CAPITULO 6: EXILIO
Después de hablar con madame Hilda, Georg se encargó de interrogar a Serge, el ex-mayordomo de Leo, y a los tres guardias del duque de Weselton, que habían estado compartiendo prisión con él hasta que fue sustraído de la misma por dos hombres. Según la descripción de los testigos, dos hombres con extraños poderes, uno de fuego y uno de relámpagos, atacaron a los guardias, quemaron la puerta y se llevaron al duque. Los otros prisioneros y los guardias quedaron inconscientes en la celda tras los ataques, pero antes de ello pudieron escuchar que los dos hombres iban tras Weselton.
"Por la descripción de esos testigos, son los mismos hombres que atacaron a Leo", pensó Georg "los príncipes de Troms. Si liberaron a Weselton, quizá querían información de como llegar a Leo… y a Elsa. Quizá sea necesario advertir a Elsa de que esos dos saben más sobre ella de lo que cree gracias al duque, y que debe estar con mucho más cuidado"
Georg hizo algunos arreglos y después caminó despacio a la habitación de la reina. No sabía como iba a decirle todo lo que había averiguado. Suspiró. Claro que después de lo que había pasado, Leo no estaría de humor para escuchar esas cosas. Pero no había opción: ella era la reina. Y por más que no quisiera hacerla sentir mal, ella tenía que saber.
Llegó a la puerta de la habitación de la reina, donde los guardias estaban vigilando la puerta.
-¿Sigue durmiendo?- preguntó el príncipe. Los guardias asintieron. Georg tragó saliva y decidió entrar.
Leo estaba justo como la había dejado, durmiendo con una expresión triste, y con el sueño un poco agitado. El príncipe la movió suavemente para despertarla.
-¿Georg?- dijo ella, abriendo los ojos, preocupada.
-Tranquila- dijo Georg- vengo a decirte lo que he averiguado-
Leo lo escuchó atentamente mientras el príncipe narraba como había interrogado a los otros prisioneros, y como sospechaba que eran los mismos hombres que la habían atacado. La reina asintió, coincidiendo con él en la descripción de los hombres, con horror.
-Te contaré algo más- dijo Georg- que te confieso que me ha preocupado desde que te encontramos en esa cabaña- Leo asintió, demostrándole que le estaba escuchando- mi padre una vez nos contó una historia sobre los reyes de Troms, Oeste y Arendelle, y recuerdo que los hijos de uno de ellos eran gemelos con poderes. Creía que solo era un cuento. Me alarmó desde que lo mencionaste tu-
Leo lo miró.
-¿Crees que podamos…?- comenzó a preguntar ella.
-Eso quería decirte- dijo Georg- hice arreglos para que partamos inmediatamente a las Islas del Sur, para preguntarle a mi padre. Primero pensé en ir yo solo, pero creo que será mejor que vayas conmigo y que escuches a mi padre-
Ella respiró hondo y tomó papel y pluma. Le causaba dolor recordarlo, pero sabía lo que tenía que hacer, por el bien de su reino y del reino de su amiga.
Elsa:
Te envío esta carta con urgencia. Tengo razones para creer que los príncipes que me atacaron, de los cuales te mandé advertir con Anna, han liberado al duque de Weselton. Muy probablemente lo estarán utilizando para sacarle información sobre ti. Si te es posible, asegúrate de que tu hermana y la gente que amas esté a salvo.
Yo iré a las Islas del Sur a hablar con el rey. Por lo que Georg me ha dicho, el rey conoció al rey de Troms, y quizá nos puede dar alguna pista para vencer a estos enemigos. Te avisaré si me entero de algo.
Leo.
-Bien- dijo Leo, doblando la carta y entregándosela a su ama de llaves- gracias Ada, por favor vea que sea entregada lo más pronto posible, ya sea a la reina Elsa o a la princesa Anna-
-Sí, su majestad, de inmediato- dijo el ama de llaves.
Una vez que Ada salió, Leo se volvió a Georg.
-Espero que no reciba la carta demasiado tarde- dijo Leo- Georg, ¿estás seguro de que tu padre nos podrá ayudar?-
-No estoy seguro- dijo Georg sinceramente- pero recuerdo que mi padre me contó una historia sobre el rey Hardrada de Troms y sus hijos con poderes como los tuyos y los de Elsa. Valdrá la pena intentarlo…-
Leo sonrió levemente. Su corazón aún estaba doloroso por la muerte de Edvard, pero aunque no lo quisiera admitir, era un alivio que Georg se hubiera quedado a acompañarla.
