Fili sentía la mirada de Thorin pero no podía enfrentarse a él. Tenía la inmensa necesidad de pedirle perdón por arriesgarla, por no poder defenderla, por haber dejado que la lastimaran. En primer lugar jamás debería haber sugerido la idea de ir al campamento humano, pero estaba en su naturaleza, hacer cosas que no pudieran parecer las mejores ideas. Sin embargo, sabía muy bien que las consecuencias a veces podían ser demasiado graves.

Les habían dicho que la flecha no hizo daño irreparable, que el sangrado se había controlado de la mejor manera y que era cuestión de semanas para que sanara por completo. El punto era esperar a que despertara, después de eso no habría mayor problema. Thorin se había apropiado del lugar junto a su cabeza y cuando no le clavaba a Fili sus ojos acusadores, miraba el rostro pálido de Idris. Itariel había entrado para verla y se había puesto tan nerviosa que prefirió salir, estaba sentada con un Kili por completo dormido recargado en sus piernas. Aquello pudo molestar en algún momento a Thorin, pero no tenía en ese momento mucha cabeza para nada. Mil pensamientos poblaban su mente, el principal era que si Idris hubiera muerto ese día, él también habría muerto. Negar la verdad de sus sentimientos era ya una tontería. Era cuestión de esperar, que las cosas tomaran su camino poco a poco, pero no la alejaría más, era parte de su vida y esperaba que fuera parte de su futuro.

Dís apareció un poco antes del amanecer, pasó junto a Kili y se quedó tranquila al verlo cuidado por Itariel, le sonrió a la elfa que aún se veía intranquila; no podría sentirse de otra manera hasta que estuvieran en la ciudad de los enanos, en su cuarto, rodeados de la familia que Idris había escogido. Itariel sonrió para sí misma, tranquila rodeada de enanos, eso seguía siendo de lo más incoherente. Tranquila cuando estaba sola con Kili, con las lecciones de arco, tranquila cuando lo tomaba de la mano y él hacía su mueca de "no soy un niño pequeño". Observó cómo Dís era recibida por Heza, como la hacía pasar a la habitación dónde estaba Idris. Dwalin se quedó afuera, esperando, pudo ver su turbación. Aquello había contrariado a todos, ni siquiera podía imaginar lo que sentían los que se habían quedado en casa. Porque todos, aún aquellos que simplemente se cruzaban con los niños en los pasillos, los querían. Era imposible no querer a los principitos y a Idris, siempre llenos de vida y alegría.

Dís encontró a Fili echó un ovillo en el piso, junto a la cama donde estaba acostada Idris, dormido, no quiso moverlo por el momento aunque no parecía demasiado cómodo. En parte sintió una punzada, porque Thorin no había procurado a su hijo esta vez, lo había dejado ahí sin más, seguramente ni siquiera habían cruzado palabra en todo el tiempo que pasaron juntos. Thorin estaba sentado junto a la cabecera, Dís sabía que no se había movido de ahí, su mano cerca de rostro de Idris. Cuando Dís se acercó por el otro lado de la cama, Thorin cerró los ojos, estaba exhausto, necesitaba un momento para dejar de estar en control de todo. Tocó la frente de Idris y estaba fresca, la herida estaba vendada pero estaba limpia, no había sangrado después de que cosieran la herida. Idris abrió los ojos y Dís supo que todo estaría bien.

El campamento de humanos se transformó en una ciudad bastante prospera en cuestión de meses, un año y medio después del incidente de la flecha, había crecido imposiblemente y producían alimentos suficientes para abastecerse y comerciar con los enanos. Thorin y Heza se habían vuelto amigos y cooperaban en múltiples asuntos, aunque a veces llegaban a un punto de tensión cuando los humanos trataban con los elfos, pero era algo que superaban de vez en vez. Las cosas no habían cambiado en esencia. Kili era capaz de atinar a todos los blancos una y otra vez por lo que Itariel lo estaba entrenando ya para disparar desde un caballo en movimiento, aunque ella debía montar con él puesto que de otra manera seguramente acabaría con el enano en el suelo.

Fili ahora entrenaba todos los días con Dwalin, empeñado en mejorar con la espada, no quería volver a sentir indefenso o que pensaran que no tenía la capacidad de defenderse o de luchar para proteger lo que quería y a quién quería. A veces rayaba en la obsesión y era cuando Dwalin le decía que tenía que encargarse de asuntos de Thorin. Entonces Fili se olvidaba un poco de las cosas que habían sucedido y podía quedarse sentado viendo un atardecer o podía volver a jugar con Idris en los pasillos, corriendo lo más rápido posible.

Idris seguía trabajando con las cartas y documentos de Thorin, que ahora eran todavía más por el constante trato con los humanos. A veces no salía en todo el día y sus ojos le ardían y se sentía extremadamente cansada pero para ella valía la pena porque ahora no era más ignorada, ahora su Rey le sonreía, la miraba y aceptaba su presencia con lo que parecía alegría. Claro que los sueños no se habían ido y a veces parecían extraños pero casi siempre eran sobre la Montaña. Sobre el fuego eterno y la seguridad de que el dragón seguía ahí. Pero a veces volvía a ver sus rostros, sus ojos azules, sus sonrisas y sus rostros cerca del suyo mientras movían sus labios y estaba claro que decían mamá. Parecían tan lejanos, ¿sería posible que algún día estuvieran con ella?

