Capítulo 17: Nuevas compañías
Tulkandur les pidió a todos que salieran, prefería hablar en privado con el rey de Gondor. Con el corazón lleno de dudas, Aragorn les indicó que no había problema alguno, y salieron. Danuin fue el último, y el jinete oscuro lo llamó a último momento para que se quedara. Cuando Mithduil atravesó el umbral, Legolas y Thranduil ya estaban fuera de su vista. Supuso que necesitarían un momento de padre e hijo y se decidió a no molestar. No estaba de humor, debía soportar el peso de su propio corazón herido y no se sentía capaz de ayudar a nadie si ni siquiera podía ayudarse a ella misma. Recorrió las galerías hasta llegar al precioso patio donde podía verse el famoso árbol blanco, símbolo de aquel reino. Desde allí podía observar la ciudad entera, y aún más allá, valles y montañas; pero también la luna y las estrellas. Era una noche algo fría, pero dormir pero no era una opción, así que sólo se quedó reflexionando bajo las estrellas.
-Ya no le sirvo a Saruman –comenzó el jinete oscuro- va a matarme a la menor oportunidad. –Aragorn y Danuin se miraron desconcertados, ¿por qué sólo debían quedarse ellos? ¿No le hubiera convenido hablar con los tres reyes si quisiera una alianza? ¿O era otra cosa lo que buscaba? ¿Y por qué a ellos les iba a importar qué carajo le pasara al jinete?
-¿Y eso que tiene que ver con nosotros? –Danuin no podía con su genio.
-Te perseguí y también a tu mujer, Saruman quería sus habilidades. Pero no pude agarrarlos. Esto de la guerra es nuevo para mí.
-Guerra que vos empezaste –puntualizó fríamente Aragorn
-Y por eso atacaste Rohan, nos buscabas a nosotros –Tulkandur asintió.
-¿Entonces por qué Gondor? ¿Y qué con Rivendell? –siguió el hombre.
-Pensé en Rivendell, pero Nambelle dijo que Gondor sería mejor porque me había metido a su padre en el bolsillo. Y era cierto, hubiera sido inútil atacar el valle de Imladris porque ustedes no estaban allí.
-¿Toda la guerra para agarrar a dos elfos nada más? –se intrigó Danuin.
-No, Saruman intenta controlar toda la Tierra Media, y a ustedes quería usarlos como me estaba usando a mí. Me pidió que tome Bosque Negro –se preguntaron entonces por qué ese pueblo no estaba representado en la habitación.
-¿Por qué le pediste a mi tío que se fuera? –preguntó el elfo.
-Porque me intimida, va a matarme; me responsabiliza por la muerte de Thalion –su interlocutor se alivió de que su tío no lo culpara a él, pero no lo demostró.
-Es tu culpa –volvió Aragorn.
-Sin embargo ustedes parecen más humildes y accesibles.
-¿Accesibles? ¿A qué tendríamos que acceder? –siguió el ex montaraz- ¿Por qué no obedeciste a Saruman esta vez? ¿Cómo sabemos que no es una trampa? –Tulkandur tomó aire, sabía que había llegado al fondo del asunto y si jugaba bien sus cartas podía lograr una alianza. Lo cierto es que le importaba un carajo quién controlara la Tierra Media porque tenía pensado irse muy lejos con su amada, al Mundo de los Hombres, a jugar al polo con su hermano. Sonrió para sus adentros recordando esa idea y lamentaba más que nunca no haber escuchado a la mujer. Ahora debía salvarla, era el único anhelo de su corazón.
-Porque tiene prisionera a mi mujer, y sólo quiero liberarla y vencer al mago. No puedo hacerlo solo –tomó aire e hizo una breve pausa-. Si todos nos unimos, podemos quitar del medio al mago blanco para siempre. –Eso no le importaba demasiado en sí, sino sacárselo de encima para que ya no haya peligro para ellos. Danuin y Aragorn cruzaron miradas desconcertadas, desde la entrada en Gondor todo había sido una sorpresa, y no tenían pensado cómo reaccionar. Finalmente el hombre volvió a hablar.