-Jorgen y Violeta nos alcanzarán allá en las Islas del Sur. Te ruego que me disculpes, pero les tuve que avisar- dijo Georg- después de lo que pasó, será mejor que estén alejados de la corte un tiempo, por su propia seguridad. Madame Hilda se encargará de vigilar el reino durante tu ausencia, a cambio de que me diera todos sus documentos sobre lo que investigó acerca de tus poderes-
-Debe estar extasiada de por fin poder ser regente- dijo Leo, y Georg asintió con una leve sonrisa- y tienes razón. Gracias, Georg…-
El príncipe se inclinó y ofreció su brazo a la reina para acompañarla al muelle. Leo lo aceptó y miró interrogante al príncipe. Aún no entendía porqué se comportaba tan bondadoso y con tantas atenciones hacia ella. ¿Aún tenía esperanzas de que cambiara de opinión y lo hiciera rey? Ella sacudió la cabeza. Prefirió no pensar en ello, al menos no por ahora. Tenía asuntos más importantes que atender.
Si podía contribuir de alguna manera a detener y castigar a los asesinos de Edvard, lo haría. Aún sin tener sus poderes.
x-x-x
-Por favor- suplicó Elsa- no me hagan hacer eso. Haré lo que sea…-
-Es la única manera, Elsa- dijo Ferdinand, y la fría risa de Franz resonaba en la oscuridad mientras ambos hermanos se alejaban para dejarla sola- rómpele el corazón o morirá-
Elsa ya sabía que iba a llamar a la puerta aún antes de que sonara.
Toc.. toc…
-A…adelante- dijo Elsa con la voz quebrada.
Hans entró a la habitación. Instintivamente se abrazó el cuerpo. Vaya que hacía mucho frío ahí dentro. El príncipe vio que caían pequeños copos de nieve alrededor de Elsa. Estaba nerviosa. Le recordaba aquel día en el calabozo de Arendelle, cuando fue a pedirle a Elsa que parara el invierno eterno. Sacudió la cabeza. No quería recordar eso. Al poner su mano sobre su pecho sintió algo de calor emanando de él. Eso debía ser lo que le causaba el dolor. Suspiró.
-¿Elsa?- dijo Hans, dudoso.
Encontró a la joven reina sentada en el borde de su cama. Aún traía puesto el vestido hecho jirones, tal y como Anna había descrito. Estaba cabizbaja, gruesas lágrimas transparentes rodaban por sus mejillas en silencio.
-Entonces es cierto, Elsa- dijo Hans, mirándola sorprendido. Él tampoco había querido creerlo de Kristoff, pero la evidencia delante de sus ojos le decía lo contrario- no lo puedo…-
-Hans- interrumpió Elsa, respirando hondo y secándose las lágrimas con el dorso de sus manos- que bueno que viniste, porque necesito hablar contigo… de algo importante-
Hans la miró con curiosidad y se sentó junto a ella. ¿Qué era esa extraña actitud? No se trataba de lo que había pasado con Kristoff. Una persona que acaba de ser atacada no se comporta así, ¿o si?
-Dime…- dijo Hans, sentándose junto a ella- te escucho-
-Debo ser sincera contigo- dijo Elsa, intentando reprimir un sollozo- yo… no debí dejar que esto fuera tan lejos. Pero mereces saber la verdad…-
Hans sintió un vuelco que no tenía nada que ver con el fuego en su corazón. ¿De qué rayos estaba hablando Elsa? Ese inicio de la conversación no auguraba nada bueno. ¿Había pasado algo malo?
-Yo me equivoqué, Hans. Yo no… siento lo que dije que sentía por ti- dijo Elsa, tratando de que las palabras salieran de su boca- yo… yo no te amo, Hans-
Aquella declaración cayó sobre Hans como un balde de agua fría. La miró. Elsa no lo miraba, estaba jugando con sus manos, con la vista clavada en el suelo, sin dejar de derramar lágrimas. Algo no estaba bien. Había visto a Elsa decir cosas bastante duras a gente que amaba, y no las decía así. ¿Cómo olvidar la manera en que le dijo a Anna "Bien. No te puedes casar con un hombre que acabas de conocer"?
