TALENTO Y CONFESIÓN
CAPITULO 4
La música inundo la sala por completo. No se escuchaba nada más que la melodía que emergía del violín en mis manos.
Para no ver la reacción de mi público cerré los ojos, dejándome llevar por la música. ¿Por qué había elegido esta canción en especial? estaba consciente de que me la estaba jugando al elegirla. Las probabilidades de que al juez le gustara eran pocas, pues tenía entendido que el tradicionalismo era algo muy valioso en el concurso, y sin embargo, aquí estaba yo, audicionando con algo completamente opuesto a lo tradicional. Decir que no estaba nervioso era mentira, estaba nervioso, y odiaba reconocer que más que estarlo por culpa de la presencia del juez, lo estaba por la del demonio frente a mí que hacia latir desbocadamente mi corazón, él desgraciado que tenía mi cabeza hecha un lio, mi mayordomo Sebastian.
Ja como si esto le fuera a importar…-pensé con tristeza
Dejando mi cabeza en blanco me concentre únicamente en la melodía creada por mí y el violín.
Cuando la última nota termino quede estático por unos segundos para después bajar el violín y hacer una pequeña reverencia, con la mirada fija en el suelo, esperando a que el juez tomara la palabra.
-Conde Ciel Phantomhive-comenzó -esa melodía… ¿de dónde la ha sacado?
-Yo la cree-respondí con seguridad
-mmm…debo decir que es algo completamente nuevo a mis oídos, jamás había escuchado nada igual…
Ante el silencio que surgió no me quedo de otra que levantar la mirada para posarla sobre mi interlocutor evitando si quiera mirar de reojo a Sebastian. La mirada del juez era indescifrable. Mantuve mi rostro sereno, no le daría el gusto a nadie de verme nervioso (a pesar de estarlo). Pareció que pasaron horas hasta que al fin se dignó a hablar.
-…me gusto- dijo embozando una gran sonrisa que correspondí inmediatamente con una un poco más reservada
-Joven Ciel, lo espero mañana en Londres para dar inicio al concurso "Talentos Juveniles", estoy seguro de que dará un gran espectáculo.
-Eso no lo dude Lord Carter
-Aquí vienen las instrucciones -murmuro al tiempo que se levantaba y me entregaba un sobre amarillo
Mire el sobre en mis manos por solo unos segundos para después pasarlo por sobre mi hombro esperando a que mi sirviente lo tomara (tal como lo esperaba Sebastian ya se encontraba tras de mí y sin decir nada había tomado el sobre)
-Fue un verdadero placer conocerlo Conde- agrego estrechándome una mano para después posar su mirada por sobre mi cabeza, claramente en la persona de mi mayordomo- igualmente a usted señor Michaelis. Si me disculpan, ya debo retirarme.
-lo acompaño a la puerta-murmure emprendiendo el camino a la puerta principal con el señor Carter a mi lado y Sebastian tras nosotros.
Finalmente frente a la puerta, Sebastian se apresuró a abrirla con su elegancia habitual haciendo una reverencia. Afuera ya estaba una carroza esperando al juez. Varios metros lejos alcance a divisar a Finny podando el césped mientras platicaba con Maylene y Bard. Prefería que hicieran eso a que destruyeran la mansión con sus fallidos intentos de buenos sirvientes.
-Bien Conde, nos vemos mañana- dijo el juez a modo de despedida al tiempo que avanzaba y subía a la carroza
He de decir que a pesar de que ese hombre se comportaba de una manera poco habitual para ser un noble no me desagradaba.
-cuente con eso Juez-respondí educadamente
Justo después la carroza partió con un sonriente juez dentro. Con un bufido me di la vuelta y entre nuevamente a la mansión, pasando de largo a Sebastian y dirigiéndome a la cocina. Una vez ahí tome un vaso y lo llene de agua. Recargado contra la mesa en el centro comencé a tomar el agua mientras miraba a la nada.
-No es propio de usted optar por venir a la cocina en lugar de pedir lo que desea bocchan-comento Sebastian detrás de mí haciéndome dar un respingo. Me di la vuelta para encararlo. Estaba recargado en la pared y parecía que llevaba buen rato ahí. Fruncí el ceño.
-¿qué quieres?- pregunte dejando el vaso en la mesa.
Sonriendo camino hacia mí, dejando la mesa de por medio entre nosotros
-venía a avisarle que en una hora tendré listo su equipaje y la carroza para que podamos partir a Londres. Si hay algo más que quiera llevar le recomiendo lo decida ahora.
-prepara dos carrozas, llevaremos a Tanaka y los otros. Prefiero llevarlos y que destruyan la casa de Londres a que se queden y derrumben esta.