-Suponte que te ayudamos, ¿qué nos darías a cambio? –Danuin asintió, se había preguntado lo mismo.
-Tengo un ejército que me sirve a mí y sólo a mí –hizo una mueca de duda, pero siguió- y tengo esto –tendió su mano izquierda y allí seguía firme el anillo de poder. Se miraron impávidos, no podían creerlo. Quizá era uno de los nueve, pero no importaba realmente –Estoy dispuesto a dártelo cuando todo esto termine.
-¿A quién? –se intrigó Aragorn.
-Al rey de Rohan, como una disculpa por lo que le hice a su pueblo. Además, vos ya tenés uno de estos, ¿no? –el hombre prefirió no confirmar ni negar.
-¿La alianza también incluiría al Bosque Negro? –preguntó Danuin finalmente, haciendo caso omiso del ofrecimiento del jinete. No todos los días le ofrecen a uno hacerse con un anillo de poder, pero él no estaba muy seguro de querer ese poder. Lo cierto era que todavía era muy joven, había sido una sorpresa para él convertirse en rey por circunstancias de fuerza mayor, y no estaba muy seguro. Estaba actuando por instinto, eso era todo; tenía tanto que aprender del gobierno.
-Sí –sentenció Tulkandur- y también a Rivendell, a Lothlorien, a Moria o a Erebor; o cuántos más, mejor. No es chiste vencer para siempre al mago blanco.
-No estoy seguro que una alianza de todos los pueblos libres sea políticamente posible –se sinceró Aragorn- y más aún sabiendo que hasta ayer eras siervo de Saruman.
-Entiendo su desconfianza, majestad –se disculpó-. Pero creo que vale la pena intentarlo.
-Deberías hablar con Thranduil –volvió a hablar su sobrino, y Tulkandur asintió.
-Tenemos mucho en que pensar, es lógico que no podemos darte una respuesta ahora mismo –dijo Aragorn-. Mientras tanto, como este es mi reino, no te quiero dando vueltas por ahí; o que acaso se te cruce por la cabeza escaparte. Al calabozo hasta que nos decidamos. –Danuin esbozó una sonrisa satisfecha y Tulkandur bajó la cabeza.
-Sí, señor –los guardias lo escoltaron, y los dos reyes se quedaron aún más desconcertados de lo que estaban al llegar.
Danuin recorrió las galerías de la ciudadela por casi una hora hasta que sus pies lo llevaron sin darse cuenta al patio del árbol blanco. Allí estaba ella, bajo la luz de la luna, brillando. Pensó persistentemente que era la visión más hermosa de la que hubiera disfrutado en su vida entera. Se acercó despacio y la abrazó por detrás, envolviéndola por la cintura y acariciando la línea entre su ombligo y su cadera. Un escalofrío la recorrió.
-No hagas eso Dan, por favor –se quedó helado, no lo esperaba.
-Necesito que me digas qué es lo que está pasando entre nosotros –lo dijo con la mayor dulzura de la que fue capaz, no quiso que sonara como un reproche- ¿Cuántas veces tengo que preguntártelo? Confiá en mí, por favor.
-Besaste a Eowyn, no pensarás que iba a quedar así, ¿verdad? –respondió Mithduil duramente.
-Lo sé, pero no es eso. Yo ya sé lo que está pasando, sólo que me gustaría escucharlo de vos –él lo sabe, pensó; y todo su universo pareció derrumbarse, qué haría ahora. Decidió no seguirle el juego, quizá estaba mintiendo.
-¿Qué es? Ya que sabés tanto –dejó la frase suspendida mientras su corazón se inquietaba. El rey acarició la misma línea con más persistencia y luego la envolvió con ambas manos abiertas sobre su vientre. Ambos temblaban, no podían siquiera mirarse; pero él siguió, con la voz quebrada, en un susurro.
-Ya no estamos solos –sentenció.
