THORIN
Lo estaban evitando y eso lo sabía, ninguno quería hacerle frente y decirle lo mucho que se había equivocado. Si lo hacían, terminarían reprochándole todo, la manera en que la trató, las palabras que le dijo y como al final, cuando la miró irse, dio media vuelta.
Estaba solo. Los enanos no querían verlo, se alejaban de él cuando pasaba por los corredores y no había más reverencias, algunas cuantas tal vez, pero se notaban tensas y poco naturales. Y eso habría podido olvidarlo, pasarlo por alto, pero cuando entraba a sus habitaciones y no había nadie ahí, nadie que le sonriera y corriera a abrazarlo tan solo verlo.
Hacía frío, nadie había ido a encender el fuego en su chimenea y la oscuridad era lo único que tenía a su alrededor. Silencio. Atrás habían quedado los días de las risas infantiles, cuando sus sobrinos eran pequeños y todos los días buscaban su compañía y reñían entre ellos para ver quién llamaba más su atención.
Pero sobretodo, atrás había quedado la mirada intensa de esa niña que apareció un día frente a él y que desde siempre le ofreció su más incondicional amor. Cuando esa niña se transformó en una mujer y estuvo a punto de perderla más veces de las que hubiera querido, tuvo que admitir que la amaba más que a cualquier otra cosa y que daría cualquier cosa por ella.
Y finalmente eso no había sido cierto.
La había dejado ir.
Mejor dicho la había corrido.
Trato de deshacerse tan sólo por un momento del recuerdo, tan sólo por un segundo olvidar la manera en que lloraba, en que suplicaba y como trataba de decirle algo que jamás escuchó.
¿Qué era lo que quería decirle?
-¿Y si olvidaras Erebor? –le preguntó aquel increíble muchacho que lo miraba con unos ojos azules que reconocía como iguales a los suyos. Estaban sentados en el piso frente a la entrada principal de Erebor, justo como se veía antes de Smaug, magnifica y majestuosa.
-No puedo hacerlo –respondió Thorin sabiendo perfectamente que su destino era volver a su hogar, recuperarlo y convertirse finalmente en Rey bajo la Montaña.
-Pero si pudieras, ¿lo harías? –el muchacho no apartaba de él su mirada, era algo diferente, él no parecía intimidado por su presencia y la sonrisa llegaba tan rápido a sus labios que resultaba un espectáculo digno de verse. Thorin se sentía a gusto en su presencia y todas esas preguntas que le hacía cuando se veían eran bien recibidas aunque tuviera que responderle cosas que no le agradaran.
-Si pudiera hacer que regresara, que olvidara las cosas que dije, lo haría –respondió sinceramente Thorin, algo que no podía decir en voz alta o a alguna otra persona que no fuera este muchacho, con su rostro perfecto, tan joven, tan lleno de vida.
-¿Por qué no lo haces, por qué no la buscas?
Thorin despertó con el corazón acelerado, cerró los ojos tratando de conservar la imagen de él, de ese muchacho, con quien ahora mantenía conversaciones en sus sueños.
No quería despertar, nunca lo quería hacer. En sus sueños estaba él y a veces ella, la chica que jamás se le acercaba, quien lo miraba siempre a la lejanía con los mismos ojos azules que tenía el muchacho pero que se expresaban de manera tan diferente.
El tiempo curó muchas de las heridas abiertas. Finalmente era el líder de su pueblo y su pueblo lo quería, pero él podía leer en sus rostros que todavía pensaban en ella. En esa niña que se convirtió en su reina y que luchó tanto para darle una familia pero que no pudo lograrlo.
En su caso, las heridas no se curaron.
Los demás podrían olvidar o perdonar, pero él no. Jamás.
El problema era que no podía entender ahora por qué le dio tanta importancia al hecho de que Idris entregara el mapa a Itariel, por qué aquello ocasionó tanta ira en él y por qué tuvo la necesidad de apartarla de su lado.
Hubiera querido no hacer nada de eso. Borrarlo. Volver a empezar.
Regresar al día en que fue por ella a la ciudad humana, cuando la llevó de regreso a su hogar, cuando la depositó por primera vez en su cama y se olvidó de todas las objeciones que tenía para simplemente dejarse llevar por lo que sentía. La tremenda necesidad de abrazarla, de tocarla, de besarla.
Idris había probado ser siempre un enigma. Era alma antigua que había escapado a la destrucción de su mundo. Era un alma fuerte que había resistido la tentación de caer en las garras de un Sauron encantador y por lo mismo, había sido castigada en vida arrebatándole lo que en ese tiempo había sido lo más importante para ella. Y era un alma liberada por el fuego que había destruido a su Erebor.
Idris.
Soñaba con fuego, con muerte y desesperación. Aunque lo tratara de ocultar sabía que sus sueños no era agradables, que la tenían siempre al borde de las lágrimas pero que también sabía que podía ayudarla, si la abrazaba con fuerza por las noches, si la rodeaba cariñosamente con sus brazos, si la aislaba de los horrores que podían vivir en su mente.
Idris
¿Y si hubiera nacido antes? ¿Si la hubiera conocido antes de Smaug?
