Chapter 7

YOU WILL BE MY WINGS

Sleeping in my car

¡Atención lectores!

A pesar de estar clasificado como T, este capítulo podría denominarse M para algunos. Esta escena es la continuación al beso de Dean y Castiel en los asientos traseros del Impala (a lo cual se debe el título del fanfic). No es una escena de sexo, sino romántica y explícita. Aclaro:

BDSM - no.

Hacer el amor - sí.

Por tanto, el que quiera leer, que lea y disfrute lo que pueda (ya de paso, si me lo dejáis en los comentarios me hacéis feliz). Al que comience a leer esta escena y no le guste, aseguro que puede esperar al siguiente capítulo (epílogo) sin ningún problema. No os preocupéis por nada, Inia lo ha planeado todo al gusto del lector, no interrumpo más.

:)

Sus labios se separaron. Dean dudó de la fugacidad del beso. Castiel le miró, sin esperar ya respuesta alguna.

-Cas, estoy asustado.-Confesó.

-Yo también.-Susurró, suplicando internamente que aquella noche no acabase nunca.

Dean se inclinó hacia él. La sorpresa fue mutua. Se besaron de menos a más, deseando terminar con el mínimo espacio entre ellos, envueltos entre sus brazos y sus piernas. Mejilla contra mejilla, sus dedos se enredaban todavía en sus cabellos y Castiel musitó:

-Dean...-Hizo una pausa en la que los latidos nerviosos de su corazón derrumbaban el silencio-quiero hacerte el amor.

Dean posó un suave beso en su mandíbula y le miró a los ojos. Delicadamente, ambos deslizaron sus labios a su cuello, sus dedos bajo su ropa, rozaron su piel impregnada de cicatrices. Castiel emitió un pequeño gruñido.

-Lo siento.-Se disculpó.

Sin quererlo, había hecho huella en el costado de Cas, donde la herida que Dean cosió ya estaba cerrada. Castiel observó al cazador, incorporado sobre sus rodillas encima de él, y se deleitó con su torso desnudo. Muy despacio, abrazó sus caderas con las manos, besó su pecho, acarició las piernas sin traspasar los vaqueros, desató el cinturón, desabochó el botón, bajó la cremallera... Los pantalones cayeron hasta las rodillas y Castiel continuó saboreando su vientre.

Dean se apoyó empujando los brazos contra el techo del coche, teniendo la mente en blanco. Inclinó el cuello hacia atrás, mordiéndose los labios y dejando escapar un suspiro. Cuando Castiel lo escuchó, se frenó a sí mismo. Contempló el rostro de Dean, que se inclinó de nuevo hacia delante para compartir un beso más profundo que los previos. Los pulsos se aceleraron y la respiración se hizo más costosa, pero la lentitud del tacto procuró permanecer.

Dean bajó los pantalones de Cas hasta que quedaron amontonados, en el suelo del Impala, junto al resto de la ropa. Castiel sintió las manos de Dean en su cintura y comenzaron a temblarle las piernas.

-Dean...-Rompió el beso.

Castiel se colocó a horcajadas sobre él, llevó las manos a su abdomen y a la ropa interior, que poco a poco se desplazó hasta enredarse en los tobillos, y escuchó los sonidos que provenían de su boca. Dean, tumbado ahora sobre su espalda en los mullidos asientos, imitó los mismos pasos.

Empezaron entonces a empujar unas caderas contra otras, acompasados por un ritmo desigual y pacientemente en aumento. Solo podían oír los gemidos y llamadas que huían de sus propias gargantas. Se iban haciendo cada vez más entrecortados y cuyas pausas iban disminuyendo hasta desaparecer, llegando a un imperdonablemente placentero estado de éxtasis en el que la consciencia parecía desvancerse sin más y sin poder, ni querer siquiera, detenerse. Creyeron haberse fundido, alcanzando el clímax entre gritos ahogados que se esforzaban, inútilmente, por pronunciar sus nombres.

Allí restaron dos cuerpos exhaustos.