Chapter 6
KEEP LYING, KEEP CRYING
Demons
El ángel caído erró de nuevo en una decisión con buenas intenciones. Pensaba en las extrañas palabras de Charlie Bradbury mientras observaba las estrellas a través del telescopio.
-¿Qué haces, Cas?-Irrumpió Dean.
Castiel no le había oído entrar, y tenía pudor a mirarlo directamente.
-Estaba admirando las estrellas. Pasé toda mi vida allí arriba, y nunca pude ver la belleza del firmamento.-Confesó-Parece que solo los ojos humanos son capaces. Echarlo de menos es el único precio a pagar.
La respiración de Dean se cortó ante aquellas palabras. Había hecho demasiadas cosas como para ser feliz, o como para merecer ser feliz. Hervía la sangre en sus venas y sus nudillos, teñidos de blanco, contenían la rabia que le recorría. La persona que más necesitaba, Castiel, pronunció aquellas odiosas palabras.
-Tenemos que hablar, Dean.
El cazador continuó apretando los puños, ni siquiera miró al ángel cuando este le habló. Le había dado la espalda. Aunque trató de hacerse a la idea porque sabía que el momento iba a llegar tarde o temprano, pero jamás lo imaginó de esa manera.
-Dijiste que los ángeles no envejecen. Comprendería que quisieras morir si hubieras hecho lo que yo, o incluso lo que Sam. Pero tú eres un ángel.-Se giró hacia él y le miró a los ojos, los suyos comenzaban a humedecerse-Podrías vivir en paz para siempre, ¿y escoges quedarte conmigo?
-No lo entiendes.-Contestó, ansioso-¿Vivir en paz para siempre? Eso no existe. Y si existe, no lo quiero. Tú me salvaste, Dean.
-¿Salvarte? ¿No ves lo ridículo que suena eso? Cada persona que me importa acaba muerta, o aun peor.
-Dean, ya no sé por qué te empeñas en huír de esto.-Frunció el ceño, confuso y dolido.
-Porque acabará con nosotros. Nos romperá en pedazos.-Señaló impasible.
-¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes rendirte sin intentarlo? ¿Por qué estás tan seguro?
-¡Porque nos rompió a mí y a Sam!
-Yo no soy Sam. No soy tu hermano, ni tienes que protegerme, ni soy tu responsabilidad.
-Si te quedas por mí, será por mi culpa que no puedas recuperar lo que has perdido, Cas.
-Estoy harto, Dean.-Negó con la cabeza-Tienes miedo de estar solo, miedo de acercarte demasiado... No podemos seguir con esto, ya no.
-Entonces vete.-Sentenció, utilizando un arma de doble filo que les atravesó a ambos-Vuelve al cielo y quédate allí. Recupera tu gracia y tus alas.-Miró el frasco azul y brillante que colgaba de su cuello-No se te ocurra volver.
-Dean...-Intentó detenerle.
-Ya me has oído, Cas.-Gruñó.
-¡Dean!-Aclamó una vez más, pero él lo ignoró y cerró de un portazo.
Castiel abrazó el colgante entre sus manos. Apretó el puño hasta que dolió, pero no logró romper el recipiente. Las lágrimas recorrieron sus mejillas, el dolor era tan fuerte que invadía todo su pecho, sentía que la ira se apoderaba de él. Castiel, por primera vez en toda su existencia, se sintió vivo. Disfrutó de cada bocanada de aire como si fuera la última, porque parecía que fuese a ahogarse. Impulsivamente, golpeó las sillas hasta romperlas, pateó la pared hasta que se le durmieron las piernas. Entonces, bebió hasta saciar su sed. Su único pensamiento era Dean. Cabezota, orgulloso, alcohólico, egoísta y estúpido Dean Winchester. Pero lo suyo era peor, porque Castiel estaba aterradora, perdida y caóticamente enamorado de él.
Dean se metió en el Impala. Lo hizo instintivamente. Cuando tuvo el volante entre sus manos, acariciando el cuero negro, se preguntó a dónde demonios pretendía ir. Lo golpeó repetidas veces, forzando la mandíbula hasta que hormiguearon sus encías. Sentía el escozor en los ojos. Pretendió que no se le escapara el llanto, pero ya le temblaba la barbilla.
-Cobarde, cobarde... Maldito cobarde... ¡Hijo de puta!-Salió del coche y dio un portazo.
Gritó sin contenerse, y llevaba conteniéndose demasiado tiempo. Lo supo porque sintió los pulmones dentro de su pecho y su propia garganta desgarrándose. Maldijo al infierno y maldijo a los cielos, se maldijo a sí mismo y a su suerte. Cuando la fuerza se esfumó, entonces ya no le quedó aire para sus pulmones, ni voz que desgarrase su garganta. Las lágrimas se secaron y los ojos se enrojecieron. Dean se arrepintió más que nunca de sus actos cometidos. Incluido el haber abandonado a la única persona que pudo perdonarle y permanecer a su lado, a pesar de los incontables obstáculos. Entró de nuevo en el coche, esta vez en los asientos traseros, escuchando solo el silencio.
Castiel no había podido escuchar sus gritos, pero, ya en calma, decidió bajar al garaje. Desconocía lo que iba a encontrar y tampoco le importaba. Estaba dispuesto a enfrentarse a lo que fuese necesario. Asombrosamente, reinaba el silencio. El Impala continuaba allí y Dean, también. Sin embargo, el cazador no le vio. Las luces estaban apagadas y apenas se distinguían sombras. Los ojos de Cas tuvieron que tomarse cinco segundos para acostumbrarse a la oscuridad y, cuando lo hicieron, Castiel entró en el coche.
Dean fue capaz de mirarle solo de reojo un par de veces. Rezaba para que no se percatase de que había estado llorando.
-No pienso irme a ninguna parte.-Rompió el silencio y prosiguió antes de que el cazador lo estropease con su pico de oro-Sí, decidí quedarme por ti. Aunque si te sirve de consuelo, lo hubiese hecho tarde o temprano. Tú solo me abriste los ojos antes de que llegase ese tarde.
-Cas...-Dijo, pero no sabía qué más decir.
-Lo siento si te crees culpable, pero tendrás que aguantarte porque no me iré.
-Ya.-Asintió y tragó saliba, pero su vista seguía perdida en otro lugar.
Castiel no esperó a que Dean hablase o le mirase. Nunca antes lo había dicho por motivos que, ahora, por mucho que rebuscase en su memoria, o no recordaba o carecían de sentido.
-Dean, te quiero. Estoy enmorado de ti. Así que, sí, me quedo.
Castiel se acercó a él cálidamente, y se dio cuenta de las huellas que las lágrimas habían marcado a su paso por las mejillas de Dean. Este rezó de nuevo inútilmente para que el ángel no dijese nada.
-Cuando lloras por mí, sé que está mal sentirme bien por ello, pero no puedo evitarlo.
Entonces Dean le miró. Castiel limpió aquellos restos de agua salada, deslizando el pulgar sobre su pómulo. Dean notó sus músculos tensarse. ¿Qué estaba haciendo? ¿En verdad cruzaría la línea que tanto había costado imponer? Fijaba la vista en los ojos azules de Castiel, y los labios pálidos acercándose a los suyos. Emitió un sonido entrecortado, ininteligible hasta par él, sin fuerza ni motivación alguna.
-Por favor.-Susurró Cas con voz dulcemente ronca-Déjame intentarlo.
Entrecerró los ojos. Las manos del ángel eran calientes. Castiel lo besó suavemente.
Dean se dejó llevar.
