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Sweet Love Pie
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Ji Hoo, sumamente triste por perder a Jan Di y enojado consigo mismo por no ser feliz por ella, aun siendo sus amigos, empezó a vagar sin rumbo fijo por las calles de Seúl; deseaba un escape a todo aquello, una puerta que lo llevara lejos del dolor, lejos del resquicio de resentimiento que empezaba a ganar terreno en su psique. Lo bueno era que en esa parte de la cuidad nadie parecía reconocerlo como un F4, y podía sacar su tristeza y dejarla que le deformara en rostro en una cara larga y apática.
¡Pastelillos, dulces y chocolate! Nada mejor para curas las penas.
¿De dónde viene esa voz? Pareciera como si le hablara a él… No, imposible. Sus pies lo detuvieron, pero los forzó a seguir avanzando.
¿Tienes un amargo sabor de boca? Ven, podemos ayudarte.
En efecto, tenía un pésimo sabor de boca. Pero estaba convencido que un pastelillo no podía aliviarlo.
—No hay anda imposible para el poder del dulce — le aclaró una chica joven vestida con yukata japonesa y cabello corto; su tono fue directo, como si pudiera leer su mente. Tenía un altavoz con el que promocionaba un Maid café llamado Sweet Love. Ji Hoo detuvo su andar y, sorprendido por lo perspicaz que era la chica, se dejó guiar hasta una de las mesas del establecimiento. Cuando tomó asiento la chica de la yukata volvió a la calle para seguir con la propaganda del lugar.
—Bienvenido a casa, Amo — se escuchó decir de ropa color negro, mandil blanco y coletas; leía algo en su libreta y se inclinó ante él poniendo el menú sobre la mesa. Ji Hoo apenas y lo vio, no tenía ganas de comer y no entendía las letras aun estando en su idioma.
—Tenemos lo que necesita, Amo — se apresuró a decir la joven y luego de inclinarse levemente dio la vuelta para ir a la cocina. Volvió casi tres minutos después con una rebanada de pastel con chocolate, miel de maple y dulces pequeños. De cualquier lado se notaba el exceso de azúcar. —Cortesía de la casa — le aclara. Pone el palto sobre la mesa y espera su reacción; Ji Hoo la mira a los ojos por primera vez y ella rehúye la mirada. —Es… el azúcar… hace menos los dolores del corazón — balbucea ella torpemente, pero haciendo un esfuerzo por controlarse Ji Hoo se voltea hacia la ventana con aire ausente; la chica voltea a la cocina y ve a su jefa haciendo ademanes para que sea ella quien lo anime un poco, pero no sabe que decir si ni siquiera sabe que lo puso así. Con los nervios a flor de piel, y la cara roja como tomate se atrevió a preguntarle si deseaba algo más.
—¿Cómo es que esto cura dolores? — mencionó el chico señalando con la vista el postre dulce frente a él.
—Bueno, es una historia muy larga
—Deseo oírla.
—Como ordene, Amo. —La chica empezó a narrar una historia con toques fantásticos, incluyendo arcoíris y una pareja de jóvenes amantes, que la jefa les contó hace mucho y de donde salía la inspiración para alegrar a las personas con cosas dulces y coloridas. Se olvidó de todo y solo puso atención a sus palabras Cuando volvió al a realidad, Ji Hoo había terminado su postre. — Y eso es todo.
Ji Hoo movió la cabeza asimilando sus palabras. Cuando ella le ofreció un segundo postre, aclaró que era suficiente por un día de azúcar y se puso de pie dispuesto a irse.
—Vuelva pronto. Amo.
Ji Hoo dio cinco pasos y volteó a ver a la maid; espero a que dejara de hacer la reverencia y una vez su mirada se encontró con la de ella, asintió levemente. La chica se sonrojó, pero no le desvió la mirada: ella tampoco lo reconoció como F4 y no hizo un alboroto por ello. Se sintió extraño y de alguna forma, reconfortado. Podía volver a ese lugar cuantas veces necesitara un respiro.
El Ji Hoo que entró al Sweet Love, era totalmente diferente al que ahora atravesaba las puertas de cristal del café: sentía un peso menos en el corazón y una nueva esperanza. Ahora su boca, mostraba una sonrisa y empezaba a tener un delicado sabor a dulce que jamás tuvo.
Y se alegró infinitamente por ello.
