CAPITULO 15

PARA SIEMPRE TIENE UN FINAL

Thorin le aventó toda su ropa a la cara y esta se esparció alrededor de ella cayendo en el lodo. Idris se quedó paralizada, no podía siquiera parpadear o respirar, nada, estaba completamente en shock. La había arrastrado literalmente por todos los túneles hasta llegar a la plaza, donde la soltó y se dio la media vuelta, después apareció de nuevo, frente a ella, cargado con sus cosas y comenzó a aventarlas.

-¡Thorin no puedes hacer esto! –le gritó Dís pero cuando la él la miró se tragó el resto de palabras que quería decirle. Había una furia tan primitiva en sus ojos que había congelado a todos con sólo verlos. Idris seguía paralizada, sin poder recuperarse de la manera en que la había sacado de su cuarto y de su casa.

-Traidora –le dijo y la manera en que se escuchó la palabra entre sus labios sonó como si estuviera cargada de veneno. Pero Idris seguía paralizada, sin poder volver a decir lo que ya le había dicho pero que él se había negado a escuchar. No lo había traicionado, no lo había hecho.

-Lárgate –le dijo y ella comenzó a llorar, sin embargo seguía sin poder moverse ni un ápice de dónde la había soltado. Sus dedos habían dejado marcas en su brazo y le dolían las rodillas por haber caído entre las piedras de la plaza y tenía cortadas en las manos por las veces que había tratado de detenerse de las paredes. Era la por pesadilla que podía vivir, estaba siendo repudiada.

Por un mapa.

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Thorin no le había contado nada pero las últimas semanas había tenido recurrentemente sueños de Erebor. La Montaña tenía de nuevo su esplendor, su tesoro y la vida recorría todos sus rincones; se escuchaba el sonido de los mineros trabajando y la forja produciendo día y noche. Thorin podía verlo, el salón del trono y la Arkenstone, magnífica, cautivaba su atención durante largos minutos. Después lo veía, su rostro sin barba, sus ojos azules, su sonrisa jugando en sus labios y sobretodo, sus largas piernas que tenía que estirar para poder sentarse en el trono.

-Sólo existe un camino que puedas tomar –habló aquel muchacho con una voz profunda pero joven. Thorin sintió una emoción difícil de expresar que lo recorría por completo y quiso acercarse, poder extender sus brazos y tomarlo entre ellos y no dejarlo ir.- Pero está lleno de dolor y muerte.

Thorin no podía moverse, todo comenzaba a oscurecer y el muchacho comenzaba a perderse entre las sombras y él no quería eso, no soportaba eso, tener que dejarlo una vez más dentro de la Montaña.

Erebor, tenía que recuperar Erebor.

La idea lo había estado rondando por años pero en secreto, no lo había comentado con nadie ni con Idris porque sabía que ella no estaría de acuerdo y que trataría de hacerlo pensar diferente. Cuando Itariel partió la idea se hizo hasta dolorosa, no había momento en que no planeara la manera en que aquello se pudiera lograr, el número de enanos que tendría que llevar y el tiempo que le tomaría recorrer el camino. Pero sobretodo, qué pasaría al llegar, no podía negar que la presencia del dragón era crucial, no podía considerarlo muerto, sería demasiado fácil.

De repente Thorin se encerraba, pasaba horas sobre los mapas, trazando rutas, el camino por sobre las Montañas Nubladas sería peligroso pero no había opción y después el desagradable Mirkwood era tan enorme que rodearlo era imposible. El tiempo se le iba en eso, un día tras otro hasta que parecía que la obsesión estaba enloqueciéndolo. Regresaba al lado de Idris y por un momento olvidaba todo, aunque, a veces le parecía que tenía algo que decirle, no lo hacía y entonces él olvidaba todo para pensar en ella.

-Tío –dijo la voz dudosa de Kili antes de entrar a su estudio donde un mar de mapas ahora estaba esparcidos por todos lados.

