CAPITULO 3: ADVERTENCIAS

Cuatro caballos y sus jinetes corrían a toda velocidad cuando el fuerte estremecimiento de la tierra cruzó el bosque, tiró algunos árboles y llegó hasta donde Anna y los otros estaban cabalgando.

-Woa, ¿qué fue eso?- dijo Anna.

Detrás de ella estaban Kristoff, Eugene y Georg. Los cuatro detuvieron sus caballos al sentir la vibración de la tierra y se miraron entre sí.

-¿Un terremoto?- dijo Eugene, mirando los árboles agitándose rítmicamente de un lado a otro- es imposible-

-Leo puede provocar algo como un terremoto- dijo Anna, pensativa- recuerda que Leo puede mover cosas con la mente, y causar explosiones-

-Hans dijo que la vio hacerlo una vez, rompió una pared de piedra con sus poderes- la apoyó Kristoff- debe ser ella…¡vamos! Puede estar en problemas para que haya tenido que usar sus poderes así…-

Todos, sobre todo Georg, tenían una mirada de preocupación. Los cuatro volvieron a ponerse en camino, cabalgando lo más rápido posible. Ya había amanecido, y el sol golpeaba sus rostros desde la derecha, colándose entre los árboles, mientras avanzaban. No pasó mucho tiempo cuando pasaron junto a las ruinas humeantes de una cabaña.

-¡Miren eso!- exclamó Kristoff, que fue el primero en verlo, ya que su caballo corría más rápido en ese tipo de terreno que los caballos-¡por ahí!-

-¡Leo!- exclamó Anna, deteniéndose bajándose precipitadamente del caballo para correr en esa dirección.

-¡Anna, espera!- gritó Kristoff, bajando de su caballo también y corriendo detrás de ella. Georg hizo lo mismo. Eugene se bajó con un poco más de calma y tomó las riendas de todos los caballos, para atarlas en un árbol cercano y que no escaparan. Una vez que hubo hecho eso, se apresuró a alcanzar a los otros.

Corrieron entre los escombros, y encontraron a Leo y a Edvard inconscientes en el suelo, en el centro relativamente intacto de la cabaña. Edvard tenía muy mal aspecto: estaba tumbado boca arriba, respiraba con mucha dificultad, con partes de la ropa chamuscada, varias quemaduras bien delimitadas por todo el cuerpo y su espada descansaba junto a él, intacta en el suelo. Leo estaba frente a él, boca abajo, con la mano derecha estirada tocando la mano del guardia, y con una horrible quemadura irregular en el dorso de su mano izquierda. Fuera de eso, parecía no haber sufrido ningún daño.

Ana se puso de rodillas en el suelo, y con cuidado volteó a Leo para examinarla. Hizo descansar la cabeza de la reina en su regazo.

-No responde…- dijo Anna, mirando a Kristoff angustiada.

Kristoff se puso de rodillas también junto a ella, abrió la cantimplora que traía con él en su cinturón, y vertió agua fría sobre la quemadura en la mano de la reina.

-¿Kristoff?- dijo Anna, interrogante.

-Esto le ayudará. No te preocupes, Anna, fuera de su mano, parece solo esta agotada- dijo Kristoff en voz baja, cerrando la cantimplora y pasándola a manos de Georg, quien estaba de rodillas con Eugene examinando al guardia.

Unos segundos después de que Kristoff mojó su mano, Leo apretó los ojos y dejó escapar una leve exclamación de dolor. Abrió los ojos, parpadeó un par de veces y miró confundida a su alrededor.

-¿Leo? ¿Me escuchas? Soy Anna- dijo la princesa de Arendelle, aliviada de verla despierta- calma, estás a salvo…-

-¿Qué paso?- dijo ella en voz baja y cansada, como si tratara de entender porqué estaban Anna y Kristoff con ella, y porqué su cuerpo dolía tanto. Hizo otra mueca de dolor- Anna, ¿que hacen ustedes aquí?-

-Eso queremos preguntarle, su majestad- intervino el príncipe Georg, dejando el lado de Edvard para acercarse a la reina- supimos que usted escapó del palacio y vino aquí, y la encontramos en estas condiciones. Acabamos de sentir un fuerte temblor cuando veníamos para acá, y esta que era una cabaña esta destruida…-

Leo abrió los ojos, alarmada. Recordó lo que había pasado: Los dos príncipes, presionándola para soltar sus poderes, dijeron algo de usar su información para ir a Arendelle, y después torturaron a…

-Edvard… Edvard está…- comenzó Leo, mirando preocupada a su alrededor.

