TALENTO Y CONFESIÓN

CAPITULO 5

Ya casi llegábamos a la casa, reconocía las calles por las que pasamos a pesar de la obscuridad que en este momento las cierne. Sabía que era tarde, la luna está en su punto más alto, alumbrando tenuemente la ciudad, una fría y desolada ciudad. No hay nadie en las calles y hay mucho silencio, demasiado. Casi que me arrepienta de haber mandado a mis demás sirvientes en otra carroza, justo ahora daba igual que me provocaran dolor de cabeza con tal de acabar con el maldito silencio.

Afuera, sentado al frente y manejando los caballos, estaba Sebastián, quien en todo el camino no dijo absolutamente nada…igual que yo.

Este silencio me está matando!

Al menos algo bueno había traído esta situación. Por querer distraerme a toda costa de la presencia de Sebastian, me concentre, durante todo el camino, en crear una nueva melodía que aunque no había probado tocarla con el violín supe que era el instrumento incorrecto para ella, por lo que le había hecho unos cuantos cambios para poder emplearla en otro instrumento…

No quería hablarle a Sebastian, no aun pero…necesitaba saber una cosa.

Armándome de valor y llenando de aire mis pulmones asome-apenas unos centímetros-mi cabeza por la ventana.

-Se...Sebastian?- lo llame en algo parecido un susurro, sabiendo de antemano que era capaz de escucharme a pesar de eso.

-Sí, bocchan-contesto con voz seca

-El piano de mi madre…-solté yendo directamente al punto- ¿aún está aquí?

Se hizo el silencio, cosa que me provocó un poco de tristeza y remordimiento pues no hace mucho le había pedido a Sebastian que se deshiciera de él, ya que me traía recuerdos que prefería dejar atrás, así que en realidad mi pregunta salía sobrando.

-si-dijo mi mayordomo rompiendo el silencio- está en la casa, en el segundo piso…en su habitación.

-pero…yo creí…-balbucee sin saber si regañarlo por no haberme obedecido o agradecerle por lo mismo

-le pido disculpas por no haber obedecido su mandato-se apresuró a decir-no se había dado la oportunidad.

A pesar de no poder ver su rostro en su voz se delato la mentira

Estaba a punto de pedirle que me digiera la verdad cuando la carroza se detuvo.

-hemos llegado, bocchan-murmuro mi mayordomo al tiempo que me habría la puerta.

Dando el tema por perdido me limite a bajar. De inmediato Sebastian se aventuró a abrir la puerta de la casa para dejarme pasar.

Una vez dentro dedique una fugaz mirada a mí alrededor. Todo estaba tal como lo recordaba. Menee ligeramente la cabeza de un lado a otro.

-Bocchan, tardaremos unos minutos en desempacar. En una hora tendré lista la cena – aviso Sebastian detrás de mí.

-estaré en mi habitación mientras tanto-dije a mi vez subiendo las escaleras con mi libro a la mano.

Una vez en la habitación la inspeccione con la mirada. Colgado en la pared estaba un reloj plateado que marcaba las 8:43pm. Dejando de lado todo lo demás me dirigí al piano acomodado al lado del ventanal. Era tal como lo recordaba. Blanco y hermoso, como la mujer que lo tocaba para mí cuando era pequeño. Emboce una sonrisa al recordar a mi madre. Este era el último recuerdo que tenia de ella. Todo lo demás se había perdido en el incendio incluyendo el piano de la mansión, que era igualmente blanco pero de cola, este era vertical. Era el que usaba cuando veníamos aquí.

¿Cómo pude pensar en deshacerme de él?- me reprendí

Con lentitud me senté en el banquillo acomodado frente él y acaricie lentamente las teclas (N/A: por si sienten curiosidad de como es el piano denle click aquí= tm/aviso/img_avisos/1299333700354_1299333929537_ xD). No había encendido las luces por lo que lo único que iluminaba la estancia era la tenue luz de la luna que se filtraba por la ventana. Cómodo con la poca iluminación, abrí mi libro y lo acomode en el atril del piano de modo que se mantuviera abierto mostrando la nueva partitura que había creado. Fijando mi vista en la partitura acomode mis dedos en las teclas correspondientes.

