siempre prestos a cumplir con cualquier servicio para el que fueran requeridos.

Eso era hasta que el medio día llegaba, y los tres niños subían a la plaza, buscando la armería, para entrenar. Para Idris era más un juego, puesto que tal vez a los 6 años tuviera la claridad mental para saber que necesitaba aprender a luchar, pero le faltaba la fuerza. Así que los hermanos simplemente dejaban que los viera entrenarse y su compañía los llenaba de felicidad.

Hacía la noche siempre recibían la visita de Thorin, cosa que no era frecuente, según le habían dicho los hermanos a Idris, pero ahora, era sorprendentemente usual. Thorin comenzó a enseñar Khuzdul y un poco de la historia de su pueblo. Cosas que en algún momento Itariel le había contado pero desde una perspectiva un poco diferente. Cuando comenzaba a cabecear, Dïs la levantaba y la acompañaba a su cama. Fueron pocas las ocasiones que dejaba que se quedara dormida recargada en Thorin, porque sabía lo que su hermano sentía por la niña y no quería alimentar algo que consideraba como "falsas esperanzas".

Diez semanas después de que Idris comenzara a vivir con la familia de Thorin, Itariel regresó.

Apareció como una visión de furia en las calles del poblado enano y se quedó en el dintel de los túneles subterráneos. No pronuncio una palabra pero su presencia bastó para que fuera avisado el príncipe Thorin y este tuviera que salir para enfrentarla.

-¿Dónde está? –dijo nada más ver al enano.

-¿De qué puedes estar hablando elfa? –le espetó él con todo el desprecio del que fue capaz.

-¿Dónde está? –volvió a preguntar con el inicio de una ira que difícilmente parecía contener. -¿Qué le hicieron?

-No tengo por qué responder a ninguna de tus preguntas, no eres bienvenida aquí, retírate inmediatamente. –ordenó el príncipe enano y sus palabras originaron que Itariel llevara su mano a su espada, lo que hizo que Thorin sacara su hacha.

A punto estuvieron de comenzar a pelear. Para Idris era una imagen horrenda lo que sus ojos veían.

-¡Itariel! –gritó pero la elfa no volteó a verla y no perdió la concentración que tenía puesta en el enano. Idris corrió para ponerse entre ambos y forzar a la elfa a mirarla.- ¡Basta! ¡Esto es una locura!

La elfa bajó la espada y lentamente la guardó. Tomo a Idris del brazo y comenzó a jalar de ella para que caminara.

-¡Espera! –Itariel ni siquiera disminuyó la marcha, por más que Idris trataba de oponerse. Los hermanos sintieron ganas de detenerla, de evitar que se la llevara, ¿acaso estaba loca esa elfa? ¿Quién demonios se creía para tratar a Idris de esa manera? Fili hizo el ademán de moverse pero la mano de Thorin se lo impidió al tomarlo del hombro, el enano sintió una tremenda ira en contra de su tío por no permitirle ayudarla.

Los días volvieron a la normalidad. Idris trató de calmarla simplemente dejándola ser, no habían pasado años juntas para no saber cuándo ni siquiera tratar de acercársele. Pero al pasar los días, Idris notó que Itariel comenzaba a hacer preparativos para irse. Fue cuando la ansiedad se apoderó de ella y lo único que deseaba era escapar de la única persona que la había querido en la vida.

Itariel estaba más frustrada que enojada. Parada bajo la lluvia y la niebla de las montañas azules, esperando que el gran príncipe de los enanos se dignara a salir a hablar con ella. Los elfos silvanos había dejado muy claro que si quería enemistarse con los enanos, lo haría sola, ellos había vividos por siglos en tranquila convivencia. Tal vez sólo era que se ignoraban y por lo tanto, jamás entraban en conflictos. Así que estaba ahí sola, mojada hasta los huesos y con más tristeza de la que quisiera admitir.

Ambos, hijos de familias reales de sus respectivas razas, se quedaron mirándose en silencio. Con esa simple inspección, Itariel supo que Thorin no tenía la más mínima idea de dónde estaba Idris, y por la expresión de desolación que tenía su hermana Dís, al parecer sus sobrinos tampoco estaban en casa. Eran días lo que llevaban desaparecidos y por más esfuerzos que había hecho la elfa, no podía dar con ella.

-Necesito encontrarla. –El príncipe enano asintió sin pronunciar palabra e iniciaron una búsqueda de los tres niños donde simplemente, tendrían que cooperar.

El entender que la elfa no era un ser tan desagradable fue duro para Thorin. Y el aceptar que el enano no era un completo inútil fue casi imposible para Itariel. Pero conforme se iban acercando a las ruinas de un antiguo asentamiento enano, tuvieron que llegar a verse como compañeros. No fue la experiencia más placentera para ninguno de los dos, siempre obstinados en sus respectivos puntos de vista, pero los movía un motivo más grande que sus diferencias.

Cuando todos los demás lugares fueron registrados, tanto por los enanos como por los elfos, la seguridad de que los niños se encontraban en la ruinas era más patente. Los primeros días pensaron encontrarlos en las cercanías, escondidos tal vez en alguna cueva, pero había registrado todo a consciencia. La única pista que quedo tras de ellos, fue un libro que Idris dejó en su cuarto y que al principio nadie tomo en cuenta. Dís lo encontró y se lo entregó a Thorin. Hablaba del antiguo reino de Nogrod, un lugar del que apenas quedaba rastro, un lugar al que nadie iba y visitarlo era una tarea imposible.

Thorin no estaba seguro, pero su hermana tenía el claro presentimiento de que los encontraría ahí y al comentarlo con la elfa, ella estuvo de acuerdo. La caminata duraba 4 días, por más que se esforzaron, sólo pudieron acortar un día de camino, los acompañaron varios guerreros enanos, para mayor seguridad dijo el príncipe. No encontraron mayor preocupación en el camino, lo cual dejó más tranquila a la elfa, que no podía imaginar qué tipo de protección podían ofrecer dos niños enanos a una niña humana. Ahora se arrepentía de que en ningún momento le hubiera enseñado a pelear a Idris. En el fondo pensaba que jamás se separaría de su lado, que siempre la tendría a ella para protegerla.