Y entonces todo volvía a ser igual que antes y los tres jugaban con las espadas y Kili intentaba que Idris aprendiera a disparar y a Fili sólo le interesaba correr hasta quedarse sin aliento. Cuando hacía suficiente calor la carrera terminaba en el río donde acababan empapados y siempre reían si poder controlarse. Luego por las noches después de que se suponían que debían estar dormidos, Idris se colaba al cuarto de los hermanos y acostaba en su cama y hablaban de las cosas que hacían cuando no estaban juntos o de lo que querían hacer para cuando comenzara a nevar o de lo que hacían los humanos cuando los iban a visitar. Fili dejaba que Idris se recargara en su brazo y él la veía sin cansarse y soñaba sin decirlo que ella se enamoraba mágicamente de él y olvidaba por completo a su tío. Kili soñaba, igualmente sin expresarlo, que se convertía en el enano más alto que se hubiera visto y que cuando dejara de ser un niño, podría decir a su tío, sin temor a que lo asesinara, que estaba enamorado de una elfa. No parecía que hubiera pasado el tiempo, con los días como los vivían, estancados en la comodidad de su vida cotidiana. Tres años después del incidente de la flecha, Fili y Kili eran los mismos físicamente, a pesar de que Kili juraba que era más alto, pero en el caso de Idris no se podía decir lo mismo.

La única cosa que a veces cambiaba en su día a día eran las visitas de Anoet. Al principio parecía algo normal, llegaba y Fili lo acompañaba a ver los alrededores, después veían el entrenamiento de Kili y después cenaba con la familia para el final ser acompañado por Itariel de regreso a su ciudad. Tal vez era pura cordialidad, estrechar los lazos entre ambos pueblos. Más tarde fue claro que no era esa la intención.

Anoet la miraba, una y otra vez sus ojos captaban cada movimiento. Al principio los humanos no estaban acostumbrados a los enanos y pudieron pensar que Idris era hermana de Fili y Kili pero después de algún tiempo fue claro que no era así. Con forme pasó el tiempo y ella dejó de ser una niña pequeña, fue evidente de que era humana a pesar de la ropa que solía usar, similar a la Dís. Cuando cumplió catorce años era de la misma altura que Fili y tan sólo un poco más baja que Thorin.

Por eso Anoet la miraba, porque ahora parecía una mujer y él se sentía hechizado por sus ojos color miel y su sonrisa. Por eso regresaba cada vez más frecuente y por eso fingía interesarse en las actividades de Fili y de Kili; para estar cerca de ella, para volverse alguien normal en su vida. Sabía que durante la mañana ella escribía en limpio los documentos de Thorin, sabía el lugar dónde se encontraba y cuando entro al estudio ella estaba sola. Concentrada, no se dio cuenta de su presencia.

-Parece muy importante. –dijo y ella no se sobresaltó. Tan sólo esbozó una sonrisa que desapareció al instante, no le había agradado que entrara sin su permiso.

-Es inventario de alimentos, por lo cual, si es muy importante. –respondió ella. Él se acercó, se sentó junto a ella y buscó tomar su mano. No, ella se levantó al instante y se echó a correr. No se detuvo hasta estar en el río, casi se sentía sin aliento. Era horrible, su corazón latía mil veces más rápido de lo normal y su mente parecía enloquecer. Anoet era como ella, un humano pero lo sentía tan diferente, tan incomprensible, tan osado, tan desagradablemente incoherente. Ella había sido la que años antes había robado un beso a Thorin y en cambio, nadie había si quiera pensado en trasgredir su espacio personal, eran tal el grado de respeto que ahora se sentía casi violentada. Ella no quería eso, sabía demasiado bien que su camino era y siempre había sido Thorin, a tal grado que si él alguna vez la rechazara, aquello sería el fin de su vida, porque no quedaría ningún sentido, ningún propósito, no quedaría nada.

Decidió que no le agradaba Anoet y ahora lo evitaba a toda costa. No sabía que eso iba a traer consecuencias, jamás pensó que algo que a ella le parecía natural, fuera a desencadenar dolorosos momentos. Nunca imaginó que nadie pudiera querer lastimar a tal grado a otra persona; nunca pensó que a veces cuando se desea demasiado algo, se quiere tomarlo por la fuerza, ese tipo de pensamientos no eran parte de su ser e inocentemente creía que los demás compartían esa integridad. La primera vez que realmente la lastimaron no fue con una flecha, eso sanó casi sin esfuerzo y lo único que le quedo fue la cicatriz. Pero hay otras heridas que no sanan tan sencillamente y cuyas cicatrices son invisibles pero permanentes.


daya y ady prime: Gracias por sus reviews, en serio, significa mucho para mi que les este gustando y que se tomen la molestia de comentarlo.