Por unos segundos me asalto la duda. Mi madre me había enseñado a tocar cuando era pequeño-no era bueno pero me defendía- sin embargo…hace mucho tiempo que no tocaba este instrumento, a decir verdad, desde que "eso" había pasado no me había vuelto a acercar a uno. Además, siempre haba preferido el violín…pero…

Me mordí el labio. Tratando de tomar una decisión…

-al diablo- espete con altivez comenzando a tocar, ignorando mis crecientes dudas (N/A: les recomiendo escucharla, será importante para el próximo capítulo.= watch?v=Gp8B_2VqohE)

Apenas comencé a tocar no pude detenerme. Parecía que conocía la melodía desde siempre, aunque eso sí, cometí unos cuantos errores, y también tuve que detenerme varias veces para hacer modificaciones en la partitura. Una vez corregidos los errores toque la melodía desde el principio tratando de no detenerme más, concentrándome en la melodía, analizándola.

Al final, termine con los dedos agarrotados por la falta de práctica, pero completamente satisfecho con mi creación, aunque…sentía que le faltaba algo.

-¿pero qué?-me pregunte con el ceño fruncido.

Enojado por no saber la respuesta a mi pregunta me estire, haciendo tronar mi columna. Estar tanto tiempo sentado me había cobrado factura. Sin poder evitarlo se me escapo un gemido de satisfacción.

Aun estirándome me di cuenta de la presencia de alguien en la puerta. Alarmado fije mi atención en ese punto, girando bruscamente mi cuerpo.

-Sebastian- exclame sorprendido

Mi demonio se encontraba estático en la puerta con los ojos ocultos entre la sombra de su cabello. La tenue luz apenas y le iluminaba un poco el rostro, revelando la línea que formaban sus labios. Su presencia era…atemorizante, me provocaba escalofríos.

-Peligro- susurro una vocecita en mi cabeza, provocando que todo mi cuerpo se tensara.

Tragando saliva me arme de valor para hablar.

-¿Sebastian?- pregunte procurando hacerlo sin titubeos que delataran mi nerviosismo.

La figura frente a mi dio un respingo

-Bocchan, la cena está lista, por favor sígame-musito con voz de ultratumba dándose la vuelta y saliendo como si nada hubiera pasado. Por unos segundos me quede estático, tratando de encontrarle sentido a lo sucedido, con el enojo creciendo dentro de mí.

-Arg! Sebastian!- grite furioso en cuanto me recupere de la impresión.

Corriendo, salí de la habitación, dispuesto a detenerlo para exigirle me digiera de una buena vez que rayos le pasaba. Ya me había hartado de su maldita actitud.

-maldito demonio!-sisee casi escupiendo veneno al tiempo que, corriendo, cruzaba el umbral, un grave error, pues apenas doble la esquina del este me di de bruces contra alguien, haciendo que ambos cayéramos al suelo de sentón.

-Maylene!-exclame enojado y sobándome con las manos la espalda baja.

-Se…señorito!-dijo a su vez la pelirroja-lo...lo... la...lamento…

Sin humor para soportar sus tartamudeos me levante y le tendí una mano. Temblando la tomo y se levantó.

-gracias-grazno más calmada y sonriéndome

-ten más cuidado la próxima vez- ordene dándome la vuelta y retomando presuroso mi camino sin esperar su respuesta.

Baje rápido pero con cuidado las escaleras. Una vez abajo me dirigí al comedor seguro de que Sebastian estaba ahí.

Con fuerza abrí la puerta y entre. Cuál fue mi sorpresa al notar la ausencia de mi demonio en el lugar. Echando un vistazo rápido me di cuenta de que la comida ya estaba servida y humeando en la mesa.

Apretando los dientes, pase de largo y entre a la cocina dando un portazo.

