Aclaración: Kuroshitsuji y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a Yana Toboso!
Recuerden:
Normal:amo a Sebastian!
Pensamientos: Amo a Ciel!
Gritos: AMO EL SEBASCIEL!
M.N: DISFRUTEN DEL FIC!
TALENTO Y CONFESIÓN
CAPITULO 3
Como todos los días, Sebastian me despertó con una taza de té, me baño vistió y peino diciendo que debía de estar presentable para recibir al juez en la tarde, me guio al comedor para desayunar y después me dejo solo en mi despacho, ahogándome con el trabajo que había dejado pendiente por quedarme dormido ayer.
Para cuando termine de leer y firmar los documentos restantes ya eran las 2pm. Con un suspiro salí del despacho con dirección a la biblioteca. Justo en el momento en el que entre, se escuchó una explosión procedente de la cocina, seguido de ladridos de Pluto, gritos de Finny, gruñidos de Bard, platos rompiéndose cortesía de Maylene, el típico jo jo jo de Tanaka, y finalmente un silencio sepulcral confirmando que Sebastian ya se estaba haciendo cargo de esos cuatro. Rodé los ojos.
Cerrando la puerta fui hasta una pequeña mesa de donde tome un libro que había dejado a medio leer desde hace unas semanas, para después pasar a sentarme al lado de la ventana. Comencé a leer.
No sé cuánto tiempo dure leyendo ese estúpido libro pero al final termine recordando el por qué lo había dejado abandonado: era un completo asco.
Levantándome lo bote sobre la mesa y camine da un lado a otro por toda la habitación, buscando un nuevo libro. Estaba a punto de rendirme en mi búsqueda cuando en lo más alto del librero pude ver el lomo negro y plateado de uno que se veía prometedor. La distancia que nos separaba era de aproximadamente tres metros.
Con la mirada busque la escalera que siempre usaba en estos casos pero no la encontré.
Mmm creo recordar haber escuchado a Maylene decir que se había roto o algo así…
Por unos instantes me quede analizando la situación, buscando la manera de conseguir ese maldito libro. Ni siquiera considere el pedir la ayuda de alguno de mis sirvientes pues conociendo a Sebastian seguro los tenía trabajando (o al menos "creyendo" que hacían algo de provecho) para tener lista la mansión para la visita de hoy.
-Al diablo- pensé aferrándome con ambas manos a los bordes del librero para después subir un pie e impulsarme con el otro, quedando casi un metro del suelo.
-Bien, un poco más arriba-susurre para mí mismo trepando por entre las salientes. Mire arriba. El libro ahora estaba más cerca de mí.
Y el suelo más lejos-me recordé
Haciendo acopio de todo mi equilibrio solté una mano y la estire con dirección al libro. Apenas toque el lomo sonreí con satisfacción.
-ya casi…-me anime
Con un último esfuerzo me estire lo más que pude llegando por fin a mi objetivo.
-¡listo!- dije victorioso
Feliz y con el libro en la mano derecha comencé a descender a la seguridad del suelo. Sin embargo, aun estando a más de metro y medio del piso mi pie resbalo justo en el momento en el que mi mano libre había soltado su agarre entorno a una saliente y me precipite contra el suelo.
Apretando dientes y ojos espere un golpe que no llego como me lo esperaba. Con la respiración agitada abrí mi ojo visible, topándome con la cara de mi mayordomo a pocos centímetros de mí.
-¿Se…Sebastian…?-balbucee con el corazón en la boca
Mi mayordomo me tenía sujeto con uno de sus brazos alrededor de mi cintura, apretándome contra él y manteniéndome a su altura, mientras que con su mano derecha sostenía el libro que en algún momento de la caída había soltado.
Su rostro se veía desencajado, casi sorprendido, cuando de seguro el mío estaba todo hecho un poema. Sus llamativos ojos rojos me veían como si de un extraño se tratara.
-¿Sebastian?-pregunte un tanto avergonzado
Como saliendo de un trance la razón volvió a él. De inmediato su expresión cambio a una más fría.
-bocchan, lo que acaba de hacer fue algo peligroso y estúpido-dijo con voz dura al tiempo que me bajaba. Una vez en el suelo se alejó de mí, dejando el libro en la mesa, junto al otro que yo había dejado. Dándome la espalda.
No dije nada, no me sentía con la capacidad de hacerlo.
Mi mayordomo se giró para encararme, notablemente enojado… enojado conmigo.
-fue un accidente Sebastian, no es para tanto…-murmure con el ceño fruncido mirando el suelo. Aparentando una tranquilidad que no tenía.
Un gruñido extraño por parte de mi mayordomo me hizo levantar la mirada. Sus ojos brillaban escarlatas y peligrosos con las pupilas hechas una línea delgada y sus labios formaban una línea perfecta. Se me hizo un nudo en la garganta. Por instinto retrocedí un paso, con todo mi cuerpo rígido. Al parecer mi movimiento lo descoloco pues de inmediato sus ojos volvieron a la normalidad.
Como si nada hubiera pasado saco su reloj de bolsillo para dedicarle una mirada.
-¿Que…que…fue -tartamudee perdiendo la compostura- lo que…
-bochan-hablo con aplomo interrumpiéndome-el juez acaba de llegar, lo espera en el gran salón. Preparare todo. Por favor no tarde.
