Capitulo 14: Batalla por Rohan
Mithduil abrió los ojos para encontrarse con el bello rostro de su amado, que la miraba triste a su lado. No había dormido en toda la noche, estaba desbordado por las situaciones del día anterior. Ella se acercó despacio y lo besó en los labios, y para él fue como una caricia para su alma. Entrelazó sus dedos con los del elfo y los apretó con fuerza.
-Buenos días rey de Rohan –sonrió apenas, una sonrisa llena de dolor.
-Buenos días mi reina –le devolvió el beso con adoración. Ella se levantó y comenzó a vestirse en silencio con la ropa de montar, y ató su espada a su cinturón. Danuin subió una ceja extrañado.
-¿Vas a algún lado? –le lanzó una mirada llena de reproches callados.
-Voy a buscar más bestias para nuestro ejército –él se levantó y se paró frente a la elfa, tomándola de las manos.
-No te vayas ahora. Te necesito.
-Perdón Dan, no puedo. Rohan me necesita más. Y mi corazón necesita espacio, espero que lo entiendas –apretó sus manos y sus labios se juntaron en una fina línea.
-¿Vas a irte para siempre? Por favor, no.
-No seas tonto amor, sólo necesito despejar mi mente. Y tu lugar está aquí, organizando la batalla que vendrá. Y yo te voy a ayudar con eso –La abrazó con fuerza y ella se protegió en el hueco de su cuello.
-Por favor no te vayas sola, Saruman te busca. Erkenbrand te acompañará junto con los caballeros de su marca –ordenó.
-Esa autoridad te sienta bien –sonrió- Te voy a extrañar. Por favor, no beses más mujeres mientras no esté, ¿sí? –Danuin frunció el seño.
-Golpe bajo, lo merezco –la soltó- Que te vaya bien, entonces –Mithduil asintió.
-No olvides que te amo mi rey –se dio media vuelta y lo saludó cortésmente con la cabeza, en una excesiva formalidad.
-No olvides que te espero –le respondió en un grito mientras se iba- ¡Y también te amo! –no alcanzó a oírlo, ya estaba muy lejos.
Danuin también se vistió y salió a intentar disimular el abatimiento que sentía frente a su nuevo reino. Entró en el enorme salón común del castillo y allí en la mesa principal se alegró de ver a sus primos desayunando. Fue Legolas el primero que notó que algo había sucedido, y ya bastante raro era que fuera solo. Se abalanzó y le dedicó un abrazo, algo bastante raro en Rohan igual que en Bosque Negro. Thalion sonrió, pero no fue capaz de imitar a su hermano.
-Salve, nuevo rey –bromeó Legolas- ¿qué se siente? –Danuin pensó un momento.
-Agridulce
-¿Por qué? –se intrigó Thalion.
-Hubiera sido mejor que Eowyn no se hubiera enamorado de mí, quitado la vida y muerto en mis brazos –los dos elfos abrieron grandes los ojos y a Legolas parecía caérsele la mandíbula- También hubiera sido interesante que su último deseo no hubiera sido un beso, y que Mithduil no me hubiera visto y le hubiera agarrado un ataque de celos –se quedaron callados, era lo último que esperaban, pero Danuin se las arregló para sonreír.
-Una historia digna de un rey –sonrió Legolas, pero Thalion frunció el seño.
-¿Por qué todo es sarcasmo ustedes dos? –el rey resopló y se encogió de hombros.
-Lo enfrento con humor.
-¿Y Mithduil? –preguntó Legolas
-Se fue a reclutar bestias.
-Adlanna también inventa ese tipo de excusas –el mayor pensaba en su esposa.
-Yo sé que necesitaba estar sola, por eso no dije nada. Sólo espero que vuelva.
-Volverá –sentenció el menor. Y su primo sonrió con afecto sincero, pero pronto volvió al profesionalismo.
-Me alegro que estén aquí, hay mucho que hacer. Legolas, capitán. Thalion, consejero. Vamos –se levantó como si hubiera dicho alguna estupidez, mientras los otros volvieron a abrir los ojos azules enormemente- ¿Qué? ¿Les parece mal? Creo que eso les sale bien a ambos –hizo una pausa y tomó aire-. Tal vez me expresé mal, ¿harían eso por mí? –ambos asintieron, y Danuin les agradeció con una sonrisa sincera.