-Está vivo, por ahora, está muy lastimado, y agotado- le dijo Georg para tranquilizarla- esas quemaduras que tiene no parecen de fuego como la suya, majestad. ¿Qué fue lo que le pasó?-

-Dos hombres… nos atacaron…- dijo Leo. Mientras hablaba, los escombros y trozos de madera alrededor de ellos comenzaron a flotar y dar vueltas alrededor de ellos. Anna le puso una mano en el hombro, algo alarmada de que Leo no estuviera controlando sus poderes.

-Shhh… calma, Leo, está todo bien- dijo Anna, reconociendo esto como cuando la reina se altera y no controla sus poderes por completo- ya están a salvo… no hagas volar las cosas-

Pero Leo no contestó. Había vuelto a perder la conciencia. Sin embargo, los objetos a su alrededor seguían flotando.

-¿Qué está pasando?- dijo Anna- ella no usa sus poderes si no está consciente…-

-Pero si no es ella la que los está haciendo flotar…- comenzó Kristoff.

-No es la reina quien está causando este fenómeno, es él- dijo Eugene, señalando a Edvard. El guardia estaba aún tumbado en el suelo, pero con los ojos abiertos en una expresión alarmada- parece que Edvard tiene los poderes de Leo-

Anna miró preocupada a Leo, y después a Edvard. Kristoff se encogió de hombros y Georg sacudió la cabeza con algo de pena. Eugene puso su mano sobre el hombro de Edvard.

-No te alteres, Edvard- dijo Eugene en voz baja al guardia, quien lo miraba con la misma expresión de preocupación- tienes que tratar de descansar… Leo está bien, está a salvo-

Edvard respiró profundamente, con tranquilidad, y cerró los ojos. Los objetos y escombros que flotaban cayeron pesadamente.

-Oh, Dios- dijo Anna- esto no está bien. ¿Cómo vamos a arreglar esto?-

x-x-x

Elsa y Hans llegaron pronto a Arendelle, ya que tuvieron durante todo el viaje el viento a favor. Después de descansar un poco, y claro con la compañía de Hans, la reina de las nieves ya se sentía mejor del mareo.

-Es la última vez que como tantos chocolates en una sola noche- dijo Elsa, apenada, y miró a Hans de manera acusadora y juguetona- se suponía que tenías que cuidarme, no debiste dejar que me pasara con los chocolates…-

Hans se echó a reír.

-En mi defensa, te veías demasiado hermosa como para poder decirte que no- dijo Hans- así que técnicamente fue tu culpa… o de tu vestido, aún no lo sé. Seguro lo hiciste a propósito para que quedara indefenso ante ti-

Elsa sonrió y tomó el brazo de Hans para desembarcar.

-Su majestad- dijo el guardia que los recibió, inclinándose- su alteza… trajimos su caballo-

El rostro de Elsa mostró una expresión de desesperación.

-Oh, veo que trajeron a Sitron…- comentó Elsa un poco dudosa. Hans sonrió y la abrazó.

-Tranquila, Sitron es bueno- dijo Hans- es solo que, igual que como Anna tuvo dificultad para aceptarme después de lo que pasó, Sitron está un poco resentido…-

Elsa lo miró, dudosa, y suspiró. Acercó su mano despacio al hocico del caballo, que relinchó y dio un paso hacia atrás.

-No, Hans, es inútil- dijo Elsa, rindiéndose- tu caballo no me quiere…-

Hans sonrió otra vez y la besó en la frente.

