Kili quería aprender a usar el arco. Durante días y días no hablaba de otra cosa, desde que despertaba hasta que lograba dormirse y aún hasta dormido. Nadie más sabe usarlo para la batalla, sería impresionante, podría ir a cazar, no tendría que aprender a colocar trampas. Fue tan su insistencia que había logrado que todos estuvieran hartos del tema y preferían ignorarlo, ya nadie quería saber lo increíble que sería saber usar el arco.
-Sígueme. –le dijo Itariel un día en que nada más verlo, todos corrieron para evitar su eterna sucesión de palabras sobre el arco. Miró a la elfa salir de la casa de Dís y se apresuró a seguirla. Lo llevó lo suficientemente lejos de la plaza como para que nadie pudiera verlos, pero lo suficientemente cerca para que se escucharan los gritos de su madre si decidía buscarlo. Estaban frente a un manzanero, cargado de manzanas maduras, Itariel se paró perpendicular al árbol, tenía el arco en la mano derecha y con la mano izquierda colocó la flecha; separó los pies para darse estabilidad.
-Primero aprenderás los pasos básicos y hasta que no lo hagas perfecto avanzaremos. –le dijo. Tomó la cuerda del arco con sus dedos índice, medio y anular, levantó el arco hasta dejarlo frente a ella, su brazo derecho perfectamente estirado. Miró a la lejanía y escogió un blanco. Tensó la cuerda de un solo movimiento rápido hasta que recargó la flecha bajó su barbilla y la cuerda tocaba su nariz. Soltó la cuerda, como si la dejara ir y la flecha voló hasta una de las manzanas haciendo que cayera al suelo.
Kili saltó de la emoción. Estaba seguro de que era muy sencillo. Itariel sonrió, de sencillo no tenía nada y ella se lo demostraría. Lo hizo repetir el movimiento simple de pararse perpendicular al blanco y tomar el arco más veces de las que pudo contar y ese día no hizo nada más que colocar la flecha y levantar el arco. La única vez que intento tensar la cuerda, no lo logró. La frustración se reflejó en su rostro y sin pensarlo, hizo que Itariel soltara una carcajada.
-Debes tener paciencia o de lo contrario no conseguirás aprenderlo correctamente. –le dijo después de horas de repetición.- Lo más importante es que tengas un arco adecuada para tu tamaño, por el momento practicarás con el mío.
-No soy tan pequeño. –dijo Kili un poco enojado. Itariel volvió a reír.
-No dije eso, pero las diferencias entre tú y yo afectan tu desempeño. Con un arco adecuado lo harás mejor.
Kili aceptó esto y comenzó a preguntarse quién de los armeros podría hacerle un arco como el de ella. Itariel de nuevo lo tenía repitiendo la posición inicial cuando su estómago gruñó. Ella volvió a reír y él se sonrojó a más no poder.
-Es todo por hoy aprendiz. –le dijo seriamente.- Nos vemos mañana.
Kili le devolvió el arco y la flecha, hizo una ligera reverencia y salió corriendo de regreso a la plaza. Se detuvo un segundo y dijo: Gracias maestra y recuerda que voy a seguir creciendo, seré tan alto como mi tío.
Itariel se quedó un rato más al aire libre, respirando tranquilamente, era la primera vez en meses que se sentía así.
Fili estaba con su tío cuando las noticias de un pequeño campamento de hombres que había sido visto a menos de un día de camino. No era algo usual ver humanos en esta parte de Ered Luin, casi todos los que habitaban las cercanías eran los elfos y los enanos. Aquello no parecía suponer una amenaza pero era algo de lo que tendrían que ocuparse. Si pensaban asentarse tendrían que entrar en contacto con ellos y delimitar su territorio e imponer reglas de convivencia.
Un campamento de humanos. Era perfecto, habían estado aburridos últimamente, tal vez Kili era el único que se divertía, con sus lecciones de arco. La noticia fue transmitida en su junta diaria previa a la hora de la cena. Al día siguiente, antes del alba, partirían. Era perfecto, con la noticia, Thorin estaría ocupado, Dís no sospecharía nada porque usualmente los tres tenían actividades desde el amanecer e Itariel había regresado con los elfos silvanos la semana anterior.
Se encontraron en la plaza, llevaban suficiente comida, Fili llevaba su espada y Kili su arco hecho en casa. "Esa cosa no sirve", le habían dicho al unísono cuando lo vieron pero a él no parecía importarle. Itariel dijo que un arquero jamás se separa de su arco así que él tenía que acostumbrarse a ir a todos lados con él. Aún no conseguía que Thorin le autorizara que algún armero le hiciera un arco de acuerdo a su tamaño. El hecho de que estuviera aprendiendo de Itariel había causado una pequeña batalla familiar.
Itariel había dicho simplemente que el usar el arco no era exclusivo de los elfos, que si iba a ser tan absurdo como para pensar eso no iba a desperdiciar su tiempo hablando con Thorin. Dís había dicho que si quería aprender a usarlo ella no veía nada de malo que tuviera a una maestra capaz. Thorin literalmente le dejo de hablar pero no prohibió que continuara con las clases. Kili estaba feliz y ahora era capaz de tensar la cuerda y soltarla, aunque las flechas jamás iban para dónde se suponía que estaba apuntando.
