Capítulo 2: Persecución

La rubia bajita también se bajó de ese colectivo muy cerca de donde había dejado tirado al periodista, y volvió un poco para atrás sobre la avenida. No era muy seguro que digamos andar sola por ahí a la madrugada, pero la guerrera no le tenía miedo a un poco de oscuridad urbana. En general, estaba de buen humor, se apostó en la siguiente parada y enseguida apareció el colectivo 28. La verdad que tenía mucha suerte porque los colectivos se le aparecieran ni bien llegaba a la parada. No se había sacado los auriculares en todo el viaje, volvió a acurrucarse contra la ventana y descansó un rato.

Abrió la puerta de su edificio en Villa Lugano y subió los tres pisos por escalera rápida y silenciosamente, como todos los elfos. Abrió la puerta del departamento con su llave, y entró. No era muy grande, sino que tenía un solo ambiente que servía de living-comedor-dormitorio, sólo que la parte del dormitorio la tenía separada del resto por una biblioteca que cruzaba el salón. Entonces la biblioteca servía de una suerte de pared, que tenía un hueco para el televisor, a la derecha un escritorio, y enfrente un sillón. La biblioteca-pared sostenía una cortina hacia la otra pared que servía de puerta de la zona del dormitorio. Pegada a la biblioteca-pared, del otro lado; tenía un armario y una cama enorme y comodísima. Enfrente estaban las puertas de la diminuta cocina y el diminuto baño, y al final de todo un balcón.

Corrió la cortina con suavidad, pero no sólo los pasos de los elfos son silenciosos sino que los oídos de los otros elfos son muy sensibles. Cuando entró en la habitación un par de ojos azules se abrió y la miró con ternura; ella sonrió.

-Gabi, Gabi-to –le dedicó una sonrisa al muchacho- ¿Te desperté?

-Sofi, Sofi-ta –le contestó imitando su broma- No podía dormir pensando que estabas sola ahí afuera a esta hora. –Sofía resopló mientras se sacaba los zapatos y se ponía el piyama. Cuando estuvo lista se metió en la cama con su compañero y le sonrió, tocando con la punta de su dedo índice la nariz del chico, como si fuera un botoncito.

-Sé cuidarme sola, terquito –ya se había olvidado del boludo nerd-jabalí- Tengo mucho sueño, ¿hablamos mañana?

-Bueno, pero haceme acordar que te rete –Gabriel la envolvió entre sus brazos y a los cinco minutos estaba roncando.

-Sí claro, te voy a hacer acordar y todo –empezó a acariciar con las yemas de sus dedos el contorno del rostro del chico y se detuvo en sus orejitas puntudas. Él sólo articuló un gruñido un poco molesto, entonces Sofía apagó la luz y se decidió a dormirse.


Mientras tanto, Darío estaba furioso por haber dejado escapar a la elfa y haber dejado que ella lo amenazara y se le riera en su cara. Tenía suerte de no haber caído muy lejos, porque vivía en el Lanús que lo vio nacer, así que sólo tenía que cruzar el Puente Alsina a pie hacia la provincia, y tomar algún colectivo o taxi. Casi cualquier colectivo lo acercaba desde ahí hasta su casa, al menos lo suficiente como para llegar caminando. Pero el hombre no tenía la suerte de Sofía, y después de una hora de esperar, enojado y asustado de que vinieran a robarle lo poco que tenía; se dedicó a caminar. Caminó durante tres horas hasta llegar a su casa, y se preguntaba como carajo harían los guerreros cuando iban de una ciudad a otra con su caballo o a pie. Por primera vez se alegró de vivir en Buenos Aires y no en Rivendell.

Cuando llegó a su casa recapituló lo que sabía de las dos elfas para volver a buscarlas. Bueno, lo más seguro que tenía era que creía saber donde vivía la rubia más alta; y que estudiaba algo en algún lado. La otra más bajita era periodista, vivía en algún punto de zona sur, y trabajaba en algún lugar cercano a Palermo. Como se creía Bob Woodward se decidió a iniciar su labor investigativa al día siguiente, y pasó la noche soñando como recibía el Pullitzer por su investigación. Se decidió a seguir a la rubia más alta esperando a que saliera de su casa.

Muy temprano estaba apostado ahí, frente al edificio de mármol negro y puerta imponente de la calle Sarmiento, esperando; esa era la peor parte. Volvió a verla y la siguió a la universidad ida y vuelta, al supermercado, al gimnasio; pero no tenía ninguna reunión con nadie en esos días. A Darío le pareció extraño, porque parecía muy sociable. Escuchando furtivamente cómo hablaba por celular y saludaba a sus compañeros de la facultad, llegó a la conclusión de que la rubia un poco más alta se llamaba Paula. Antes de entrar por el portón de su casa le dedicó a Darío una mirada asesina que lo asustó por un momento, mientras veía a través del cristal como sacaba su teléfono del bolso y empezaba a teclear.