-Eso no es verdad, Elsa- dijo Hans, mirándola con curiosidad. ¿Porqué Elsa estaba diciendo eso?- no estás diciendo la verdad. Me estás mintiendo-
-No estoy mintiendo- dijo Elsa. La joven cerró los ojos. Hans tenía razón, y era obvio que la iba a descubrir. Elsa no acostumbraba mentir.
-No me estás mirando a los ojos- dijo el príncipe, insistiendo- y además estás jugando con tus manos. Mírame a los ojos y dime que no me amas- la retó Hans- si no haces así, no te creo-
"Elsa, querida, sé que lo puedes hacerlo", Elsa recordó lo que había dicho Ferdinand, y su voz seguía resonando en su mente "recuerda que Hans morirá si no rompes su corazón".
Elsa respiró hondo. Tomó toda su fuerza de voluntad para separar su mirada del suelo y fijarla sobre los ojos de Hans. Vaya que aquello era doloroso.
-No solo no te amo- dijo Elsa, tomando valor para hacer lo que tenía para salvar a Hans- yo… te odio. Siempre serás para mí ese hombre despreciable que jugó con los sentimientos de mi hermana solo para apoderarse de mi corona, y que después trató de matarme. Eres un verdadero monstruo y jamás, jamás podría amar a alguien como tu…-
Ante eso, Hans sintió de pronto un horrible dolor en su corazón. No podía creer las frías y terribles palabras de Elsa. Pero la joven reina lo había dicho, y lo había dicho mirándolo a los ojos. Hans cerró sus ojos y giró la cabeza hacia un lado para evitar llorar. El cuarzo que Grand Pabbie le había dado estalló y se quebró en pedazos. La joven reina casi pudo ver, a través de los ojos de Hans, como su corazón se había roto. El cabello de Hans volvió a ser del mismo color.
"Lo hiciste, Elsa, con eso es suficiente. Lo has salvado. Ahora haz que se vaya de aquí", pensó Elsa "no puedo soportar seguir viéndolo así"
-Quiero… quiero que mañana a primera hora te vayas de Arendelle, bajo pena de muerte- dijo Elsa, luchando para que no se le quebrara la voz- contigo se irá desterrado el traidor de Kristoff, su reno y tu caballo-
-Elsa, yo…- comenzó Hans.
"No necesito oír eso, no quiero que sospeche nada", pensó Elsa, temiendo quebrarse y decirle la verdad en el último minuto.
-¡Guardias!- gritó Elsa, interrumpiendo a Hans, y dos guardias entraron- llévenselo al calabozo junto con Kristoff. No quiero que haga ningún drama. Y preparen su barco para zarpar mañana a primera hora a las Islas del Sur-
Los guardias obedecieron y se retiraron. A diferencia de Kristoff hacía un rato, Hans no opuso resistencia ni dijo nada, solo se dejó arrastrar fuera con los ojos cerrados. Su corazón estaba destrozado. Mientras se lo llevaban, Elsa estiró su mano hacia él.
"Te amo con toda mi alma, Hans, te amo más que a mí misma", pensó Elsa "por eso tuve que hacerlo…"
Elsa dio un paso adelante, aún con su mano derecha estirada hacia la entrada de su habitación, por donde iba a desaparecer Hans. Quiso decir algo, detenerlos, cualquier cosa… hasta que una mano tomó la suya.
-No lo arruines todo, Elsa, ya casi lo logras…- dijo Ferdinand en un susurro. El y Franz estaban de pie junto a ella.
Elsa los miró alternadamente, y después al grupo de guardias. Quería gritar el nombre de Hans, pero la palabra ya no salió de su boca. La puerta de su habitación se cerró, dejándola sola junto a los dos príncipes, sin que los guardias se percataran de su presencia.
-Lo lograste, Elsa, salvaste a Hans- dijo Franz- ahora descansa, porque mañana temprano, una vez que tu príncipe se vaya, vas a anunciar tu compromiso con mi hermano-
Una vez que se quedó sola, Elsa se dejó caer en la cama y volvió a dar rienda suelta a su llanto.
x-x-x
Anna se había salido del castillo y se encontraba junto a las puertas del mismo, junto al fiordo, sollozando. No podía creer lo que acababa de ocurrir. ¿Cómo era posible que Kristoff, ese enorme chico de ojos tan inocentes, hubiera hecho algo tan vil como eso?
"Primero Hans, y ahora Kristoff", dijo la voz interior de Anna "¿qué estoy destinada a nunca ser feliz?"
