Capítulo 15: Lamento en la victoria

Cuando Tulkandur entró con la cabeza gacha, y manchado de sangre en los jardines de Isengard pudo notar en el aire la ira de su jefe. Lo sentía en el aire caldeado, estaba furioso. Bajó de su montura y se acercó caminando con dificultad hacia el umbral, donde el mago lo esperaba con los ojos desbordados de ira.

-No pudiste cumplir un simple recado, estúpido –tragó saliva, no sabía como volver a zafarse. Más bien, la había jodido por segunda vez perdiendo esta batalla.

-Todo fue por culpa del dragón, íbamos ganando –balbuceó sin subir la mirada.

-El dragón que tendría que haber estado de nuestro bando, pero por tu ineptitud perdimos esa ventaja.

-Si, señor –admitió.

-Sin embargo, tenés algo de mérito –aceptó el mago- Controlás Gondor.

-Sí, señor –ahora estaba asustado de verdad. Comprendió lo que le había dicho Nambelle acerca de escapar de Saruman; que él sólo lo estaba usando y lo mataría cuando dejara de serle útil. Pero no la había oído y ahora ya era tarde.

-Nicolás -¿ese había sido su nombre?- Dejame que te muestre algo. –El subordinado asintió y siguió al mago al interior de la fortaleza de hierro. En parte ya la conocía, pero esta vez lo siguió por pisos superiores, los que no les estaban permitidos porque eran dominio exclusivo del mago. Todo era oscuro pero en cierto modo se veía limpio y lujoso. Le mostró un largo pasillo con bibliotecas a ambos lados, desde el piso hasta el techo. Muchos de los libros estaban forrados en cuero negro, sin inscripción alguna, y le explicó que eso era porque eran libros prohibidos, de magia negra.

Atravesaron aún más, y llegaron hasta una puerta negra finamente ornamentada con una abertura del más fino cristal por el que entraba la luz de la tarde. Saruman lo invitó a contemplar por la abertura y pudo ver que se trataba de una habitación, una estancia muy fina pero a su vez oscura y perturbadora. En el centro había una cama enorme, con sábanas negras, y allí en el centro brillaba el blanco en la piel de Nambelle. Tulkandur se horrorizó, parecía dormir tranquila y en paz; y ciertamente en ese lecho maravilloso tenía todo lo que necesitaba, pero bajo ninguna circunstancia podía estar segura encerrada allí.

-¿Soy claro? –preguntó el mago haciendo un gesto de cabeza señalando a la mujer.

-Sí señor –admitió el jinete, derrotado.

-Es la última oportunidad, si no me traes a ese par; esta va a ser la última vez que veas a la mujer de los caballos. Y ahora atacá alguna ciudad de los elfos antes de que se aviven y Aragorn recupere Gondor. Al menos con una ciudad de hombres y una de elfos, podemos equilibrar la balanza. –sentenció el viejo.

-¿Qué ciudad debo atacar señor? –pensó un momento, le daba igual en realidad; lo importante era tener ciudades de ambas razas.

-Bosque Negro.

-¿Sería un atrevimiento preguntar por qué?

-Sí, lo es –afirmó- ¿Por qué no? Porque me caen mal, o solo porque sí. Eventualmente, todas las ciudades van a caer ante mí, no importa el orden.

-Disculpe señor.

-No tardes, y no falles esta vez –Tulkandur volvió a inclinar la cabeza y se fue por el mismo pasillo por donde había venido. Todos sus temores se habían materializado, y era incluso peor de lo que pudiera imaginarse. Se sentía vacío por dentro, ¿quién lo había mandado a enamorarse de la entrenadora de caballos? ¿Cómo la había puesto en riesgo de esa manera? Pero sobre todo, ¿cómo diablos había confiado en Saruman? Había estado tan ciego, y el abrir los ojos de golpe era un trago demasiado amargo. No sabía si podía obedecer esta vez. Por un momento pensó que debería huir, abandonar a Nambelle y buscar la manera de volver al Mundo de los Hombres, tomarse un colectivo a cualquier lado, a algún lugar donde nadie lo conozca, donde el mago no pudiera encontrarlo jamás. Pero no podía hacerlo, ahora ya lo tenía agarrado de las pelotas porque no podía cargar con la culpa de abandonar a su amada. Toda la noche intentó vislumbrar qué hacer, hasta que comenzó a importarle cada vez menos el destino de la Tierra Media, y sólo quería sobrevivir y huir con ella. Si tan solo la hubiera escuchado antes, todo esto podría haberse evitado.