-Sabía decisión bocchan-comento burlón el ojiescarlata
A modo de respuesta me cruce de brazos sin despegar mis ojos de los suyos. Grave error, las piernas comenzaron a temblarme. Dando un suspiro dije lo primero que me paso por la cabeza.
-¿A…a qué hora comienza el evento mañana?-balbucee sonrojándome
Dios mátame, mátame, ¡mátame!
Mi sirviente saco de su saco el sobre que me había dado el Juez, abriéndolo extrajo una hoja color lila con borde negro la cual acomodo frente a mí en la mesa sin señales de haber notado nada. Agradeciendo me concentre en el horario.
*la sede del concurso será en el teatro Royal Albert Hall en Londres.
*los participantes deberán estar en la sede a las 3:30pm en punto para recibir instrucciones. De no presentarse a la hora indicada serán descalificados.
*el concurso iniciara oficialmente a las 5:00 pm.
*el concurso consistirá en 4 pruebas:
1-Educación/actitud/disciplina: los concursantes se presentaran individualmente ante los jueces y responderán a preguntas hechas por estos.
2- Talento: los participantes presentaran ante el público el acto con el que audicionaron.
3- Inteligencia: todos los concursantes serán evaluados en varias materias por medio de un examen escrito
4-Prueba final-*Talento: En años anteriores esta última prueba consistía en presentar como número final un acto de talento que lograra opacar por completo al hecho por el concursante en la audición, sin embargo, por celebrarse el décimo quinto aniversario del concurso esta regla será cambiada. La última prueba será impuesta por los jueces. Dicha prueba será completamente diferente a la de años anteriores y desconocida por los participantes hasta el momento en el que los jueces deban revelarla…
Cerrando los ojos me lleve ambas manos a la cabeza.
-Esto es un circo- susurre con estío más para mí que para mí mayordomo.
Tal como esperaba no hubo respuesta. Decidido a descansar el poco rato que me quedaba en mi mansión abrí los ojos comenzando a caminar.
-estaré listo en una hora- asegure a mi demonio mientras salía de la cocina
-Bocchan-llamo mi mayordomo
Me detuve en el marco y ladee la cabeza para verlo de reojo.
-la pieza que interpreto hoy fue…hermosa-comento Sebastian sonriéndome cálidamente. En mi pecho mi corazón comenzó a latir rápidamente mientras que en mi estómago miles de mariposas revolotearon.
Abrí la boca para contestar pero no dije nada. Me había quedado sin palabras. Mi sirviente permanecía parado, esperando algo de mi parte. Lo intente de nuevo:
-Gra...gracias-tartamudee con vergüenza antes de salir apresuradamente de la cocina en dirección a mi habitación.
Una vez que llegue entre y me recargue en la puerta con una mano sobre mi corazón. Poco a poco mi mueca de vergüenza cambio hasta formar una pequeña sonrisilla con un sonrojo adornándola.
-que patético- me dije aun sonriendo
El tiempo pareció volar. Por la ventana pude ver a Sebastian guardando mi equipaje en la primera carroza. Maylene, Finny, Bard ya estaba dentro de la otra (no los quería en la mía o terminaría con jaqueca nuevamente) con Tanaka como su chofer.
Prefiriendo salir antes de que Sebastian entrara por mí me aleje de la ventana pasando al lado de mi cama para recoger el libro culpable de mi incidente con Sebastian en la biblioteca. Después de llegar a mi habitación había ido a recogerlo a la biblioteca, donde para mi pobre salud mental había rememorado lo sucedido con mi demonio. Después volví a mi habitación procurando no toparme con nadie en el camino.
Sacudí la cabeza varias veces al imaginarme como debí haberme visto. Y todo por evitar a Sebastian, mi sirviente, mi demonio…
-baka-me dije con voz temblorosa
Avergonzado examine el libro que en realidad no era tal pues estaba completamente en blanco, y si embargo, eso no me habia molestado. No era tan patético como para decir que usaría ese libro como diario (puaj), en realidad planeaba usarlo para anotar partituras o ideas.
Conforme con esa decisión guarde una pluma dentro del libro y salí de mi habitación sosteniéndolo bajo un brazo. Recorrí el pasillo sumido en mis pensamientos tratando de evitar pensar en Sebastian, aunque claro, como siempre, fue imposible. Ese maldito demonio ocupaba mis pensamientos a cada minuto del día desde hace ya unos meses atrás. Aparte, su resiente actitud no me ayudaba mucho, es más, me confundía más: en momentos estaba bien, burlón y sarcástico como siempre, y de repente todo cambiaba, parecía enojado, no me provocaba, y me miraba como si fuera un fantasma, completamente anonadado. La mirada que me había dirigido hoy en la biblioteca aun me tenía nervioso, ¿que se suponía que había significado? ¿Odio? ¿Tedio? Por un momento incluso pareció que se me aventaría a la yugular.