-ah!-grito Bard desde su asiento en una esquina-joven amo! Me ha asustado!

-Bard!, donde diablos esta Sebastian!?-grite fúrico al notar que Sebastian no estaba aquí tampoco.

-no…no lo sé- respondió encogiéndose con miedo- no lo eh visto desde hace un rato.

Sentí que la cabeza iba a explotarme de coraje.

-joven amo!- dijo una voz alegre detrás de mí.

Dándome vuelta me encontré con Finny, que sostenía entre sus manos un gorrión.

-¿Qué quieres?-gruñí

Su rostro se contrajo en una mueca de tristeza y temor. Si quería que me contestara y no comenzara a llorar tenía que ser más "amable". Rodando los ojos trate de nuevo:

-que sucede Finny?-pregunte más calmado tratando de no matarlo con la mirada

Su sonrisa regreso.

-escuche que pregunto por Sebastian!-canturreo-pero…él no está en la casa

Abrí los ojos como platos sin saber que decir.

-¿Cómo que no está?-inquirió Bard desde su lugar.

-lo vi salir hace un momento. Dijo que tenía que hacer algo y volvería en unas horas-respondió pensativo

-gracias Finny-murmure apretando los puños-gracias Bard. Sigan con lo que estaban haciendo. Que nadie me moleste en lo que queda de la noche-pedí

Molesto e intrigado y haciendo oídos sordos a las respuestas de mis sirvientes salí de la cocina y me dirigí a sentar a al a mesa.

Con un nudo en la garganta-mescla de enojo y de tristeza-comencé a comer.

¿A dónde diablos fuiste Sebastian…?

Con ganas de llorar me levante de la mesa y corrí a mi habitación, dejando más de la mitad de la comida intacta. Se me había quitado el apetito.

Una vez dentro fui al baño y me moje la cara, tratando de ignorar mi mueca-demasiado notoria-de abatimiento.

Inhalando aire comencé a desvestirme, para después ponerme mi camisón para dormir.

No sabía a qué hora volvería Sebastian, aunque, siendo un demonio, no me sorprendería que no llegara en toda la noche, después de todo, y dejando el contrato y mi alma de lado, él no tenía nada por lo que regresar.

Podrías llamarlo con el contrato-sugirió una voz en mi cabeza

No era mala idea, si decía su nombre pidiendo su presencia como una orden, él tenía que venir aunque no quisiera…

-no…-balbucee bajito- ahora no…quizás está ocupado o…

¿A quién quería engañar? ¿Qué podía estar haciendo Sebastian que le llevara tanto tiempo fuera?

Quizás esta con alguien…

Mis puños se cerraron con fuerza. Apesadumbrado me metí a la cama y me tape hasta el pecho, tratando de contener mis ganas de llorar. Con las manos temblorosas me quite el parche y lo deje sobre la cómoda a mi lado. Puse mi mano derecha sobre el ojo con el contrato mientras me mordía el labio inferior.

-mañana será otro día…-susurre haciéndome un ovillo y cerrando los ojos.

Con el corazón dolido me quede dormido después de unos minutos…

(N/A: yeah! Viene lo bueno :3 muajajaja)

Poco a poco mi cuerpo fue despertando, estire mis extremidades hasta hacerlas tronar al tiempo que movía mi cabeza en contra de la almohada repetidas veces sintiendo una agradable sensación en esa zona. Con una mano en puño me talle un ojo y di un bostezo. Mire la hora: 10:49am.

Primera vez que duermo tanto…

Extrañado me levante de la cama y entre al baño. Con parsimonia me lave la cara y los dientes. Una vez hecho eso salí de la habitación, descalzo y vestido únicamente con el camisón, que me llegaba un poco más debajo de los muslos.

Camine por el pasillo atento a cualquier ruido o voz. Sin ganas de usar el parche ahora, con mis manos me acomode el cabello para que tapara mi ojo derecho.

Baje las escaleras y entre al salón principal, encontrándolo vacío. Frunciendo el ceño me adentre en el comedor.