Los tres cruzaron el bosque a toda prisa. Cuando terminaron encontrando uno de tantos afluentes de los ríos, vieron el campamento, no estaba a un día de camino, no habían tomado ni 4 horas en llegar. Tal vez se habían movido pero era un campamento grande, probablemente 100 personas. Parecían familias, había muchos niños corriendo de aquí para allá y parecían haberse organizado alrededor de una tienda grande que remataba con una bandera de color verde y blanco.
Pasaron varios minutos observando, no iban a hacer otra cosa, Thorin hubiera sufrido un ataque si pensara que habían ido ahí para entrar en contacto. No sabían qué tipo de hombres eran y cuáles eran sus intenciones, lo único que deseaban era tener la información antes que nadie. Decidieron subir un poco más por el río para cruzarlo y ver el campamento del otro lado. Corrieron como si estuvieran en misión de reconocimiento, haciendo el menor ruido posible. A Idris le parecía un poco ridículo pero Fili se lo tomaba muy en serio.
Últimamente Fili no estaba del mejor humor. A veces simplemente parecía que no quería verla y después de un rato llegaba y se sentaba a su lado. Esto la confundía demasiado pero llegó a la conclusión de que no podía hacer nada para solucionarlo. Muchas veces le preguntó que pasaba pero él se negaba a responder.
Cuando vieron de nuevo las tiendas del otro lado del río constataron que estaban en un error, que no eran 100 personas, eran por lo menos 200. Esto puso un poco nervioso a Fili, sabían que un grupo tan grande no le agradaría del todo a su tío. Esto también lo sabía Idris, teniendo acceso a toda la información que escribía para él, era claro que había que luchar por alimentar a los enanos y ahora, si tantos hombres estaban en las cercanías, podía ser complicado.
Estaban pensado esto cuando, sin que tuvieran tiempo para reaccionar, una flecha apareció y se clavó de lleno en el hombre de Idris con tal fuerza que la derribó. Fili reaccionó saltando y colocándose frente a ella y su hermano, la espada estaba en su mano y en su mente lo único que pensaba era en que debería haber entrenado más consistentemente con Dwalin. Kili estaba junto a Idris, la flecha estaba justo por arriba de la clavícula y un hilo de sangre fluía por debajo de la misma.
-Ninguno se mueva. –dijo un hombre y con estas palabras 10 arqueros dieron un paso al frente y les apuntaron. Kili no pensaba en ellos, trataba de lograr que Idris dejara de moverse, sus gritos eran de dolor extremo. Fili no bajaría la espada, por nada del mundo se echaría para atrás.
-Será mejor que dejes caer tu arma niño. –dijo el mismo hombre al ver la determinación de Fili.
-No soy un niño. –dijo, aunque para los enanos lo era, superando a penas los 20 años, aun le faltaba crecer y su cara estaba por completo libre de barba. El hombre dijo algo en voz baja al arquero que estaba más cercano a él y este bajo el arco y la flecha, colocándolo a su espalda. Se acercó a ellos, pasando junto a Fili que no podía decidir qué hacer. El arquero le enseño sus manos, no llevaba nada en ellas y siguió para quedar junto a Kili e Idris.
-Yo fui quién disparó. –le dijo a Kili, cuando confirmó que los gritos eran de una chica se puso algo pálido.- Lo hice sin autorización.
Era una especie de disculpa, examinó la herida y el rostro de Idris, prácticamente se había desmayado, Kili sostenía su cabeza sobre sus piernas. El arquero se levantó y dijo: Herí a una niña, está bastante mal.
-Bajen las armas, no son enemigos. –dijo el hombre y todos los arqueros al mismo tiempo guardaron flechas y arcos. Kili hubiera querido ver eso, pero estaba con la cabeza agachada, las lágrimas cubriendo su cara, no podía creer que Idris siguiera sangrando por la herida.
Fili tuvo que bajar la espada, esa no era una batalla, aquello había sido un accidente. Solamente que ahora no estaba seguro de lo que iba a pasar.
Llevaron a Idris a la tienda grande, la de la bandera y la acostaron en una mesa. Un sanador acudió y dijo que la herida era grave, que seguiría sangrando si no la cosían. Aquello asustó de manera inusitada a Fili, una herida de flecha no era cualquier cosa, y ella era tan pequeña, ¿cuánta sangre podía perder?
-La ayudaremos. –dijo el hombre y los hermanos tuvieron que aceptar. Se enfrentaban a una decisión difícil, debía avisar a Thorin pero no podían dejar a Idris.
-Iré yo. –dijo Fili, a pesar de que eso no le causaba ninguna seguridad, tendría que dejar solos a Idris y a Kili.
-No es necesario. –dijo el hombre a sus espaldas.- Estoy seguro de que no querrás dejar a tu… hermana.
Fili sonrió a medias. Habían aprendido que aquel hombre era el líder de todos en el campamento, que era una especie de descendiente de una familia real de Gondor o algo por el estilo. ¿Hermana? Era mejor que pensara eso.
