CAPITULO 14

EL MAPA Y EL MAGO

La primera vez que estuvo embarazada sólo duró unas cinco semanas, esa vez ni siquiera se molestó en decirle a Thorin y lo vivió sola, llorando en el cuarto de baño mientras se limpiaba la sangre entre sus piernas. La segunda vez ya llevaban viviendo juntos, aunque sin ningún otro tipo de atadura, por alrededor de 3 años y esta vez no fue tan fácil de ocultar. Duró 9 semanas pero durante el curso de las mismas se sintió tan terriblemente enferma que literalmente no se podía levantar de la cama. Aun así, a pesar de verla tan decaída, de pasar días sin poder comer por las náuseas y vómitos constantes; Thorin mantenía un poco de alegría y esperanza y pasaba horas a su lado olvidando un poco el trabajo que necesitaba realizar. Pero terminó de la misma manera, con un dolor intenso y constante y después un sangrado que parecía que terminaría por llevarse a la misma Idris también.

-Necesita salir y estar al aire libre, recibir los rayos del sol para recuperarse del sangrado –dijo uno de los sanadores que Itariel había traído de entre los elfos aunque Thorin se opusiera al principio. Itariel le gritó de tal manera que si prefería verla muerta que tuvo que aceptar. No, no prefería verla muerta pero le costaba mucho, a pesar de las circunstancias, tragarse el orgullo.

Por lo que comenzaron a salir ellas dos, haciéndose compañía en silencio.

-Tal vez necesites esperar, eres demasiado joven –dijo Itariel pero Idris tardó en responder, mientras el sol se ocultaba ya, habían pasado horas afuera sin hacer otra cosa más.

-No lo soy, la esposa de Hazad es más joven que yo y ya ha tenido un hijo el año pasado –respondió sistemáticamente, como si fuera algo que ya hubiera pensado y que en cierta manera la estuviera lastimando. Aquel dúnedain, prácticamente mano derecha del padre de Idris, había sido su amor en los tiempos de Númenor y ahora tenía una vida más completa que la de ella. Peso a todo no cambiaría ni dudaría nunca de su amor por Thorin porque él estaba a su lado aunque todo siempre pareciera estar saliendo mal.

-Idris tal vez deberían tomarlo con calma –dijo la elfa en el momento que anochecía y los pasos de Thorin se escuchaban detrás de ella. Llegó y la ayudo a levantarse, tomados de la mano regresaron a los túneles subterráneos. La elfa se quedó afuera, era noche de luna llena y le gustaban los colores de la noche a la luz de la luna.

Dentro de un rato llegaría Kili y de nuevo comenzarían la exploración que habían estado haciendo las últimas lunas. Cada vez le daba más curiosidad el cuerpo de ella, cada vez quedaba menos conforme con tan solo besarla y sus manos buscaban y trataban de encontrar lugares que nadie más había tocado. Para ella también era un descubrimiento, el que alguien la hiciera sentir pasión, algo nuevo y emocionante para ella. El amor tierno no se había ido, seguía sintiendo lo mismo por Kili pero él quería más. Por lo que ella esperaba, a que se durmieran todos y entonces él aparecía y retomaban la investigación, poco a poco, sin prisa.

Sucedió lo mismo otras dos veces, malestares demasiado intensos, dolor de cabeza imposible de controlar y al final acababa sangrando. Thorin de repente tenía miedo de tocarla, había sido ya mucho dolor para ella pero él también soñaba con algo parecido a lo que soñaba Idris, pero él veía dos niños, en sus rasgos similares, casi idénticos, pero ella tenía estatura baja, un poco más alta que él apenas; en cambio el niño era mucho más alto que él pero no tanto como un humano, prácticamente una copia del enano cuando era joven pero con largas piernas. No quería darse por vencido, porque en sus sueños ellos eran reales y deseaba tanto conocerlos.