-¿dónde rayos están todos?-me pregunte molesto

…¿Y Sebastian? ¿Por qué no me levanto? ¿No ha llegado?

Antes de siquiera poder darle más vueltas a las preguntas elaboradas en mi cabeza un olor a galletas me saco de mis cavilaciones. Mi estómago rugió en protesta.

Seguro de que el aroma venia de la cocina me adentre con prisa en ella quedando pasmado al ver quien estaba dentro de espaldas a mí, con su traje negro impecable que resaltaba su figura larga y de apariencia fuerte a pesar de no ser corpulento, y su peculiar cabello despeinado, sosteniendo una charola plateada llena de humeantes galletas

-Sebastian!-exclame extrañado.

-bocchan-murmuro dándose la vuelta con los ojos ligeramente más abiertos de lo normal-buenos días

Dejando la charola en la mesa me dedico una sonrisa haciendo mi corazón hincharse. Cuando me dio la espalda para poner la tetera el fuego le devolví la sonrisa.

Hoy había algo diferente entre nosotros. La tención de los últimos días no estaba presente. Di un suspiro de alivio.

-¿le llevo el desayuno al comedor?-pregunto mi mayordomo sacándome de mis cavilaciones

-he…no, quiero desayunar aquí-respondí

-como guste bocchan- murmuro levantando una ceja-en ese caso siéntese a la mesa-dijo haciendo un ademan con la mano hacia una de las sillas.

Extrañado por su actitud me senté en el lugar indicado con algo de desconfianza.

-en el desayuno de hoy tenemos té de Ceylon, ensalada de menta y salmón furtivo, y tostadas-dijo al tiempo que colocaba todo lo mencionado frente a mí.

-¿dónde están todos lo demás?-pregunte dándole un sorbo a mi té.

-están dormidos bocchan. Debido a que es un día tranquilo decidí darles y darme un día de descanso-respondió pasando las galletas a un plato grande y dejando la charola al lado del lavamanos.

-¿ya terminaste?-inquirí dándole una mordida a mi tostada

Colocando sus dedos índice y pulgar en la barbilla medito unos segundos

-por ahora si

-siéntate-le indique

-no creo que sea apropiado que un sirviente se siente a la mesa con su amo-replico burlonamente

Sonreí para mis adentros. Ese era mi Sebastian.

-Tampoco es correcto que el amo se siente y coma en la cocina.

Sonriendo maliciosamente tomo lugar a mi lado

-¿qué ha pasado hoy?-pregunte al hombre a mi lado, que por hoy, me sonreía abiertamente.

El desayuno paso de forma agradable con Sebastian dándome los pormenores del día. Después de terminar mi desayuno le agradecí a Sebastian, dándole, por primera vez, un alago abiertamente

-te quedo muy bien el desayuno Sebastian, me gusto-comente levantándome de la mesa

-gracias bocchan-exclamo felizmente retirando los platos y poniéndolos en el lavamanos-ya es la 1pm, es hora de su baño

¿Porque los mejores momentos pasan tan rápidamente?

-De acuerdo-murmure empezando a caminar hacia la puerta

-bocchan, si camina descalzo se enfermara-observo mi mayordomo con deje de reprobación

-tranquilo, no me pasara na…waa!- exclame al sentirme siendo levantado del suelo-Sebastian!

Mi demonio me había levantado y sentado sobre uno de sus brazos con un movimiento veloz en una posición en la que me veía obligado a pasar con un brazo por cuello

-no hay porque arriesgarse-se limitó a decir sonriendo de lado

Sonrojado hasta la medula desvié la mirada

Al llegar a mi habitación Sebastian me dejo sentado en la cama, mientras preparaba la bañera. Aproveche ese tiempo para reflexionar un poco lo sucedido

¿Porque ese cambio tan de repente? Hacía mucho tiempo que había dejado de tratarme de ese modo. Es más, el jamás se había comportado hasta ese grado conmigo.

Será que…? No, definitivamente no. No porque me haiga tratado así hoy significa que me…quiere…quizás solo lo hace porque… ¿¡porque que!?