-No digas eso, Elsa- dijo Hans, separándose un segundo de Elsa y acariciando a su caballo. Pasó su mano sobre el hocico del caballo, y sonrió. Tomó la mano de Elsa y la puso debajo de la suya, haciendo que acariciara al caballo, quien agachó la cabeza feliz- ¿ves?-

Elsa confiaba en Hans, pero estaba algo preocupada de que Sitron decidiera en algún punto arrancarle la mano de una mordida. No lo hizo, y la joven reina se relajó.

-Buen chico, Sitron- susurró Elsa, y el caballo continuó sin inmutarse.

-¿Ves? No era tan dificil- dijo Hans, montando a Sitron y ofreciéndole la mano para ayudarla a subir detrás de él. Elsa la aceptó y subió.

Elsa se aferró de la cintura de Hans mientras cabalgaba. El joven príncipe no tenía ninguna prisa de llegar al palacio. Además, amaba la sensación de que Elsa estuviera tan cerca de él. Sonrió.

Hans y Elsa estaban tumbados boca arriba en la cama de ella. Desde que Hans la había rescatado de Weselton y de sus hombres, Elsa había encontrado tranquilidad descansando entre los brazos del príncipe de las Islas del Sur, mientras que a él no le molestaba para nada dormir junto a esa hermosa mujer.

-Pues tienes razón, Elsa- dijo Hans con una sonrisa traviesa- es muy inapropiado que la reina de Arendelle permita que un apuesto príncipe comparta su cama todas las noches-

Elsa sonrió.

-Pero tengo una idea- dijo Elsa. Hans se incorporó sobre la cama, para quedar sentado junto a ella, con una mirada interrogante.

-¿En serio?- dijo Hans, sonriendo y acariciando los desordenados cabellos rubios de la reina, que aún así la hacían verse hermosísima- ¿y que idea es esa?-

Elsa se incorporó también, quedando frente a él, y tomó sus manos. Hans sintió sobre sus cálidas manos las frías manos de la reina, y notó un leve temblor en la punta de sus dedos, así como un poco de fina escarcha. Hans sonrió de manera tranquilizadora y besó las manos de la reina.

-Tranquila, Elsa- dijo Hans- puedes decirme lo que quieras…-

Elsa respiró hondo y sonrió.

-Quisiera… quiero que te cases conmigo, Hans- dijo Elsa, simplemente. Hans la miró, abriendo los ojos desmesuradamente, seguro de haber escuchado mal.

-¿Qué… qué has dicho?- dijo Hans. Ahora eran las manos de él las que temblaban debajo de las de Elsa- ¿me has pedido que me case contigo?- y sonrió. Sonrió aunque aún no podía creer lo que estaba pasando.

-Bueno, tenía que hacerlo yo- dijo Elsa, bajando su mirada hacia sus manos- según las leyes de Arendelle nadie le puede pedir matrimonio al soberano gobernante, tiene que ser al revés, y creí que…-

Hans, que no cabía en sí de felicidad, la interrumpió colocando sus labios sobre los de ella. Se besaron con tanta felicidad y pasión que solo separaron sus labios para tomar aire.

-Sí- dijo Hans, jadeante- claro que sí quiero casarme contigo, Elsa. No deseo nada más que pasar el resto de mi vida a tu lado y hacerte la mujer más feliz de la tierra-

Elsa sonrió al recordar aquello. Ya casi llegaban al palacio. Apoyó tiernamente su cabeza sobre la espalda de Hans, y éste sonrió. Todo era perfecto.

x-x-x

Llegaron a los establos del palacio de Arendelle, y por primera vez en la vida, Sitron no intentó hacer caer a Elsa. La joven reina notó eso, y al bajar se dio la vuelta y fue a acariciar el hocico del caballo.

-Eres un buen chico, Sitron- dijo Elsa, y depositó un beso entre los ojos del caballo, quien relinchó de contento. Elsa y Hans sonrieron.

Kai se presentó ante Elsa tan pronto como llegaron a la entrada del palacio de Arendelle.