Pasaron unos días muy ocupados en el palacio, pero un poco más de un mes y el elfo tenía el ejército casi perfecto que siempre había soñado. Casi, porque siempre podía mejorarlo. Aragorn llegó a Rohan con las malas nuevas que traía de Gondor, acompañado un reducido grupo de soldados que habían decidido seguirlo. Para el nuevo rey era una época sombría, y aunque sabía lo que estaba haciendo y su actitud era la más profesional, se sentía solo y derrotado. Treinta y cuatro días habían pasado, con diez horas y quince minutos; Danuin los había contado. Pensaba en Mithduil, y sólo esperaba que estuviera bien y no en un calabozo de Saruman, pero más que nada, esperaba que siguiera amándolo y volviera a su lado.
La calma se rompió cuando recibió noticias de la guardia: un ejército oscuro avanzaba hacia Rohan y estaría allí en dos días. Las cosas se aceleraron, la batalla era inminente, y supo que no se había equivocado en preparar el ejército en base a su instinto. Rivendell no iba a ser atacado, como había dicho Elin; sino aquí, donde estaba Mithduil, lo que Saruman buscaba. Y sabiendo que Tulkandur controlaba Gondor, se hacía más que evidente que su objetivo final sería gobernar toda la Tierra Media. Necesitaba a la rubiecita para que llene de bestias su ejército, lo cual afortunadamente estaba haciendo para el ejército de su rey y amante. Una sola palabra cruzó persistentemente la mente de Danuin, y salió al balcón en la noche. El fuego de la ira se encendió en sus ojos y abandonó todo el temple, pero tomó aire y lo disimuló.
-Elin –susurró, y el pájaro apareció al instante
-¿Qué se le ofrece majestad? –el elfo esbozó una media sonrisa amarga y en un movimiento rápido tomó al pajarito del cuello.
-Traidor –susurró.
-No, no –comenzó el pequeño tero.
-Sí, ¿quién más sino vos pudo decirle a Tulkandur que estábamos aquí? –Bajó la mirada- ¡Contestá! –hizo una pausa larga y susurró.
-Sí –el elfo borró la media sonrisa y se quedó con una sensación amarga. Apretó el cuello del pajarito aun más.
-Lo siento, pero ya no puedo dejarte ir –y era cierto, porque tenía en estima al animalito. Con un movimiento y total facilidad le retorció el cuello. Se sintió amargado por completo y volvió a dormir en soledad. Lo que más quisiera sería tener a su amada para reconfortarlo en ese momento difícil.
No pegó un ojo y prefirió dar algunas vueltas por el palacio intentando aclararse. Sentía demasiado peso sobre sus hombros, y aunque siempre había querido este poder máximo en su carrera militar, también extrañaba su vida normal en el Mundo de los Hombres. Sofía y Gabriel vivían bien, trabajaban, tenían amigos, salían juntos. No eran nadie importante, sino sólo ciudadanos normales, y nadie perturbaba su paz. Ahora eran reyes, y sabía que sus decisiones implicarían la vida o la muerte de personas iguales a ellos. Pasó por la cocina y se sirvió una copa de vino, entonces salió a las galerías que daban a los jardines.
-No podés dormir –dijo una voz conocida, y se volteó sonriendo.
-¿Qué hacés acá?
-Vine a ayudarte, a luchar a tu lado –su alma se regocijó en el afecto que le daba su hermano, demostrado con ese gesto inmenso, lo necesitaba.
-Gracias Ranuin –asintieron y se quedaron en silencio, sumidos cada uno en sus pensamientos.
Al día siguiente los ejércitos se formaron para defender las murallas. Arqueros, espadachines, una gran caballería y algo menos de infantería. Danuin iba al frente, en la primera línea. No le pareció pertinente esconderse sólo por tener un cargo mayor, sino al contrario; se sentía en la obligación de guiar a su ejército a la victoria como ya lo había hecho antes. Su capitán, Legolas, se ubicaba a algunos cientos de metros, guiando a otras facciones del ejército. A su lado estaba Thalion, serio y sereno. A la derecha del rey estaba Ranuin, e intercambiaron una mirada de apoyo. Danuin se regocijó por los favores de su familia incondicional, no estaban obligados puesto que Rohan no era su pueblo, ni siquiera era una ciudad de su misma raza. Y sin embargo estaban allí, en la primera línea. Sonrió para sus adentros y vislumbró a lo lejos al ejército enemigo, eso lo hizo volver a la seriedad del asunto. Se horrorizó cuando notó que el ejército de Tulkandur era mucho más grande que el suyo, quizá hasta fuera el doble; nutrido por los soldados de Gondor y los orcos de Isengard.
