Chapter Two

Life Works its Way

Kings and Queens

Dean despertó poco antes de que comenzase a anochecer, comió su hamburguesa, y se quejó de que no había tarta. En media hora ya estaban en la carretera, escuchando metálica con el mayor al volante del Impala. Solo hicieron una parada para coger provisiones, y durante el viaje hubo silencio. El sueño se apoderó de los viajeros una vez más. Llegaron al búnker al amanecer.

-Vacaciones. No recuerdo haberlas tenido antes.

Dean pensaba en voz alta. En verdad, no creía haberlas tenido nunca. Lo más parecido que se hallaba en su memoria era la época en la que su madre estaba viva, y de eso hacía demasiado tiempo. Pensaba en que llevaba tanto metido en el negocio familiar, que se le había olvidado lo que era tener una vida. Todo el tiempo que no empleaba en salvar gente, cazar monstruos, era un lujo o un premio de consolación… pero no una vida.

El motor de su viejo compañero dejó de sonar una vez dentro del garaje. El ruido a continuación era el de las puertas cerrándose, el de sus propios pasos, los de Cas y los de Sammy. Las llaves tintineando en su bolsillo. El plástico de las bolsas llenas de comida y bebida, arrugándose al tacto, y al dejarlo sobre la mesa de la cocina. Sonidos familiares y aburridos. Pero el sucesivo fue lo contrario.

Un estruendo les hizo girarse. Parecía una puerta gigantesca chirriando, acompañado de un golpe seco y el grito de una mujer.

-¡El garaje!-Anunció Sam, localizando el origen.

Los hermanos Winchester quitaron el seguro a sus pistolas y Castiel les siguió desarmado.

En el suelo, la señorita Bradbury permanecía de rodillas recuperando el aliento. A su espalda, el palacio Esmeralda deslumbraba. Entonces, las puertas de Oz se cerraron, devolviendo el garaje a la oscuridad.

-¡Charlie!

Dean guardó el arma y acudió a ayudar a la damisela en apuros. Al ver su sonrisa, los tres presentes se aliviaron y la pusieron en pie.

-¿Qué pasa, zorras?-Suspiró-¿Tenéis papeo? Estoy muerta de hambre.

Charlie saciaba su hambre en la cocina junto a los demás. Llevaba puestos unos pantalones extraños, una malla de guerra como chaleco y falda debajo de una camiseta, una chaqueta de piel de animal desconocido y unas botas de montar. Todos sentados alrededor de la mesa, comenzó la tanda de preguntas.

-Charlie, ¿qué ha pasado? Creíamos que estarías bien en Oz.

-Es largo de contar. Después de vencer a la bruja, los monos voladores y otras alimañas se volvieron locos. Dorothy y yo conseguimos vencerles junto al ejército de Esmeralda y continuamos el viaje. Estuvo bien, pero no había ni ordenadores, ni teléfonos móviles, ni juego de tronos, ni Harry Potter. Además, tuve una aventura con Dorothy y se volvió complicado. No estoy hecha para relaciones serias. Cogí mi copia de la llave y me volví. Resulta que la puerta de Oz al mundo real da al mismo sitio desde donde se hizo la última apertura. Qué suerte que he acabado aquí, quiere decir que sois buenos hombres de letras.

-Espera, ¿has dicho que te acostaste con Dorothy?

-Supéralo, Sam. ¿Y vosotros qué? ¿Algo o alguien nuevo por aquí?-Miró de reojo a Castiel.

-Oh, perdona. Cas, esta es Charlie. Charlie, te presento a Cas.

-Tú eres el famoso Castiel. He leído sobre ti.-La chica le sonrió pícaramente.

-¿Los libros de sobrenatural?

-Exacto.

-Pues, no te has perdido mucho.-Contestó Sam, bostezando y queriendo evitar el tema de los libros.- Ha sido mejor que estuvieses en Oz durante este tiempo.

-¿Qué se armó por aquí?

-Una de las gordas. Intentamos cerrar las puertas del infierno y salió mal. Para colmo, se cerraron las puertas del cielo y Cas perdió su gracia. Pero ahora todo está bien. Metatron está muerto, el cielo y el infierno siguen funcionando y Cas… Bueno.-Explicó Dean.

-Recuperé mi gracia.-Mostró el colgante-Pero he decidido ser humano, por un tiempo al menos.

Los tres esperaron la reacción de Charlie, que fruncía el ceño y abría los ojos como platos a la vez. Finalmente alzó los brazos, escandalizada.

-¡Hay que ver! Os dejo solos un par de meses y el mundo se pone patas arriba. ¿Sabéis qué? Que me da igual. Me basta con remontar lo que me haya perdido. Y tengo regalos para vosotros.