-Bienvenida de regreso a casa, su majestad- dijo Kai, inclinándose- no hubo ninguna novedad en Arendelle durante su ausencia. Espero que no se haya perdido la diversión por estar preocupada-

-Para nada, Kai- dijo Elsa, volviéndose a mirar a Hans con una sonrisa- nos divertimos mucho, ¿verdad?-

Hans sonrió un poco triste. Tal vez para los estándares de Elsa, "mucha diversión" era bailar un poco y comer chocolate. Corrección: mucho chocolate. Poco a poco iba a enseñarle un poco más de diversión a esa chica tan seria. En fin, Elsa volvía a ser la responsable del reino, y Hans la acompañó a su estudio para ayudarla.

Gerda les llevó té y galletitas, y cuando Kai se inclinó para retirarse, Elsa lo detuvo.

-Kai, ¿puedo hacerle una pregunta?- dijo Elsa.

-Por supuesto, su majestad- dijo el mayordomo.

-Es… sobre mi padre y su familia- dijo Elsa, algo dudosa. Kai pareció entender.

-Ya veo- dijo el mayordomo y acercó una silla, para sentarse cerca de la reina.

Hans, por su parte, miró lo que estaba ocurriendo y pensó que sería prudente retirarse. Sin decir nada, besó a Elsa en la frente y salió del estudio. Una vez que se quedaron solos, Kai preguntó- ¿de qué se trata?-

-Cuando estuve en Oeste, Leo me contó que encontró algo en un libro- dijo Elsa- sobre el rey de Troms, que al parecer es hermano de mi padre y del de Leo…-

Kai se quedó pensativo unos minutos. Se levantó de su asiento y caminó a donde se encontraba el retrato del difunto rey de Arendelle, con su corona, su orbe y su cetro. Kai levantó el cuadro con ambas manos y lo retiró de la pared. Elsa se puso de pie, dejando escapar una exclamación de asombro.

Detrás de ese retrato, que nunca se había movido de ese sitio, estaba una pequeña puerta de madera en la pared. Kai la abrió con cuidado y sacó una carta y un pequeño libro.

-Su padre, el rey, me dijo que guardara esta carta y este libro desde que usted tenía ocho años, majestad- dijo Kai- el día que decidió mantener el secreto de sus poderes. Me hizo jurar que, si algo le pasaba a él, yo nunca se los mostraría a usted, a menos de que usted preguntara directamente sobre el reino de Troms o si lo consideraba importante-

Elsa tomó el libro y la carta. Abrió la primera con las manos temblorosas.

Querida Elsa:

Si estás leyendo esta carta, quiere decir que ya no estoy, y que de alguna manera te has enterado de la existencia del reino de Troms. En esta carta te explicaré porqué se te ocultó ese conocimiento, y porqué es importante que lo entiendas.

Debes saber que tomé la decisión de no decirte nada de eso el día de hoy. Acabamos de volver de visitar a los trolls, como seguramente recordarás, aunque hayan pasado muchos años. Hoy te dije que debías mantener tus poderes ocultos de todos, incluyendo a tu hermana. Esto no fue solo para protegerla a ella, sino para protegerte a ti del exterior. Ahora te lo explico.

Tengo dos hermanos mayores. Mi hermano mayor es el rey de Troms, un país muy lejano a Arendelle, en el límite norte del continente. Tiene dos hijos gemelos y, por lo que sé, ambos nacieron con poderes parecidos a los tuyos. Mi hermano mayor propuso que si alguno de nosotros, sus hermanos, teníamos algún hijo que naciera con poderes también, debíamos formar una alianza para utilizar esos poderes y adueñarnos de todos los reinos del continente.

Mi segundo hermano es el rey de Oeste. Quizá para este momento ya lo conoce. Su hija mayor, Leo, nació con un don parecido al tuyo. Pero mi segundo hermano y yo decidimos mantener en secreto tu poder y el de Leo, para evitar que fueran utilizadas en una guerra para los planes malvados del rey de Troms.

Espero haber tomado la decisión correcta para ti, querida hija. Tus poderes me asustan. No porque me puedas lastimar con ellos, sino porque creo que te están impidiendo ser tú misma y no tener miedo. Espero que, para cuando estés leyendo esto, haya podido ayudarte a controlarlos y que te sirvan, y que no les temas. Tu poder, como dijo el rey de los trolls, es hermoso.

