Buenas otra vez! Ante todo, gracias por llegar hasta aquí, van a hacer que me la crea! Gracias por los reviews, me estoy volviendo adicta a los halagos jajaja. Esta vez voy a subir dos juntos, pero no es lo normal, no se ilusionen ja.
Quiero agradecer profundamente a Andraya TheLat por prestarme a su Anne para que sea la oyente de la historia de nuestros héroes; y también deberían leer su historia :D
También, algo sobre los nombres, que aparecen en los Lost Tales (librito que tengo la brillante idea de tener escrito mitad en inglés antiguo, mitad en quenya y a veces siento que daría igual si estuviera en chino)
Danuin: también dana en sindarin y sana en quenya, significa "el día"; y es uno de los tres hijos del tiempo (o sea Aluin), junto con Ranuin (mes) y Fanuin (año). Se lo describe como el único de pelo y barba cortos, y como el día tiene el ciclo más rápido en realidad es el más voluble.
Mithduil: para empezar Mithrim es una región, que contiene lago y montañas del mismo nombre; donde se libró la "Batalla bajo las estrellas" donde Feanor resultó muerto. El sufijo -quen se usa en quenya en nombres tanto masculinos como femeninos, y significa persona; que resulta en una conjunción sobre su orígen. Pero como el quenya es antiguo, con la cuarta edad se ha ido deformando, quedándonos con una serie de "ie" y "ui" incluidos en nombres fenenimos. No quiere decir que ella haya nacido en Mithrim, sino que evoca esa región protegida, considerada entre los quendi un lugar seguro para vivir.
Espero que mi explicación haya sido clara :) A todo esto, no se olviden que un mago sólo habla lo suficiente, y no anda por ahí revelando sus intenciones si no es necesario, siempre tan apurados los mortales! Besito!
Capítulo 5: Reencuentro
Sofía dormía placidamente hasta tarde ese domingo frío de junio, cuando de golpe sintió un viento helado en la cara. Se acurrucó más entre las colchas pero el viento la seguía molestando.
-Gabo, cerrá la ventana –dijo en un gritito y se dio vuelta para seguir durmiendo, pero ella sabía que el elfo no estaba porque se había ido a jugar al fútbol esa mañana. Y ella ni loca iba a acompañarlo, hacía mucho frío y pensaba que debería estar prohibido levantarse temprano un domingo. Sintió un picoteo en la oreja. Viento estúpido, pensó, y se tapó completamente para chocar con algo. Abrió los ojos y vio al tero de las sierras de Córdoba en su habitación, que inclinó la cabeza en señal de saludo y habló otra vez en el idioma de los elfos.
-Lamento despertarla, dama Mithduil –comenzó Elin- tengo la respuesta del príncipe de Bosque Negro. La elfa se refregó los ojos y cerró la ventana de un manotazo antes de prestarle toda su atención al ave.
-Danuin no está ahora, podrías dármela a mí –se preocupó cuando vio que el tero no tenía ninguna carta.
-El príncipe Legolas los espera el próximo sábado a las 7 de la mañana en la Embajada de los Pueblos del Norte. No dijo más. –afirmó el animal.
-Bueno, gracias Elin –Sofía dejó que el tero se quedara un rato hasta que entrara en calor, y después se fue por donde había llegado. Maldito elfo psicópata, pensaba Sofía; citarnos a las 7 de la mañana un día de fin de semana, ¿qué está loco?
Sólo había dos embajadas élficas en Buenos Aires, la del sur con sede en Lothlorien y bajo la cabeza de Galadriel, con Lord Morten como embajador era una. Era la más cercana a la casa de Sofía y Gabriel, podían llegar en media hora en auto; y era donde trabajaba Alejandro como guardia. La de los pueblos del norte, con sede en Rivendell, estaba más lejos de su casa, en la localidad de Parque Leloir, al oeste de la Capital; bajo la tutela del embajador Lord Olof y presididos por Elrond. Suspiró, lindo viaje les esperaba. Además, debía ser algo importante para que Legolas se molestara en venirse hasta el Mundo de los Hombres para hablar con su primo. Se encogió de hombros y se volvió a dormir.
Eran las seis de la mañana cuando Sofía y Gabriel tomaron al Autopista del Oeste para concurrir a la reunión en la embajada. Sin embargo, era bonito que eran el único auto que iba solo por la autopista dirigiéndose al amanecer. Parece el final de una película yanki de los ochenta, pensaba Sofía. Cuando llegaron a la localidad de Parque Leloir, tomaron la Av. Marín Fierro, rodeada de árboles frondosos con enormes mansiones a ambos lados del camino. Sólo los ricos podían vivir ahí, una zona de quintas enormes y bellísimas, con los jardines más amplios del Gran Buenos Aires. No era porque el embajador Olof fuera rico (bueno, de hecho lo era), pero en realidad la embajada estaba ahí desde muchos años antes de que hubiera un barrio o cualquiera de las otras propiedades; sino que la embajada quedaba solita en el bosque.