-¿Regalos?

-No pensaríais que me iría de Oz sin traerme nada, ¿verdad?

Charlie abrió su bolsa, repleta de libros y anotaciones. Luego dejó el móvil sobre la mesa.

-Sam, esto te va a encantar. Son cosas de empollones, la cultura de Oz está llena de locuras. Dean, en mi teléfono hay fotos que te van a gustar, echa un vistazo. Lo siento, Castiel. No he traído nada para ti, no sabía que ibas a estar. … O que íbamos a conocernos.

-No pasa nada.

Castiel observó las ilusiones de aquellos que antes, consideraba los seres que debía proteger. Ahora era distinto. Ya no podía ver sus almas, pero podía descifrarlas a través de sus gestos y sus miradas. Entendió el dicho humano: los ojos son las ventanas del alma. Antes velaba por ellos desde lejos, observando y cuidándolo todo. Ahora formaba parte de su mundo, de su familia. No solo era maravilloso, llegaba a dolerle. Como si el pecho y el estómago se contrajesen. ¿Era eso normal?

Castiel se lavó la cara y se echó agua fría en la nuca. Apoyado sobre el bidé, se vio en el espejo. Sentía que el peso de sus alas ya no estaba, no era novedad. Pero este estaba compensado con el peso de la conciencia y de los sentimientos. Todo sobre los hombros. ¿El dolor de la espalda era a causa de eso o de las heridas de la batalla?

-Eyh, Cas. ¿Estás bien?

Era la voz de Dean detrás de la puerta abierta del cuarto de baño. Castiel se giró y vislumbró en él preocupación.

-Sí, estoy bien. Es solo que me duele…-¿Qué es lo que me duele?-el cuerpo. Estoy cansado.

Se apoyó de espaldas sobre el bidé. Dean hizo lo mismo en la pared.

-¿Ser humano es tan malo?-Se cruzó de brazos.

-No.-Negó con la cabeza con gesto melancólico-Pero aún así, tardo en acostumbrarme. Al principio todo era nuevo y todavía hay cosas que no entiendo, pero merece la pena. Ya he aprendido a caminar, comer, dormir, ir al baño, coser heridas recientes, tener cuidado con los cuchillos, manejar una pistola…

-Y no te olvides del sexo.-Ladeó una sonrisa y enarcó una ceja.

-Eso es lo mejor.

Hubo una pausa de dos segundos, el tiempo que necesitó Dean para atreverse a decir lo que iba a decir.

-Cas, ¿por qué lo haces? Ser humano no es lo que querías.

-Te lo dije, Dean. Yo…

-Vamos, Cas.-Rió entre dientes y se mordió el labio inferior-Todo ese rollo que soltaste sobre los sentimientos… Parecía sacado de una canción hippie, y no me lo trago. Te conozco. Sé que echas de menos tus alas y eso de ser un ángel. Así que, sea lo que sea lo que impide que te bebas ese frasco-Señaló el colgante-no es por Sam ni por mí. Podrías seguir a nuestro lado con gracia o sin ella, y lo sabes.

-Sí, lo sé.-Castiel agarró el recipiente que colgaba de su cuello con añoranza-Pero los ángeles no envejecen.

Sus miradas se entrelazaron como ya lo habían hecho en muchas otras ocasiones, pero la intensidad no cambiaba, siempre era la misma. Aunque Dean era incapaz de apreciar la paz que sentía cuando el ángel estaba a su lado. Castiel ya no era un ángel, y la confusión se apoderaba de ambos. ¿Cuál era el siguiente paso? ¿Adaptarse? ¿Aceptarse? ¿Qué era lo que iban a hacer ahora que no existía el deber?

-Si estás cansado deberías dormir un rato.-Dijo el cazador, evitando como fuera posible el contacto visual- Solo hay dos habitaciones, pero puedes quedarte la mía.- ¿Qué ha querido decir con que los ángeles no envejecen?

Dean se marchó. Era una pregunta retórica incluso para sus adentros. Dean sabía la respuesta, pero hasta su subconsciente la evitaba.

Mientras tanto, Sam y Charlie estaban en la biblioteca, clasificando los libros que ella había traído. Charlie se preguntaba por qué Castiel había decidido llevar su gracia como collar, Sam le respondió lo que Castiel puso como excusa el día anterior.

-¿Y tú te lo crees?-Preguntó la chica.

-No sé si hacerlo, aunque no tengo ninguna razón para no confiar en él. Cas es así de raro.

-¿Y tu hermano se lo cree?