-¿Princesa Anna?- dijo la voz de Gerda, distrayéndola de sus pensamientos. Anna se volvió hacia ella y se limpió las lágrimas lo más rápido que pudo.
-¿Sí?- dijo la princesa.
-Perdone que la moleste, princesa, pero llegó esta carta, dirigida a usted o a su hermana- dijo Gerda, mirándola algo alarmada al verla llorar- el mensajero dijo que era urgente, y su majestad está… indispuesta al parecer… su recámara esta toda… llena de hielo, y su puerta imposible de abrir hasta que se calme un poco-
Anna le agradeció y la tomó. Leyó lo que había dicho Leo sobre haber liberado al duque de Weselton y sobre ir con el padre de Hans. Todo aquello le sonaba muy extraño. Weselton, los príncipes de Troms que según Elsa eran sus parientes también, que Kristoff haya hecho algo que parecía ser imposible. Suspiró y se guardó la carta en su bolsillo. Tal vez debería seguir el consejo de Hans y visitar a Kristoff. Quien sabe, tal vez después de todo había sido un error. O tal vez eso era lo que Anna quería creer.
Anna se levantó y se dirigió a los calabozos. Ella nunca había estado ahí, pero Elsa sí, y le había contado como era ese lugar. Por supuesto que Elsa no había querido alarmar a su hermana, porque eran más feos de lo que ella recordaba que le habían descrito.
-¡Su alteza!- exclamaron los guardias, inclinándose ante la joven princesa.
-Buenas noches, caballeros- dijo Anna- disculpen que los moleste tan tarde, pero quisiera ver a sir… a Kristoff Bjorgman-
-Su alteza- dijo uno de los guardias, inclinándose- los guardias nos informaron que su majestad la reina ordenó que no le informáramos dónde se encontraba ese peligroso criminal-
Anna parpadeó, y miró a los guardias con tristeza.
-¿Por favor?- dijo Anna- ¿cinco minutos?-
El guardia suspiró y asintió.
-Es aquella de allá, su alteza- dijo el guardia. Anna sonrió, le dio un rápido abrazo y un "gracias" casi susurrado, y corrió hacia donde le habían indicado.
No le tomó mucho tiempo encontrar la celda en la que se encontraba Kristoff. Ordenó a los guardias retirarse del pasillo, a pesar de ser tan tarde en la noche.
-¿Kristoff?- dijo Anna, dudosa, una vez que se asomó entre los barrotes.
-¡Anna!- dijo Kristoff en tono cansado, pero aún así se levantó precipitadamente de su lugar para acercarse a los barrotes de la puerta. Anna lo miró con algo de tristeza. Al parecer no había salido ileso mientras lo arrastraban ahí, pues tenía varios golpes en la cara y sobre todo el cuerpo, así como una manga de su camisa rasgada- Anna, te juro que todo fue un error, un malentendido, yo jamás intenté lastimar o aprovecharme de Elsa o de nadie, lo juro-
Anna le hizo una señal para que se tranquilice.
-Calma, Kristoff, necesito que me expliques que pasó- dijo Anna en voz baja- y porqué parecía que sí lo hiciste…-
Kristoff asintió, y le narró como Elsa lo mandó llamar, su extraña actitud y como ella misma se había cortado el vestido y lo había hecho tropezar encima de ella, para después gritar y alertar a los guardias.
-¿Y antes de todo eso te dijo que era por nuestro bien?- preguntó Anna, y Kristoff asintió, encogiendo los hombros confundido- no lo puedo creer-
-Yo tampoco- dijo Kristoff- no me explico que pudo hacer que Elsa hiciera algo tan…-
Antes de que pudieran continuar, fueron interrumpidos por un par de guardias. Kristoff dio unos pasos atrás dentro de la celda, y Anna se apartó de la puerta de la misma.
-Disculpe la interrupción, su alteza- dijo uno de los guardias, inclinándose algo sorprendido de ver a la princesa ahí- la reina Elsa nos ha ordenado traer este prisionero aquí también. Su majestad ha firmado su orden de destierro, y mañana tendrán que irse de Arendelle para siempre-
Anna miró mortificada a Kristoff y asintió. Hablaría con Elsa para negociar el perdón de Kristoff. Le creía que era inocente, y no quería que lo alejaran de él. La princesa se llevó las manos a la boca al darse cuenta de que el otro prisionero que llevaban para acompañar a Kristoff era Hans.