Finalmente, como sé que si lees esto es porque yo estaré muerto, quiero decirte que te amo muchísimo, y que todo lo que he hecho, acertado o equivocado, ha sido por el amor que te tengo. Te conozco y estoy seguro de que, si estuviera vivo, estaría muy orgulloso de ti, como lo estoy ahora.

Tu padre.

Rey de Arendelle.

Elsa bajó la carta y se dio cuenta que sus ojos estaban humedecidos. Kai se acercó a ella y la abrazó.

-Su padre la amaba mucho, su majestad- dijo Kai- y todas sus acciones fueron por amor hacia usted y su hermana-

-Lo sé- dijo Elsa en un susurro- gracias Kai-

x-x-x

Hans decidió dar un paseo por el palacio mientras daba tiempo a Elsa de charlar con Kai. Estaba enterado de la historia de como Elsa y Anna perdieron a sus padres en el mar, y sabía que, a pesar de haber pasado hacía cuatro años, aún era un tema sensible, sobre todo para Elsa. Una vez, Elsa le había confesado que solo se arrepentía en su vida de haber dejado que Anna sepultara sola a sus padres.

Hans suspiró. A pesar de haber tenido trece hijos, su padre los conocía y amaba a cada uno de ellos de manera especial, aunque Hans nunca había apreciado eso. Siempre se había sentido amargado por estar tan lejos del trono de su padre que nunca apreció la suerte que tenía de tenerlo. El hecho de que estuviera con Elsa se lo debía a su padre. Él había entendido sus sentimientos hacia la hermosa reina, y había hecho un plan para que Hans los descubriera por si mismo. Suspiró.

-¿Su alteza está bien?- escuchó una voz. Hans se volvió y miró a la ayudante principal de Elsa.

-Todo está bien, Gerda, gracias- dijo Hans. Gerda sonrió.

-¿Sabe algo, su alteza?- dijo Gerda- tenía mucho tiempo que no veía a su majestad tan feliz que como cuando la veo con usted-

Hans sonrió.

-Se lo agradezco mucho- dijo el príncipe. Aquello significaba mucho viniendo de Gerda, ya que ella amaba a Elsa como si fuera su propia hija.

x-x-x

Anna y los demás habían ayudado a llevar a Leo y a Edvard de regreso al palacio. La princesa de Arendelle estaba preocupada por lo que acababa de ocurrir. No sabía porqué el hecho de que alguien tan poderosa como Leo hubiera terminado en esa situación.

Rapunzel los recibió, alarmada, cuando llegaron al castillo. Tampoco ella podía creer lo que acababa de presenciar. Aunque ya no poseía sus poderes de curación, acompañó a Eugene y a los otros mientras se hacían cargo de Leo y de Edvard para ayudarlos. Georg mandó llamar al médico del palacio para que los examinara. Anna y Kristoff se fueron a descansar.

-¿Y bien?- preguntó Rapunzel angustiada, mientras observaba al médico vendar la mano de la joven reina- ¿van a estar bien?-

-Su majestad estará bien, es solo una quemadura, aunque muy profunda- dijo el médico- con este vendaje y las hiervas que le coloqué, la herida habrá sanado por completo en un par de semanas-

Rapunzel tragó saliva. Estaba aliviada de saber que Leo iba a estar bien, pero algo en el tono del médico le decía que Edvard no correría la misma suerte.

-Pero, ¿y él…?- comenzó a preguntar Rapunzel, pero Eugene la interrumpió, adivinando cual sería la respuesta del médico. Bastaba solo con ver el estado en el que estaba Edvard. No quería alarmar más a su esposa.

-Ven, preciosa, vamos a descansar- dijo Eugene, pasando su brazo por la espalda de Rapunzel- dejemos que el buen doctor haga su trabajo, y nosotros tenemos que reponernos. Fue una larga noche-

Rapunzel asintió y siguió a Eugene, no sin antes mirar de reojo como Georg no apartaba su vista de la joven reina y del medico que la atendía. Una vez que terminó con Leo, el médico se pasó a donde estaba Edvard. Georg se quedó dormido sobre un sillón junto a la cama de la reina.