Un escalofrió sacudió mi cuerpo. Con una sonrisilla nerviosa y los ojos cerrados negué varias veces con la cabeza.
-estúpido demonio-grazne enojado mientas bajaba las escaleras
Mis pisadas comenzaron a ser más fuertes en reacción a mi estado de ánimo.
De improviso, aun bajando las escaleras y una distancia de 10 escalones mi pie se apoyó en un objeto ajeno a la escalera que por la fuerza ejercida por mí y la inestabilidad del objeto, este resbalo hacia atrás mientras que yo hacía enfrente, sin oportunidad de poder agarrarme del barandal
-AHHHH!-se me escapo un grito por la sorpresa y el miedo, mas sin embargo, no cerré los ojos, por lo que pude ver el momento exacto en el que Sebastian se atravesó frente a mi abriendo los brazos y recibiendo el impacto de mi cuerpo contra el suyo-momento en el cual, me atreví a cerrar mi con fuerza mi ojo visible por la impresión- haciendo que ambos cayéramos al piso, conmigo encima de él.
Respirando agitadamente abrí mi ojo y me incorpore lentamente, apenas lo suficiente para notar la posición en la que me encontraba: Estaba sentado sobre la cadera de mi mayordomo con mis piernas a ambos lados y mis manos apoyadas sobre su pecho mientras que las suyas me sostenían de la cintura con suavidad. En shock, con la cara ardiéndome, la respiración agitada y el corazón desbocado me atreví a mirarlo a la cara. Sentí mi rosto pasar por todas las tonalidades existentes del rojo. Sus ojos se encontraban abiertos de par en par, mirándome, mientras que sus labios entreabiertos delataban sorpresa y confusión. Trague grueso cuando su mirada cambio por una seria, escudriñadora y demasiado inquietante.
-¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! Ciel contrólate!
Con un nudo en la garganta me apresure a levantarme de enzima del cómodo cuerpo de mi mayordomo.
¿Cómodo?... ¡Tengo que salir de aquí!
Una vez levantado, sin decir nada, Sebastian hizo lo mismo. Para no mirarlo concentre mi atención en el objeto responsable de mí caída: un pequeño recipiente metálico que al instante reconocí como cera, material que usa Maylene para limpiar los escalones y la barandilla de madera.
-Bocchan, ¿se encuentra bien?-pregunto Sebastian a mis espaldas con voz grave (quizás demasiado grave. ¿Estaba enojado?)
Reprimiendo mis ganas de gritar de frustración. Me agache y tome mi libro (que en la caída había soltado por acto-reflejo). Tomando una bocanada de aire me dispuse a contestar.
-Sí-murmure tratando de sonar seguro al tiempo que me daba la vuelta-estoy bien.
-Hablare con la señorita Maylene mas tarde, esto no se volverá a repetir-dijo severo, provocándome un escalofrió. ¿Era mi imaginación o la última oración parecía tener dos significados?
-Tsk…-articule enojado (y aun abochornado) caminando hacia la puerta y pasando a su lado, en donde me detuve unos segundos.
Sebastian, sé que lo que hiciste, tanto en la biblioteca como aquí, lo haces para protegerme…o más bien para proteger mi alma. Si yo muriera, tus planes para la cena se arruinarían ¿o no?. Eres un demonio, y lo entiendo. Mi alma es una pertenecía tuya y por ello la cuidaras hasta que el momento de devorarla llegue. Sin embargo, déjame engañarme y creer que todo lo que haces es por MÍ, solo por mí y no por mi alma…al menos por unos segundos….aunque al final me duela más el recordar que no es así…
-Gracias, Sebastian-murmure quedamente embozando una sonrisa sincera (de las pocas que me quedaban debido a las circunstancias de mi vida) de la que no estuve seguro si vio.
Para evitar que me rompiera mi pequeña y falsa burbuja de felicidad con cualquier comentario me apresure a salir de la mansión y a subir al carruaje ignorando las tonterías que me decían mis tres sirvientes desde su carruaje.
De reojo vi salir a Sebastian de la mansión para después cerrar con llave la puerta, más serio de lo normal. Suspire con cansancio. Con calma y sin mirarme tomo su lugar en la carroza, al tiempo que le ordenaba avanzar primero a Tanaka, quien de inmediato lo hizo.
Tomando una bocanada de aire abrí mi libro, tome la pluma y me sumergí en mis pensamientos para crear alguna partitura o alguna otra cosa que me mantuviera ocupado en mi tenso viaje a Londres.
FIN DEL CAPITULO 4