-¡Hans!- dijo Anna- ¿qué sucedió?-
Hans no respondió. Los guardias lo dejaron dentro de la celda y se retiraron, cerrando la puerta tras de ellos. Anna volvió a acercarse a la puerta para mirar a través de los barrotes.
-¿Hans?- insistió Anna una vez que se quedaron solos- ¿qué estás haciendo aquí? ¿qué sucedió? ¿porqué Elsa te…?-
-Elsa no me ama, Anna, me lo acaba de decir- dijo Hans amargamente- parece que decidió vengarse de… de lo que te hice antes de que cambiara-
-¿De qué hablas?- preguntó Kristoff.
-Elsa rompió nuestro compromiso- dijo Hans- y mañana mismo tengo que volver a las Islas del Sur y no volver a este país, bajo pena de muerte. Y también me encerró aquí para que no haga ningún "escándalo". Para completar mi castigo, Kristoff también fue desterrado-
Anna los miró alternadamente.
-Algo no está bien, Hans, esto no tiene sentido- dijo Anna, preocupada- Elsa no pudo…-
Y entonces Anna recordó la carta de Leo. El duque de Weselton había podido contarles a los príncipes las fortalezas y debilidades de cada uno de ellos. Quizá ellos amenazaron a Elsa de alguna manera para que diera las órdenes tan absurdas que estaban viendo.
-Deben de estar manipulando a Elsa de alguna manera, o amenazándola para que haga estas cosas tan absurdas- dijo Anna, pensativa- no puede haber otra explicación-
Kristoff asintió.
-Yo también creo eso, Anna- dijo Kristoff. Eso era lo único que tenía sentido sobre la extraña actitud de Elsa. Hans, sin embargo, los miró con incredulidad.
-No importa, regresar a casa es lo mejor- dijo Hans, sentándose en una esquina de la celda, en el suelo, y abrazando sus piernas con tristeza- si Elsa no me ama no vale la pena quedarme aquí. Era la única razón por la que deseaba quedarme-
Anna miró alternadamente a Hans y a Kristoff. Metió la mano a través de los barrotes de la celda para tomar la mano del rubio, acercarla a su rostro y llorar.
-Oh, Kristoff, tenías razón- dijo Anna- perdóname, jamás debí haber dudado de ti…-
Kristoff sonrió, estando ahora tranquilo de que Anna le creía.
-No hay anda que perdonar, Anna- dijo el rubio- de verdad estoy feliz de que me hayas escuchado, y sobre todo, que confíes en mi-
Anna sonrió, y se volvió a Hans sin soltar la mano de Kristoff.
-No me gusta la idea de dejar sola a mi hermana- dijo Anna con decisión- pero tengo que ir a las Islas del Sur con ustedes dos-
-¿Qué?- dijeron Hans y Kristoff al mismo tiempo.
-Shhh, no me distraigan- dijo Anna, llevándose las manos a la cabeza para pensar mejor- es la mejor oportunidad que tenemos de ayudar a Elsa, y tengo una idea. Y necesitaré la ayuda de Kai-
x-x-x
A la mañana siguiente, Elsa miró con lágrimas en los ojos, desde la ventana de su estudio, como el barco que llevaba a Hans se alejaba de la bahía de Arendelle rumbo a las Islas del Sur, para no volver jamás. Había visto como hacían abordar a Hans, a Kristoff, a Sven y a Sitron. No le cabía la menor duda de que eran ellos. Acababa de perder al hombre que amaba, para siempre. Todo para salvar su vida.
"Pero porque lo amo lo tuve que hacer, tenía que salvarlo", pensó Elsa.
-Por favor, ¿podrías dejar de tener esos pensamientos tan cursis?- dijo Ferdinand, poniendo los ojos en blanco y haciendo un gesto de fastidio, adivinando lo que pasaba por la mente de la joven reina mientras miraba por la ventana- es bastante molesto…-
-Si no te gusta, te puedes ir de aquí- dijo Elsa, volviéndose hacia el príncipe y entrecerrando los ojos de enojo- prefiero que me dejen sola-
Ferdinand se echó a reír. Elsa lo miró con odio. Ya se había hartado de llorar. Tenía que hacer algo al respecto. ¿Pero qué?
-Esa no es manera de hablarle a tu futuro esposo, querida Elsa- dijo el príncipe, interrumpiendo los pensamientos de la reina- creí que tendrías palabras más tiernas en tu haber…-
Elsa puso los ojos en blanco y se alejó de él con un gesto de fastidio.