Leo no despertó sino hasta en la tarde. Cuando abrió los ojos, se dio cuenta que Anna y el príncipe Georg estaban a su lado.

-¿Leo, me escuchas?- dijo Anna. La joven reina asintió.

-¿Qué pasó?- preguntó ella. Hizo una mueca de dolor al mover su mano izquierda. La levantó y vio que estaba vendada.

-Fuiste atacada, ¿no lo recuerdas?- dijo Anna- en una cabaña en el bosque-

Leo abrió los ojos, alarmada, ahora que recordaba todo lo que había ocurrido. Anna la ayudó a incorporarse sobre la cama.

-Cuéntanos que pasó- insistió Anna.

-Dos hombres se presentaron en la fiesta- dijo Leo, llevándose la mano derecha a la frente- diciendo que eran príncipes de un país llamado Troms. Ambos tenían poderes parecidos a los míos, o mejor dicho, eran más parecidos a los de Elsa que a los míos. Uno tenía poderes de fuego y otro de hacer relámpagos con sus manos…-

Leo hizo una pausa. Tragó saliva nerviosa.

-Ellos querían que causara un terremoto con mis poderes, querían ver los límites de mi poder- dijo Leo- me dio miedo de que pudieran utilizar a alguien para presionarme y obligarme a hacerlo, sobre todo en la fiesta llena de personas, así que tomé un caballo y huí sola a la cabaña. Si desataba allá mis poderes, no lastimaría a nadie. Los dos hombres aparecieron y uno de ellos me quemó la mano. Desafortunadamente Edvard me había seguido- añadió, cerrando los ojos para evitar llorar- y lo torturaron frente a mí para que lo hiciera…-

-Lo hiciste- le dijo Anna- eso fue lo que sentimos…-

-Ante lo que estaba pasando, no pude evitarlo, algo… explotó dentro de mí- dijo Leo tratando de explicar lo que había pasado- lo hice sin pensar, sin tener control de lo que estaba ocurriendo…-

La joven se interrumpió al escuchar cosas quebrarse muy cerca de donde estaban.

-¿Qué fue eso?- preguntó Leo, confundida- sonó a que algo se quebró…-

-Leo, hay algo que tienes que ver…- dijo Georg. Él y Anna la ayudaron a levantarse de la cama, y a caminar al lado contrario de la habitación. Leo los siguió, abrazando su mano izquierda vendada contra su pecho.

En una cama, en el otro extremo de la habitación, siendo examinado por el médico y vigilado por Kristoff y Eugene, yacía Edvard. Sus heridas habían sido lavadas, y se veía de mucho mejor aspecto que antes. Tenía los ojos abiertos y parecía alarmado, pero no decía nada. Había varios objetos flotando a su alrededor.

-¿Qué es esto…?- dijo la reina.

Leo hizo un movimiento de su mano para retirarlos, pero los objetos no se movieron. La reina lo volvió a intentar y no sucedió nada.

-¿Pero qué está sucediendo?- susurró Leo, quitando por un momento la atención de Edvard y mirando su mano derecha, sorprendida que sus poderes no la obedecieran- ¿porqué…?-

-Leo, lo que pasa es que tus poderes…- dijo Anna.

Antes de que Anna pudiera terminar, Edvard, que había escuchado la voz de la reina, volvió su cabeza hacia el otro lado, miró que Leo estaba ahí y sonrió.

-Su majestad… está bien- dijo el guardia en un susurro, y dejó escapar un suspiro de alivio.

Tras terminar de pronunciar estas palabras, todos los objetos que habían estado flotando cayeron pesadamente al suelo. Anna y Leo dieron un paso hacia atrás, instintivamente.

-Lo siento, su majestad- dijo el médico, terminando de atender a Edvard y volviéndose hacia la reina, haciendo una reverencia- las quemaduras de su guardia personal son muy graves y peligrosas, y su corazón pudo haberse dañado, porque late con mucha debilidad. No hay… no hay mucho que pueda hacer por él…-

Leo miró con incredulidad al médico.