Doblaron por una calle más chica, y dieron varias vueltas en esas calles diagonales entrecruzadas hasta llegar a una quinta que ocupaba una hectárea entera, algo raro incluso en esa zona. Se acercaron en auto a la reja, donde el guardia los dejó pasar y siguieron hacia adentro. En el centro de los enormes jardines estaba la estancia de una sola planta que era la Embajada de los Pueblos del Norte, de estilo colonial, amplias galerías y patios internos; obedecía el estilo del país donde estaba, pero sin dejar de utilizar los típicos verde y dorado, entre otros indicadores del estilo élfico. Gabriel miró su reloj, eran las siete menos diez; perfecto.
Entraron a la recepción, y unos minutos después una pesada puerta se abrió, por donde entró el príncipe de Bosque Negro. El elfo hizo ademán de abrazar a su primo, pero él estaba muy serio y sin decir palabra les indicó que los siguiera. La pareja había olvidado que los elfos solían ser bastante más fríos que ellos, acostumbrados al Mundo de los Hombres. Atravesaron un patio interno, hacia una estancia más pequeña donde el fuego crepitaba en la chimenea, con varios sillones alrededor; donde tomaron asiento.
-Bienvenido al Mundo de los Hombres primo –bromeó Danuin, y Legolas le dedicó una media sonrisa.
-Gracias, bienvenidos a la Embajada del Norte –Danuin y Mithduil asintieron educadamente. –Necesito hablarles del hombre que dejaron abandonado en las sierras –Uf, ahí viene el regaño, más psicópata es este, pensaba Mithduil mientras ponía los ojos en blanco.
-Nosotros también queríamos preguntarte si sabías algo, ¿lo envía alguien? –retomó Danuin la conversación.
-No estoy seguro –admitió Legolas.
-Siguió a Gwendolynn por semanas, amenazó a Mithduil con un arma, y hasta estuvo preguntando por ellas en la Embajada del Sur. Me huele raro –admitió también Danuin, olvidando convenientemente el detalle que Gwendolynn, o sea Paula, le había roto la nariz de una trompada.
-Hay alguien más que sigue los pasos del hombre desequilibrado –admitió el príncipe.
-¡Desequilibrado! –Mithduil se tentó de risa al recordar al nerd-jabalí, no le llegaba muy bien el agua al tanque en su opinión. Legolas le lanzó una mirada severa, como diciéndole que no era gracioso, y Danuin le apretó un poco la rodilla para indicarle que se calmara. Entonces Legolas pudo seguir hablando.
-Bueno, según parece uno de los Istari está en el Mundo de los Hombres, y puede que haya contactado al obsesionado para llegar hasta ustedes.
-¿Para qué? –inquirió Mithduil.
-No estoy seguro, pero supongo que tendrá que ver con que ustedes dos son los más hábiles matando y amaestrando bestias.
-¿Y quién es el Istari que anda por acá? –ahora era Danuin el que preguntaba.
-Saruman, parece ser. –Uf, al final no era tan tarado el nerd-jabalí, pensaba la elfa mientras se asustaba un poco.
-¿No estaba muerto? –se sorprendió Danuin.
-Sí, yo lo maté –se enfadó Legolas enfatizando el yo.
-No lo dejaste bien muerto primo –Mithduil ahogó otra risita- además, ¿no le diste el tiro de gracia? –el príncipe resopló un poquito harto.
Después vino el regaño de Legolas a la pareja sobre por qué habían tenido que enfrentarse al nerd-jabalí dejando bien en evidencia que eran elfos, hubiera sido más fácil que nunca pudiera comprobarlo y se volviera loco. De todas formas todo el mundo pensaba que estaba loco, y todas las razas se le reían; sin olvidar el detalle de que estaba apuntándole a Mithduil con un arma. Ella se empezó a cansar de escuchar los reproches del principito del bosque y puso una excusa cualquiera para salir a dar una vuelta por los jardines un rato.
Cuando se adentró suficiente en los jardines para que no la oyeran logró descargarse y hablar por lo bajo, como hacía Darío; pero no tan loca.