-Pasa –dijo Thorin sin dedicare más que una rápida mirada para volver a concentrarse en el mejor punto de encuentro con los enanos de las Montañas de hierro, quienes debían de apoyarlos cuando él les planteara la cuestión.

Kili se quedó un rato observando, pacientemente a que Thorin pudiera dedicarle un tiempo para hablar. Realmente lo que quería pedirle era permiso para ir a Mirkwood, un lugar a dónde no tenía ni la más mínima idea de cómo llegar pero al ver los mapas y las rutas trazadas se estaba dando cuenta de que estaba lejos, muy lejos. Seguramente tendría que ir acompañado y no se imaginaba cómo ir sin Fili y su madre se opondría porque diría que no tenían edad para emprender un viaje tan largo y él tendría que decir que no era cierto, que si tenía edad para tener esposa de la misma manera tenía edad para ir a buscarla. Y a su madre la daría un ataque, seguro.

Erebor en el mapa se veía tan perdida, tan lejana, un lugar que no pensaba querer conocer, la morada del dragón. Entonces recordó y las palabras se le escaparon sin poderlas detener.

-En este mapa no dibujaron al dragón.

Thorin alzó los ojos y la manera en que lo veía hizo sentir muy mal a Kili.

-¿En qué mapa dibujaron al dragón? –preguntó casi golpeándolo con las palabras. Kili quería echar a correr, escapar tan lejos que él no pudiera verlo de aquella manera, ¿acaso había enloquecido? ¿Acaso no le importaba otra cosa?

-En ninguno –respondió esperando que olvidara lo que había dicho pero Thorin no estaba de humor para olvidar nada. Se había convencido a sí mismo de que la única manera, de que el único camino que podía tomar, era el camino de Erebor. Así podría verlo a él, al chico sentado en el trono bajo la Arkenstone.

-¿Dónde viste un mapa con el dragón dibujado? –Thorin le espetó de golpe y Kili volvió a ser un niño chiquito que tenía miedo de hacer enojar a su tío.

-En un libro, estaba oculto en el forro, Idris lo guardó por años pero se lo dio a Itariel para que se lo llevara –dijo y se arrepintió al instante al ver como el rostro de su tío se transformaba a una máscara de odio y de ira. Afuera los últimos truenos anunciaban el fin de la tormenta pero era una noche sin luna, oscura por completo.

La tormenta estaba a punto de desatarse dentro de la ciudad subterránea.

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Un camino frente a ella que llevaba hasta Erebor, cuya larga presencia se veía cubierta de sombras rojas. Un solo camino donde ella podía ver los cuerpos sin vida de todos los que para ella eran importantes. El pequeño hobbit desconsolado lloraba ante aquel escenario. Había salvado a la mayoría, pero no había podido salvar a su familia. Un solo camino imposible de evitar que la llevaba a la única conclusión probable, la muerte de todos.

Se había quedado dormida esperándolo, como siempre, tardaba en llegar porque el tiempo se le escapaba en su obsesión de planear el viaje. Los sueños eran cada vez más preocupantes, más claros e insistentes sobre que el camino de Erebor estaba cubierto de muerte. Tenía que lograr convencerlo de olvidar aquello. Sólo le ocurría una manera de lograrlo.

Esta vez el embarazo había sido muy tranquilo, no había tenido nauseas ni vómitos durante las primeras semanas, lo cual había sido maravilloso y había pasado por mucho el tiempo en el que había sangrado en las ocasiones anteriores. Llevaba un mes sintiendo el movimiento dentro de ella y era realmente intenso, todo el tiempo se movía. Y a pesar de la ropa, los vestidos que no marcaban su figura, comenzaba a notarse cuando usaba pantalones. Aquel día se había puesto pantalones para salir a caminar, lo que parecía calmar a su bebé porque cuando ella caminaba su bebé descansaba; el segundo en que ella se sentaba comenzaba de nuevo el movimiento. Los pantalones no le cerraron por lo que tuvo que usar un alfiler para que no se le cayeran; usó una blusa holgada y cuando quiso ponerse un chaleco se dio cuenta de que no era una buena idea, por lo que salió solo con la blusa.

