Chapter 3
ALL THE SECRETS WE KEPT
Girls just wanna have fun
Charlie cerró la puerta del cuarto de Sam y caminó de un lado a otro mordiéndose las uñas. La cabeza le daba vueltas y más vueltas. Las preguntas y pensamientos golpeaban las paredes de su cráneo, queriendo salir.
-¿Es posible? Pero no puede serlo. A Dean le gustan las mujeres, ¿no? Aunque eso no quiere decir absolutamente nada. ¿Esos libros pueden estar equivocados? Por el amor de Dios, Charlie. Los escribió un profeta. Es imposible que estén equivocados. Pero se deja muchas cosas en el tintero. Pero que no esté no significa que mienta. No, dice la verdad. Esa forma de describir a Sam y a Dean... -Paró en seco y miró la pantalla del portátil, dando repetidos e impacientes golpes en el suelo con el talón derecho- ¿Y si los leo otra vez? No, no servirá de nada. La historia no va a cambiar. ¿Qué hago? ¿Debería intervenir? ¿¡Pero qué estás diciendo!? ¡Claro que hay que intervenir! Charlie, no puedes dejar que esto continúe así. Después de todo lo que han hecho, ¡tienes que hacerlo! Se lo debes.-Respiró hondo- No puedo hablar con Dean, se pone siempre a la defensiva. ¿Y si hablo con Castiel? Ni siquiera le conozco.-Se sentó resoplando.
La pequeña Chalie se encontró a sí misma cayendo en un abismo de desesperación. Era muy fácil leer fanfics y representar juegos de rol, ¿pero cómo hace una de junta cabezas cuando formas parte de una historia real? Entonces aparició el tercero en discordia. ¿Dónde encajaba en todo esto el hermano menor? Sam Winchester, un auténtico cero a la izquierda. A lo largo de esta historia, había pasado de ser el chico que solo quería huír de casa a conventirse en el hombre torturado y perseguido por su pasado. ¿Qué tenía que ver él en todo esto? Después de todo, Sam era el más inocente de aquella pequeña y gran familia... por irónico que resulte.
Charlie descargó los libros de sobrenatural en el portátil de Sam. No solo los que se habían publicado, sino también los que tenía en su poder. Seleccionó alguna que otra escena, siempre concienzudamente. Miró la hora en el reloj del ordenador.
Las siete y media. Lo suficientemente tarde como para que Castiel se hubiese despertado de su siesta y hubiese bajado a preparar la cena con Sam.
La chica salió de la habitación, se miró en el espejo del baño y decidió tomar una ducha. Si alguno de los hombres de letras hubiese pasado cerca de la puerta, habría podido escuchar la voz de Charlie cantando junto a Cindy Lauper girls just wanna have fun.
...
El ambiente era cálido. Solo podía oírse al agua del lago fluyendo, y a los pájaros de vez en cuando. Dean estaba sentado en una silla vieja casi al borde del muelle, mirando el horizonte sin buscar nada en él, disfrutando del cielo anaranjado del anochecer. Sostenía la caña de pescar, esperando pacientemente a que ningún pez picase el anzuelo. Estaba en paz, una tranquilidad que para él solo existía en los sueños. Aquel era uno recurrente, donde nada importaba y la brisa apaciaguaba su alma.
Allá en el mundo real, la gente despierta le esperaba para cenar a pesar de su inconocimiento de este hecho. Sam se había rendido. Quería avisarle, pero si lo hacía, Dean se enfadaría y seguiría sin probar bocado.
-A mí no me hará caso.
Charlie no estaba segura de su influencia sobre Dean, aunque sí sabía que a Castiel jamás le diría que no.
-Inténtalo.-Le animó la pelirroja.
Castiel caminó hasta la biblioteca. No había dado dos pasos por delante de la puerta cuando se quedó estático frente a él. Dean estaba acurrucado de lado en el sofá, tenía los ojos cerrados y sus hombros se movían acompasados por su repiración. Parecía feliz. Dio cuidadosos pasos hacia él, se agachó hasta hacer coincidir sus rostros y le llamó por su nombre.
Dean pareció escuchar una voz dulcemente ronca a lo lejos. Ya no estaba dormido y sentía una cálida mano acariciando su hombro, pero no pudo reconocer la voz hasta abrir los ojos, separando lentamente los párpados. Los iris azules de Castiel eran más profundos que el agua del lago.
-Hola, Dean.-Dijo sin apartarse de su lado.
-Cas, ¿qué pasa?-Se despejó, sin moverse un ápice. Resultaba demasiado agradable.
-Tienes que comer algo.-Susurró en un tono protector que, todavía no sabía la razón, le hacía rabiar.-Tú también eres humano, ¿recuerdas?
Intercambiaron una mirada extraña, tras la que Dean suspiró con pesadumbre, dando su brazo a torcer.
-Está bien.
Esa noche cenaron un par de filetes de lomo cada uno, acompañados de una ensalada. Receta sana típica de Sam. En relidad era lo único bueno que sabía cocinar.
