CAPÍTULO 8
La invitación fue recibida bastante fríamente, cuando Idris se la mostró a Thorin este la tomó de su mano y la leyó en varias ocasiones. Era una celebración, por la cosecha, una tradición bastante arraigada entre los pueblos de los humanos. Algo que en general no era compartido por los enanos, tan poco proclives a los cultivos. A pesar de ser una invitación como cualquier otra, algo no parecía correcto. Thorin lo dudó mil veces, si por él fuera se hubiera negado, pero no quería ofender a Heza, personalmente jamás se había comportado de manera incorrecta con su pueblo. Su hijo era otra historia.
Anoet había hecho algo, de eso estaba seguro, pero por más que le había preguntado a Idris, ella tan sólo apartaba la mirada. Pero no podía obviar el hecho de que en las últimas visitas del chico, Idris parecía evitarlo y aprovechaba cualquier momento para asegurarse la compañía de alguien más; la mayoría de las veces ese alguien era Fili, quién dedicaba miradas desconfiadas al humano y cuando le hablaba, le daba respuestas cortantes y hasta mal educadas. Thorin hubiera querido regañarlo por esto, pero sentía que había una razón fuerte para este tipo de comportamiento de su sobrino. Decidió interrogarlo.
Fili había visto el mismo tipo de comportamiento en Idris, la sentía intranquila y hasta con miedo en presencia de Anoet. Las últimas semanas sus visitas se había convertido en algo pesado, generalmente se quería interesar en el trabajo de Thorin por lo que rondaba su estudio y quería permanecer en el acompañando a Idris cuando Thorin tenía que salir. Esto provocaba que Idris se levantara en el acto y saliera con cualquier excusa que se le ocurriera.
-¿Qué te sucede? –le preguntó Fili una de esas veces que la encontró prácticamente huyendo. Cuando Idris lo vió, lo tomó por el brazo y declaró que lo acompañaría en sus actividades del día. Justamente ese día Fili no tenía mucho que hacer, unos cuantos encargos que debía repartir entre los armeros. Cuando terminaron, se quedaron sentados en un rincón de la forja, uno de los lugares favoritos de Idris. Los enanos que los veían, no cuestionaban su presencia, simplemente les agradaba que estuviesen ahí, aunque no lo expresaran. Ellos eran bien recibidos en cualquier lugar de la ciudad.
-Nada. –dijo ella. Fili no pudo hacer otra cosa que poner los ojos en blanco, le desesperaba ese tipo de respuestas, era obvio que pasaba algo, ¿acaso no confiaba en él?
-Parece que huyes cada vez que se trata de quedarte sola con Anoet, vi salir a mi tío de su estudio como tres segundos antes de que tú salieras. –le dijo. Idris tapó su cara con sus manos y se quedó así un buen rato. Fili esperó.
-La primera vez sólo intentó tomar mi mano, la segunda quiso acorralarme en una esquina y la tercera trató de besarme.
Fili sintió que la sangre le hervía. Nadie podía faltarle el respeto a una mujer de esa manera, tratando de obligarla a algo que ella no quisiera, forzándola a algún tipo de contacto físico. Eso era impensable, era horrible, era motivo suficiente para clavarle una espada en las tripas y dejarlo retorcerse. Bueno, tal vez Fili estaba dejándose llevar por las emociones pero estaba más enojado que nunca.
-Le diré a mi tío, lo echaremos a patadas. –dijo sin pensarlo.
-¡No! –dijo al instante Idris.- ¿Qué crees que pensará Heza si tratamos así a su hijo? ¿Acaso crees que compartirá su cosecha con nosotros si echamos a su hijo de esa manera?
-¿Qué crees que siento yo cuándo alguien te trata así? –gritó Fili. Al instante se arrepintió. Todos los enanos de la forja los voltearon a ver, tuvo que tranquilizarse y sentarse, fingir un poco que nada pasaba. Los enanos retomaron su trabajo, de nuevo el ruido del metal contra metal inundó el lugar.
-¿Realmente crees que me importa si no comparten la cosecha con nosotros? –dijo.
-Te debería importar, tu pueblo pasaría hambre. –le respondió. Fili cerró los ojos. No podía creerlo, ¿iba a anteponer una relación política a la seguridad de ella?
-El pueblo ha pasado hambre antes.
-No lo hará por mi culpa. –dijo ella y fue el fin de la conversación.