Ferdinand se exasperó y empujó a la joven reina contra la pared, con las manos en alto. Elsa trató de apartarlo usando sus poderes de hielo, pero de sus manos solo emergió un poco de vapor, ya que el príncipe estaba contrarrestando sus poderes con los suyos de fuego.
-Quítame las manos de encima, si sabes lo que te conviene- dijo Elsa, sus ojos azules mirándolo con furia, en el tono más frío que encontró.
-No lo entiendes, ¿verdad, Elsa?- dijo Ferdinand, mirándola fijamente- ¿que si no fuera por mí en este momento no tendrías poderes y tu reino estará a nuestros pies? Te habría pasado lo mismo que a la reina de Oeste, o peor…-
Elsa lo miró, interrogante. No sabía porqué eso no le gustaba para nada.
-¿A que te refieres?- dijo la reina.
-A que el plan original era robarles sus poderes a Leo y a ti, para usarlos nosotros, y dominar sus reinos con sus propios poderes- dijo Ferdinand, y Elsa lo miró con terror- con Leo tuvimos un pequeño inconveniente cuando sus poderes se pasaron accidentalmente a su moribundo guardia y quizá ya se perdieron para siempre. Pero yo fui quien convenció a Franz de cambiar el plan a último minuto, para que al menos tú conservaras tus poderes y no hagamos sufrir a tu hermana delante tuyo-
Elsa reprimió un escalofrío. ¿Esos dos habían incluso considerado torturar a Anna enfrente de ella como habían hecho con Edvard? Elsa no pudo evitar temblar al imaginárselo. Miró la sonrisa satisfecha del príncipe ante el miedo que había demostrado en su cara, y le dirigió una mirada sospechosa.
-¿Ah, sí?- dijo ella- ¿y ese cambio de planes en que te beneficiaría a ti?-
-Porque yo quiero tener a la hermosa reina de las nieves- dijo el príncipe Ferdinand de manera significativa. Soltó una de las manos de Elsa para acariciar su mejilla y después deslizar su mano por el blanco cuello de la reina- me imagino tener a esta hermosa flor de hielo para mí…-
La joven reina tenía suficiente. Aprovechó sus manos libres para apartar al príncipe. Éste quiso seguirla, pero en ese momento llamaron a la puerta.
Toc… toc…
-Su majestad- dijo Kai, interrumpiendo la conversación. Miró alarmado que el príncipe estuviera con Elsa- disculpe que la moleste en este momento. Venía a avisarle que sus órdenes de exiliar a sir Kristoff y al príncipe Hans de las Islas del Sur se han llevado a cabo según sus deseos-
-Gracias, Kai- dijo Elsa en un susurro, con la voz quebrada.
-Y algo más- dijo Kai- su hermana, la princesa Anna, me ha pedido que le entregue esto-
Y le entregó una hoja de papel doblada. Al hacerlo, Kai miró a Elsa a los ojos de manera significativa.
-Gracias, Kai- dijo Elsa, tomándola. Kai se inclinó y se retiró.
Elsa dio unos pasos a un lado, evitando la mirada de Ferdinand, desdobló el papel y leyó lo más rápido que pudo.
Elsa:
Creo que adiviné de que se trata todo esto. Me iré de Arendelle por un tiempo. No te preocupes, estaré a salvo y no podrán usarme para obligarte a nada. Y trataré de ayudarte a resolver esto.
Sé fuerte mientras vuelvo.
Anna.
Elsa sonrió levemente. No se lo esperaba, pero al parecer Anna era más lista de lo que se había imaginado, y había descifrado todo. Y si Anna no estaba en Arendelle, quería decir que los príncipes de Troms ya no tenían a nadie con quien amenazar a Elsa para obligarla a hacer lo que querían. Su sonrisa se esfumó al recordar a Hans.
"Es por su bien", pensó Elsa, "estará a salvo lejos de aquí. Y tal vez Anna pueda explicarle y… quizá vuelva…".
Tomó la nota y la lanzó al fuego, y el papel se consumió casi de inmediato.
x-x-x
Anna había huido de Arendelle en el mismo barco que Kristoff y Hans, rumbo a las Islas del Sur. Antes de partir, había pedido a Kai que le entregara una carta a Elsa, y que cuidara de ella desde la distancia. Sabía que su hermana se podía defender sola, sobre todo si no había nadie que pudiera salir lastimado cerca.