-¿Ya te has puesto al día, Charlie?-Preguntó el hermano menor, presidiendo la mesa.
Charlie estaba ensimismada y se alertó cuando escuchó a Sam.
-Ah, sí. He estado mirando internet, ya me he puesto al día.-Respondió nerviosa, se le daba fatal mentir u ocultar cualquier cosa.
Dean tragó, dejó los cubiertos al lado del plato y apoyó los codos sobre la mesa. Si no estaba enfadado, poca cosa bastaría para ello.
-¿Qué pasa Charlie?
-Nada.-Dijo fugazmente.
-Eso no me lo creo.-Sonrió decepcionado.
La mirada de Dean parecía la del poli malo en un interrogatorio. Sam sería el poli bueno, callado y ausente, harto de la rutina. Luego estaba Castiel, presente y espectante, atento a cada detalle y cada movimiento, sin saber si participar o simplemente esperar.
-No es un tema para tratar en la mesa.-Charlie intentó esquivar lo que se le venía encima.
-Si nos estás ocultando algo, más te vale decirlo ahora.-Dean la presionó aún más.
Charlie se molestó por primera vez en muchos años. Incluso casi había olvidado esa sensación. Dean no tenía derecho a hablarle o juzgarle de ese modo. No tenía razones para desconfíar de ella. Pero entonces recordó los libros. Charlie llegó a comprender al fin por qué Dean actuaba siempre así. El mundo no le había tratado a él de un modo agradable, y solo sabía reflejar aquello que había experimentado. Montruos, tanto sobrenaturales como humanos, era todo lo que conoció. Todos, en algún momento de su vida, le habían decepcionado. Excepto ella misma. Dean le gruñía tan solo porque temía, daba por hecho, que era el turno de Charlie para tricionarle. La pregunta era: ¿cómo demostrarle a Dean que ella era diferente... sin confesar lo que había descubierto y lo que se traía entre manos? Se le ocurrió que podría decir solo parte de la verdad.
-¿Recordáis los libros de Sobrenatural? ¿Y a su autor?
Sam y Dean intercambiaron una mirada de duda.
-Cuando murió-prosiguó la chica-los libros no publicados salieron a subasta. Incluso los últimos manuscritos. Yo los compré.
-¿Todos?-Se sorprendió Sam.
-Eran baratos.-Asintió Charlie-La única otra que pujaba era esa Vecky, la fundadora de .
Hubo silencio. Lo cierto era que no había mejores manos en las que esos libros podrían estar. Dean se aclaró la garganta.
-¿Los has leído?
Charlie asintió.
-Vale, escucha con atención. Nadie... Repito. Nadie más sabrá nunca acerca de esos libros, y mucho menos los leerá. ¿De acuerdo?
-Captado.-Asintió insegura.
Dean suspiró, aliviado de algún modo. Se levantó, llevándose el plato completamente vacío, y Sam le siguió escasos segundos después. Castiel susurró a Charlie aprovechándose de la ausencia de los Winchester.
-Eso no era toda la verdad, ¿a que no?
-Eres como en los libros.-Dijo, dándole la razón indirectamente. Cas no lo entendió.-No, no era toda la verdad.
-Si fuese un ángel, podría saber cuáles son tus intenciones con solo mirarte.-Agarró su colgante con fuerza y añoranza.
-No le desearía mal a nadie.-Susurró Charlie, frunciendo el ceño, avergonzándose, intentando inútilmente descifrar la mente de Castiel-Y menos a vosotros.
-Entonces ocultas algo para protegerles.-Afirmó.
-Cuando leí los libros me dí cuenta de... cosas que antes no había visto.
-Admiraba la obra de ese profeta. Chuck sabía reflejar muy bien a las personas sobre las que escribía.-Desvió sus ojos al suelo.
-También escribió sobre ti.-Aquello se le escapó de los labios, y ni ella misma confiaba en haberlo dicho en voz alta.
-Lo sé.-Hizo una pausa y sonrió ligeramente-Creo que a veces me asustaba hasta dónde llegaban sus visiones.
-Supongo que es por lo que a Sam y Dean no les hacen gracia esos libros.-Dedujo.
Castiel deliberó, pensando en la información que Charlie ocultaba. Él no pudo leer los libros que no se habían publicado. Tal vez se trataba de información sobre el cielo o el infierno, algún dato que se les hubiese pasado por alto. Pero en ese caso, la chica no tendría razón por la cual guardar secretos. Ella había estado en Oz por mucho tiempo, y su vuelta no tenía nada que ver con esos secretos. Por lo tanto no era algo que requeriese prisa de su parte, ¿a qué venía todo aquello?
-¿Al leer los libros se dio cuenta de cosas que no había visto?-Pensó-Charlie, ¿qué has visto en esos libros?
Charlie balbuceó, tartamudeó sin decir nada, a penas sin abrir la boca. Dean y Sam les interrumpieron, querían que les echasen un cable con los platos.