Lo único que pudo hacer fue subir a su corcel oscuro y volver al único lugar donde aún le quedaba poder antes de que intentaran arrebatárselo, el reino de Gondor.


Danuin estaba abrumado. Habían ganado de milagro, pero ahora su ejército estaba diezmado. A donde sea que mirara, veía heridas, muerte, caos, desconsuelo. En el salón común del palacio se atendía a los heridos, todos corrían en un revuelo a modo de una sala de emergencias luego de un huracán. Incluso el piso estaba pegajoso por la sangre, y gemidos de dolor inundaban toda la amplia estancia. Caminó sin rumbo por el salón buscando alguna visión que pudiera reconfortarlo, pero sólo se hundía más y más en la oscuridad. En una esquina logró ver a Legolas, que estaba sentado con la espalda contra la pared y los brazos envolviéndole las piernas, hecho un ovillo, desconsolado.

Se decidió a ir hacia él, se sentó a su lado pero no supo que decirle. No pudo ver culpa ni reproche en los ojos de su primo, y eso hacía más honda su pena aún. Sólo se acompañaron en el dolor sin decir nada, su sola presencia era suficiente. Danuin respiraba pesadamente, con dificultad, todo su cuerpo ardía en dolor y le quemaba el brazo que no había dejado de sangrar. A lo lejos pudo ver que alguien se subía a una mesa y daba una especie de discurso motivacional sobre la victoria, para intentar levantar la moral de los soldados. Era Aragorn, y en cierto modo funcionaba; salvo para los dos elfos que estaban por completo abatidos. Lo escuchó lo mejor que pudo, porque su cuerpo herido ya no estaba respondiendo de la misma manera. Al finalizar, el rey de Gondor se acercó a ellos, y Danuin decidió dejar solos a los dos amigos. Una parte de sí no quería escuchar el reproche de su par de otro reino.

Se levantó con dificultad, necesitaba aire fresco; la estancia estaba caldeada. Salió por la torre hasta un pasillo que comunicaba con otra torre, y tuvo que sostenerse del barandal para mantenerse en pie. Vio al dragón sobre su cabeza, pero ya nada le importaba. Se posicionó a pocos metros, y pensó fugazmente si la roca sería lo suficientemente fuerte como para aguantar ese peso, pero lo desechó enseguida. Mithduil bajó de la espada del dragón de un salto, y esa visión fue para el rey un rayo de esperanza. La elfa y el dragón quedaron uno frente a otro, ambos inclinaron la cabeza en señal de respeto. Entonces lo comprendió, no podía domesticar al dragón; sino que eran iguales. Por eso ambos hacían ese gesto de respeto y sumisión, no como con los wargos, cuando únicamente la bestia se inclinaba. Le dio las gracias y le dijo que podía irse, entonces en un movimiento poderoso agitó las alas y levantó el vuelo hasta perderse en el cielo nublado. Se giró para verlo y su expresión perdió la calma, enseguida se abalanzó hacia él. Era una visión lastimosa, estaba abatido, solo, perdido, sin poder siquiera mantenerse de pie, sangrando inconteniblemente.

-¡Danuin! –gritó desesperada, lo sostuvo entre sus brazos y él se dejó caer, ya no tenía más fuerzas.

-Te necesito, Mithduil –balbuceó.

-Lo sé, estoy aquí –lo envolvió con cariño entre sus brazos y lo besó despacio en los labios. Para él ese contacto fue como volver a tener alma, revitalizante y a la vez, le quitaba el peso que tenía en sus hombros. Pasó su brazo sano envolviendo los hombros de ella, y con pasos pequeños volvieron adentro del palacio. Su visión se iba nublando más y más, y para cuando llegaron al salón común; todas las fuerzas lo habían abandonado. Simplemente perdió la consciencia y se dejó caer.


