Ella se levanto vacilante, medio desnuda y se acercó a él sosteniendo un gran trozo de sus ropajes como si se tratase del arma más mortal de Poniente. Mi chico la había sentido, con los sentidos exacerbados y fingió estar dormido.

Le puso el inmundo trapo alrededor del cuello y apretó, con todo lo que sus débiles fuerzas le permitían .Pero de repente el gigante se levanto y la chica, mucho más baja que él, perdió el equilibrio y se golpeo contra el suelo, mientras le lanzaba miradas furiosas a su oponente. No pudo levantarse de ahí pues el Perro le sostuvo los brazos y le azoto la cabeza contra el suelo.

Al primer golpe, la sangre ya manaba incesante de la parte posterior de su cabeza. Ese parecía ser el final de la chica aunque yo estaba seguro que no se iba a rendir fácilmente. La locura le daba vigor a sus actos y por ello comenzó a rasguñarlo con largas uñas, más blandas que la polla del Maestre Pycelle.

Yo estaba excitadísimo y orgulloso de mis mascotas.

Y de repente los golpes de él cesaron. Contemple anonadado como se desnudaba de un manotón. Y como levantaba a la chica medio inconsciente del cuello. Y como empezaba a morderla salvajemente. Y como ella le respondía arañándole el cuello.

Y como ambos gemían de placer.