-Regreso al rato –dijo al pasar junto a Dís y depositar un beso en su mejilla. La princesa enana la vio alejarse y casi podría haber jurado que se veía más … rellenita del abdomen.

Idris le diría a todos el día de mañana, después de hablar con Thorin por la noche. Tendría que ser muy clara, lograr que le creyera, que no podía llevar a su familia a Erebor porque ese camino no tenía retorno.

Por eso cuando despertó y él no estaba, se preparó para recibirlo pero decidió no cambiarse, la forma de su abdomen se veía bastante más clara con los pantalones. De repente la puerta se abrió y Thorin entró, ella no estaba lista para todas las horribles palabras que él le diría.

-Traidora –le dijo por primera vez.- Traidora, desagradable traidora.

-No, jamás te traicionaría –dijo ella pero él no la escuchaba, seguí gritando la misma palabra una y otra vez.

-¿Cómo pudiste darle algo que me pertenece a una sucia elfa? –dijo a él para total conmoción de Idris. No podía creerlo, ¿sucia elfa? No, no, Thorin quería a Itariel, eran familia, no podía decir eso de ella.

-Tienes que entender, no es el tiempo correcto, el camino está lleno de muerte, debes esperar –dijo apresuradamente Idris tratando de hacerse entender pero él no escuchaba, estaba demasiado enojado, más que nunca.

-¿El tiempo correcto? –dijo casi golpeándola con las palabras, sus ojos brillaban con furia, casi con ¿odio?- ¿Qué sabes tú? No eres de mi pueblo, no eres de mi gente, no eres de mi …

-¿Familia? ¿No soy de tu familia? –Idris había sido herida, su corazón latía apenas.

-Cállate –dijo él y le dio la espalda. Ella se llevó las manos a su abultado abdomen que lograba ocultar con la blusa. Tenía que decirle.

-Thorin, estoy emba…

-¡Cállate! –gritó él y ella no pudo retomar lo que estaba diciendo, ¿acaso no quería escucharla?

-Thorin, escúchame …

-Vete –dijo él y ella pensó que lo había escuchado mal. No, jamás le haría eso, jamás.

-No me puedes echar, estamos unidos para siempre –dijo ella con la voz afectada por las lágrimas que intentaba contener.

Pero Thorin la agarró por el brazo y comenzó a jalarla con tanta fuerza que la hizo caer varias veces. Los gritos de Dís, Fili y Kili lo seguían por los túneles pero nada lo haría detenerse.

-Por favor, detente –le suplicaba pero sus palabras no parecían alcanzarlo. Una punzada en la parte de baja de su abdomen y ella sintió terror, no, por favor no, rogaba para sí misma, no de nuevo.

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Parada en medio de la plaza con sus cosas esparcidas en el lodo, con sus manos instintivamente protegiendo su abdomen y Thorin ni siquiera lo notó.

-Soy tu esposa –consiguió decir Idris aunque no podía moverse aún, parecía clavada en el lugar dónde Thorin la había aventado. No podía ver casi nada, las antorchas que había ido sacado los enanos con forme acudía a la plaza para ver lo que sucedía alumbraban más y más pero sus ojos estaban tan llenos de lágrimas que no podía ver nada. Y no quería ver, porque encontraría que Thorin estaba mirándola con desprecio y odio y eso no podía soportarlo y no quería si quiera tener la imagen en su cabeza para recordarla después.

-Estas muerta, ya no tengo esposa –dijo pronunciando cada palabra claramente para que no quedara duda de lo que acababa de decir. Una expresión de sorpresa escapó de todos los presentes, eso no era posible, no lo era, nadie podía decir aquello de su esposa.

-¡Thorin! –gritó Dís de nuevo intentando hacerse oír pero su hermano ni siquiera se tomó la molestia de voltear a verla.- Thorin no puedes hacer eso, no puedes repudiarla.