-Me parece que no.

La chica paró lo que estaba haciendo. Respiró profundamente y ordenó sus ideas. La historia que Sam le narró despertó un recuerdo dormido. Las palabras, los párrafos, las páginas de los libros de sobrenatural inundaron su cabeza. Una pequeña luz hizo acto de presencia en su mente. Lo que antes ni siquiera había sido capaz de cuestionarse, de repente, alcanzó la claridad total.

-¿Cómo no me di cuenta antes? Charlie, eres estúpida.-Los libros se le escaparon de las manos, y el choque contra el suelo alertó a Sam.

-Charlie, ¿estás bien?

-Muy bien.-Se despejó-Pero voy a necesitar un portátil… Para recuperar el tiempo perdido.

-Eso está hecho.-Sonrió complaciente- Puedes coger el mío, está en mi habitación.

Charlie corrió por el pasillo, llena de júbilo, y se tropezó con Dean.

-¿A dónde vas?-Preguntó él.

-A por el portátil de Sam.-Suspiró sin borrar la sonrisa de la cara, contagiándosela a Dean.

-Pues si vas a ver porno, borra el historial. A Sam no le gusta.-Gesticuló.

-Gracias por el consejo. ¿Dónde está el ángel?

-Está durmiendo.

-Dean…-Charlie iba a hablar con él, iba a consolarle y aconsejarle, y a ofrecerle su ayuda. Pero entonces se dio cuenta de que no era él con el que debía hablar.-No importa.

La chica se alejó por el pasillo hasta desaparecer tras la puerta del cuarto de Sam. Dean se dirigió a la biblioteca, dónde encontró a este leyendo en el sillón.

-Hola.-Balbuceó, con la cabeza en otra parte.

-Hola. Dean, deberías descansar.

-Ya, bueno.-Miró alrededor-Las habitaciones están ocupadas, así que me pido el sofá.

Sam dejó escapar una risa entre dientes mientras Dean se sentaba.

-Oye, ¿Charlie no está algo… rara?

-No, qué va.-Denotó sarcasmo-Solo la he visto corriendo como una loca para cogerte el portátil.

-Ya. Antes estábamos ordenando los libros que ha traído y… No sé lo que he dicho pero se le han caído, y parecía como si se hubiese dado cuenta de una cosa importante o se hubiese acordado de algo… No sé.

-¿Crees que hay que vigilarla?

-No.-Respondió casi como acto reflejo- Le preguntaré.

Dean se quedó ensimismado pensando en la desdicha y, por una vez, lo dijo en voz alta. Tal vez estaba aprendiendo la lección, o tal vez se estaba haciendo viejo.

-Empiezo a entender lo que dijiste… después de que salieses de la jaula, de que acabásemos con los leviatanes, de que… volviera del purgatorio. Empiezo a entender por qué pudiste dejarlo todo, sin más.

-Tú lo dijiste. No podemos escapar de esto.-Se sinceró el pequeño Sammy.

-¿No podemos o no queremos? Ya no sé qué es vida sin este trabajo, y eso da miedo. -Dean perdió la mirada en un horizonte inexistente, difuso e inalcanzable.

-Dean, se acabó.-Intentó consolarle, compensarle por las muchas otras veces en las que se había arriesgado por él-Los ángeles están en el cielo, Abbadon y Metatron muertos, y tenemos a Crowley comiendo de la palma de la mano. Hemos ganado.

-Sí, hemos ganado.-Sollozó-¿Pero cuánto hemos perdido por el camino, Sammy? Esto ya no es lo que hacemos, se ha convertido en lo que somos.

Las dos sombras quedaron envueltas en un incómodo silencio y una niebla espesa de malos recuerdos, de tortura y sufrimiento. Ni la victoria de una guerra puede compensar sus pérdidas. Ambos sentían cómo el aire que respiraban se envenenaba al adentrarse en sus pulmones, y lo mucho que pesaba hasta exhalarlo. Deberían estar llorando, cualquier otro lo habría hecho. Ellos tenían los ojos demasiado secos. Por un golpe en el pecho o el estómago no lloras, te ahogas. Ellos se habían ahogado, pero no entonces. Entonces solo se dieron cuenta del tiempo que llevaban muertos.

-Se acabó, Sam. Esto no son vacaciones. Esto es una retirada.-Hizo una pausa en la que se frotó los ojos-Si alguna vez alguien necesita ayuda, le echaremos un cable. Sin pensarlo. Pero se acabó.

-Seremos hombres de letras.-Asintió Sam, correspondiendo las palabras y la voluntad de su hermano.

Dean se quedó dormido.