Tonterías. A pesar de ser algo que no compartía a menudo con nadie y Dís era muy pequeña para recordar nada con claridad, antes de la caída de Erebor, Thorin había creído estar enamorado. Era demasiado joven en aquel tiempo, casi un niño para los estándares de los enanos, sin embargo, ya en ese tiempo se tomaba en serio las responsabilidades y siempre estaba al lado de su padre y de su abuelo.
Excepto por todos los días que estaba con alguien más, con alguien a quien ahora no podía ni mencionar o siquiera pensar.
Aquello había sido un mal sueño y después de cerrar su corazón la única que pudo volver a abrirlo fue Idris, ella sacó todos esos sentimientos que él había ocultado y le dio un nuevo significado a su vida.
Pero al final la había corrido, le había dicho que estaba muerta para él y había jurado no buscarla.
Reconocía el lugar en su sueño, era ese maldito bosque de los elfos, Mirkwood, en el que nunca había osado pararse. Ni en el más loco sueño de su juventud pensó jamás pisar ese horrible lugar. Y ahora, a la orilla, junto al último árbol, estaba parado él.
-¿Por qué te quedas ahí parado? –le preguntó Thorin al muchacho que veía claramente frente a él. Pero había cambiado, su rostro era más afilado, más armonioso, más sereno; pero lo que verdaderamente había cambiado era su altura. Antes lo veía más alto que él pero ahora era mucho más alto que él, casi como un humano o un elfo, eso lo ponía nervioso, ¿qué había pasado?
-No puedo –dijo simplemente. Habían pasado diez días en los que no había soñado con él y Thorin había sufrido pensado que jamás volvería a verlo. Como cuando Idris se fue, pasaron muchas semanas para que los sueños volvieran a empezar y lo encontrara de nuevo, hablando con él, disfrutando de su voz melodiosa, tan parecida a la de ella.
-¿Por qué? –preguntó Thorin tratando de acercarse a él, dando pasos dentro del bosque pero él desaparecía y lo veía de nuevo detrás de otro árbol. Parecía temblar, parecía como si se fuera a desvanecer.
-No soy el mismo … -dijo y dejó sus palabras en el aire, como si fuera a añadir algo y simplemente no pudiera.
-Ven conmigo –Thorin trataba de tocarlo pero volvía a desaparecer para aparecer de nuevo más lejos de él. Estaba volviéndose doloroso, la horrible seguridad de que no lo vería más estaba afianzándose en su corazón y no quería que eso sucediera, no quería perderlo como seguramente había perdido todo lo demás. Era un sueño, Thorin se lo repetía una y otra vez, pero era un sueño hermoso donde podía compartir breves instantes con quien pudo haber sido su hijo.
-No puedo, yo ya no soy.
Su hijo, quien nunca fue, a quién había perdido muchas veces cada vez que Idris sangraba. Su hijo, había abandonado sus sueños de igual manera y ahora sentía una soledad más dura y difícil de aceptar.
La noche del último sueño que tuvo de él se despertó llorando y no pudo detenerse. Salió para encontrarse caminando por el claro de los árboles de manzanas dónde Kili e Itariel había iniciado su romance disfrazado de entrenamiento de arquería. Era noche con luna llena y la luz de la misma iluminaba todo con claridad. Ahí estaba Kili, como era esperado, tenía muchos meses que salía en las noches de luna llena, como había hecho cuando estaba Itariel.
Kili se acercó a él y por primera vez en mucho tiempo no evitó su mirada.
-Tío –dijo simplemente y se quedó a su lado, mirando la luna, pensado en lo que había perdido y que de alguna manera tendría que recuperar. Kili ya no tenía la fijación de ir a buscar a Itariel, esos días habían pasado, pero sabía que la encontraría, aunque no la buscara en ese momento.
Idris.
Había cometido el peor error de su vida.
Era irreparable.
Ella jamás lo perdonaría.
Y él, tenía una mezcla extraña entre orgullo y culpa y eso le impedía si quiera poder imaginar el ir a buscarla, remover media existencia para dar con ella. Para pedirle perdón, pera tener de nuevo entre sus brazos, para volver a cubrirla de besos, para volver a sentirla bajo sus manos, bajo su cuerpo.
Idris.
-Despierta –dijo la voz clara y cantarina que podría haber sido de Idris pero que no era de ella, tenía un tono más bajo y con más autoridad. Thorin abrió los ojos pero sabía que estaba en un sueño, de nuevo, como los que había dejado de tener el día que el muchacho desapareció ante sus ojos.
-Ya es tiempo –le dijo de nuevo. La voz venía de una figura encapuchada que protegía su rostro para que él no viera de quién se trataba. Tenía un cuerpo menudo, fuerte y su estatura lo superaba por muy poco. Cargaba dos espadas en la espalda, un arco y un carcaj llenó de flechas.- Gandalf.
-¿Gandalf? –preguntó Thorin. La figura se levantó, había estado inclinada a su lado, tan cerca pero imposible de alcanzar, cuando él levantó su mano para tocar su rostro, ya no estaba.
Thorin despertó de ese último sueño y comenzó los preparativos para buscar a Gandalf, para encontrar el mapa de su abuelo y tomar el camino a Erebor. Por fin, era tiempo.
Y que hago un capítulo extra.
Espero les guste.
Saludos a todos los nuevos lectores de este fanfic. Pronto estará lista la continuación. Recuerden leer "Al final sé que no podré olvidar tu nombre", es la segunda parte de esta historia.
Gracias!