-Mi hijo irá personalmente a avisar a sus familiares. –dijo.
-Se lo agradeceremos. –dijo Fili simplemente. Kili se acercó al hombre y le tendió su arco. El hombre lo tomó en su mano y pareció apreciar el trabajo, torpe pero dedicado que había puesto el enano para hacerlo.
-Busqué por favor a nuestra madre, Dís. –dijo Kili. Era mejor así, de todos modos sabían que al final acabarían viniendo ambos. Ya habían pasado muchas horas, seguro que habían empezado a preocuparse. Se suponía que tendrían que haber regresado con mucha información y se habrían proclamado espías expertos.
Los hombres partieron y los sanadores procedieron a tratar la herida de Idris. El retirar la flecha causó un sangrado abundante y el rostro de ella se ponían cada vez más pálido. Fili estuvo todo el tiempo junto a ella, sosteniendo su cabeza e impidiendo que la moviera, porque a pesar de que usaron hierbas para dormirla, aun percibía ligero dolor. Kili se quedó mirando hacia el río, esperando ver llegar a su tío y a su madre en cualquier momento.
Thorin estaba mirando mapas tratando de pensar en qué lugar podría establecerse un asentamiento de hombres si es que ese fuera el caso sin que implicara otro tipo de problemas. Escuchó el revuelo en los túneles antes de que alguien llegara corriendo diciendo que Lady Dís solicitaba su presencia en la plaza y era urgente.
Era un grupo de diez hombres que parecían custodiar a un chico que no debía haber entrado aún en la adultez. Sólo había un caballo, lo demás debían haber viajado a pie. Era ya muy noche, Thorin no se había dado cuenta a qué hora había anochecido, seguro ya se había perdido la cena. Era extraño que Dís estuviera afuera a esta hora, se detuvo a su lado y se fijó que en sus manos estaba el arco de "juguete" que había hecho Kili. Durante los últimos meses no se separaba de esa cosa, ¿dónde estaba Kili?
-Thorin Oakenshield, hijo de Thráin, Rey bajo la Montaña. -dijo Dís con el rostro tenso.- Este es Anoet, hijo de Heza, descendientes de Númenor.
Aquello no le trajo ninguna tranquilidad, ¿qué era esta formalidad? ¿Dónde estaba Kili y porqué no tenía su arco? ¿Dónde estaba Fili y porque no había visto en todo el día a Idris? De repente comprendió.
-¿Dónde están? –preguntó con un poco de angustia transmitida en su voz.
-Nuestro campamento está a unas horas de camino hacia el afluente norte del río. –respondió aquel chico. –Ha habido un accidente.
Dís y Thorin lo miraron horrorizados, ¿quién? La opresión en el corazón de Thorin prácticamente le dio la respuesta.
-Un arquero disparó sin autorización y la niña resultó herida.
Antes de poder si quiera expresar su consternación, un relincho rompió el silencio en el que se encontraban los enanos en la plaza. Itariel había regresado y su mirada se cruzó al instante con la de Thorin, había escuchado perfectamente lo que el chico dijo.
-¡Sube! –le gritó y Thorin echó a correr hacia ella, le tendió la mano y en un segundo lo tenía sentado detrás de ella; a todo galope partieron, sin necesidad de que les explicaran dónde poder encontrarla.
El chico, Anoet, no sabía bien qué hacer ahora. Dís suspiró.
-Dwalin, hemos de partir al campamento dónde amablemente les han dado refugio a mis hijos. –dijo al gran enano que estaba parado a su lado. Este asintió sin decir nada y se formó en el acto un grupo que se dispuso a seguir a los hombres. Para sorpresa del chico que iba en el caballo, los enanos parecían correr, la propia Dís apresurando a los demás; en varias ocasiones tuvo que apresurar a su montura para no quedar atrás. Los hombres de su escolta tenían problemas para mantener el paso.
Kili vio el caballo de Itariel entrar directo en el campamento mientras los hombres se apartaban para dejarlos pasar. El hombre, llamado Heza, puso una mano en su hombro al acercarse por detrás de él. Los niños salieron de las tiendas y se reunieron alrededor del caballo. Kili corrió para encontrar a su tío al momento de bajar del caballo.
-¿Idris? –preguntó y tal vez fue en ese momento en que Kili entendió los sentimiento de su tío. Sabía que se preocupaba por ellos pero su desesperación venía de saber que Idris estaba herida. No se lo reprochaba, él también se sentía de la misma manera.
-En la tienda grande. –dijo y Thorin se dirigió apresuradamente a su interior. Kili no se dio cuenta cuándo Itariel descendió del caballo ni mucho menos cuando se colocó detrás de él. Lo siguiente que sabía era que se había hincado a su lado y lo estaba abrazando.
Caminar de la mano de Itariel lo hacía parecer un niño pequeño, la diferencia de estaturas era mucha, pero Kili se repetía que aún le faltaba crecer, alcanzar por lo menos a su tío y entonces, no sería tan evidente la diferencia. Por el momento, tomar la mano de Itariel hacía muy feliz.