-A ver, repíteme lo que quieres hacer- dijo Kristoff, confundido, masticando media zanahoria para darle la otra mitad a Sven- porque no entiendo nada-
-Leo dijo en su carta que iba a viajar a las Islas del Sur, y de seguro ya está allá- dijo Anna- en la carta que envió, dijo que el padre de Hans sabe algo sobre los poderes de esos dos príncipes, y como detenerlos. Iremos a informarnos para poder ayudar a Elsa- se aclaró la garganta- además, estando lejos, no podrán lastimarnos, y no podrán manipular a Elsa usándonos de rehenes-
Hans no dijo nada. Estaba muy deprimido. Kristoff miró con atención a Hans. No le había prestado atención desde la noche anterior, pero ahora notó algo que no había visto antes.
-No me explico como Hans está como si nada- dijo Kristoff. Anna lo miró, confundida- bueno, yo sé que está triste, pero no parece… estar muriendo como antes, y su cabello ya volvió a su color original. Es como si nada hubiera pasado…-
Anna lo miró, y se dio cuenta de que Kristoff tenía razón. Se acercó al príncipe.
-Hans, estás bien…- dijo Anna, sorprendida. No era pregunta, era una afirmación- ¿y el cuarzo que te dio Grand Pabbie?-
-No lo sé, creo que se rompió- dijo Hans- cuando Elsa me dijo que…- y se interrumpió.
Anna se llevó las manos a la boca.
-¡Se rompió! ¡Elsa te rompió el corazón!- exclamó Anna. Hans y Kristoff la miraron sin entender porqué estaba tan emocionada. Hans incluso se sintió un poco ofendido, pero Anna continuó- ¡esa era la cura! ¿no lo entiendes, Hans?- el príncipe la miró confundido- ¡Elsa sí te ama! Pero tenía que romperte el corazón para curarte del ataque del príncipe… pero si te decía ibas a saber, y no se te iba a romper el corazón… y….y….-
-Calma, calma…- dijo Kristoff, deteniéndola por los hombros.
Hans la miró, algo incrédulo. Ahora que lo mencionaba, sí era cierto que la actitud de Elsa había cambiado drásticamente, que no tenía sentido lo que estaba ocurriendo. Quizá Anna tenía razón. Pero ese pensamiento no duró mucho, y Hans sacudió la cabeza. Iba rumbo a su hogar, y no podía tener falsas esperanzas.
-Hans- le dijo Kristoff. El príncipe puso los ojos en blanco, molesto.
-No me molestes, gorila- dijo Hans. El rubio ignoró el insulto.
-Ya sabes que… tu y yo no nos llevamos bien- dijo Kristoff, y Hans alzó las cejas- quería agradecerte por haberle pedido a Anna que fuera a hablar conmigo. No estaría aquí con nosotros, y a salvo, de no haber sido por ti…-
Hans hizo una mueca para demostrar que había escuchado.
-Y yo solo quería decirte…- continuó Kristoff- que estaría bien que por ahora siguieras tu propio consejo. No pienses lo peor de lo que pasó. Es muy probable que Elsa esté siendo manipulada-
Hans puso los ojos en blanco.
-Ya basta, grandulón- dijo Hans- solo lo dices porque la loca de tu novia piensa eso-
Kristoff se molestó tanto que le dio un golpe en la barbilla que hizo que el príncipe cayera al suelo. Anna alcanzó a ver ese último intercambio, y se acercó a ellos, alarmada.
-¡Basta los dos!- exclamó- no peleen, así no estamos ayudando a Elsa-
-Lo lamento- dijo Kristoff, y se retiró.
Hans se llevó la mano a la barbilla, pensativo. Quizá el grandulón tenía razón.
x-x-x
Una vez que se dio cuenta de que la princesa Anna no aparecía en ningún lado en el castillo de Arendelle o sus alrededores, Franz estaba furioso.
Los dos hermanos fueron a interrogar a Elsa sobre el paradero de Anna. Ferdinand no decía nada, solo miraba a su hermano con los brazos cruzados y apoyando la espalda contra la pared.
