CAPITULO 13
LA REINA EN ERED LUIN
Todo era sangre, roja, caliente y demasiada. Estaba desesperada, quería llegar a ella, a la misma mujer que veía siempre en sus sueños, pero se alejaba cada vez más, cubierta en sangre, se alejaba de ella. Habían caído todos, a su alrededor no había nadie a quién pedir ayuda; a sus pies estaba Thorin y a los pies de ella, Fili y Kili. No, no era cierto, tenía que ser la más horrible pesadilla que había tenido. Ella estaba más lejos aún, su rostro no se veía más, era una mancha roja hasta que cortaron su cabeza. Gritó lo más que pudo, como si con eso pudiera salvarla, la sombra de Erebor la cubrió y ya no pudo ver nada, quedando en la oscuridad completa. La sangre podía sentirla todavía, el calor de la sangre escapando de ella… el calor de la sangre.
Los gritos despertaron a todos, nadie podría no haberlos escuchado, desgarradores y terribles. Dís corrió tan rápido como pudo a la habitación de su hermano y lo encontró tratando de sostener a Idris, quien miraba como enloquecida la mancha de sangre que cubría las sábanas. Inmensa mancha de sangre que cubría las sábanas. No, fue todo lo que Dís pudo pensar antes de detener a sus hijos que se abalanzaban dentro de la habitación.
-¿Dónde está Itariel? –le preguntó a Kili casi en un grito.
-Afuera, hay luna llena, siempre está afuera en luna llena –respondió su hijo y antes de que pudiera decirle que fuera por ella ya estaba saliendo por la puerta hacia los corredores. Pero Dís sabía que ya nada se podía hacer, sólo ver que se controlara la hemorragia, era demasiada sangre. El llanto de Idris era desgarrador, por más que Thorin tratara de abrazarla, ella se sacudía y volvía a gritar desde el fondo de su cuerpo. Itariel llegó y entre las dos lograron separarla de Thorin quien trataba de aferrarse a ella y protegerla y tan sólo consintió en salir de cuarto por los insistentes argumentos de Dís. Cuando quitaron la sábana, la cantidad de sangre las impactó e Idris pareció ponerse pálida al instante; debían hacer algo o las cosas podían ponerse peor. Dís la atendió lo mejor que pudo, presionando y deteniendo la hemorragia, pero causando gran dolor; fue duro para Itariel sostenerla y evitar que se moviera, fue duro y lo más triste que había tenido que hacer hasta el momento. Luego tuvieron que bañarla, prácticamente cargarla a la bañera, y tallarla; aunque Dís no estaba muy segura de aquello, le daba miedo de que volviera a sangrar. Pero no sucedió, aunque para Itariel se volvía complicado manejar a alguien de la altura de Idris cuando prácticamente no prestaba ninguna ayuda, estaba como en shock y era casi un peso muerto en los brazos de la elfa. Porque ahora Idris medía lo que debía medir una humana, una Númenoreana nacida en esta tierra, más alta que otras mujeres. Y ahora era una reina, de esta ciudad de enanos y del corazón de Thorin y su familia. Pero las cosas buenas siempre existen junto a las malas y últimamente habían pasado muchas cosas malas.
Dís salió y las caras preocupadas hasta el extremo de su hermano e hijos la hicieron tener ganas de retroceder y escapar, no quería enfrentarlos. Había pasado de nuevo, la ilusión y la felicidad convertida de nuevo en dolor y tristeza. No quería decirlo, que ella estaba bien pero no reaccionaba para nada, que Itariel llevaba hablándole por casi una hora y ella estaba mirando la pared sin responder y que esta vez parecía haberse quedado sin lágrimas y sin espíritu. Pero tuvo que hacerlo, pronunciar de nuevo aquellas palabras, que parecía que el sangrado se había detenido y que ella viviría. Ver el rostro de su hermano convertirse en una máscara de pesar, otra vez, estaba volviéndose demasiado.
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-¿Es imposible? –le preguntó Kili a Itariel cuando por fin ella dejó dormida a Idris en los brazos de Thorin y lo había ido a buscar a él.
-No creo que sea imposible –respondió ella pero comenzaba a dudar de esas palabras. Tal vez si lo era, tal vez era algo que no debía pasar a pesar de los sueños de ella.
-¿Para nosotros será imposible? –dijo él y a Itariel se le hizo un nudo en la garganta. Pero claro que sería imposible, algo así era inusitado, jamás se había sabido de la unión entre un enano y una elfa. Aunque que jamás se hubiera sabido de algo similar no significaba que fuera imposible
-No lo sé –respondió sinceramente y quiso por un segundo no sentirse tan triste por algo que ni siquiera había pasado pero la posibilidad de que fuera así, la hacía miserable. Él la miró, tenía una expresión de derrota que no soportaba por lo que acercó y se coló entre sus piernas, tomó su cara con sus manos y la besó, poniendo tanto de él en ese beso que esperaba que le transmitiera todo lo que él sentía y que jamás dejaría de sentir. Pasara lo que pasara.