En un momento estaban a pocos metros, y los dos líderes avanzaron. Danuin y Tulkandur cruzaron miradas por primera vez, una mirada llena de odio y sufrimiento acumulados. El aire parecía hervir entre ellos, y el jinete oscuro fue el primero en hablar.
-Entregá Rohan, entregá a Mithduil y a vos mismo y nadie va a salir lastimado –Danuin no pudo evitar lanzar una carcajada que enfureció a su enemigo. No pudo siquiera contestar que se abalanzó sobre él blandiendo su espada, pero Danuin lo repelió con habilidad. La tensa calma terminó y los dos ejércitos se lanzaron en un grito de guerra, uno contra otro. Legolas y Danuin volvieron a la competencia, lanzándose miradas de éxito cada vez que uno de ellos superaba al otro en número de orcos asesinados. Ranuin se unió a la competencia, muy por detrás de los otros dos. Thalion tenía algunos problemas, en general, se dedicaba más a los consejos que a la lucha. Pero su hermano salió en su ayuda y le cubrió la espalda.
Danuin se estaba divirtiendo, por más extraño que podía parecer. Eran las guerras lo que le daban trabajo, allí estaba en su elemento, lo habían llamado a su juego. Era cierto lo que le había dicho Sofía la noche que Darío la amenazó con un arma, necesitaban perturbar un poco la paz que la noche anterior había añorado. Sin embargo, se estaban defendiendo bien. Miró un poco más allá, lo cierto era que sus soldados eran mucho menores en número y les estaba costando trabajo. Tenía una espada larga, era su arma favorita; que medía casi metro y medio de largo. Atravesar orcos y hombres, teñir de rojo su hoja brillante, esa era su misión. Ranuin ahogó un grito, uno de los soldados de Tulkandur le había atravesado el antebrazo con una flecha y se acercaba a rematarlo. Su hermano llegó justo a tiempo y lo atacó por detrás. Siempre le había parecido espantoso atacar a alguien por la espalda, no era algo que hiciera un guerrero honorable. Pero un guerrero honorable tampoco podía abandonar a su hermano en ese momento. Con fuerza, le quitó la flecha del brazo y continuó en la batalla.
Miró a lo lejos, había más bajas de Rohan que de su enemigo, y eso lo perturbaba. Y aunque hubiera sido un hombre de enojo fácil, no perdió su calma. Buscó a Legolas con la mirada y lo encontró con su espalda pegada a la de Thalion, con dos espadas en las manos; quizá hubiera tomado la nueva de alguno de sus enemigos derrotados. Encontró la mirada de apoyo que buscaba, estaban de acuerdo; debían reagruparse. Danuin volvió a subir a su caballo y con la voz más potente de la que fue capaz dio la órden de replegarse y reconcentrarse. Entonces oyó un rugido, multiplicado miles de veces, y se imaginó lo que vendría: wargos. Rogó por que fueran siervos de Mithduil y no de Tulkandur, y lo confirmó cuando vio que las bestias atacaban sólo a sus enemigos. Suspiró aliviado, así se incrementaban sus ya pequeñísimas chances de ganar; puesto que a Rohan sólo le quedaba la mitad de su ejército. Gritó a su ejército que los wargos los obedecerían, aunque la mayoría no le creyó.
Ranuin estaba teniendo problemas con su brazo herido, y Danuin lanzó el silbido que su amada le había enseñado para llamar a los wargos. Uno de ellos acudió y subió a su lomo, susurrándole su nombre al oído. Por supuesto que sólo era capaz de hacer eso porque Mithduil los había entrenado bien, para que obedecieran al ejército de Rohan. Por cierto, ¿dónde estaría? Elfa insensata, no sabría si regañarla o comerla a besos si la viera. Con un salto del wargo, tomó a su hermano de la cintura y lo subió a su nueva montura. Le indicó que ahora era suyo y que lo obedecería, y saltó para luego llamar a otro. Cuando los rohirrim vieron que los dos hermanos montaban con seguridad a esas bestias, muchos los imitaron. Ahora los dos bandos estaban en el mejor de los casos en igualdad de condiciones, si bien tenían las bestias; los otros eran mayores en número.