-No –susurró ella casi imperceptiblemente, y algo se quebró muy dentro suyo que la hizo estallar en llanto. Un llanto que salía desde lo más profundo de su ser, un lamento hondo y una ira incontenible. Quitó sus manos con violencia y se giró para quedar frente a él, pero no se atrevieron a mirarse a los ojos. No estaban solos, cada uno lo repetía dentro de su cabeza.
-No llores, todo está bien amor –Danuin se dulcificó e intentó acariciar su pómulo, pero ella se movió arisca.
-No, claro que no está bien –comenzó a levantar la voz, y pronto estaba gritándole. Él se sentía empequeñecer, como un ovillo que se retrae sobre sí mismo, y ella se alejó unos pasos para irse. Sin embargo, se dio vuelta para mirarlo y le gritó, sacando toda la rabia que tenía contenida -¡Dijiste que no querías hijos! ¡Así que voy a deshacerme de este inconveniente y fin de la historia!
-¡¿Qué?! –no podía dar crédito a lo que le estaba diciendo. Se acercó un paso, pero ella se alejó otro hacia atrás. Danuin se sintió en ese momento peor de lo que hubiera podido recordar en todos sus siglos de vida. No era lo que quería. Sentía miedo, pero también amor. Ya no quería verla sufrir así, ni sufrir él mismo. No supo qué más decir, pero ella siguió gritando.
-¡Iba a hacerlo, te lo juro! ¡Esa noche que te ibas a ir de Bosque Negro! ¡Pero no, tenías que obligarme a venir a esta ciudad de mierda! –no dejaba de llorar y temblar. Se había contenido por demasiado tiempo. Él se preguntó fugazmente cuánto tiempo había pasado, durante un mes no se vieron porque ella se había ido a buscar a los wargos y al dragón. Otro mes entero viajando a Mirkwood y a Gondor, o algo así. Dios mío. Tomó aire y volvió a hablarle muy despacio, intentando calmarla.
-No hagas eso, por favor.
-¿Por qué? –lo desafió subiendo una ceja. Él tembló pero intentó acercarse aún más, ella se movió otro paso hacia atrás.
-Porque lo sentí, lo escuché llamándome. Nunca sentí algo tan maravilloso, ¿cómo podría resistirme? –sonrió, y ella abrió los ojos muy grandes, nunca hubiera esperado esa respuesta. Avanzó un paso, pero ella se quedó helada, y avanzó otro mientras seguía hablando- Era un llamado que parecía salir de adentro de mi propio corazón, y quería seguirlo pero no sabía como. Me pedía que lo protegiera, y aunque no sabía que era; deseaba ir en su ayuda. –Finalmente estaban lo suficientemente cerca, uno frente a otro, él volvió a envolverla por la cintura y le clavó la mirada. Esta vez era azul contra celeste, brillando con las lágrimas bajo la luna.
-Yo… -comenzó Mithduil y se contuvo, esquivó su mirada.
-¿Qué, amor? –Danuin le sonrió y ella tomó aire.
-Yo también lo escuché –admitió-. Y fue lo más bello que hubiera oído jamás. Y saber que no podía responder me hería profundamente. –El rey no comprendía eso.
-¿Por qué no podías responder?
-Porque no puedo hacerlo sola, y tengo mucho miedo de que te vayas, de que no lo desees. Y pensé que mejor quedarme yo sola y ya. Pensé en irme, pero no puedo dejarte. –Él la apretó contra su pecho, pegando sus cuerpos, y acarició la curva de su espalda.
-No voy a ningún lado –le susurró al oído. Tomó su rostro entre sus manos y por primera vez en mucho tiempo pudo acercarse lo suficiente para besarla en los labios. Lo hizo con adoración, con miedo y timidez, pero inundado de amor, bebiendo uno de otro como si fueran un oasis en medio del desierto. Recorrió una línea en su cuello con pequeños besos mientras le susurraba - No –un beso- tengas –otro- miedo –y uno más grande-. Yo –se acercó a su oído y acarició el lóbulo de su oreja con su nariz- te –un besito atrás de la oreja- cuido. Siempre –lo dejó suspendido entre ellos. Mithduil no había dejado de derramar lágrimas ni un momento.