La quinta vez que estuvo embarazada la esperanza creció en todos porque esta vez pasaron 14 semanas e Idris comenzó a sentir movimientos en su abdomen. Estaba tan segura de que esta vez tendría un bebé, la mujer de ojos azules de sus sueños, que se veía radiante a pesar de las molestias. Tenía dolores y mareos constantes pero no les hizo caso, hasta el día que sangró con mayor intensidad porque el embarazo estaba más avanzado. Ese año se casaron Thorin e Idris a pesar de las mil dudas que tenía ella de si alguna vez podría llegar a conocer a aquella mujer que acompañaría a Thorin a recuperar Erebor.

Hubo otros 2 embarazos más después de aquella vez, de los que nadie se enteró porque no duraron más de 8 semanas y ella hizo todo lo posible por no aparentar ningún síntoma que pudiera delatarla. Porque se negaba a ilusionar a Thorin para luego ver en su rostro la tristeza inmensa que no quería admitir sentir.

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El mapa había permanecido oculto por muchos años, dieciocho años para ser exactos y los sueños de Erebor se había hecho cada vez más claros. Podía ver a todos los que irían, podía ver el camino que tomaría y la clase de problemas a las que se enfrentaría; sobretodo, podía ver la culminación que tendrían y parecía inevitable pero necesario. Aquello tenía que suceder para reunir a su familia aunque fuera por el más corto de los tiempos.

Itariel había estado algo distante, tan sólo disponible para Kili en sus encuentros nocturnos, pero para todos los demás permanecía silenciosa, casi triste. Idris se preocupó por ella, aquel comportamiento no era normal, pareciera como si estuviera callando algo que la atormentara demasiado.

-Tengo que partir –le dijo Itariel una mañana cuando se acababa de despertar y se había encontrado sola en la cama. Idris se levantó de un salto de la cama y abrazó a la elfa.

-Pero, ¿regresarás a Mirkwood? –le preguntó y la elfa asintió.- ¿Y Kili?

-Es mi hermano, algo pasa, lo puedo sentir –respondió la elfa y la preocupación se reflejaba en su voz.

-Está bien, entiendo

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La noche siguiente habría luna llena sin embargo sabía que estaría ahí, esperando, en el claro junto al árbol de manzanas. Cuando ella habló y le contó la necesidad que tenía de regresar con su hermano a Mirkwood, realmente no lo comprendió.

-Iré contigo –dijo con decisión pero ella negó con la cabeza. No podía arriesgarlo con el viaje, no podía alejarlo de toda su familia, y sobretodo, no podía aparecer con él frente a su padre sin previamente negociar su recepción adecuada en su reino. Sabía que a su padre le iba a dar un ataque cuando le dijera que finalmente tenía un compañero, un esposo, que había escogido con el corazón.

-No, espérame, regresaré lo más pronto posible –respondió ella. El rostro de Kili reflejó un profunda preocupación y tal vez se mostró un poco herido ¿acaso le daba vergüenza llevarlo al hogar de su padre y hermano? No, Kili desechó la idea al instante, Itariel jamás sentiría algo así.

-Eres mi esposa, no te puedo dejar ir –dijo él tratando de aparentar más decisión de lo que sentía. Lo que sentía era más bien una mezcla de terror con angustia, el separarse de ella no era sencillo, le dejaba vacío y hacía que perdiera el sentido de la vida.

-Esposa … -la palabra sonó hermosa en su totalidad. Sin ninguna ceremonia el príncipe de Erebor y la princesa de Mirkwood se habían unido desde aquel día cuando repitieron los votos de Thorin e Idris tan solo moviendo sus labios y mirando fijamente al otro. Sin embargo, tuvieron que pasar muchos años para que aquello que fue simbólico fuera consumado, tan sólo unas cuantas lunas atrás.

-Por lo mismo, no irás sin mí -usó su cara más seria para decir aquello pero Itariel tuvo que reprimir su risa para no herirlo; no era que se burlara de él, para nada, simplemente era que para ella era adorable, su príncipe amado.