Legolas y Thalion también habían hecho lo propio con los wargos, y se defendían con ahínco. El mayor estaba desesperado, lo rodeaban los orcos y ya no sabía para donde estaba apuntando su espada. Los guerreros sabían que era lo peor que se podía hacer, la desesperación sin estrategia era una perdición. Sólo movía frenéticamente su arma sin mirar a donde, y eso provocó que pronto estuviera desarmado. No hizo siquiera a tiempo de pedir ayuda que un orco le clavó una filosa hacha oxidada y mugrienta en su cuello. Ahogó un balbuceo.
Legolas contempló horrorizado la visión de su hermano mortalmente herido y se deshizo del orco antes de que lo rematara. Pero sabía que ya era tarde, muy tarde. Se quedó con él en ese momento, mientras la sangre caliente salía a borbotones de su cuello. Comprendió que Thalion era consciente de su muerte, y él también; tenía miedo. Miedo de verdad. Al tratarse de seres inmortales por naturaleza, los elfos no están preparados para enfrentar algo como la muerte. Lo tranquilizó con algunas palabras en susurros, y lo sostuvo entre sus brazos sin importarle ya la batalla que lo rodeaba. Sintió los músculos de su hermano aflojarse, y derramó algunas lágrimas llenas de ira.
Decidió rápidamente que no lo dejaría allí, se lo debía a su padre. Subió otra vez al wargo cargando el cuerpo sin vida de su hermano y aceleró el paso atravesando el campo de batalla, y cortando enemigos a mansalva con más fuerza que nunca a su paso. Todo el odio y la ira por lo que había sucedido se concentraban en su espada, asesinando enemigos sin piedad alguna como tampoco la habían tenido con su hermano. Danuin pudo observar todo desde lejos, y ahogó un grito ahogado al verlo. No podía estar sucediendo esto por su culpa, porque era claro que su primo sólo estaba allí por él; al igual que Legolas y Ranuin. Nadie los obligaba a sufrir así, sino que seguían al rey de Rohan por propia voluntad. Este volvió a observar el campo de batalla y comprendió que la batalla estaba perdida. Los wargos habían sido de ayuda, pero al ser tal la diferencia en número entre ambos ejércitos, no había sido una ventaja definitiva. Desde su corcel oscuro, Tulkandur sonreía satisfecho. El rey estaba listo para ordenar la retirada, pero un grito lo interrumpió.
-¡Danuin! ¡Huele a azufre! –era su hermano que había notado lo que se avecinaba, con todo temor. Un dragón, sin duda, pero ¿defendiendo a qué bando? El rugido de la bestia que se acercaba le borró la sonrisa al jinete oscuro. Era enorme, de escamas carmesí e incluso más grande que el que había tenido el placer de conocer en las Montañas Nubladas. Un soldado enemigo aprovechó el momento para herir al rey, pero este lo remató. Con su brazo sangrando y su corazón lleno de dudas, esperaba ver qué podía hacer el dragón y con cada segundo más se achicaba su posibilidad de escapar si fuera necesario rendirse. Afortunadamente la bestia apuntó sus llamaradas al ejército enemigo, y Danuin volvió a soltar el aire contenido en su pecho. Dio la orden de reagruparse, separando lo máximo posible un bando de otro para que el dragón no provocara bajas en el ejército de Rohan.
Pudo ver de reojo la hoja de una espada, alguien comandaba el dragón; y con una mirada casi a kilómetros pudo cruzar sus ojos. Sonrió para sus adentros, le hacía falta ese contacto aunque hubiera sido tan lejano. La llama del dragón no tardó en atemorizar al ejército de Isengard y provocarle enorme cantidad de bajas, ante la mirada incrédula de los rohirrim que quedaban. Si sólo hubiera llegado antes, toda esta muerte podría haberse evitado, pensaba Danuin; y el rostro horrorizado de Thalion surcó su mente. Pero ya no tenía caso echarse culpas, la guerra es un juego de muerte. No pasó mucho tiempo hasta que Tulkandur ordenó la retirada de lo que le quedaba de ejército y los vieron alejarse. Sólo cuando estaban lejos se animaron a respirar y festejar en un grito. Cuando el rey volvió a mirar al cielo, el dragón ya no estaba, ni tampoco veía a la elfa que lo montaba por ningún lado.
Bueno, volví! Espero haber logrado transmitir sensaciones abrumadoras de los personajes como el horror y la desolación, al igual que cuando estaban felices. De todas formas termina bien, pero todavía falta. Una batalla ganada, pero a duras penas y con muchas bajas, así que a ver que pasa ;) Sigan leyendo, dejen reviews (ya saben, lo que digo siempre jaja) Besos!