¿Y si lo hace solo por cortesía, o porque quiere algo? ¿Pero qué?

Apretando los puños mi cabeza comenzó a calentarse

¿Y si…solo es un juego? Además, ¿ayer donde había estado?

Me mordí los labios, con un dolor creciendo en mi pecho.

-Bocchan, está listo el baño-interrumpió mi mayordomo saliendo por la puerta frente a mi sin el saco y con las mangas recogidas.

Apretando los dientes me levante y camine con la mirada por lo bajo hacia él, quien de inmediato me cedió el paso al cuarto de baño. Una vez ahí me adelante a quitarme la bata y a meterme en la bañera, sin levantar la mirada.

-¿le pasa algo joven amo?-pregunto con preocupación el demonio tomando la esponja y el jabón

Armándome de valor levante la mirada, encarándolo.

-¿Sebastian, ayer donde estuviste?-masculle seriamente-¿Por qué saliste?

Pasaron unos segundos en silencio. Solo se escuchaba la esponja al rozar mi piel.

-Necesitaba resolver unos asuntos-farfullo igual de serio mi demonio

-¿unos asuntos?-repetí quedamente

-si, asuntos referentes al concurso de hoy. Fui a "reconocer el terreno"

Apretando la mandíbula decidí pasar a la siguiente pregunta. Prefería esperar a escuchar "su versión de los hechos" primero antes de ordenarle que me digiera la verdad

-Sebastian…has estado actuando extraño estos últimos días-comente levantándome de la bañera pues ya estaba totalmente limpio. De inmediato Sebastian me puso la bata y seco mi cabello con una toalla pequeña. Una vez que termino me guio de vuelta a mi habitación, en donde ya me esperaba en la cama mi conjunto del día de hoy.

-¿No dirás nada?-pregunte con enojo

-¿qué debería de decir Bocchan?-respondió secamente mi mayordomo comenzando a vestirme más rápido de lo normal

Esto estaba colmándome la paciencia. Ya era hora.

-¿por qué saliste ayer?-exigí saber de nueva cuenta, pero esta vez sin ganas de

-ya se lo dije joven amo-contesto poniéndome los zapatos con los ojos fijos en ellos.

-no te creo-replique-es una orden, ¡respóndeme con la verdad!

Mi mayordomo comenzó a ponerme los zapatos con la cabeza gacha y con sus hermosos ojos siendo tapados por sus azabaches cabellos.

-ayer solo salí a caminar…bocchan, incluso los demonios necesitan un tiempo de descanso-murmuro por lo bajo

¿Descanso?

-¿…se relaciona con tu comportamiento de los últimos días?-pregunte en susurro

-¿mi comportamiento? Exclamo levantando la cara con gesto de sorpresa

-si…te has estado comportando extraño…-comente desviando la mirada a la cómoda a mi lado-te he notado enojado…enojado conmigo

Mi mayordomo me miraba como si estuviera hablando en un idioma completamente desconocido para el.

Quizás no es lo que creía…

De un momento a otro, rápidamente sus facciones se volvieron serias. Me miraba fijamente a los ojos, como buscando algo en ellos.

-Sebastian...-solté en un suspiro- ¿es por mi? ¿te molesto? ¿Te enoja mi presencia? –pregunte bajito

Tal como lo esperaba no dijo nada y continuo con lo suyo.

-¡DIMELO!-grite perdiendo el control

-SI!-grito a su vez Sebastian levantándose del suelo, asustándome- ME MOLESTA TU SOLA PRESENCIA A MI LADO! ¿ESO ES LO QUE QUERIAS SABER?-continuo con las pupilas hechas una línea delgada y los colmillos asomándose amenazantes. ¿A dónde se había ido ese momento tan agradable en la cocina?