-Confía en mi amor, regresaré –dijo ella. Kili se tomó su rostro entre sus manos y comenzó a besarla, como siempre en las últimas lunas, con pasión y ansía de descubrimiento.

-Tengo un mal presentimiento –dijo él e inmediatamente la besó de nuevo, sus manos bajando por su cuello, tocando sus clavículas, acariciando el nacimiento de sus pechos.

-Regresaré lo más pronto que pueda –dijo ella y comenzaron la exploración de nuevo, la unión de sus cuerpos que finalmente los llevó a concretar su casamiento, pues entre los elfos, eso era lo que marcaba un matrimonio y no las ceremonias.

-Te esperaré.

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En el sueño, la única esperanza que le quedaba de no perder todo era la presencia de ese extraño ser que no alcanzaba a identificar. Lo más probable era que fuera un hobbit, aunque tenía años de no ver a uno recordaba un poco de ellos por esos momentos de su infancia dónde había jugado con algunos pequeños niños hobbits. Debía serlo, tenía sentido, pero ¿qué tipo de hogareño hobbit iría con un grupo de enanos a recuperar una montaña? Fuera quién fuera la única manera de llegar a él parecía ser a través del mago.

-Mithrandir –dijo Itariel mientras terminaba de armar su paquete de viaje. Era muy básico, ella podía recorrer un camino excesivamente largo en menos tiempo que un viajero cualquiero, sobre todo si iba sola.

-Mithrandir –repitió Idris. Así que ese era su nombre, apenas se lo había descrito, sombrero puntiagudo, ropas grises, gran bastón de madera y barbas y cabello gris, todo gris y la elfa le había dado el nombre al instante.

-Sí, es un ser muy antiguo y sabio, poderoso de cierta manera –le explicó ella. La verdad es que no había visto jamás un mago en su vida y no podía imaginar que clase de poder tenía. Itariel se había vestido con su mejor ropa de viaje, las botas prácticamente nuevas hechas en la ciudad humana, la capa, Dís se la había hecho y tenía cosidas por dentro runas en khuzdul, que la elfa no podía leer pero que Idris le había dicho que eran palabras de amor de una madre a una hija. Dís la consideraba su hija, aunque ni ella ni Kili le habían dicho nada sobre su matrimonio.

-¿Podrías encontrarlo? –preguntó Idris e Itariel la miró fijamente.

-Tal vez en Imladris –dijo ella con cierta molestia. Imladris, de todos los lugares que no querría pisar en la tierra e Idris le iba a pedir que se detuviera con la esperanza de encontrar a uno de los más grandes vagabundos de la existencia. Los ires y venires de Mithrandir eran imprevisibles, no tenía la seguridad de a dónde ir para encontrarlo pero la casa de Lord Elrond era una buena posibilidad.

-¿Podrías … darle esto? –dijo ella y le tendió un trozo de pergamino a la elfa. Ella lo tomó con cuidado y lo examinó. Se sorprendió pero al mismo tiempo comprendió. Aquello podía precipitar a Thorin de regreso a su antiguo hogar y a los peligros que eso implicaban.

-Cuando se enteré Idris, de que le has dado este mapa a una elfa para dárselo a un completo extraño, enfurecerá –le advirtió la elfa. Ella lo sabía, para terminar de hacer complicado el asunto, no era cualquier elfa, era la princesa de Mirwood y la ahora esposa de su sobrino. Cosa que por cierto, todo mundo sabía de cierta manera.

-Lo sé pero tendré que lidiar con ello –dijo Idris. La elfa se acercó a ella y la abrazó, aquello era la despedida y era horrible, sin embargo se negaba a llorar porque tendrían que estar de nuevo juntas, estaba segura.

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-Ten cuidado –Idris tuvo que contener las lágrimas e Itariel salió a toda prisa. Se había despedido ya de Dís y Thorin; de Fili y de Kili. La despedida había sido triste, su esposo no quería dejarla ir aunque el día previo había aceptado que era necesario que lo hiciera sola. Al final tuvo que dejarlo así, el tiempo comenzaba a pesarle, lo que sentía, la necesidad de su presencia era cada vez más intensa.

