Sentí algo extraordinario cuando lo vi, al mediodía siguiente, esperándome en el puerto. Por un momento, mi mente turbada se tranquilizó de repente; me sentía afortunado, no sé a causa de qué, exactamente; pero sentía que tenía ya algo muy bueno y algo mejor por delante. Aminoré mi marcha en la bicicleta a medida que me acercaba a él.

Desvié mi mirada a los alrededores, y me percaté de que la gente se veía muy alegre; toda la ciudad parecía haberse puesto de acuerdo en salir y pasar la navidad paseando.

El barullo del puerto volvió a confundirme y, al llegar hasta donde Elías me esperaba, lo primero que le dije, como un estúpido, fue: "Te debo un regalo".

Él, por una fracción de segundo, me miró sorprendido, sin comprender, o, lo que es peor, sabiendo perfectamente a qué me refería. Pero al segundo siguiente ya me sonreía como siempre, como si nada. Empezamos a caminar sin rumbo; era 25 de diciembre, el viento frío venía arrasadoramente desde el mar, y pronto oscurecería, pero aún estaba claro.

Yo estaba un poco nervioso, así que le propuse apartarnos un poco del resto. "¿Arriba?" preguntó él. No, eso implicaría estar a solas… Yo le dije que no, que prefería caminar, y a él le pareció bien. Pese a su eterno buen humor y tranquilidad, había destellos en sus ojos y desvíos repentinos de su mirada que demostraban que se sentía, en algún sentido, intranquilo como yo. Pronto reconocí esa mirada; aguardaba pacientemente algo, pero algo que yo mismo había propuesto y no me decidía a comenzar.

Sin hablar demasiado, dejamos nuestras bicicletas aparcadas en la base solitaria del silo y empezamos a caminar.

Yo ya sentía que todo estaba demasiado claro; le había dado por entendido que lo sucedido ayer yo aún lo recordaba y, lo que es más, que era como un regalo par mí. Era verdad, pero… ¿cómo seguir?

No me di cuenta cómo, pero en nuestro andar sin rumbo, ya estábamos nuevamente entre la gente y ahora nos hallábamos frente a unas tiendas. Creo que Elías me llevó hasta allí. Él, de repente, se acercó a la vidriera de una tienda de campamento, y se quedó embelesado admirando todo lo que allí había. Era cierto, había muchas cosas útiles y atractivas allí, por ejemplo, toda una gama de cuchillos y navajas de diversos usos. Nuestras caras pegadas al vidrio y el vaho empañaban continuamente el cristal, y debíamos limpiarlo cada tanto con el guante para seguir mirando.

"Yo podría comprar ese cuchillo, ése, el grande. Pero no sabría dónde guardarlo; mi madre me lo quitaría, sin importar mi argumento…" comentó él.

Yo empezaba a observar detenidamente sólo una navaja, una pequeña y fácil de ocultar en cualquier bolsillo. La idea de comprársela, dársela de regalo de navidad y acomodar así mis absurdas palabras, era tentadora por lo sencilla.

"¿Crees que un arma puede llegar a serte útil…?" pregunté yo. Aún, después de tanto tiempo, me volvió la duda de si él sería capaz de empuñar y utilizar el cuchillo como yo estaba dispuesto a hacerlo en esa época… Ése cuchillo que le di, pareció muy importante para él.

"¡Claro que no!" exclamó él, riendo. "Sólo de adorno para mi cuarto. Se ve genial."

"Oye…" dije yo de repente, pero sin apartar la vista del vidrio. "¿Hubieras sido capaz de utilizar el que yo te di?"

"Oh… ése. ¿Qué sucedió con ése?" dijo él, algo confundido.

"Quedó en el garaje, en medio de la mesa, a la vista de cualquiera. Yo hubiera podido tomarlo de nuevo, pero precisamente por eso mi papá lo dejó tan a mano. Ahora anda tirado…"

"Ah… Pues me hubiera gustado seguir conservándolo. Yo lo tendría como nuevo."

"¿Cómo un tesoro?" dije, sin pensar.

"¡Oh, sí!" me respondió él, con una media sonrisa y los ojos iluminados.

"Sí… Mientras tu mamá no lo descubra…" murmuré yo, sonriendo. Empezaban a aclarárseme varias cosas. Me di cuenta que, afortunadamente, Elías estaba delante de mí en varias cosas; él era más franco aún en medio de su timidez. Fue por eso que desistí de la idea de comprarle esa navaja, y era la idea original la que se hacía tentadora.

Seguimos caminando lentamente. Algunos fuegos artificiales estallaron en el cielo, sobre el puerto. Por ese motivo, se había reunido más gente en el puerto, por eso, luego de una breve expectación, mi amigo y yo volvimos a desviar el camino y nos apartamos del algarabío, hasta que, en el ocaso, la gente ya empezaba a regresar a sus casas o a refugiarse en bares. Aprovechando esa incipiente calma general, él y yo nos sentamos cerca de la costa, sobre unas rocas en el lado más lejano del puerto. Ambos mirábamos fijamente al mar y a unos botes lejanos que se acercaban. El frío, curiosamente, se sentía menos; en todo caso, la calma y comodidad de ahora compensaba el aire helado, proveniente del inmenso mar por delante.

"Oye, ¿tú hubieras sido capaz, realmente, de utilizar el arma contra Sofus si él…?" preguntó él, para romper el silencio, supongo.

"Yo… En ése momento era capaz de muchas cosas, cosas realmente sin sentido… Lo curioso, es que yo les inventaba un sentido mayor al real. Tenía mucha imaginación." dije yo, despectivamente y algo avergonzado. Él asintió en silencio y volvió a mirar al frente.

"¿Imaginación? Aún la tienes." Dijo él, seriamente.

"¿Te agrado? " Pregunté yo, de repente y mirándolo fijamente. "¿Te grado a pesar de todo…?"

"¿…de todo?" Repitió él, tímido y sorprendido.

"…a pesar de ser algo arriesgado, por ejemplo."

"¡Pero si eso es precisamente lo que más me gusta de ti!" exclamó él, sonriendo.

Una idea creció en mí; reí y él, sonriendo tímidamente, volvió la vista al frente. En ese intervalo, en esa pequeña distracción suya que su timidez ocasionó, yo me acerqué a él y comencé a rodearle los hombros con mi brazo derecho. Y cuando él se volvió hacia mí para mirarme, sorprendido, acerqué mi rostro al suyo, lentamente, e hice lo mismo que él había hecho ayer; es decir, le devolví el regalo, pero de un modo más arriesgado. Que suerte que a él le gustaba así.

Fin.

Comentarios finales: creo que este Christian me ha salido un poco obsesivo aquí xD… realmente maquinaba mucho sus acciones, pero ni modo; aunque él lo pareciera, yo nunca lo vi como a un chico que actúa sin pensar. Él realmente tenía muchas ideas y motivos para hacer ciertas cosas.

En fin, espero haber sido coherente en todo, los diálogos y, en fin, en el hilo de esta breve historia. Acepto sus críticas. Muchas gracias por leer esta historia =D