BACK SEATS OF THE IMPALA
Chapter 4
The Power of Words
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Castiel dormía profundamente en el cuarto de Dean. Este último había peferido el sofá por segunda vez. No era tarde, solo las diez y media, pero sus cuerpos suplicaban descanso. Sam iba a dormir en el otro sofá del salón, pero el sueño aún no le hacía compañía. Charlie se quedaría en su cuarto esa noche. Sam pensaba que no tardaría en marcharse, no le gustaba la vida de los Winchester. Pero Charlie se quedaría más tiempo de lo que él preveía. De hecho, tenía en mente permanecer como huésped hasta que aquel asunto quedase zanjado de una vez por todas. Ella sabía que Sam estaría leyendo en la biblioteca, y decidió que era el momento perfecto para intervenir. Cogió el portátil y caminó escaleras abajo con determinación.
-Charlie.-Dijo, sorprendido de encontrarla allí-Pensé que estaría dormida.
-A esta hora, ni de coña.-Puso los ojos en blanco.
-¿Estás bien?-Cerró el libro, extrañado.
-¿Cómo voy a estar bien? Tengo que hablar contigo. No sé por dónde empezar.-Charlie hablaba con frases cortas y a una velocidad preocupante.
-A ver, relájate. Respira.-Se levantó del sillón-¿Qué ocurre?
-No es nada malo. En realidad es bueno. Pero es difícil. Mucho, muy difícil.
Charli se movía de un lado a otro con el portátil, y Sam la seguía con los ojos temiendo lo peor. Tuvo que pararla, quitándole el ordenador y dejándolo en la mesa, asegurándose de que no se caería.
-Dime qué es lo que pasa.-La agarró por los hombros.
-Dean y Castiel.-Respondió cortante.
-¿Qué les pasa?
-Pues eso.
-¿Eso qué?
-Pues... eso.
-¿Qué?
-Que se gustan.
Sam se apartó de ella, parpadeando repetidas veces. Para él era imposible asimilar ese hecho.
-¿Cómo que se gustan? ¿Qué quieres decir?
Charlie tomó aire, abrió el portátil y seleccionó el archivo manipulado esa misma tarde
-Gustarse... se queda corto. Si no me crees, compruébalo tú mismo. Son escenas de los libros de sobenatural.
-Charlie, mi hermano...-Sam rió entre diente con solo pensar lo que la chica le contaba.
-Sam, sé que crees que es ridículo, pero te juro que no miento. Ese... Chuck os describía tal y como sois. No solo lo que hacéis, también lo que sentís.-Insistió concierta angustia.
-Chuck también se equivocaba, ¿sabes?-Se defendió, intentando hacerle entrar en razón.
-Léelo, por favor. Sam, no pierdes nada. Después, dime que estoy equivocada pero, ¿y si tengo razón?
El hombre se cruzó de brazos, dando por hecho que Charlie se había vuelto loca. Asintió, cediéndole la razón como a los tontos. No había leído los libros en su momento, y no pretendía hacerlo ahora. Cuando Charlie se marchó, algo más tranquila, Sam se volvió a sentar en el sillón. Miró el portátil, analizando la situación. Conocía su vida, no tenía sentido leer sobre sí mismo. Entonces rió entre dientes, recordando a un antiguo profesor que había tenido en la univesidad. Aquel viejo exigente solía decirles que, incluso de la mayor desfachatez se puede aprender algo bueno.
Le envolvió la nostalgia de aquellos tiempos. ¿Cuánto hacía de aquello? ¿Tanto había pasado como para no reconocerse? Al pasar por tantas pruebas, había envejecido demasiado rápido. Era una locura.
Admitió para sí que sentía curiosidad por esos libros. Tal vez podría aprender algo, viendo su historia desde un punto alejado. Sabía, también, que tendría que saltar alguna que otra página. No tenía tanta curiosidad como para soportar mala literatura.
Comenzó a leer a partir de los libros no publicados, para ahorrarse aburrimiento y horas de insomnio.
-Con un poco de suerte no me quedaré dormido antes de llegar al segundo párrafo.-Pensó.
Y tuvo lugar aquello que menos se imaginaba, lo que había negado tan fervientemente a Charlie y a sí mismo. Cuanto más se agotaba su vista, más despejada estaba su mente. Todo lo que le había costado comprender a su propio hermano... No habría sido necesario realizar tal esfuerzo si hubiese leído esos libros antes. Todo estaba escrito, y llegó a maldecirse a sí mismo por su orgullo.
De igual modo, descubrió algo de lo que nunca se había percatado. Negó con la cabeza, sonriendo, cediendo ante a ese viejo profesor de literatura por primera vez. ¿Qué habría sido de él? Se frotó los ojos. Apagó y cerró el portátil. Eran pasadas las cuatro de la madrugada. Le pesaba todo el cuerpo.