From: Paula G.
Sent: 12 Abr 2013 21:08
To: Sofía M.
Subject: el nerd-jabalí
Sofi, el enfermo pervertido no deja de seguirme, se piensa que no me doy cuenta el boludo. No me animo a ir de Ale o a ver a nadie porque no quiero ponerles en riesgo. ¡Y lo extraño! ¿Se te apareció a vos también?

Presionó la tecla de enviar y la respuesta de su amiga no se hizo esperar.

From: Sofía M.
Sent: 12 Abr 2013 21:12
To: Paula G.
Subject: RE: el nerd-jabalí
No, lo debe haber espantado que lo dejé tirado en medio de Puente Alsina jajaja. Me seguía en el bondi, me quiso tocar y lo amenacé un poco. Tenías que ver la cara que puso, y se agarraba su hojita de Lórien de plástico jajaja. Pero no le dije a Gabo, porque se pone histérico cuando piensa que estoy en riesgo, ¡no le digas nada! Yo diría que vayas a ver a tu prometido cuando el nerd-jabalí no esté (lo cual no es muy difícil de notar por su respiración). En algún momento tiene que trabajar, o tiene algún tipo de ingreso para mantener la legión de hamburguesas y papas fritas que se guarda en la panza.

Cuando Paula leyó la respuesta de su amiga se estalló de risa y se relajó, pensando que lo más probable era que se hubiera preocupado por nada. Tenía razón, en algún momento tenía que trabajar, ¿no? No tardó en darse cuenta que tenía ocupados los fines de semana, y se dedicó a hacer las visitas sociales que extrañaba. Perfecto, me deja en paz el fin de semana; sólo él puede trabajar cuando todos salen –Pensaba Paula, esperanzada y optimista frente a la desaparición esporádica del nerd-jabalí. Además, estaba convencida de que no tenía más de cinco neuronas y podía ser espía de nadie; seguramente frente a un istari, maiar, o lo que sea se hubiera meado de miedo. Se reía sola mientras se imaginaba la escena.


Por otro lado, Darío se dio cuenta de que la elfa rubia más alta ya se había dado cuenta hacía rato que la seguía, y decidió increparla. Se le cruzó en la esquina de Marcelo T. de Alvear y Uruguay en el medio de la hora pico, una calle angosta y con mucha gente; perfecto para escabullirse si se le iba de las manos, pensaba Darío. Ya había estudiado sus movimientos y sabía que la elfa pasaba casi todos los días por esa intersección. Y ella se había dado cuenta hacía rato también que él la estaba esperando, pero le divirtió ver que querría el nerd-jabalí. Se le cruzó con su mejor cara agresiva, pero la de ella era peor aún. El periodista titubeó un momento, pero alzó la voz para que no se notara que le temblaba.

-¡Sos una elfa! ¡Tenés que venir conmigo para una entrevista!

-¡¿Qué?! –Paula hubiera jurado que eso era lo último sobre la faz de la tierra que se le hubiera ocurrido que iba a decir.

-¡No lo estás negando, y eso sólo lo confirma más y más! –siguió Darío.

-No soy una elfa, enfermito. ¿Vos no tenés los patitos en fila, no? –ahora le hablaba con calma al igual que lo había hecho Sofía arriba del colectivo, y eso la volvía más amenazante.

-¡Pero tus orejas! Y… -¿qué otra prueba tenía de que la rubia era una elfa?

-¿Y? –lo animó Paula para seguir, pero Darío se quedó callado un momento.

-¡No importa, te quiero entrevistar! –entonces Paula se enojó de verdad y susurró una palabrita que Darío no pudo comprender, pero de repente el contexto pareció oscurecerse como su estuvieran en un escenario con sólo ellos dos iluminados. Con el sonido parecía ocurrir lo mismo, porque todo estaba silencioso y sólo era capaz de escuchar la voz de la chica. Elfita astuta, volvió a pensar Darío.

-Mirá querido, quiero que me escuches muy bien –empezó Paula- ya me tenés re podrida con eso de seguirme todos los días, y no me creo una mierda que me quieras entrevistar; así que decile a tu jefe de mi parte que si volvés a aparecer por acá te voy a devolver a Valinor de una patada en el orto, ¿estamos? –Darío no se podía creer el arranque de agresión de la chica, que parecía tan simpática. ¿Mi jefe? ¿Mi editor? No entendía nada, ¿pensaba que era un espía de alguien? Darío sólo pudo asentir para decirle que había entendido- Bien –afirmó la rubia fríamente, y con un rápido movimiento le clavó una trompada que le quebró la nariz.

El periodista se tambaleó un segundo y cuando volvió la mirada hacia arriba todo había vuelto a la normalidad, el sonido, la luz; y no veía a Paula por ningún lado. ¿Habló en élfico? ¿Hizo una especie de hechizo para que todo se viera raro? ¡Me pegó, la elfa me pegó! Sabía que no podía ir a la comisaría a hacer la denuncia porque nadie le iba a creer que lo había agredido una elfa que venía siguiendo hacía dos semanas, así que simplemente se fue a la salita médica a que le curaran la nariz sin dar mucha explicación.