Cuando despertó, estaba en su habitación, aún era presa fácil del dolor. Todo su cuerpo quemaba, pero más grande aún el pesar de su corazón. Había sido demasiado para él. Eomer, Eowyn, Thalion, todos en el ejército, sus familias, Mithduil. Estaba ahí, estaba a su lado, y también estaba abrumada; era palpable. La observó como embobado mientras ella limpiaba la herida de su brazo, recién entonces notó lo profundo del corte. Era hermosa aunque pudiera ver su dolor. Cuando terminó de limpiar, le frotó una mezcla de hierbas que ya tenía preparada, eso lo hizo preguntarse cuánto tiempo había estado inconsciente. Pero ese pensamiento quedó borrado por el ardor que le provocó la medicina, como si fueran hierros incandescentes. Se dobló en una mueca de dolor y su amada le dedicó una mirada dulce, pero sin sonreír, y sin detenerse.

Sacó aguja e hilo y se lo mostró para prepararlo para lo que estaba por venir. Danuin palideció y tragó saliva, tomó aire e intentó visualizar la aguja atravesándole la carne. Veinticuatro veces, las había contado; y cada una era peor que la anterior. Cuando alejó esas cosas horrendas a medio camino entre elementos de curación y de tortura, pudo vaciar el aire que tenía contenido en su abdomen. Cerró los ojos un momento, transpirando, respirando agitadamente, intentó calmarse; pero no tuvo éxito. Sintió entonces que le untaba algo más suave en la herida, era una sensación cálida y calmaba el ardor. Terminó vendándolo, con firmeza pero con cuidado. Se clavaron la mirada, estudiándose, cada uno intentado dilucidar que había en el corazón del otro. Mithduil le acarició el pómulo con suavidad, siguiendo por la línea de su mandíbula, y hasta su cuello.

-¿Te sentís mejor? –se animó a preguntar.

-Un poco, porque estás acá –entonces se incorporó con dolor y quedaron sentados en la cama, uno frente a otro. Lo envolvió entre sus brazos y dejó que se acurrucara en su pecho, conteniéndolo, abrazándolo con fuerza. Acarició su espalda, siguiendo la línea de su columna, y besó su cuello. Algo se quebró dentro de ella que la hizo aferrarse con más fuerza y desesperación, sin poder contener ya las lágrimas que por tanto tiempo había contenido.

-Te extrañé –susurró- Hice mal en irme, te necesito.

-No amor, tomaste la decisión correcta, y fue gracias a eso que todavía estamos vivos –a Danuin se le quebró la voz al final de la frase-. ¿Seguís amándome? –él se alejó del rincón de su pecho lo suficiente como para poder verla, y por primera vez en mucho tiempo; sonrió, y ella lo imitó.

-Siempre –sentenció. Danuin volvió a acercarse y la envolvió por la cintura, acercándola a su pecho. Una extraña sensación punzó su cabeza, y levantó la mirada. Miró a su alrededor, pero no pudo ver nada extraño -¿Qué pasa Dan?

-Me pareció que venía alguien –se encogió de hombros- supongo que estoy algo nervioso.

-Bueno, hoy luchaste valientemente, se entiende –ella se levantó y acomodó a su amado entre las sábanas, sonriendo con dolor-. Buenas noches.

-No te vayas, dormí conmigo –su expresión cambió y el pánico se apoderó de él. Maldita sea, había besado a Eowyn, no podía esperar que a ella no le afectara. Pero no, te necesito. –Mithduil, por favor –susurró. Ella tomó su rostro entre sus manos y le acarició los pómulos con los pulgares.

-No tengas miedo, todo va a estar bien, ¿sí? –y antes de que pudiera decir nada, se fue de la habitación. Ahora al rey de Rohan le dolía el corazón, no lo había perdonado. Si todo va a estar bien en el futuro, significa que las cosas ahora están mal. ¿Por qué no habla conmigo? ¿Por qué no podemos discutir esto? Simplemente se va, y me deja así. No lo entiendo. Dormir, dormir es cosa del pasado. Se acurrucó dolorido y simplemente se entregó al dolor hasta que dejó de pensar.