Fili quiere acercarse pero es como ver algo tan lejano que no hay manera de hacer nada, aquello estaba pasando y la furia de su tío era tan inmensa que no podrían detenerla ni ayudar a Idris.

-Estoy muerta entonces –dijo por fin Idris y consiguió moverse. Ahora podía ver, se secó las lágrimas con la mano y grabó los rostros de todos y cada uno de los enanos que la observaban, jamás los olvidaría aunque no sabía el nombre de todos. Allá en el fondo, los aterrorizados Fili y Kili parecían querer echar a correr hacía ella. No, no podía permitir eso, ellos jamás debían venir cerca de Erebor y confiaba en Dís para que lo impidiera. Dís, al borde las lágrimas, era tal vez la única que imaginaba la situación en la que se encontraba, porque de nuevo, no le había contado a nadie.

Idris dio media vuelta y por fortuna aquel día había salido a caminar y llevaba pantalones en vez de vestido. Dio media vuelta y no dudo un segundo aunque lo que realmente quería era correr y abrazarlo y lograr que todo su enojo se evaporara. Pero era imposible, la había declarado muerta y esperaba que eso fuera razón suficiente para que jamás la buscara de nuevo. Los sueños habían sido claros, sólo había un camino posible, uno lleno de dolor, pero si recorría aquel camino, no iba a arrastrar a su bebé con él.

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Idris no se detuvo hasta que la encontró Hazad y cuando él la abrazó ella no pudo detener el torrente de lágrimas. ¿Cómo era posible que este hombre, después de haberlo rechazado, pudiera seguir acudiendo a ella cuando lo necesitaba?

-Te llevaré –dijo Hazad

-No –dijo ella simplemente. La verdad le agradecía pero en cuanto dejo de llorar había cesado y ahora su bebé parecía tranquilo.

-Es peligroso –dijo él.

-Tienes dos hijos a los que cuidar –dijo ella, sabiendo perfectamente que la esposa de Hazad había muerto al dar a luz a su segundo hijo, Haleth, diez años atrás.

-Iré contigo –volvió a decir él.- Eldazór tiene edad y capacidad suficiente para manejar este lugar sin mí y Haleth vendrá con nosotros.

-Pero …

-Alarian no puedes ir sola –dijo Hazad llamándola por su nombre de Númenor, ella se calló al instante.- Tienes como cinco meses de embarazo, no tengo la más mínima idea de cómo ese que llamas esposo no se dio cuenta pero yo no te voy a dejar ir sola a ningún lugar poniendo en riesgo a tu bebé y a ti misma.

Idris no dijo nada más, tenía razón, no podía ir sola a ningún lugar y mucho menos hacer el camino hasta Mirkwood.

Y así partieron, los dúnedain siguiendo a Hazad, dejando atrás lo que había sido su hogar por años, de regreso al norte. Tal vez podría convencerla, pensaba Hazad, de ir a ver a Arador, de reunirse con su familia por primera vez.

Idris no podía dejar de pensar en Thorin y en cómo no había querido escucharla y le dolía el alma abandonar su único hogar y a su familia entera. Sólo le quedaba Itariel y con ella se reuniría para que la ayudara con su bebé, a ocultarlo de él, para evitar que lo arrastrara a Erebor en ese camino que recorrería en el tiempo correcto, aunque él quisiera torcer la cosas, sólo había una manera en que podía suceder las cosas.

Y ese camino estaba lleno de muerte.


Gracias por seguir leyendo, estamos a punto de terminar este fanfic, un capítulo más y es todo. Pero claro, es un medio final porque tendrá continuación.

daya20: Ya tienes una respuesta, a ver qué te parece, espero tus comentarios jejeje

adychikane (ady prime): No te quedes ciega por favor si no como seguirás leyendo. Y gracias por darle Like a la página, aunque verás que ella soy muy fangirl.

Mariana: Ya después de este, antes de darle final, haré uno de Bilbo. Gracias por todo lo que me has comentado en facebook.

Recuerden, comentarios bienvenidos!