-¿Dónde está tu hermana, Elsa?- dijo Franz, perdiendo la paciencia, tomando a Elsa por el cuello y empujándola contra la pared. Algunas chispas salieron de sus manos, pero no se atrevió a lastimar a la joven reina- ¿dónde está Anna?-
-No lo sé- dijo Elsa con una sonrisa desafiante. Ella ya no se sentía tan débil y atrapada como antes. Ahora el status quo había cambiado, y estaba más o menos parejo- y si lo supiera, no se los diría jamás, ni en un millón de años…-
Franz soltó el cuello de la reina y le dio un golpe en la mejilla con el dorso de su mano. Fue tal la fuerza que usó, que Elsa cayó al suelo de rodillas, y se llevó la mano a su mejilla golpeada. Elsa alzó la vista desde el suelo con una expresión herida. No sabía cuanto más iba a poder soportar todo aquello.
-No quieras pasarte de lista, Elsa- dijo el príncipe, aún furioso- no has ganado aún. Te casarás con mi hermano, o tu hermoso reino sufrirá las consecuencias de tu negativa. Estás advertida-
Elsa se quedó en silencio, sin moverse, aún de rodillas en el suelo, con su mano presionando su adolorida mejilla. Ferdinand miró alternadamente a Elsa y a Franz, y finalmente decidió ayudar a la joven a levantarse del suelo. Ella se dejó ayudar, algo sorprendida.
-Gra…gracias- susurró ella, extrañada.
-Te quedarás aquí en tu habitación, tienes prohibido salir- dijo Franz, ignorando lo que acababa de ocurrir- si desobedeces, tus pobres súbditos pagarán por tu error-
Elsa tragó saliva, y miró al príncipe salir de su habitación. Suspiró. Esperaba que Anna se diera prisa.
Franz salió de la habitación de Elsa y llamó a su hermano. Ferdinand miró a Elsa de una manera que la joven no supo como interpretar, y salió detrás de su hermano.
-¿Dónde está Weselton?- exclamó Franz, furioso- necesitamos saber donde se metió Anna-
-¿Para qué la necesitas?- preguntó Ferdinand, haciendo un gesto de restarle importancia a la impaciencia de su hermano- Elsa no nos está atacando, va a obedecernos porque teme que dañemos a sus súbditos. Quizá no la necesitamos…-
-Para asegurarnos de que Elsa haga todo lo que le ordenamos sin chistar, como hizo para deshacerse de su cuñado y de su prometido- dijo Franz- lo podrá hacer por sus súbditos, pero tendrá un mejor efecto si tenemos como rehén a su hermana- lo miró fijamente- recuerda que este cambio de planes fue tu idea, así que más vale que aparezca o se pudre todo-
x-x-x
El barco en el que viajaba Anna llegó pronto a las Islas del Sur. El país de Hans no era nada parecido a Arendelle y, sin embargo, era hermoso en su propia manera. Carecía de montañas tan vistosas como las de su país y, sin embargo, había un gran bosque cerca de la costa, rodeando el palacio real, que era mucho más grande que el de Arendelle.
Georg, el hermano de Hans, fue a recibirlos junto con otros de los príncipes.
-Es un placer volverlos a ver- dijo Georg, inclinándose- ojalá fuera en mejores circunstancias-
-Vinimos a tratar de arreglar las cosas- dijo Anna con una sonrisa. Georg asintió.
-Antes que… otra cosa suceda, quisiera advertirles algo que sucedió en Oeste cuando se fueron- dijo Georg en voz baja en un tono triste- Edvard no sobrevivió al ataque de los príncipes. La reina Leo está muy afectada por ello, aunque está intentando mantenerse fuerte-
Anna se llevó las manos a la boca para ahogar un grito de tristeza, y Kristoff la rodeó con un abrazo. Hans lo miró primero con incredulidad, y luego con pena. ¿Esos dos habían causado la muerte de Edvard?
-Mi padre supuso que vendrían a verlo por este asunto- continuó Georg- así que los está esperando. Leo, su hermano y su cuñada ya están ahí. Vamos-
Todos siguieron al príncipe. Hans los siguió más distante. No le causaba ninguna alegría haber vuelto a las islas del Sur. La última vez que lo hizo había sido en desgracia. Y ahora, volvía con el corazón roto.
x-x-x
Hola! Sigo en mi trinchera y no pienso salir a corto plazo, dadas las repetidas amenazas contra mi vida y/o integridad física… lo bueno es que tiene excelente cobertura de wifi… espero que les esté gustando. Gracias a todos por sus reviews. Nos leemos pronto.
Abby L.