Fili se había debatido muchos días, entre lo que quería hacer y lo que ella quería que hiciera. Ella quería su silencio y él quería simplemente asegurarse de que nada le sucediera. Pero cómo lograrlo sin causar la debacle entre ambos pueblos. Estaba seguro de que si le decía todo a su tío, él no se detendría para cobrar la afrenta, ante los humanos Anoet ya era un adulto, bien podría pararse y defenderse ante un reto formal. Pero Fili no quería eso, quería hacerlo él, quería demostrar que pese a su corta edad era capaz de proteger a su familia. No era sencillo, el humano y él eran casi de la misma edad, pero eran tratados de maneras muy diferentes. Él aún jugaba, él aún corría con su hermano, él simplemente hacía encargos y entregaba órdenes escritas por su tío. Era un niño para sus semejantes y eso lo estaba matando, porque no podía evitar que lo vieran de esa manera.
Thorin lo presionó mucho para que le contara pero finalmente no lo hizo. No sabía si era la decisión correcta, no se sentía como la decisión correcta pero Fili tuvo que hacerlo. Recordaba el año en que nació Kili, como su tío le daba toda la comida a Dís, como prácticamente pasaba días sin probar alimento para que su madre pudiera darle de comer a sus hijos. El pueblo había pasado hambre, había sobrevivido milagrosamente con muy poco, pero su hermano era uno de los pocos niños que lo habían logrado. No quería volver a vivir eso, le dolía pensar en lo que significaba, pero lo único que necesitaba era no dejar sola a Idris con Anoet, se volvería su sombra si era necesario y de esa manera, tampoco insultarían a los humanos y podrían continuar con los beneficios de las cosechas.
Por eso cuando recibieron la invitación, Thorin no sabía nada con certeza pero tenía un mal presentimiento. Aun así, aceptó.
La fiesta de la cosecha fue espectacular, la plaza de la ciudad humana estaba decorada con cestas de frutas, vegetables, granos y la comida abundaba de una manera que todos los enanos invitados quedaron pasmados. Era demasiado. Heza los recibió con los brazos abiertos y se sintió muy complacido por su presencia, parecía realmente feliz por la abundancia que esa tierra extraña le había regalado a su pueblo. No había duda que se sentía tan agradecido que el compartir con los enanos estaba fuera de toda duda, eran sus amigos, a pesar del tórpido inicio, habían superado mucho para estar ahí, en ese momento. Y la fortuna parecía sonreírles a ambos pueblos.
Toda la gente de la ciudad estaba ahí, bailando, cantando, disfrutando de un momento muy placentero. El banquete inició, en todos los lugares pusieron mesas para que la mayoría de la gente estuviera compartiendo al mismo tiempo con sus invitados de honor. Heza acaparó todo el tiempo a Dís y Thorin, asegurándose de que en ningún momento estuvieran desatendidos. Anoet, sentado al lado de Dís, cruzaba de vez en cuando algunas palabras con ella o con Itariel, a quién tenía a su derecha. Después de ella se había sentado Kili, aquello ya era una costumbre, estar juntos. La persona más cercana a Kili después de su hermano era Itariel y eso ya no parecía cuestionarlo nadie. Cuando apareció con un arco a su medida, regalo de ella, no podía sentirse más feliz. Había sido un regalo pensando sólo para él y no le había dado la más mínima pena echarse a llorar de la emoción. Ese regalo había sido su principio, su promesa para el futuro, algún día él se volvería tan meritorio que la elfa lo miraría con orgullo, estaba seguro, más que seguro. Pero aún no era el momento, por eso cuando se daban la mano lo hacían bajo la mesa y realmente apenas si rozaban sus dedos.
Fili se hallaba sentado junto a Thorin, a su lado Idris. Aquello le pareció un arreglo bueno, lo bastante lejos de Anoet para no tener prácticamente contacto con el humano. El banque no parecía tener fin pero cuando terminó, retiraron todas las mesas menos la principal y el baile inició. Las cosas fueron un poco precipitadas y Fili perdió un poco el control de la situación. Los humanos comenzaron a hacer bailes intrincados que involucraban la participación de muchos y era tan alegre que los enanos se animaron y comenzaron a bailar. Kili, su hermanito que nunca medía las consecuencias, sacó a bailar casi al instante a Itariel, sus diferentes estaturas contrastaban, pero era algo que a él le tenía sin cuidado. Heza convención a Dís de unirse al baile, le dijo que le enseñaría a seguir los pasos y su madre cedió ante las palabras siempre amables del hombre. Thorin fue capturado por dos muchachas muy jóvenes que comenzaron a dar vueltas con listones alrededor de él y de repente ya era parte del baile. Dejando de esa manera en la mesa a Idris, Anoet y a él. La mirada del humano al instante estaba sobre ella. El desagrado que esto provocó en Fili fue muy poco ocultado por el enano. La tomó de la mano y la condujo al lado de su madre, así ambos entraron en la dinámica del baile, que no parecía tan complicado. Anoet sonrió.