Mientras tanto, Paula que era rápida y silenciosa como todos los elfos, había aprovechado el momento para mezclarse entre la gente y meterse en la cercana boca del subte, la estación Uruguay. Mientras estaba arriba del tren le escribió un mail a su amiga y otro a su prometido.

From: Paula G.
Sent: 18 Abr 2013 16:14
To: Sofía M.
Subject: era pesadito
Le rompí la nariz al nerd-jabalí, me acusó de ser una elfa y me dijo que me quería entrevistar (¿?) Le pregunté quién lo mandaba pero no dijo nada, igual no estoy segura que tenga neuronas suficientes como para ser espía de nadie. Además con la nariz rota y la amenaza de muerte, además del sustito que le dí cuando vio que todo se ponía oscuro… debe estar cagado de miedo, no creo que aparezca por un tiempo jajaja.
Igual, por si acaso, me voy a pasar unos días a lo de mi tío. Vengan cuando quieran, me gustaría que cenáramos juntos; y a diferencia de mi hogarcito-caja-de-zapatos, mi tío tiene unos jardines preciosos. ¿Te parece?

Apretó enviar y empezó a redactar el segundo mail

From: Paula G.
Sent: 18 Abr 2013 16:17
To: Alejandro E.
Subject: no estoy en casa
Me voy a ir a pasar unos días a lo de mi tío, después te explico por qué. Me gustaría que fueras a visitarme cuando puedas. Ya sé, ya sé que la guardia de Lothlorien te tiene ocupadísimo y que el embajador del sur se pone histérico cuando la dama Galadriel le da órdenes; ¡pero no tiene por qué agarrárselas con ustedes! Además, invité a Sofía y a Gabriel, y que yo sepa no se ven desde la batallita del Abismo de Helm, ¿no? Decime que vas a venir, ¡porfa!

Paula se rió sola por su truquito de hacerse la pobrecita, pero sabía que con el embajador de los pueblos del sur no se podía discutir. Sin embargo con su novio era diferente, porque siempre se dejaba acorralar por los pedidos de la rubia y cedía. Los elfos eran tan educados que a veces las elfas se aprovechaban. Paula acomodó las pocas cosas que tenía en su cartera en la casa de su tío, intercambiaron anécdotas tomando mate, y Paula se olvidó por completo de su celular. Por suerte, ella siempre tenía guardada algo de ropa en el hogar de su tío, que era el único de sus familiares que vivía con ella en el Mundo de los Hombres. Sin contar a su prometido, claro. Cuando volvió a agarrar el teléfono, notó que los dos mails habían sido contestados.

From: Sofía M.
Sent: 18 Abr 2013 16:30
To: Paula G.
Subject: RE: era pesadito
No te veo muy angustiada, ¿no me digas que no encantó romperle la nariz al pesado? Hubiera pagado por verlo jaja. Estate atenta y avisame si necesitás algo. Me gusta la idea de la cena, ¿cuándo sería?
PD: ya voy a tener que contarle a Gabo del nerd-jabalí, espero que no lo tome mal jeje.

From: Alejandro E.
Sent: 18 Abr 2013 16:17
To: Paula G.
Subject: RE: no estoy en casa
¿Pero estás bien? ¿Qué saliste corriendo? Sí, suena bien la cena, ¿pueden el martes? Lord Morten tiene que viajar a Mendoza a buscar unos vinos que las bodegas hicieron especialmente para el cumpleaños de la dama Galadriel; así que estamos relajados sin embajador. Debe cumplir como diez mil años, imaginate jajaja.

Ambas respuestas hicieron que Paula riera otra vez, olvidando su preocupación. Volvió a contestarle a ambos para concretar para el martes, y a su novio le contó brevemente el incidente con el nerd-jabalí. Recordó súbitamente la última batalla en la que ellos habían estado en la Tierra Media, Gabriel se había ido de Bosque Negro para ser capitán en Rohan y los elfos lo consideraban medio que desertor. Se rió para sus adentros, como si el educado modelito rubio fuera muy malo, era más bueno que Lassie atado. Volvió a reírse por haber usado una metáfora tan humana, pero bueno quizá por ser el primo de Legolas y Thalion, su novio le perdonara la vida y se llevaran bien. La verdad no los imaginaba espadeando en el salón de la casa de su tío, en Almagro.


Hasta acá este cap, espero que les haya gustado. Siempre me olvido de hacer estas anotaciones al final, pero no crean que me olvido de los lectores. Yo también soy periodista y me gusta el público. Por cierto, aclaro que los elfos se cambiaron el nombre en el mundo de los hombres; y ya conocerán sus verdaderos nombres élficos. Besitos!