-Mi hermano y mi amigo están enamorados.-Suspiró-Parece el principio de un chiste malo. ¿Qué pretende Charlie que haga yo? Mi hermano se merece ser feliz. Charlie solo quiere ayudar, pero no creo que esté bien meterse en medio de esos dos.
Sam se quedó dormido en el sofá, tan profundamente como pra no tener ni un solo sueño, ni pesadilla alguna que recordar a la mañana siguiente.
Dean y Cas se levantaron temprano, uno de mejor humor que otro.
-Buenos días, Dean.-Dijo con una leve sonrisa dibujada.
-Hola, Cas.-Correspondió, entrando primero en la cocina-¿Quieres desayunar? Ven, échame una mano.
Dean estaba distraído, tenía hambre y daba la impresión de que al fin atendía esa necesidad. Castiel se sintió bien por ello. Observaba como su compañero abría el frigorífico y sacaba los huevos de la leja superior. Luego sacó una sartén y un plato de uno de los armarios.
-Cas, pásame el aceite.-Señaló una zona a su derecha mientras sacaba unas cerillas.
Castiel alargó el brazo y le dio la botella que había pedido. Dean lo dejó cerca sobre la encimera y echó los huevos, uno tras otro, en el plato hondo de su izquierda. Tiró las cáscaras a la papelera y, al girarse, ya tenía un tenedor en la mano. Cerró el cajón de donde lo había cogido con un golpe de cadera y empezó a batir los huevos. Castiel admiraba la soltura de cada uno de sus movimientos. Dean dejó el plato a un lado, repartió algo de aceite en la sartén y encendió el fuego. Batió un poco más los huevos y fue vertiendo la mezcla en la sartén.
-Cas.-Le llamó, y él despertó de su trance.-Necesito que cortes unas naranjas para hacer zumo.
Castiel respondió inmediatamente a su petición, se abrió paso para tomar las naranjas y un cuchillo.
-¿Cojo unas seis?-Peguntó para estar seguro.
-Mejor ocho. Llenamos la jarra y la guardamos si sobra algo.
-¿Cómo las corto?
-Pues... por la mitad, Cas.-Sonrió. Dean encontraba cierta dulzura en esas cosas, la inocencia y la torpeza de Cas. Él había conseguido arrancarle la primera risa del día.
-¿De qué te ríes?-Preguntó el ojiazul, temeroso de parecerle ridículo.
-De nada, es que... No me hagas caso.-Hizo una pausa-Oye, ven aquí. Ten esto mientras despierto a Sammy.
Dean le atrajo a donde él estaba y dirigióla mano de Castiel al mango de la sartén. Castiel se puso nervioso.
-Tú tranquilo. Solo tenlo. Si ves que se pone dorado lo echas en el plato limpio.-Le indicó-Vuelvo en un segundo.-Se despidió con un guiño y salió de la cocina.
Dean halló a Sam durmiendo aún en el sofá, cubierto por un par de finas mantas.
-Despierta, bella durmiente.-Dijo, y le tiró un cojín a la cara-Trasnochaste demasiado, ¿eh? Casi está el desayuno.
Con esas palabras desapareció del salón, atravesando el pasillo hasta la cocina. Sam bostezó y se incorporó como pudo. Al estirarse, las mantas cayeron al suelo. Tuvo que agacharse a recogerlas y notó un dolor en la espalda. El sofá había resultado mucho menos cómodo de lo esperado.
Cuando Dean entró en la cocina, encontró a Castiel sirviendo los huevos revueltos en cutro platos. Ni siquiera se había olvidado de apagar el fuego y aparta la sartén.
-¿Lo he hecho bien?-Preguntó, inseguro de nuevo.
-Sí, muy bien.-Hizo una mueca-Ve poniéndolos en la mesa y yo exprimiré el zumo.
Castiel siguió sus órdenes al pie de la letra sin rechistar, y Dean frunció el ceño al tiempo que llenaba la jarra.
-Una vez más has conseguido sorprenderme.
-Eh, Dean.-Sam interrumpió sus musarañas-¿Despierto a Charlie?
-Si no se levanta, se quedará sin desayuno.-Respondió, sin dejar lo que estaba haciendo.
Al cabo de un par de minutos, los cuatro componentes de la orden de los hombres de letras estaban sentados al rededor de la mesa. En un momento, Charlie miró a Sam con una pregunta en sus ojos. Sam correspondió con un giño, y Charlie lanzó una sonrisa llena de complicidad. Supo entonces, que Sam había leído los libros. Dean y Castiel parecían muy felices tras compartir la mañana. ¿Cuál sería la siguiente jugada de Charlie Bradbury?