-¿Entonces por qué lo dijiste? ¿Realmente pensás eso? –Danuin se quedó helado, en verdad no estaba muy seguro.
-Lo dije sin pensar, estaba dolido –por primera vez, ella le respondió en el abrazo y lo envolvió por le cintura- Nunca hubiera dicho algo como eso de haberlo sabido, nunca. Es algo nuevo para mí, algo que nunca hablamos antes –lo dijo con toda la dulzura de la que fue capaz.
-Ahora me siento muy estúpida –escondió su cabeza en el hueco del cuello de su amado y se aferró a su espalda- ¿Me decís que todo este sufrimiento podría haberse evitado si hubiera hablado con vos desde el principio? –lloró aún más fuerte.
-No lo sé, no importa. No es un reproche. –acarició su cabello y su espalda, guardándola en su pecho, sólo desbordado de miedo y amor. Sonrió de golpe. –Me lo puedo imaginar.
-¿Qué? –preguntó en un susurro entre lágrimas desesperadas.
-Miranos, estamos tan cerca, tan pegaditos; y está ahí acurrucado entre nosotros. Es un poco raro –no dejaba de sonreír. Ella levantó su rostro y le clavó la mirada, incrédula de lo que escuchaba. Sólo pudo asentir levemente.
-Tengo frío amor.
-Vamos adentro –limpió una lágrima con sus labios y la levantó entre sus brazos. A Mithduil le sorprendió el gesto, pero se dejó hacer y se hundió en su contención. Cerró los ojos y se obligó a dejar de llorar, con menos éxito del que hubiera querido. Cuando volvió a abrirlos estaban en su habitación, la que supuestamente compartían pero ella nunca había llegado a pisar. La dejó despacio en su cama y se acurrucó en su pecho. La abrazó mientras acariciaba esa línea bajo su ombligo, ese lugarcito que tanto le había gustado siempre, y que ahora significaba tanto más. Ella respiraba frenéticamente, inflando el pecho, sin poder dejar de llorar. Pero no dejó de acariciarla en el vientre y la acompañó en silencio, calmado en apariencia pero con el corazón inquieto.
Con paciencia y amor, pero sin palabras, logró que finalmente se calmara; y tomara sus manos con las de él, para acompañarlo en esa caricia. Danuin se acomodó en cerca de su corazón y dejó que esa voz que parecía venir de adentro de sí mismo lo llenara. Estaba ahí con ellos, podía oírlo de alguna manera y eso lo desconcertaba. Pero no importaba, porque era lo más maravilloso que hubiera oído jamás, una voz susurrante, sin palabras, pero podía comprenderlo perfectamente. Mithduil comenzó otra vez, en un susurro.
-Es la segunda vez que escucho, o percibo, esto. Es todo tan raro –esbozó una sonrisita.
-Yo también lo oigo, me gusta tanto –sonrió enormemente y le dio un beso pequeño en el pómulo.
-¿Qué vamos a hacer Dan? –era más una súplica desesperada de ayuda, pero él no tenía demasiada respuesta tampoco.
-Supongo que tenemos que ir aprendiendo sobre la marcha –ella suspiró inflando el pecho, y abrió la boca pero no salieron las palabras. Intentó otra vez, con la voz quebrada.
-Pero, ¿querés? –se le borró la sonrisa, no le gustaba que dudara de él; pero entendía. Quizá necesitaba que se lo diga de esa manera, así que le respondió desde el fondo de su corazón.
-Sí, quiero. ¿Vos? –se miraron un momento en silencio hasta que se animó a hablar.
-Claro que sí –sonrieron juntos, una sonrisa llena de miedo y dolor. Instintivamente se acercaron rozando las puntas de sus narices y se besaron en los labios con desesperación. Pero Danuin tenía otros planes para ellos, y comenzó a besar su cuello de arriba hacia abajo, y siguiendo ese camino por su clavícula y su pecho. Comenzó a temblar, pero no se detuvo y siguió besándola, hasta rozar su ombligo con su nariz; y trazar un camino de besos en esa línea que era su lugar favorito en el mundo entero. Pegó sus labios a la piel de su amada y exhaló su aroma y su suavidad. Habló en un susurro sin despegar los labios, besándola a cada pausa.