Itariel llegó a Imladris y fue recibida como una amiga muy querida. Sintió gran alivio cuando únicamente Elrond estaba ahí para atenderla, preguntando por sus viajes de los últimos años.

-Este es mi primer viaje en aproximadamente cuarenta años –respondió y él se sorprendió de verdad, la última vez que se detuvo por años en algún lugar fue un tiempo antes de la caída de Erebor.

-¿Qué te ha detenido tanto tiempo en un solo lugar? –preguntó sinceramente Elrond. Ella sabía que su curiosidad se basaba en el conocimiento de su espíritu y de la manera en que había vivido los últimos mil años, siempre en busca de nuevos horizontes.

-El amor –dijo ella sencillamente. Elrond sonrió.

-¿Y dónde encontraste el amor? –la pregunta hizo que sonriera, pensar en él siempre la hacía sonreír.

-En Ered Luin –dijo y la cara de Elrond le fue un poco graciosa. Sí, bien sabía el señor de Imladris lo que significaba aquello. Pero Itariel sabía bien que él no opinaría algo negativo, no con ella, finalmente era simplemente un amigo que la conocía de demasiado tiempo.

Ella esperó, los días pasaban lentos en aquel lugar, para ella acostumbrada a la vida familiar, no tenía nada que hacer. Extrañaba la comida de Dís, aunque el principio le hacía estragos comerla. Extrañaba las malas cara de Thorin y sus momentos de suavidad y ternura cuando Idris lo abrazaba. Extrañaba a Kili por sobre todas las cosas, su recuerdo la confortaba pero lo necesitaba a él. Pero la espera probó ser productiva cuando apareció el mago en cuestión de manera inesperada y misteriosa, como siempre. Aunque lo más misterioso había sido que Idris pudiera casi percibir que el mago estaría ahí, justo en ese momento.

-El mapa de Thrór –dijo con cierta expresión maravillada Mithrandir cuando Itariel pidió hablar con él en la biblioteca de Imladris.

-No sé la razón pero al parecer debes conservarlo hasta el momento justo –dijo la elfa y justo cuando pudiera haber añadido algo, apareció en su campo visual la persona que habría querido evitar, Elladan, uno de los hijos de Elrond.

-El momento justo –repitió el mago y pareció comprender más que la misma Itariel quien aun después de tantos años al lado de Idris le eran todavía poco entendibles los sueños que tenía tan a menudo.

Itariel abandonó la biblioteca antes de que Elladan pudiera acercarse, de verdad no tenía ganas de entrar en contacto con el elfo, que había estado enamorado de ella desde años siglos antes pero sin decir jamás una sola palabra.

Al día siguiente continuó su viaje, esta vez casi sin detenerse hasta llegar a Mirkwood. Eryn Lasgalen, como siempre era para ella, su hogar hasta que Kili apareció en su vida. No abandonaría el bosque en muchos años y su corazón languidecería.


Gracias por seguir leyendo, de verdad lo aprecio.

Bueno, este capítulo lo tuve que modificar porque uno de mis lectores me dijo que no comprendió que lo que había sucedido con Idris había sido un aborto y que la conversación entre Kili e Itariel se refería a que si sería imposible para ellos dos alguna vez tener un hijo. Así que tuve que dejarlo un poco más claro.

Espero les guste.

daya20: Espero que vuelvas a tener un buen desertar con esta actualización. Kili e Itariel se separaron y sabes que eso va a durar más de lo previsto.

blackmoon: Gracias por el comentario! Me da tanto gusto ver que te ha gustado la historia, espero la sigas leyendo.

ady prime: Sigue leyendo! Oye, en una página de facebook que modero (Fuck Yeah Tolkien) hay una Adriana Prime (y algo más que no recuerdo) ... luego pensé en ti xD

Gracias de nuevo a todos.