-No, no puede ser verdad- dijo Leo, cayendo de rodillas y echándose a llorar en el regazo del guardia- te dije que no me siguieras, Edvard, te dije que yo tenía que hacerlo sola. ¿Porqué tuviste que ir? ¿porqué tuviste que desobedecer? Ahora estás todo… así lastimado, y con mis poderes… con mi maldición que no tenías que cargar tú…- dijo entre sollozos.

-Leo…-comenzó Anna, poniendo con tristeza su mano en el hombro de ella.

Tras unos segundos, Leo pareció recordar algo, porque abrió los ojos desmesuradamente.

-Anna, tienes que darte prisa- dijo Leo, levantando la mirada y volviéndose a la princesa- si vinieron por mi, de seguro irán ahora por Elsa. Dijeron que querían ver que pasaba conmigo para saber que harían en Arendelle. Tienes que advertirle. ¡Corre!-

Anna sintió un vuelco. ¡Eso era lo que la estaba preocupando! Leo era casi tan poderosa como Elsa. Y si habían hecho esto con Leo…

-Elsa…- dijo Anna en un susurro.

Anna y Kristoff se levantaron de golpe. Eugene se levantó también.

-Yo iré por Rapunzel- dijo Eugene- será mejor que me quede cerca de ella, aunque ya no tenga sus poderes de curación. No sabemos que quieren esos sujetos-

-Dile a Elsa que se presentaron como los príncipes Ferdinand y Franz de Troms- le dijo Leo- recuerda esos nombres, Anna. Dijeron que me querían presionar al límite para ver que pasaba y planear lo que harían en Arendelle. Ya te dije que tipos de poderes tienen. ¡Apresúrate, Anna!-

Anna y Kristoff se despidieron y salieron precipitadamente de ahí, dirigiéndose a toda velocidad al establo. No había tiempo de hacer las maletas o llevar cosas al muelle. Debían llegar a Arendelle antes que los atacantes, y advertir a Elsa. Tomaron un par de caballos y se dirigieron al puerto de Oeste a toda velocidad, para zarpar hacia su hogar cuanto antes.

x-x-x

Después de dejar sola a Elsa por un rato, Hans decidió volver a entrar a su estudio. La encontró tranquila y pensativa.

-¿Elsa?- dijo Hans, algo dudoso- ¿estás bien?-

Elsa se volvió y miró a Hans con una sonrisa.

-Sí, claro que estoy bien- dijo Elsa- es solo que hoy recibí una noticia algo fuerte de mi pasado, eso es todo-

Hans sonrió.

-Menos mal- dijo el príncipe- me había preocupado por ti-

Elsa hizo a un lado los papeles que tenía frente a ella.

-¿Qué es esto?- preguntó Hans, tomando unos planos- ¿son planes para la fiesta de verano?- Elsa asintió.

-Y planes para la boda de Anna y Kristoff- añadió Elsa. Hans la miró con algo de pesar, y Elsa sonrió- vamos, Hans, ya sabías que iba a pasar pronto…-

Hans asintió pensativo.

-Ya casi pasó un año de que congelaste el verano, ¿no es así?- sonrió Hans- déjame ayudarte con esto, yo hacerme cargo de esta fiesta, verás como no te arrepentirás-

Elsa no estaba muy segura. Lo evaluó unos segundos con la mirada, y al final sonrió y asintió.

-De acuerdo- dijo Elsa finalmente- tú sabes más de fiestas que yo. Recuerda que es para Anna, y quiero que salga perfecta para ella-

Hans sonrió.

-Por supuesto- dijo el príncipe de las Islas del Sur. Quizá a Elsa no le preocupaban mucho los detalles de sus fiestas, pero si se trataba de Anna, deseaba que todo estuviera más que perfecto, y del agrado de la joven. Hans tomó papel y pluma- lo primero, hay que hacer una orden masiva de chocolates de todos tipos…-

Elsa rió.