El desayuno de la mañana siguiente fue uno de los momentos más amargos que Mithduil pudiera recordar. La nueva reina estaba en la mesa principal junto con Legolas, Ranuin y Aragorn. La cabecera estaba vacía, puesto que el rey no se había presentado, y ella intuía el motivo. Sin embargo, aún debía lidiar con sus propios fantasmas. Todos estaban en silencio cuando el rey entró y se sentó entre su amada y su primo. Dio los buenos días y comió en silencio, entonces Aragorn tomó la palabra.

-Majestad, estábamos discutiendo sobre un viaje que deberíamos hacer –Danuin subió una ceja, intrigado.

-¿A dónde? ¿Te parece pertinente? Mi pueblo sufre, no debería irme ahora.

-A casa –contestó Legolas. Era la primera vez que hablaban desde la batalla- A Bosque Negro, a darle a mi hermano una digna sepultura junto a mi padre –el rey tomó aire, no era algo bueno de escuchar, pero se lo debía a su tío, porque había muerto en su batalla. Contestó después de una pausa y tomó a su primo por el hombro, como él lo había hecho al reconfortarlo en su primera noche en la Tierra Media.

-Iremos –sentenció.

-¿Vos y quién más? –volvió Aragorn.

-Mithduil y yo –volvió a tomar algo más de aire- si ella quiere. –Le dedicó una mirada cómplice y ella sólo pudo asentir.

-Yo también voy –afirmó Ranuin, haciendo que Legolas esbozara una media sonrisa.

-Decidido entonces, partiremos esta tarde –el rey de Gondor organizó el detalle de la partida del viaje y luego se retiró. Ranuin lo siguió en silencio, y sólo los reyes de Rohan y el príncipe de Bosque Negro quedaron en la mesa.

-Ahora sos el heredero, Legolas –comenzó Danuin.

-No importa eso –bajó la mirada- ya no importa nada. Sólo quiero ir a casa.

-Anne podrá reconfortarte –siguió Danuin- Y yo también puedo intentarlo, sos para mí un hermano más –Legolas sonrió por primera vez.

-Lo sé, pienso lo mismo. Gracias. –Mithduil miraba su plato y jugaba con la comida sin siquiera esbozar una palabra o mirar a los dos primos, pero estaba oyendo. A ninguno de ellos les importaba en realidad, confiaban en ella.

-¿Sería una idiotez de mi parte preguntar cómo estás? –preguntó el rey, y Legolas rió un momento.

-Bueno un poco sí. Estoy destrozado, no sé qué voy a hacer.

-Aguantá, sos un guerrero muy fuerte –le apretó un poco el hombro en señal de apoyo.

-Lo que más me inquieta es mi padre –siguió Legolas- No puedo ni imaginar el dolor de perder un hijo, no quisiera que muriera de pena –bajó la mirada y quedaron en silencio un breve momento.

-Es cierto, no puedo imaginarlo –rectificó el rey-. Supongo que es por eso que nunca quisiera tener hijos. –Mithduil dejó caer uno de los cubiertos con los que estaba jugueteando, que hizo un ruido chillón contra la cerámica del plato. Subió la mirada y sonrió.

-Disculpen, se me tropezaron los dedos –comentó risueña.

-¿Se te tropezaron los dedos? ¿Cómo es eso? –Danuin le siguió el juego, aunque ambos sabían que era algo superficial, en realidad sentían demasiado pesar. Mithduil sólo se encogió de hombros.

-Voy a prepararme para el viaje, los veo luego –sin decir nada salió rápidamente y los dos primos se miraron desconcertados.

-Me parece que ahora sí la hiciste enojar –comentó Legolas riendo.

-¿Te parece? –siguió el rey- Pero si se estaba riendo –el menor se encogió de hombros.

-Tantos siglos y sigo sin entender a las mujeres –ambos rieron un poco más relajados y Danuin resopló.

-Tampoco yo –rió un poco, pero en el fondo no sabía si en verdad la había hecho enojar y por qué.