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Y finalmente Idris se encerró en ella misma, a pesar de las súplicas de todos, se negaba rotundamente a comer, a moverse más que para lo básico, a salir del cuarto y hasta a dormir. Pasaba las noches con los ojos abiertos y Thorin acariciaba su cabeza con amor y tampoco podía descansar, tal vez dormía unas cuantas horas antes de despertarse asustado para revisar cómo estaba ella, pero nada cambiaba.
-Es mejor así –comenzó a repetir Idris cuando alguien estaba cerca de ella. La primera vez que la escuchó Thorin intentó que dijera algo más pero ella sólo repetía lo mismo una y otra vez. Es mejor así.
Kili se subía a la cama con ella y trataba de acomodar su cabello, cepillar un poco, lo cual era poco menos que imposible. Sin embargo, era el único que lograba que comiera pequeños pedazos de fruta y que tomara tragos de agua, tal vez manteniéndola con vida.
-Así puede simplemente, dejarme –dijo Idris en una de las ocasiones que Kili trataba de que tomara un trozo más de fruta.
-Dejarte ¿quién? ¿Thorin? –preguntó pero ella no quiso volver a hablar ni comer nada más. Gracias a la constante preocupación los momentos con Itariel eran más bien, escasos. No salían a practicar ni se encontraban a media noche para platicar, a veces simplemente cuando se cruzaban por el pasillo se detenían para tomarse de la mano. Pero esa vez se quedaron juntos, sus cabezas recargadas en la pared de piedra, totalmente exhaustos. Ella se deslizó hasta quedar sentada, él se hincó a su lado y dejo que la abrazara mientras su cara se recargaba en la de ella, sus labios rozando apenas el labio inferior de ella.
-Yo no le sirvo para nada –dijo cuándo Fili estaba acompañando a Idris. Al escuchar su voz él se levantó y se quedó a unos pasos de la cama, de dónde prácticamente no se había movido en días.- Simplemente tendrá que repudiarme, olvidar todo lo que dijo y prometió, nadie podría reprochárselo, yo no sirvo de nada.
-¿Qué estás diciendo? –preguntó Fili un poco alarmado.
-¡Qué no sirvo para nada! –gritó de repente y se levantó, cosa que casi hizo que Fili se cayera de la sorpresa por lo que no se pudo mover cuando ella se lanzó al cuarto de baño y se encerró. No, esto está mal, pensó inmediatamente Fili y corrió a buscar a alguien, quién fuera.
Tan sólo había cerrado los ojos un segundo y el sueño había comenzado. Ella, la hermosa mujer de ojos azules que le recordaba a Thorin, estaba sentada feliz, bajo un árbol de manzanas en el que alguien había colgado un montón de flores rojas y blancas y unas tartas que olían a cereza estaban acomodadas en una mesa. Y de repente la abrazaban, alguien completamente desconocido para ella, ni siquiera sabía de qué raza era aquel hombre pero lo que sea que hubiera dicho, le había traído lágrimas de alegría. Y eso era bueno, que ella, llorara pero por ser feliz, en un lugar seguro y hermoso. Hasta que la sombra de Erebor lo cubrió todo, una sombra roja y espeluznante y entonces ella ya no estaba y el hombre que la abrazaba se miraba completamente abatido. Pero aquello podría no hablar de muerte simplemente separación, pero al final, todo era por Erebor.
-No iré a ningún lado y lo sabes –dijo Thorin del otro lado de la puerta.- No te voy a abandonar, no te pienso repudiar y deja de pensar que no sirves para nada.
-Es mejor así, para ti –dijo ella con un susurro de voz que comenzaba a asustar a Thorin.
-Quiero que seas mi esposa –dijo entonces él y no hubo respuesta, creyó escuchar un llanto apagado y sintió ganas de derribar la puerta.
-Si haces eso no podrás librarte de mí y de mi … inutilidad –se escuchó su voz monótona y sin emoción.
-Realmente ya lo eres Idris, ¿no puedes entenderlo? –dijo él sintiendo una ligera frustración. ¿Era tan difícil entender qué no se necesitaba nada más para unir sus vidas, tan sólo el hecho de que la amaba con todo su ser?
-Las diferencias entre tú y yo...-comenzó a decir y Thorin de verdad quería poder verla a la cara y hacerla que lo mirara, así como él la miraba, sin prejuicios ni preocupaciones por esas "diferencias".
-No me preocupa verte hacía arriba, de verdad me da gusto hacerlo, porque te admiro amor mío –dijo y adentro ella comenzó a llorar. Esa maldita puerta entre los dos, seguro de una patada podría tirarla, pensaba.- No me importa la edad, he comprendido que eres más vieja que yo.