-Bien, se ve que sí nos conoces- dijo la reina de las nieves. Hans sonrió satisfecho, y continuó escribiendo. La tarde pasó agradable a pesar del trabajo. Una vez caída la noche, ambos bajaron a cenar y se retiraron juntos a la habitación de la reina.

Hans se quitó las botas y esperó pacientemente mientras la reina se había metido en el cambiador. Salió de él con su camisón de dormir y una bata sobre él, descalza, con su cabello aún atado en su trenza.

El príncipe sonrió al ver a la hermosa reina de pie frente a él. Se puso de pie también y, con un suave movimiento, hizo que la reina se girara, dándole la espalda. Las manos del príncipe se deslizaron entre el cuello y los hombros de Elsa, quien no pudo evitar que un estremecimiento recorriera todo su cuerpo ante aquel cálido tacto. Hans comenzó a besar alternadamente los hombros de la reina mientras deshacía la trenza con cuidado. Elsa, por su parte, no podía hacer nada más que disfrutar lo que el príncipe hacía.

Finalmente Hans acabó la tarea, y Elsa se volvió hacia él, envolviendo el cuello del príncipe con sus brazos. La joven reina se puso de puntillas para alcanzar los labios de Hans, para besarlos como si estuviera muriendo de sed. Hans sintió la urgencia en los besos de Elsa, así que se sentó sobre la cama y atrajo a la reina hacia sí mismo, sentándola en su regazo. Ella sonrió y continuó besándolo.

Hans tomó a Elsa por la cintura, metiendo las manos debajo de su bata pero sobre el camisón de la joven. La tenía delante de él. Estaba ahí tan hermosa, tan suave, tan cerca…

-Elsa…- dijo Hans con dificultad, pues sus labios se rehusaban a separarse de los de la hermosa reina.

-¿Mmm…?- solo respondió ella.

-Elsa…- repitió Hans. Vaya que le dolía tener que separarse de ella- recuerda que vamos a portarnos bien… al menos hasta el gran día…- alzó las cejas de manera significativa.

Elsa sonrió y lo besó en la nariz.

-Tienes razón- dijo ella, sonriendo aunque algo decepcionada. Hans notó aquello, así que la abrazó y se dejó caer acostado sobre la cama con ella.

-Por Dios que muero de ganas, Elsa- dijo Hans, besándola en la frente- pero quiero que sea el día más especial en nuestras vidas. No mereces menos que eso-

Ella sonrió y asintió. Se acurrucó junto a Hans y cerró los ojos. Cada día que pasaba agradecía el haber conocido esta faceta de Hans, y no haberse quedado con la primera, o segunda, impresión del príncipe.

x-x-x

A la mañana siguiente, Hans despertó y vio un par de ojos azules mirándolo. Sonrió. Elsa ya se había levantado y estaba lista para comenzar el día. Hans se estiró perezosamente mientras la joven reina lo besó para darle los buenos días.

-Despierta, dormilón- dijo Elsa de manera juguetona.

Hans iba a decir algo, cuando un llamado a la puerta los interrumpió.

Toc… toc…

-¿Su majestad?- dijo Gerda- acaban de llegar dos visitantes, que dicen ser príncipes de Troms, y desean una audiencia con su majestad-

"Troms es el país que dijo mi padre en la carta…", pensó Elsa. La joven reina miró a Hans, algo preocupada. ¿Sería coincidencia?

-¿Qué sucede, Elsa?- preguntó Hans, alarmado, a ver la reacción de la reina. Gerda también la miró, algo preocupada.

-¿Se encuentra bien, su majestad?- dijo Gerda.

-Sí, Gerda, hágalos pasar a la sala del trono, estaré ahí en un par de minutos- dijo Elsa.

x-x-x

Hola! Espero que les haya gustado este capítulo. Solo quería hacer una aclaración: Elsa es una niña buena, y aunque ahí está la tentación, sus mareos se debieron a la combinación de una sobredosis de chocolate, el movimiento del barco, el alcohol y los ojos soñadores de Hans… con esa combinación, ¿quién no siente ligera la cabeza? Saludos y nos leemos pronto.

Abby L.