En los primeros dos días de viaje nadie dijo una sola palabra. Estaban por demás abrumados, y la pequeña caravana era más un cortejo fúnebre. Ya no vestían las ropas de viaje sino sus mejores trajes, con los mejores caballos, con una lujosísima carroza donde viajaba el mayor de los príncipes de Bosque Negro; o lo que quedaba de él en este mundo. Sólo Mithduil iba separada del grupo, quiso llevar su precioso wargo, un gatito grande con el que se llevaba tan bien. Montada en Federico, se adelantaba medio día al resto para chequear que no haya peligros más adelante, y luego volvía a comer y dormir con sus compañeros cuando la caravana se detenía. Sin embargo, ya todos se habían dado cuenta de que era una excusa tonta para pasar más tiempo sola, pero prefirieron no meterse con sus problemas.

La noche del tercer día de viaje Danuin se acercó a ella, se sentó a su lado oyendo el crepitar de las llamas y la envolvió entre sus brazos sin decir nada. Sin embargo, ella se movió arisca y no lo dejó penetrar en la armadura invisible que se había puesto. Esto deprimía al rey y se preguntaba cómo podría hacer para que ella dejara de sufrir en silencio. Consultó discretamente con el resto de sus compañeros, quizá alguien supiera algo, pero ninguno supo decirle ni una coma sobre lo que le estaría pasando a la rubiecita.

El cuarto día decidió seguirla, aunque su caballo no era tan rápido como el wargo; cuando se alejaron un poco de la vista de la comitiva comenzó a llamarla. Gritó con desesperación, algo muy poco prudente en la situación de guerra en la que estaban. Ella se detuvo y lo esperó para que cabalgaran uno al lado del otro, pero sin mirarlo; muy seria y sólo vislumbrando el horizonte. Una chispa se encendió en el interior del muchacho voluble y comenzó a fastidiarse, frunciendo el ceño finalmente se animó a increparla.

-¿Vas a decirme qué carajo te pasa? –ella le lanzó una mirada fulminante que lo dejó helado, antes de responder con una voz aun más fría.

-Si tu intención es pelear entonces no pienso hablar con vos –esto lo exasperó aún más.

-¡No tenés idea lo que me estás haciendo con tu frialdad! –esa misma chispa de ira se encendió dentro de ella y guió a la bestia para que le cerrara el paso.

-¡Vos sos el que no tiene idea de lo que está haciendo! –y con esto apretó el paso y el wargo comenzó a correr, quedando fuera de la vista del rey de Rohan. Se sintió apenado y desconcertado, ¿qué estaba haciendo? Si era por besar a Eowyn, eso ya estaba hecho, no era algo que esté haciendo en este momento, no es algo que esté en proceso. Sintió otra vez esa extraña sensación de que alguien se acercara, pero no pudo ver a nadie. Se encogió de hombros y volvió con los varones de la caravana.

El resto del viaje fue igual, cada uno pensando en sus cosas. Legolas abatido por la muerte de su hermano, preocupado por su padre y cómo reaccionaría a la noticia. Mithduil y Danuin encerrados en sí mismos, mientras el legítimo rey de Gondor intentaba idear algún tipo de plan para volver a su pueblo. Ranuin era el único que no tenía motivo alguno para sentirse devastado, pero se contagió de la baja moral de sus compañeros y finalmente pareció más una procesión de espectros marchando hacia el Bosque Negro. Incluso se sorprendieron de que atravesando el bosque no se hayan encontrado con ninguna de las famosas arañas gigantes que lo habitaban, pero todos supusieron que era Federico el que las espantaba.


Bueno muchachos buenos días otra vez! Hasta aquí este cap, parte triste y mucho suspenso ja. Tengo un mensaje para los que siguen la historia anónimamente, ya sé de donde son porque me lo dicen las estadísticas, y sería bueno saber algo de ustedes. Pero no importa, gracias por leer, supongo que si no tienen ninguna crítica es porque no tienen ninguna inquietud, duda, o molestia; así que gracias por su apoyo. Como siempre, son bienvenidas las reviews! Besos a todos!