-¡Elfo psicópata! Me hace levantar a las cinco de la madrugada un sábado para gritarme y decirme lo que puedo hacer y lo que no. Parece que al pedo tengo 2200 años, ya me tienen re podrida de subestimarme. –Refunfuñaba enojadísima, hasta que notó que alguien estaba con ella. Mierda, si me escucharon más problemas voy a tener. Se dio vuelta para ver una chica que según parecía no era una elfa, con el cabello castaño y ojos azules; riéndose. Mithduil se quedó helada, pensando que se la había mandado esta vez y le esperaba un lindo castigo de parte de la diplomacia de Bosque Negro. Pero la chica sólo le sonrió.
-Bueno, hay que admitir que el príncipe es un poquito psicópata –admitió la morocha. –Y yo ni loca me hubiera levantado a las cinco de la mañana. –La elfa se dio cuenta que la chica llevaba un vestido típico, nada que ver con los jeans y campera de cuero que tenía ella, y la verdad desentonaban bastante dentro de los límites de la embajada.
-No le digas nada por favor, ya bastantes problemitas tengo con los diplomáticos –se excusó Mithduil.
-Soy Anne –comenzó la chica, tendiéndole la mano para saludarla- la prometida de Legolas –mierda, encima que hablaba mal del príncipe, tenía que hablar mal enfrente de su novia, más tarada; pensaba, y se sonrojó.
-Soy Mithduil –se presentó la rubia.
-La novia de Danuin –sentenció- así que por ustedes vinimos a este mundo a pasar el rato.
-Perdón, no sé que es tan grave como para hacerlos venir –se disculpó Mithduil.
-Yo tampoco –se encogió de hombros la morocha- pero tenía ganas de venir, porque yo me crié en este mundo y hacía varios años que no venía –para la elfa eso fue una revelación. –Necesito un par de cosas antes de irme.
-¿Qué cosas? Quizá pueda ayudarte.
-Maquillaje, chocolate, una computadora por dios. Son cosas que extraño –la elfa se tentó de risa, y admitió que ella también extrañaría esas cosas. Era raro que tantos años había vivido sin todo eso, pero la tecnología de los hombres era un poco adictiva.
-Yo tengo todo eso en mi casa, podrían venirse a cenar –Anne asintió sonriendo- Por cierto, ¿en que ciudad te criaste?
-En Madrid.
-Ahí vive mi padre –comentó la rubia- es una ciudad bonita. Pero Buenos Aires me enamoró desde el primer día. Siempre encontré el comportamiento de la gente en esta ciudad como algo fascinante.
-¿Hace mucho que viven aquí? –inquirió Anne.
-Como veinte años, nos vinimos después de la batalla en el Abismo de Helm porque Danuin estaba herido y ahí no podíamos curarlo. Y después nos gustó, estudiamos, ganamos dinero, encontramos amigos; y ya estábamos bien por acá.
Siguieron charlando por un buen rato sobre las peculiaridades de ambos mundos, hasta que Danuin fue a su encuentro y se unió a la conversación animadamente. A Anne le encantaba encontrar alguien que juntara las costumbres de los elfos y las de su mundo, y así no se sentía tan rara hablando de páginas web o de maquillaje; y ya estaba deseando volver a ponerse unos jeans. Le comentaron al elfo la idea de juntarse a cenar, y aceptó contento. Sin embargo, Mithduil pudo ver tras sus ojos una sombra de derrota, y ya se imaginaba por qué era. Sin importarle que Anne estuviera ahí, la elfa no pudo con su genio y se dedicó a animar a su novio.
-Tranquilo Dan, sos muy buen capitán –hizo una rima.
-No es eso, quizá tengamos que volvernos un tiempo a Bosque Negro, y ahí no hay lugar para mí.
-Sí que lo hay, porque sos muy buen capitán –repitió Mithduil, sonriendo.
-¿Cómo puede ser que el primo de Legolas y Thalion no tenga cabida en su propio reino? –se metió Anne.
-Larga historia –comentó Danuin con resignación.
-Pero a mí me encanta contar historias, si querés escucharla –Anne asintió sonriendo y Danuin se fue dejándolas solas a ambas. Estaba derrotado y no quería escuchar otra vez la historia de su derrota, aunque a su amada le encantaba contarla porque implicaba cómo se habían conocido. Anne miró a Mithduil desconcertada.
-¿Se ofendió?
-No, seguramente se va a contar anécdotas de batallas pasadas, ama a sus soldaditos de plomo.
-Uf, los niños y sus juegos –se burló Anne y ambas rieron
-¿Entonces te cuento?
-Por favor –siguió la morocha, entusiasmada.