Cuando el control se comenzó a perder fue en el primer cambio de parejas, nadie se sorprendió por eso, era algo normal. De repente Idris estaba bailando con Heza y Fili con su madre. El segundo cambió llevo a Idris a bailar con Thorin, luego con Kili y luego con algún otro humano que no alcanzó a ver con claridad. Pasaron varios minutos, las piezas musicales parecían interminables y entonces ya no la veía. El pánico se apoderó de Fili. Dejó a su pareja en el instante y aunque podía ver perfectamente dónde estaba su hermano, le tomó bastante lograr pasar entre los demás hasta él, lo agarró del brazo y lo obligó a salir de entre la gente.
-No veo a Idris. -le dijo con la voz cargada de miedo. Kili se alzó en puntitas tratando de ubicarla pero aquello era imposible, todos eran más altos que ellos. Itariel estaba ya junto a ellos, le había extrañado que de repente Fili sacara a su hermano del baile con el rostro evidenciando profunda turbación.
-No, no está. –dijo y sin saber realmente qué pasaba comenzó a preocuparse. Una punzada de culpa la atravesó, últimamente había visto a la chica nerviosa y había tratado de hablar con ella pero le aseguró que no tenía nada, que eran los sueños. Los sueños podían ponerla de esa manera, era cierto, pero Itariel presentía que esta vez no era verdad. Sin embargo no hizo nada, creyó que podría darle su tiempo para querer hablar de eso.
-¿Qué está pasando? –preguntó Kili a su hermano, no era nada normal que Fili se comportara así y que sin más Idris desapareciera. A veces podía parecer que Kili no se daba cuenta de nada y que tenía la cabeza en las nubes pero no era así, aunque le daba igual que pensaran así. Eso le daba mucha libertad y al final acababa haciendo lo que él quería. Las pasadas semanas Idris no era la misma y esa sensación de estar ocultando algo no le gustaba nada, había pasado demasiado tiempo desde la última vez que se interesó en su entrenamiento con el arco, no había ido a verlo disparar y eso lo resentía. Algo pasaba pero él no sabía cómo enterarse y al comentarlo con Itariel se dio cuenta de que ella tampoco sabía nada, eso no era normal.
-¡No hay tiempo Kili, simplemente hay que encontrarla!
Itariel no necesitaba saber más. De lo que estaba segura era que en todo el lugar no estaba ella, entre todo los que bailaban, ninguna era ella. Comenzaron a buscar en los alrededores, entre las casas, llegaron hasta los graneros y los silos y simplemente nada. Itariel se quedó un momento con los ojos cerrados, tratando de percibir algo pero lo único que escuchaba era la música.
No estaba, Idris no estaba en ningún lugar.
Fili gritó de la desesperación. Los rostros de Kili e Itariel lo miraban asustados, tenía que decirles. La elfa escuchó las palabras del enano y sintió rabia. Echó a correr, seguida por los dos príncipes y cuando pasó entre la gente que seguía bailando lo hizo sin preocuparse a cuántos aventaba para abrirse paso. Se detuvo junto a Thorin, que ahora bailaba con su hermana y rápidamente le contó lo que había dicho Fili. Decir que Thorin tiene una voz potente era decir poco.
-¡Silencio! –gritó y la música murió en el instante. Heza se acercó con evidente preocupación. Thorin no dudó en tomarlo de la ropa y sacudirlo. Aunque aquello era una completa falta de respeto ante el anfitrión, todos estaban tan consternados que no tuvieron oportunidad de sentirse ofendidos.
-¿Dónde está tu hijo? –dijo con una especie de trueno en la garganta que no hizo más que sembrar una expresión de terror en el humano. Pero no sabía, Itariel podía ver eso en sus ojos, no tenía la más mínima idea de qué estaba pasando, por qué de repente su amigo lo estaba increpando de esa manera. Cruzó su mirada con Dís.
-¡Encuéntrenla! –gritó la princesa y el tono que usó no le pedía nada al de su hermano. Todos los enanos que los habían acompañado se esparcieron en el instante. Itariel salió disparada al bosque, algo imposible para abarcar, pero qué otra opción le quedaba. Fili y Kili detrás de ella, se iban alejando de la luz de las antorchas pero la luna brillaba lo suficiente para no necesitar mayor iluminación.
Thorin soltó a Heza, el hombre cayó a sus pies. De repente sabía dónde estarían, aquel lugar dónde Idris entró a la vida de los humanos, el lugar original del campamento. No estaba muy lejos pero tenía que darse prisa.
Gracias a todos los que han seguido leyendo esta historia, significa mucho para mi.
Gracias ady prime por darme una segunda review, no sabes lo mucho que aprecio leer tus palabras.
Los invito a leer también mi otro fic, "Al final sé que no podré olvidar tu nombre", pues aunque no lo parezca al principio, tiene mucho que ver con este.