La adrenalina comenzó a aglomerarse en mi cuerpo, calentándome la cabeza, estándome a no hacer lo que el sentido común me gritaba que hiciera: huir. Pero no, no huiría. En su lugar, y sin pensarlo, mi mano viajo con fuerza de su lugar a mí costado, a la cara de mi demonio, estampándose con fuerza en su mejilla, haciéndolo voltear la cara.

-¡Lárgate de aquí! ¡AHORA!-ordene iracundo y al borde de las lágrimas.

Sin decir nada más y ocultándome su rostro, Sebastian salió de la habitación con movimientos rápidos, demasiado rápidos como para ser ejecutados por un humano.

Una vez que la puerta se cerró me levante de la cama, tomando mi parche (que se encontraba en la cómoda) y me pare frente al espejo de cuerpo entero. Mi atuendo consistía en lo ya usual: unos pantaloncillos azul fuerte poco más arriba de la rodilla, saco del mismo color, camisa blanca, corbatín de un tono más obscuro que el pantalón y el saco, medias altas negras y botas azules de suela y tacón obscuro.

Dándole el visto bueno a mi vestimenta, me puse el parche. Una vez puesto lo acaricie suavemente, casi sin tocarlo, mientras las lágrimas amargas comenzaban a escapar de mis ojos y mi cuerpo comenzaba a temblar. De un momento a otro rompí en sollozos que con una mano en mi boca trate de ahogar sin mucho éxito. Con lentitud me senté nuevamente en la cama, recargando mis codos en mis piernas, ocultando mi cara entre mis manos y apretando con fuerza los dientes.

No te quiebres Ciel-susurraba una voz en mi cabeza pero por más que intentaba calmarme no lo lograba. Las lágrimas simplemente no dejaban de salir de mis ojos

No estaba seguro de cuánto tiempo había permanecido encorvado pero la espalda comenzó a dolerme de forma muy molesta. Con lentitud enderece un poco la espalda. El nudo en mi pecho no se deshacía.

Unos toques en la puerta me alertaron. Con rapidez me limpie, con la manga del saco, los rastros de lágrimas en mis ojos, tratando a la vez de normalizar mi respiración.

-que sucede?-pregunte con voz seca y pastosa.

-jo…joven amo-tartamudeo la voz de Maylene al otro lado de la puerta-Se…Sebastian-san me pidió que le digiera que en 10 minutos partirán hacia el teatro

-…de acuerdo. Ya puedes retirarte-dije a modo de respuesta

-si…jo…joven amo

Cuando los pasos de Maylene al alejase dejaron de oírse, me levante de la cama y me dirigí al piano, de donde tome mi libro. Con lentitud y pesadez salí de la habitación, con temor de encontrarme cara a cara a Sebastian. No quería que me viera de esta forma tan patética. Okey, me había roto el corazón con sus palabras pero no por eso le daría el gusto de verme de este modo tan patético. Tomando una bocanada de aire levante el rostro poniendo la expresión más seria que podía crear, con no muy buen resultado. Los años de práctica para controlar mis expresiones ante los demás pareciera que se habían ido al desagüe.

Soltando un suspiro, baje las escaleras y salí de la casa, adentrándome en la carrosa que ya me esperaba afuera con Tanaka como conductor. Ignorando a Sebastian, que mantenía la puerta abierta para mí, subí y tome lugar, mirando a través de la ventana a mi lado. Un ligero movimiento de la carrosa me indico que mi mayordomo ya estaba dentro.

-Suerte joven amo!-gritaron Maylene, Finny y Bard desde la puerta de la casa. Con una mano me despedí de ellos

-Adelante Tanaka-dije con voz autoritaria, dando a entender que me bastaba de respuesta la acción.

De inmediato la carrosa comenzó a moverse.

-bocchan-llamo mi mayordomo desde su lugar enfrente de mí

-ahora no estoy de humor para hablar contigo Sebastian-farfulle apretando los puños, sin despegar la vista del paisaje.

Sin recibir replica de parte de mi demonio, y dejando de lado el ruido de la calle y los "jo jo jo" de Tanaka, todo quede en un gran e incómodo silencio.

FIN DEL CAPITULO 5