-Hola –susurró contra su piel, y Mithduil arqueó una ceja, hacía bastante tiempo que estaban hablando, ¿para qué iba a saludar ahora?
-Buenas noches, rey de Rohan –ironizó con una sonrisa, y él subió la mirada para cruzarla con la de ella pero enseguida volvió a hundirse en su piel.
-Chist, estamos hablando –y con esto trazó un nuevo camino de besos por su vientre. Ella sonrió y se dejó hacer, acariciando su cabello y rascándole con suavidad atrás de la oreja.
-Perdón, continuá –rió.
-Hola peque –no despegó sus labios ni un milímetro, y seguía dándole besos pequeños a cada paso. Tomó aire y siguió-. Soy tu papá –sonrió, y a ella se le puso la piel de gallina al oír esas palabras, y tuvo que responderle con más besos-. Quiero decirte una cosa: siempre voy a protegerte y a amarte. Siempre. Con todo lo que soy, con todo lo que tengo; todo, todo, va a ser para vos. Siempre voy a estar al lado tuyo, por muchos siglos para todo lo que necesites. Mientras yo viva nada va a faltarte, ¿sí? –siguió con el camino de besos, temblando, se le llenaron los ojos de lágrimas. Pero esta vez no eran lágrimas de miedo o rabia, sino de felicidad- Gracias por habernos elegido, gracias por estar en nuestra vida. –Mithduil volvió a llorar, pero esta vez calmadamente, aunque Danuin igual lo notó y siguió hablando contra su piel- Decile a tu mamá de mi parte que la amo muchísimo, que es increíble y preciosa, que es mi vida entera. Junto con vos. Son mi familia, mía, mía –sonrió- Nuestra –cerró los ojos y se acurrucó en silencio sin moverse ni un centímetro de donde estaba. Ella no dejó de acariciarle el cabello, repitiendo sus palabras para sus adentros.
-¿Mamá? –susurró, y él solo sonrió sin abrir los ojos.
-Sí, una muy buena si me permitís.
-No sabés todavía si puedo ser buena –remató entre lágrimas.
-Sí, yo sé que sí –se incorporó despacio y se recostó al lado de ella, quedando frente a frente, mirándose con intensidad; y en silencio por algunos momentos. Él la abrazó firmemente y la besó con suavidad en los labios.
-Gabi, Gabi-to –rieron relajados, hacía mucho que no hacían ese chiste.
-Sofi, Sofi-ta –le siguió el juego.
-Te amo tanto bonito, no tenés idea lo que significa todo esto para mí. Todo lo que dijiste… sos increíble. Deberías estar enojadísimo conmigo, y sin embargo estás acá conmigo, cuidándome y conteniéndome. Gracias, de verdad. Gracias –se acercaron aún más, con sus cuerpos pegados.
-Nunca podría estar enojado cuando tengo una familia tan hermosa acurrucada acá en mi corazón –abrió grandes sus ojos celestes, le gustaba escucharlo pero igual le sorprendía- Puedo decirte gracias, y puedo decirte que te amo; pero esas palabras quedan muy chicas para lo que siento en este momento. Tengo una misión en la vida, nunca puedo volver a estar perdido. –se abalanzó y lo besó con pasión, con verdadero deseo.
-Danuin –susurró frente a sus labios.
-Mithduil, mi cielo, mi amor –le devolvió el beso- descansá. Debés estar agotada, ¿no?
-Sí, pero ¿cómo podría dormir ahora?
-Yo te cuido, descansá. Te merecés dormir tranquila después de tanto –y con esto se acomodó y cerró los ojos, respirando pesadamente, y casi al instante estaba profundamente dormida. El rey sonrió mirando a su compañera preciosa y la besó en la cabeza, antes de cerrar los ojos y descansar profundamente.
Buenas! Espero haber podido expresar bien este momento emotivo y que les haya gustado la sorpresa. Hay otras, claramente. Gracias por leer. Déjenme una review, ya saben. Besos a todos, son geniales!