Una risa corta pero sincera llegó a los oídos de Thorin, quién suspiró aliviado, un poco nada más; no se sentiría bien hasta no tenerla entre sus brazos.
-No me interesa si no tenemos hijos Idris, entiende, no te quiero para eso solamente –dijo y ella volvió a llorar.- Te quiero a mi lado, como mi esposa, mi reina, mi todo.
Ella abrió la puerta finalmente y se dejó caer en sus brazos. Los años que habían pasado la habían convertido en una esbelta y alta mujer, cómo eran en la antigüedad los Númenoreanos, preciosa y señorial. Era la reina perfecta, todos los enanos la adoraban y la miraban con una admiración única, ni siquiera miraban así a Thorin. Ella podía inspirar sentimientos bellos en los demás, por lo mismo todos ahora vivían preocupados, esperando que pudiera recuperarse de tantas pérdidas.
La ceremonia que unió sus vidas y determinó su futuro fue algo que atesoró en sus recuerdos por siempre. Todo decorado con flores blancas e iluminado con más luces de las que se pudieran contar. Cada enano de Ered Luin intentaba entrar en el gran salón subterráneo pero también estaban humanos y elfos en aquel lugar. La unión entre ambos era la declaración de siempre sería uno, tomando sus manos, intercambiando anillos y promesas que no podían ser rotas. Idris vestía de azul, con su cabello trenzado y decorado con cuentas de mithril que le habían sido regaladas por Thorin. Él, sonreía y no había nada que sorprendiera más que verlo sonreír; sus ropas azules perfectas, su cabello y barba trenzados y la manera en que la miraba, total y completamente perdido en su amor.
La vida entera a tu lado.
Mi vida entera a tu lado.
Porque no podrá haber nadie más.
Porque eres tú todo lo que quiero.
Porque eres tú mi más grande tesoro.
Kili e Itariel repitieron los votos al mismo tiempo, aquello era suficiente para ellos, después de ese día sería de la misma manera, esposos. Sus vidas habían estado unidas desde el día mismo en que lo conoció, después de tantos años de estar sola de repente había alguien a quien ella podía amar sin temer a nada. Era un niño y no la veía de esa manera pero cada día era diferente, cada día se acercaban más al momento en que él podría decidir escogerla como compañera para su vida aunque al repetir aquellas palabras el lazo que unía sus almas se había hecho más fuerte.
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-¿Qué es? –la voz de Idris sonaba como susurro, como si fuera un secreto lo que acababa de descubrir.
-Un mapa –dijo Fili prendiendo una vela más para poder ver con claridad lo que habían encontrado al romper la pasta de uno de los pocos libros que se habían salvado de Erebor.
-¿Un mapa de dónde? –la voz de Kili era quizás la que menos se escuchaba. No había importado el que Iris y Thorin fueran ahora esposos bajo todas las leyes y costumbres de los enanos, los tres seguían siendo cómplices en prácticamente todo lo que hacían y cuando aquel mapa apareció entre sus manos por el simple hecho de ayudar a Idris con la lectura de los antiguos textos de su hogar; sabían que tendría que ser cómplices una vez más.
-De Erebor –dijo Fili e Idris sintió que todo comenzaba a tener sentido. No habría manera de que no tuviera sentido, los sueños y las desgracias que se avecinaban por la sombra de Erebor y ahí estaba aquel mapa.
-Hay que dárselo a nuestro tío –dijo Kili aunque no estaba muy seguro de que eso fuera lo que quería hacer. Erebor sonaba tan lejana para él y después de todo, su hogar era Ered Luin, dónde había conocido a Itariel, donde estaba toda la gente importante en su vida.
-No –dijo tajantemente Idris.- Ni una palabra a Thorin.
Porque Idris había soñado ya con ese viaje a Erebor y no debía ser iniciado hasta años después para que pudieran ser cumplidos varios requisitos importantes, como la presencia de aquel ser de orejas puntiagudas y corta estatura. Sin él, nada tendría sentido y aunque aún no comprendiera la dimensión de lo que aquel viaje desencadenaría, sabía que aún no era el momento por lo tanto, el mapa debía ser ocultado un poco más.
¡Gracias por seguir leyendo!
Como comentario: Se supone que el mapa de Thrór se lo lleva Thráin y por eso se pierde junto con él y luego es recuperado por Gandalf quien se lo regresa a Thorin. OK, en este caso no, el mapa se queda y lo más probable es que Thráin, si es que supiera de su existencia, no supiera de las runas lunares. He dicho. Ya lo acomodé a mi gusto porque es un catalizador de los eventos siguientes.
daya20: Gracias por comentar y seguir leyendo. Comienza el punto en que se unirán los fics y ya podré responder tus preguntas.
adyprime: Me alegra tanto que sigas aquí! Perdón por las lágrimas pero verás que aquello no fue nada jejeje. Gracias por tus comentarios y lo último que quiero es dejarte sin retina jeje pero gracias, casi me haces llorar al poner eso.