Una vez dicho eso salió de la habitación dejando la puerta abierta.
Un escalofrió comenzó a recorrer mi cuerpo, haciendo que mis dientes castañearan. Mi respiración era agitada, al igual que mi corazón. Me dolía el corazón
-Sebastian-susurre- ¿Qué te pasa? ¿Tanto así me odias? Yo… ¡no entiendo!
Me lastimaba su actitud ¿Pero que podía hacer? Era obvio que lo que quería jamás se aria realidad. Sebastian no me correspondía, eso era más que evidente. Yo solo era su contratista, su alimento. Al final él tomaría mi alma, todo terminaría, mas sin embargo, saber eso me hacía feliz, porque de algún modo, siempre estaríamos juntos, aunque claro, no como yo quería.
¡BASTA!- me grite mentalmente ordenándome respirar hondamente varias veces, y así lo hice. Poco a poco mi cuerpo se relajó, pero mi mente era otra historia.
Tome una última bocanada de aire, disponiéndome a enfrentarme a mi mayordomo, y a mi bochornosa situación actual con respecto al concurso.
Mientras caminaba hacia el salón no pude evitar lanzar varios suspiros de frustración… (sonido de disco rayado)
Un momento, ¿Por qué rayos me comporto así? ¡Soy Ciel Phantomhive!, Ya es suficiente de tanta tontería!, no pasa nada, esto no es nada para mi
Más tranquilo al sentirme otra vez yo, recobre mi postura orgullosa y segura, y entre al salón, encontrándome con Sebastian con mi violín en las manos, revisando que se encontrara en condiciones. Ni siquiera volteo a mirarme cuando entre.
En una silla, con unas hojas en la mano, estaba un hombre robusto de cabello negro corto y rizado, barba en candado, ojos cafés pequeños, cejas pobladas y nariz mediana. Estaba vestido con un traje café. Su rostro denotaba sabiduría, orgullo e ingenuidad.
Poniendo cara seria me acerque a él, quien de inmediato se levantó e igualmente camino hacia mí. Ambos nos detuvimos a una prudente distancia.
-Buenos días, jovencito. Tú debes ser Ciel Phantomhive-canturreo con una sonrisa amable.
"¿Jovencito?"
-Conde Ciel Phantomhive-corregí tratando de sonar igual de amable. Emboce una pequeña y costosa sonrisilla y le tendí mi mano que de inmediato tomo en con un ligero apretón.
-jajajaja, mil disculpas conde-dijo riendo mi interlocutor -me presento: soy el tercer juez del concurso "talentos juveniles" Henry Carter.
Soltando mi mano me estudio de pies a cabeza sin vergüenza alguna, como analizándome. De inmediato comprendí que se trataba de algo completamente normal para él como juez. Trate con éxito de no rodar los ojos con aburrimiento y permanecer con una sonrisa.
-E de decir que me sorprende el excelente porte que tiene Conde -me alabo
Inclinando un poco la cabeza (apenas un poco) agradecí su comentario mudamente.
Finalizando con la inspección dio un aplauso.
-bien, ¡comencemos!-suspiro con expectación-tengo entendido que tocara el violín, tiene tres minutos, así que sorpréndame conde Phantomhive.
-con gusto Lord Carter-respondí haciendo una mueca de suficiencia-por favor siéntese
Con una mano hice un ademan hacia la silla en la que lo había encontrado sentado. Sin perder la sonrisa el juez se dirigió a sentarse mientras que yo me acercaba a mi mayordomo. Una vez frente a él, sin dedicarme siquiera una mirada me tendió el violín y el arco, que de inmediato tome.
-¿qué pieza va a tocar joven amo?-pregunto sin mirarme
-mmm-lo medite por unos segundos-en realidad aun no me he decidido
Mi mayordomo dejo escapar una pequeña carcajada que solo yo pude escuchar
-Suerte, bocchan-murmuro haciendo una reverencia.
-Gracias, pero…sabes que no la necesito- respondí con petulancia y una sonrisa torcida.
Para mi sorpresa mi mayordomo se irguió y me dedico una sonrisa igual a la mía. Sin decir nada más, se alejó de mí, parándose al lado del juez, apenas unos centímetros más atrás, con las manos tras la espalda.
¿¡Pero que rayos!?... ¿¡a que mierda esas jugando Sebastian!?
Enojado con Sebastian y conmigo mismo me acomode en medio de la sala, frente al atril que Sebastian había acomodado estratégicamente con todas mis partituras. Sosteniendo el violín y el arco con una sola mano comencé a pasar las hojas, buscando algo que me gustara, ante la atenta mirada de desconcierto del juez. Sonreí internamente.
Hace poco había empezado a practicar una nueva partitura que en verdad me gustaba, yo mismo la había creado, y era muy diferente a lo que se escuchaba hoy en día, demasiado en realidad , pero…quería tocarla. Tomando mi decisión hice el atril a un lado. No lo necesitaba. Dando un suspiro coloque el violín en posición al igual que el arco.
Mirando al juez espere su aprobación para comenzar.
-Adelante-murmuro con curiosidad en la voz.
5 segundos después, comencé a tocar. (N/A: aquí pueden escuchar: watch?v=mF3DCa4TbD0 , seguro la reconocen XD)
FIN DEL CAPITULO 3
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